Nada más bajar empieza a llover y así estará la mayor parte del día, si bien a ratos afloja un poco y otros arrecia. Menos mal que hemos traído los impermeables y un pequeño paraguas. Somos unos apasionados de los mercados. Podemos estar paseando por ellos durante horas y horas. En este y a diferencia de la mayoría de los del resto del continente, hay bastantes guiris en busca de gangas, que realmente no existen, aunque si se hacen compras a precios bastante razonables. En cuanto a si lo que se vende es o no de producción indígena o artesanal, no soy ninguna entendida, pero permitidme que albergue mis dudas. No he llegado a ver ninguna etiqueta de “made in Taiwan”, pero la mayoría de las cosas que se ofertan, me parecen más bien de producción industrial, que manual. Al margen del tradicional mercado de artesanía, que se desarrolla en la plaza del Poncho y sus alrededores, hay otro enorme, destinado a las frutas, las verduras y los productos de consumo cotidiano. Como todos los de su gama, es tremndamente animado y por 10 centavos de dólar, degustamos la piña más rica que hayamos comido jamás, partida en unas enormes rodajas. Estando en España, me da gran pereza comer fruta tropical, porque no sabe a nada, pero aquí, sería capaz de estarla engullendo a todas horas. Otavalo (Ecuador)Como en todos los mercados del continente, una vez se abandonan Brasil, Argentina y Chile, exixten tres niveles de negocios: Los que tienen tienda, en algún local de la calle, los que montan el puesto por la mañana en mitad de la vía pública y lo desmontan por la tarde y los que cargan con la mercancía a cuestas. Y es que hasta en este sector, también hay categorías sociales. Como el día de Loja, volvemos a tener bastantes problemas para sacar dinero del cajero. Las propias instrucciones de la máquina, te recomiendan que pongas la mano que no uses, encima del teclado para taparlo, mientras con la otra marcas tu clave secreta. Y es que, a pesar de que cuando viajas a lo largo del país, no tienes ninguna sensación de inseguridad –salvo en Quito y más por lo leído, que por lo vivido-, las advertencias de que seas cuidadoso con tus movimientos, son constantes y proceden de diferentes fuentes. Aunque comemos por fases, hoy el menú es completo, contundente y además tiene carne. Primero degustamos pollo asado en un pequeño establecimiento y después nos ponemos hasta las orejas, de una especie de cochinillo con verduras y arroz, que sirven en los puestos de la calle. Como no para de llover, caminar entre los tenderetes empieza a ser un deporte de riesgo, porque los propietarios, sin ningún miramiento, golpean con un palo hacia arriba los plásticos que hacen de techo, con lo que el agua salta y cae donde pilla (incluidas las personas). Matamos la sobremesa, paseando bajo la lluvia. A estas horas y paulatinamente, ya se empiezan a desmontar los puestos. Nos ha gustado este mercado, pero aún así, nos da la sensación de que está sobrevalorado. No es por entrar en comparaciones, pero nos sentimos mucho más a gusto, el día que estuvimos en Pisac, tal vez porque de ese lugar, esperábamos bastante menos. Otavalo (Ecuador)OTRA VEZ EN QUITO Retornamos a Quito y en la terminal, nos informamos sobre como llegar hasta Colombia. Hay varios autobuses al día, que llevan hasta Tulcán, en el norte de Ecuador. Desde ahí, hay que tomar un microbús hasta Ipiales, ya en el lado colombiano. Es muy posible que nuestro primer destino en ese país, sea Popayán, una vez que casi hemos descartado la visita al parque arqueológico de San Agustín -donde las estatuas y los monolitos de piedra, se ven a lo largo de la selva- y a Tierradentro, porque nos supone desviarnos bastante de la Panamericana y –debido al mal estado de las carreteras- hacer muchas horas de autobús, para muy pocos kilómetros. En cualquier caso, mañana y pasado, nos quedaremos aquí Es de noche y más por psicosis que por peligros aparentes, los alrededores de la terminal, a estas horas dan miedo. Incluso llegar al hotel, al que solo tardamos cinco minutos, tras cruzar una carretera. Extrañamente, la del hotel nos vuelve a hacer una ficha de registro y luego se acerca hasta la habitación, para cambiarnos las sábanas. ¡Pues vale!. Por la noche un resbalón en el baño, con una tremenda caída en la que me golpeo la nuca, casi me manda para el otro barrio, pero parece ser, que aún no ha llegado mi hora. Es domingo. A pesar de ser de día y de que está bastante próximo, decidimos tomar el metrobús (0,25 US$) para llegar al centro. Y es que en la guía, la calle Maldonado, que conduce hasta la plaza de Santo Domingo, la ponen como bastante peligrosa. Así que es cerrar los ojos e imaginármela llena de navajeros sedientos, deseosos de colocar sus machetes sobre mi cuello. Otras de las zonas, calificadas también como bastante inseguras, son La Mariscal, el Parque Carolina y el Cerro Panecillo. Hasta hemos leído, que lo mejor para visitar el centro, es unirse a una de las visitas guiadas –creo que gratuitas-, que ofrece la policía. ¡Me parece una tremenda exageración!. La verdad es que estamos algo obsesionados –por no decir mucho-, con el tema de la seguridad en Quito, después de todo lo que hemos leído. Creo que llevamos un exceso de información, que más que alertarnos ante posibles imprudencias, nos tiene acongojados. Así que en el futuro, prometemos limitarnos a preguntar solo en las oficinas de Turismo, por los asuntos de la seguridad y no leer varias guías o buscar información complementaria en internet. Ya estuvimos igual de obsesionados, antes de ir a Río de Janeiro y luego, tampoco fue para tanto. Con este tema, ocurre como con la salud, que cuanto más miras las condiciones sanitarias de un país, más vulnerable te crees ante todas las enfermedades que allí se padecen. Así que nosotros, ya dejamos de mirar esas informaciones y ahora lo único que hacemos, es guiarnos por el sentido común. Por ejemplo: Beber agua mineral en todos los destinos, evita incluso informarse cobre si el líquido elemento es potable. Quito (Ecuador)El centro de Quito -que al menos hoy y sobre todo por la mañana, está tomado por la policía-, es una zona que enamora y para mi gusto, esta ciudad es de las más bonitas de Sudamérica. Tiene iglesias preciosas y calles sensacionales, con casas realmente lindas. Todo está muy bien cuidado y limpio. Y para más suerte, hoy en todo el centro está cortado el tráfico, porque desfila la procesión de los Dolores. Así que todas las iglesias están abiertas y hay misa. Están abarrotadas de gente, incluso de pie, en los laterales de los bancos. Más que en una boda, en España. Y es que ya hace tiempo que nos hemos dado cuenta, de que la religiosidad es aquí mucho más intensa, que al otro lado del Atlántico. El punto más importante de la ciudad, viene marcado por la plaza de la Independencia, donde se encuentran la Catedral y el Palacio de Gobierno. A la vuelta está el Sagrario, que es un bonito templo. Además de estas, hay otras iglesias que son espectaculares y que están enmarcadas en bellas y apacibles plazas: La de la Compañía de Jesús, San Francisco, La Merced (con el campanario más alto y el reloj más viejo de la ciudad), Santo Domingo, San Agustín... Otros lugares también muy interesantes, son el Arco de la Capilla del Rosario, la plaza del Teatro –donde está el Teatro Sucre-, el parque de la Alameda –que hace de frontera entre la zona nueva y la zona vieja y el Parque el Ejido, además de la avenida Amazonas, que visitaremos mañana. Nos cuesta encontrar un sitio para comer. Y es que primero, nos hemos tenido que levantar de la mesa de un restaurante, después de que tras haber pagado el almuerzo por adelantado, llevemos 25 minutos sentados, esperando al camarero. Recuperamos nuestro dinero, les echamos la bronca y nos vamos a otro lugar, donde comemos de forma mediocre. Pero al menos el propietario es muy atento. En realidad, como casi todo el mundo aquí y sobre todo con los españoles, porque quien más quien menos en este país, tiene un familiar –generalmente hijos- viviendo en EspañaEn este caso el propietario, tiene en nuestro país a una hija con tres niños, que lo está pasando bastante mal, porque se acaba de separar. El está ahorrando y espera poder ir a verla en junio. Y de paso ya, visitar a los otros dos, que residen en Suiza. Nos cuenta también, que el sueldo medio en Ecuador, es de unos ochenta dólares, así que hay que ahorrar durante mucho tiempo, para poder pagar los pasajes aéreos. Comienza a granizar y luego a llover y así se tira dos horas. Durante ese tiempo, nos toca pasear por un extraño mercadillo cubierto que hay en las inmediaciones, porque no llevamos ni impermeable ni paraguas, dado que el cielo por la mañana, estaba completamente despejado. Cuando para, tratamos de ver algunas de las iglesias por dentro, en las que esta mañana había misa. Lo conseguimos en la mayoría de los casos. Ahora ya no hay casi gente por la cale y la policía ha desparecido, con lo que vivimos en constante sensación de alerta –o pánico, no se muy bien-, por si algo pudiera ocurrirnos Quito (Ecuador)Cuando a las seis y media anochece, tomamos el metrobús, que ahora va bastante abarrotado, en dirección al hotel. En Quito hay algo más de venta callejera que en el resto del país, pero tampoco mucha. A poco más de 24 horas para partir para Colombia –que en un principio será nuestro último destino en Sudamérica-, empezamos a inquietarnos sobre la forma en la que traspasaremos el tapón del Darien, esa franja de selva que separa Panamá de Colombia y que impide, que uno pueda ir desde la Patagonia chilena hasta Alaska, por la misma carretera. ¿Tomaremos un avión?. ¿Contrataremos un crucero de varios días en un velero?. Antes de ir a la cama, vemos como cada noche la tele. Un anuncio capta nuestra atención. Publicita el primer Congreso de Negociación Avanzada, que se va a celebrar en la ciudad y para ilustrarlo, han tomado el célebre, ¿por qué no te callas?. Otros promocionales –supongo que sufragados por el gobierno-, lanzan arengas de lo bonito que es ser ecuatoriano y vivir en Ecuador. Entonces, ¿por qué la mitad de la población –entre los que lo hacen y los que lo desean- quiere marcharse del país?. Nos levantamos, compramos los billetes para Tulcán (4,80 US$) y dejamos los bultos en la oficina de la compañía de autobuses. Hoy nos atrevemos a bajar al centro andando, por la tan supuestamente peligrosa calle Maldonado y no nos come nadie, ni nos ponen ninguna navaja al cuello. Todo está abierto y hay bastante actividad comercial.. Nos vamos a la oficina de Turismo, donde nos atiende una amable policía. Queremos confirmar, que no hay problemas en la frontera con Colombia y saber si es seguro, subir al Cerro Panecillo. Nos dice, que en la frontera no hay ningún problema y que al cerro, mejor que subamos en taxi, no solo porque es peligroso, sino porque está bastante lejos. Aunque no está cerca, nos vamos a la zona nueva y a La Mariscal, que tampoco nos parece peligrosa, al menos a estas horas. La avenida Río Amazonas tiene anchas aceras y hoteles y restaurantes de postín. Pero al volver, haciendo un cuadrado, por las avenidas de Colón y 6 de diciembre, nos damos cuenta de que están bastante deterioradas y apenas hay negocios y gente. Incluso esta última, tiene las casas bastante viejas. Aquí si sentimos algo de miedo, aunque en realidad, nada real alerta sobre posibles problemas Quito (Ecuador)Comemos menos y peor que ayer y como no encontramos salchipapas, hoy el postre consiste en una enorme bolsa de papas fritas. Cristina Kirchner está en Ecuador y su comitiva, en la que van hasta dos ambulancias –será por si le tiene que hacerse la cirugía estética de urgencia-, nos adelanta por una de las avenidas. Con razón habíamos visto esta mañana, una manifestación de argentinos –con apariencia de hostelinianos-, frente al Palacio de Gobierno. En el centro hay más gente y coches que ayer, pero el ambiente no resulta agobiante Buscamos un taxi para subir al Cerro Panecillo. En Turismo nos habían dicho que cuesta unos 5 dólares, pero los taxistas nos piden 15, 12, 8 –como mínimo- y no están muy dispuestos a regatear. Un amable comerciante de la zona, que después de media hora, nos ve ya bastante desesperados y nos indica, que lo mejor que podemos hacer, es tomar un autobús llamado Tola (0,25 US$), desde la plaza de San Francisco y bajarnos en el Cementerio Nuevo y desde allí por un dólar, tomar un coche particular hasta lo alto del cerro, dado que hay muchos que ofrecen ese servicio. Minutos después, incluso cierra la tienda y se decide a acompañarnos el mismo, hasta que bajamos del Tola. Nos resulta extraña tanta amabilidad y nuestras alertas se disparan. ¿Habrá tramado con alguien que vayamos hasta el cementerio, para luego allí desvalijarnos? Desde luego, somos conscientes de que asumimos una situación de riesgo, que quizás no merezca la pena, dado que el cerro tampoco es una atracción turística fundamental. O podríamos ir en taxi, por un poco más de dinero, pero el hombre parece tan amable y honrado… Tiene un hijo viviendo en Canarias, que como en el caso de la chica de ayer, también se acaba de separar. Lo hacemos tal como nos indica y efectivamente, al bajar en el cementerio, hay bastantes coches particulares, que por la cifra indicada, te suben hasta arriba y luego si quieres, te vuelven a recoger, aunque no es necesario, dado que suben y bajan vehículos constantemente Las vistas desde aquí, son bonitas, pero no espectaculares. Según el comerciante que nos había explicado la forma de llegar hasta aquí, el cerro solo es peligroso por la noche y no en su cima, sino en su subida. En lo más alto, tiene una enorme virgen, junto a una capilla. Hay también una oficina de la Asociación para la Seguridad del Turista 20 minutos son suficientes para verlo y más, si como ocurre en nuestro caso, empieza a diluviar. Nos baja un simpático hombre. Este, tiene los hijos en Valencia y nos comenta, que la inseguridad en el país, ha empeorado mucho en los últimos años. Cuando llueve en Ecuador, las calles se llenan de personas vendiendo paraguas a dos dólares. ¡Esto si que es, casar la oferta con la demanda y no los mercadillos de Perú o Bolivia!.Damos una vuelta por el centro ya de noche y nos atrevemos, porque hoy sí, al ser día de diario, hay bastante gente. Las plazas están preciosas, con las iglesias iluminadas. Ya en el límite de la osadía, nos atrevemos a regresar andando por la calle Maldonado, con la reinante oscuridad, aunque aún quedan comercios abiertos. ¡¡Que machotes!! (o que inconscientes). Quito (Ecuador)CAMINO DE POPAYÁN Tras un buen rato en internet, tomamos el bus de la compañía Velotax para Tulcán y pagamos 0,20 US$, por tasas de terminal. El vehículo es bastante confortable y el viaje se hace agradable, aunque a las dos de la madrugada, sube la policía a hacer un control de pasaportes. No es el primero en este país, porque ya sufrimos uno el otro día, viniendo de Otavalo. Llegamos sin retraso a Tulcán, cuando todavía no ha amanecido. A pesar de que ya hay taxis, en esta pequeña población, cargamos la mochila a la espalda y nos vamos andando hasta el parque, donde nos han dicho que se toma el microbús para la frontera (0,75 US$). Sale enseguida y en 10 minutos, nos deja al lado de la de Colombia, así que tenemos que cruzar un puente, sobre una estrecha garganta, para retornar a la de Ecuador, donde nos sellan la salida. ¡¡Menos mal que no hemos perdido la tarjeta andina de inmigración, porque hay un cartel donde pone, que en ese caso hay que pagar 200 dólares!! Volvemos a inmigración de Colombia y nos sellan con toda rapidez y sin rellenar ningún papel o tarjeta, con lo que la entrada en este país se convierte en la menos burocrática –junto a la de Argentina-, de todo el continente. Nosotros que teníamos tanto miedo a esta frontera, debido a las constantes noticias de conflictos diplomáticos entre Ecuador y Colombia y resulta ser, un completo remanso de paz y armonía. |





