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Sudamérica y Centroamérica/42


            El autobús es aparentemente nuevo, pero el motor suena como el de un avión a reacción y echa bastante humo negro, costándole

muchísimo subir en las cuestas. El paisaje –como casi a lo largo de todo Ecuador-, es muy bonito y muy verde. Pero la carretera es penosa, con baches como socavones. Paramos en todas partes.

 

            No llevan abierto el baño del autobús y nos incitan a orinar en la carretera, pero nos amotinamos y conseguimos que lo abran. ¡¡Segunda victoria en dos jornadas!!, aunque está bien, tener que estar todos los días con conflictos con los conductores o ayudantes de los colectivos. Acabas agotado.

 

Voy preparando los próximos destinos: Ruinas de Ingapirca, Alausí, Nariz del Diablo y Riobamba.

                                                                          Cuenca (Ecuador)

Llegamos y en la terminal, un hombre nos sale a ofrecer alojamiento. Nos muestra algunas fotos y aceptamos, dado que por un precio de 14 dólares, también nos lleva hasta el alojamiento y nos traerá mañana temprano a la terminal, para tomar el autobús que nos lleve a las ruinas de Ingapirca. Resulta un gran acierto, porque el hotel Pachamama (calle Larga-2-38), está entre los tres mejores del viaje. La habitación resulta enorme y el baño no le desmerece en tamaño, ni en su perfecto estado de conservación y limpieza. Tiene televisión por cable y el propietario es realmente amble y te explica, como moverte por la ciudad. Ni una sola pega, absolutamente recomendable.

 

  Como son las cuatro, nos comemos unos sabrosos perritos en la primera tienda que encontramos y nos vamos a ver la ciudad, que es realmente bonita, a pesar de que en medio día se ve sin problemas. El casco histórico es coqueto, está bien cuidado y empedrado, hay casas muy bonitas y en perfecto estado e iglesias que destacan, por su inigualable belleza, como la Catedral Vieja (Sagrario, 2 US$), la Nueva (la Inmaculada), San Blas, Santo Domingo y San Francisco, entre otras.

 

Otros lugares de interés son, el Parque Calderón –la plaza principal de la ciudad, donde se hayan las dos catedrales mencionadas anteriormente-, sus calles aledañas y la plazoleta del Carmen –donde se encuentra la iglesia del mismo nombre y se celebra un agradable mercado de flores-. También hay otro animado mercado, donde se vende de todo, más limpio y cuidado que los de Perú o Bolivia. Llevamos poco tiempo en el país, pero nos extraña que tratándose de un país pobre. aquí haya tan poca gente vendiendo en la calle –fuera de los mercados- y que no hayan triunfado las “llamadas, llamadas, llamadas….”

 

   

         En realidad Cuenca, tiene como nombre completo, Santa Ana de los Cuatro Ríos de Cuenca y procede de su homónima española. Cruzamos el río, después de pasear bastante por el centro. El único interés que encontramos en esta zona es un establecimiento, donde decenas de escolares degustan gigantescos platos de salchipapas. Nos unimos a ellos y nos pedimos uno por cabeza. Esta ciudad es bien tranquila, al menos aparentemente. Antes de las ocho, casi todo ya está cerrado. En una agencia de viajes, vemos algunos precios de excursiones por la zona:

 

            -Excursión a Ingapirca: 37 US$

           

-Tour a la selva amazónica (zona de Coca: 40 US$  (precio por persona y por día).

  Cuenca (Ecuador)

-Tour a las islas Galápagos: 700 US$, para una semana de duración. Es por el precio, por lo que nosotros habíamos descartado ese destino. Desde luego, si hubiéramos venido en un viaje corto, habríamos hecho el esfuerzo, pero para uno largo, en el que has dejado de tener ingresos, resulta un lujo. Con los 1.400 dólares que nos costaría a los dos, vivimos todo un mes en Sudamérica y eso que la divisa americana, está por los suelos

           

 

CAMINO DE LAS RUINAS DE INGAPIRCA

           

            Tomamos un autobús, que a través de interminables pueblos, conduce hasta la misma  puerta de las ruinas de Ingapirca y ya antes de partir, hay un sonoro incidente, en el que sin que sirva de precedente, no estamos involucrados nosotros. El autobús (2,50 US$) va abarrotado, pero un boliviano y un canadiense, han pagado cuatro asientos. Aunque solo ocupan dos, quieren que los otros dos permanezcan vacíos. Supongo que sus razones tendrán para obrar así, pero el hecho es, que en el pasaje hay una mujer embarazada y varias señoras mayores, que deben viajar de pie, porque el ayudante no se ha atrevido a contrariar a estos excéntricos viajeros

 

            A mitad de camino, empezamos a charlar con ellos y parecen de lo más normal del mundo. Hasta muy agradables, diría yo, por lo que aún nos resultan más misteriosos los motivos de su actitud, sobre la que no nos atrevemos a preguntar. El boliviano es fotógrafo y ha viajado mucho. Vienen de Perú y tienen exactamente, la misma impresión que nosotros sobre este país y los abusos de Machu Pichu.

 

A él, que llevaba una carta de recomendación del Ministerio, para tener acceso libre y gratuito, le hicieron más comprobaciones

para ver si era verdad, que si fuera un terrorista o un traficante de armas. Hablamos sobre viajes y de nuestro futuro periplo por Asia, donde nos recomienda Myanmar, Yemen y Pakistán. El boliviano, que es el más hablador, es alérgico al vino. ¡¡Vaya desgracia!!.

                                                             Ingapirca (Ecuador)

 

RUINAS DE INGAPIRCA

 

            Tras tres horas llegamos a las ruinas de Ingapirca, dejamos las mochilas en la entrada y pagamos los 6 dólares que nos dan derecho al acceso. Son caras para lo que hay que ver, pero están mejor que las deprimentes Huacas, de Trujillo. Apenas hay nadie  visitándolas. Ingapirca (Muro del Inca, en quechua) fue construida por los Cañarís, hasta que la destruyeron los Incas. Pudo ser un cuartel, habitado por un destacamento de vigilancia, un Templo del Sol o, ambas cosas.

 

             El complejo arqueológico esta compuesto por: El Templo del Sol y los aposentos interiores, la Plaza ceremonial, el Área la Condamine, que no es otra cosa que los aposentos externos, la Bodega, los Talleres, la Pilaloma, El Templo Cañari; los Baños rituales y escaleras y la Calle empedrada

 

            Nos tomamos unas cervecitas en el pueblo de al lado de las tuinas, mientras algunos niños se acercan a pedirnos 10 centavos. El autobús, que nos conduce a El Cañar (0,50 US$), localidad que ya habíamos pasado a la ida y desde donde tenemos que tomar el bus para Alausí, tiene más demanda que el puente aéreo, sobre todo, de campesinas de cierta edad. ¿Dónde irán?. Tardamos casi una hora, en hacer unos pocos kilómetros.

 

            Se ha hecho algo tarde y los restaurantes ya no sirven almuerzos –solo platos sueltos, que son más caros-, así que comemos a base de varias raciones de ricas salchipapas, en un puesto de la carretera Panamericana, donde nos han mandado a coger el autobús para Alausí. La verdad es que casi es mejor comer así, que a base de los almuerzos, que solo contienen insustanciales sopas con cuatro choclos gordos o rodajas de plátano frito y arroz con huesos de pollo.

 

            Tomamos el bus para Alausí (3,50 US$) y nos damos cuenta, de que no había hecho falta volver a El Cañar: Podíamos haberlo cogido en El Tambo, localidad anterior viniendo de las ruinas. Eso sí, habríamos ido de pie, porque el bus se ha llenado en El Cañar. La gente que va subiendo en los pueblos, huele a rayos y centellas juntas. Visten de forma campesina y no se lavan la cabeza desde hace semanas (si es que se la lavaron alguna vez). Empiezo a pensar lo que me estaré llevando en el pelo, por mantener apoyada la cabeza en el respaldo y se va hacia adelante, inconscientemente y a gran velocidad..

 

Empieza a llover y los precipicios laterales izquierdos, se van cubriendo de niebla. En algunas partes hay derrumbes por el lado derecho de la carretera y tenemos que arrimarnos a los profundos terraplenes, hasta llevar casi media rueda por fuera. Una cinta amarilla de plástico, colocada a media altura, lleva escrita en negro la palabra “peligro”. La verdad es, que pasamos algunos ratos bastante malos. Si nos caemos por aquí, no nos encuentra ni la CIA. No sé si será premonitorio, pero en el boleto del bus pone, que si algo nos pasa, tenemos un seguro de 4.000 US$. Y a todo esto, la estresante música ligera, no deja de sonar a lo largo de todo el camino.

 

 Ingapirca (Ecuador)

ALAUSÍ

 

Los niños que vienen del colegio, suben y bajan en las diferentes paradas. Estas y otras enternecedoras escenas de la rural vida cotidiana de esta zona del país, hacen que las tres horas de camino hasta Alausí, se nos hayan pasado casi volando

 

Alausí es un coqueto y bonito pueblo, con una agradable plaza y un enorme Cristo elevado, que observa desde el derro, el pueblo y sus alrededores. Un remanso de paz, que por la tarde se puebla de algunos puestos callejeros, donde comer unas salchipapas o algo hecho a la plancha.

 

Tampoco esta mal la calle principal –donde están la mayoría de los hoteles- y la estación de trenes, con vagones antiguos decorando el exterior. Y es que es precisamente el tren, lo que nos ha traído hasta aquí, porque mañana tomaremos, el que conduce a la Nariz del Diablo.

 

Elegimos una habitación en el hotel Gampala –en la calle 5 de junio-, por 16 dólares (cada día va saliendo más cara). Es lo mejor que hemos encontrado, relacionando calidad y precio y aunque el cuarto y el baño son muy pequeños, están limpios y correctamente conservados, aunque huele algo a humedad.

 

 

NARIZ DEL DIABLO

 

Nos levantamos sobre las siete y media, para poder tomar el tren de las ocho (7,80 dólares, ida y vuelta). En el convoy, de un

solo vagón, vamos unos 20 extranjeros y nosotros, somos los únicos hispanos. El resto tiene el inglés como lengua materna. Nosotros, como otras ocho personas, hemos decidido sentarnos en el techo del tren, desde donde tanto las sensaciones como las vistas, son más espectaculares. A la vuelta, como hay pasajeros que deseaban ir arriba y no han podido, regresamos en el interior del vagón. Desde aquí se hacen mejores fotos y no tienes que estar pendiente de sujetar tanto la cámara.

 

El paisaje es realmente bonito, circulando por el típico escenario de montaña, con escarpados picos, una garganta, riachuelos y mucho verde, pero no más que el del resto del sur de Ecuador, que hemos visto desde la carretera, cuando la niebla nos ha dejado. Menos mal que hoy está despejado. En total, se tarda una hora y media, en hacer el recorrido de ida y vuelta completo.

                                                                Nariz del Diablo (Ecuador)

Recogemos las cosas en el hotel y tomamos un autobús a Riobamba (1,50 US$), que en una hora nos pone en este destino, aunque bastante a las afueras de la ciudad, dado que nos deja en la misma carretera (a seis kilómetros del centro). También va mucha gente de pie y hay bastante colorido campesino. Una –aparentemente- inocente labriega, le ha intentado colar un billete falso de veinte dólares al ayudante, que la ha pillado. Vemos el billete de cerca y la verdad, es que la falsificación es muy mala

 

 

RIOBAMBA

 

             Habíamos pensado hacer noche en esta localidad, conocida también como “Sultana de los Andes”, pero como son poco más de las once de la mañana, veremos este lugar en cuatro o cinco horas y por la tarde, tiraremos directamente hacia Quito. Y todo porque mañana es sábado y no queremos perdernos el mercado indígena de Otavalo, que se celebra ese día. Cerca de Riobamba, hay diversos volcanes, como el Chimborazo, el Tungurahua, el Altar y el Carihuairazo, pero en esta ocasión, hemos decidido, que solo nos centraremos en la ciudad.

 

            Dejamos las mochilas en una librería –como tenemos por tradición últimamente- y nos vamos a explorar la ciudad, que aparece bastante bien cuidada y que está de celebración festiva en este día, aunque desconocemos los motivos. Vemos el Parque de la Libertad, la Basílica de forma circular, el Parque Maldonado, la Catedral y otras tres o cuatro iglesias, bastante interesantes.

 

            Comemos tan mal como de costumbre en este país y como tradicionalmente también, nos zampamos unas salchipapas de postre. ¡¡Que vicio!!. Nos vamos a la terminal y tomamos el autobús a Quito. Otra vez el conductor no está dispuesto a abrir el baño, pero de nuevo el pasaje, triunfamos en nuestro motín, en especial, porque da penita ver a un niño pequeño, que ya no se puede contener más.

 

             Afortunadamente la carretera es buena, la mayoría de los tramos circulamos por autopista y no por esas carreteras de Dios, de

los días anteriores, que más que para autobuses, están hechas para 4X4

 

            Estamos preocupados. Hemos leído mucho sobre la inseguridad  de Quito y nosotros vamos a llegar de noche, por lo que nos da algo de miedo tener que recorrer el centro andando, en busca de un hotel. La entrada a Quito es parecida a la de La Paz, en constante y larga bajada, con bonitas vistas de la ciudad, aunque ahora, solo se ven miles y miles de luces. Hemos tardado cuatro horas

 Riobamba (Ecuador)

 

QUITO

 

            La estación de autobuses de Quito es moderna, funcional y sobre todo, enorme, dado que consta de varias plantas. Así que nos cuesta unos minutos organizarnos y enterarnos, de que no tendremos problemas mañana para ir a Otavalo, puesto que hay autobuses muy frecuentes.

 

            Tal como nos ha recomendado una señora, salimos de la estación para tomar un taxi, dado que son más baratos. Pero como nos ven extranjeros, nos quieren exprimir, pidiéndonos como poco cinco dólares, por un tramo que haríamos andando en poco más de diez minutos, si fuera de día.

 

            Encontramos un hotel frente a la terminal. Nos piden 12 dólares por la habitación doble con baño y televisión sin cable. Es algo descuidada, pero habitable, así que vistas las circunstancias, decidimos quedarnos. Esta zona, está catalogada por las guías que hemos visto, como muy insegura de noche, así que no nos movemos del hotel, hasta la mañana siguiente. Y debe serlo, porque en nuestro propio hotel hay dos verjas, que parecen de una cárcel de alta seguridad. Una está situada abajo del todo y otra justo antes de la recepción. Esa está cerrada todo el día y solo se abre cuando entra o sale alguien.

 

            Tomamos la decisión definitiva –que ya llevábamos amasando desde varios días atrás-, de que no vamos a llegar hasta la selva amazónica en este país. Habíamos pensado hacerla, bien por Macas o bien por Coca, pero ambas quedan a bastantes horas de autobús, de cualquiera de los lugares por los que hemos pasado y no estamos dispuestos a meternos la paliza, después de todas las que ya llevamos, por carreteras inmundas. Lo dejaremos para Colombia o sino, será junto a las Islas Galápagos, la de Pascua, el norte de Brasil y Venezuela, una de las buenas razones, que nos puedan hacer volver a no tardar mucho, a este maravilloso continente.

 

           

OTAVALO


Los buses hasta Otavalo (2 dólares) salen cada diez minutos y aún así, van llenos. Avanzamos en un autobús algo incómodo,

en el que no deja de subir y bajar gente. Vamos constantemente cuesta abajo, hasta que llegamos al pueblo del popular mercado indígena, en dos horas y tres cuartos (a la vuelta, que apenas para, tardamos casi una hora menos).                                                 
                                                                   Otavalo (Ecuador)



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