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Sudamérica y Centroamérica/40


  

          El pueblo es minúsculo, alargado y solo tiene una plaza. Compramos cerveza en la única tienda que vemos y la tomamos dentro, charlando con el propietario. Aquí el mundo, parece haberse detenido Hay también bonitas casas en su calle principal, pero son algo decadentes.

 

            Luego nos vamos una hora a bañarnos a uno de los pozos termales y tras salir, comemos de forma fenomenal, por cuatro soles. Hoy hemos probado el rico caldo blanco y un segundo plato muy variado, a base de varias carnes y un exquisito rocoto relleno –una hortaliza, que es entre un tomate y un pimiento, para entendernos-. Hemos dudado en si pedir chaque para probarlo, pero nos ha echado para atrás, que lleva demasiado choclo (maíz).

                                                                                                                    Yura (Perú)

 

NUEVAMENTE, EN AREQUIPA

 

            Volvemos a Arequipa y paseamos por el centro. Nos dan una publicidad de brujos, que consiguen quitar los vicios y la envidia. Constatamos también, que el precio del minuto de las llamadas internacionales a Europa es baratísimo (0,80 soles por minuto)

 

            Ya en nuestro alojamiento, vemos a la protagonista de la semana en Perú, Silvia Reyes, la árbitro que fue insultada y degradada –de forma muy machista- por un jugador uruguayo y ahora ambos, están en la portada de todos los noticiarios. Mucho indigenismo de cara a la galería, pero los presentadores de la televisión, son todos bien blanquitos. Dormimos un montón de horas.

 

            La mañana siguiente la dedicamos a volver a recorrer los sitios turísticos de Arequipa. La ciudad es agobiante. Nos jugamos unos boletos a la Tinka y a la Yala, que son dos especies de loterías, pero no nos toca nada. No me extraña que aquí tienten tanto la suerte, porque los sueldos son realmente bajos. Unos 600 soles es el salario medio mensual en Perú (150 euros), que es más alto que en Bolivia (600 bolivianos, poco más de 50 euros), pero más bajo que en Argentina (1.000 pesos, unos 225 euros) y en Chile (18.000 pesos, unos 275 euros).

 

            En las ofertas de empleo, que vemos en las agencias, buscan cajeras, vigilantes y asistentas en cama (entendemos, que se refiere a internas). Comemos bien y nos obsequian con un rico aperitivo, de apio con manzana. Estoy enamorada de las salsas de ají que nos ponen todos los días –ninguna es igual a otra, pero todas están buenas- y de la rica cebolla criolla 

 

 

CAMINO DE LIMA

 

  

          Tomamos un taxi para la estación. Nadie acepta los 2,5 soles que pagamos a la llegada y tenemos que desembolsar hasta 5, si es que queremos que nos lleven. Se ve que el camino de vuelta es más caro, porque ya no te pueden tratar de colocar alojamiento. Compramos los billetes para Lima en el bus económico, para las cinco y media de la tarde (30 soles), porque el semicama, cuesta 70. Y luego resulta ser un autobús nuevo, con baño y con los asientos reclinables. Estamos encantados hasta la fecha, con los autobuses de Perú.

 

            El camino se hace algo pesado a ratos y las interminables películas violentas, que nos ponen a todo volumen, no ayudan mucho a concentrarse en otras actividades. Nos damos cuenta de que, al contrario que los bolivianos, los peruanos son menos resignados y al menos protestan, cuando creen que algo está mal. Y es que nos han vendido el viaje como un servicio directo y solo lo es a medias. “¡Que querrán ustedes por 30 soles!”, replica el conductor. La atención al cliente, sigue brillando por su ausencia, también en Perú.

 

             Y estamos en este autobús, porque días atrás, habíamos descartado también, la posibilidad de hacer paradas intermedias en Ica, Nazca o Paracas. Sentíamos más curiosidad por ver si perduraban los efectos del terremoto sobre esta última, que por sobrevolar las líneas de Nazca desde el aire, en avioneta. Y creo que en el último de los casos acertamos, dado que gente que encontramos más adelante, nos comentaron que les habían decepcionado. Como muchas cosas en Perú y no porque no tenga atractivos turísticos suficientes, que los tiene y muchos, sino porque hasta se los inventan o engrandecen, con tal de obtener grandes cantidades de dinero, a través de su explotación.

                                            Lima (Perú)

 

LIMA

           

            La entrada a Lima se hace eterna, puesto que tiene que transcurrir hora y media, hasta que llegamos al garaje de la compañía. Y es que parece increíble, pero es una realidad: En una ciudad de casi ocho millones de habitantes, no hay terminales de autobuses.

 

            Tratamos de negociar un taxi hasta la plaza de Armas, pero no estamos dispuestos a pagar los diez soles que nos piden, así que pasa un rato, hasta que un hombre mayor se aviene a llevarnos por 5, que era nuestro objetivo. Acabamos de montar, con el taxista más auténtico y en el cacharro más loco, de toda Sudamérica. Tiene 88 años y va vestido con ropa bastante moderna, dentro de su minúsculo coche, que apesta a gasolina quemada (debe de ser de los años 60). Parece que vamos en una cafetera urbana, debido a todo lo que nos movemos hacia ambos lados y al humo que echamos.

 

            Ha sido marino y ha servido en el ejército de Estados Unidos, por lo que conoce medio mundo. Dice –desconozco el motivo y si algo así puede suceder, aunque lo dudo-, que puede entrar en todos los países del mundo sin visado, con la excepción de Rusia. Se emociona hablando de Sara Montiel, el Cordobés y Frank Sinatra y como le seguimos la conversación con pasión, acaba poniendo a Celia Cruz a todo volumen, en un cassette, que lleva adosado en el salpicadero del taxi. A pesar de la edad, tiene una mentalidad y un espíritu más joven, que muchos de 20 años

 

            Nos despedimos de tan simpático hombre y nos tiramos una hora dando vueltas, sin encontrar alojamiento. Y cuando lo hacemos, resulta ser el más caro de Perú hasta la fecha y de los peores. Y menos mal, que los 25 dólares que nos pedía, los hemos conseguido dejar en 30 pesos. Así que nos quedamos en el Hostal Roma, en una oscura habitación doble, con baño.

 

            Nos vamos a la Oficina de Turismo que viene en la guía, pero la han cambiado y allí solo hay una agencia privada de viajes, donde

por cierto, son muy antipáticos. Nos mandan a otro lugar, en el que dicen que lo han puesto, pero cuando lo buscamos, no existe. Así que, nos las vemos y deseamos para conseguir un plano, que al final casi nos acaban dando por caridad, en otra agencia de viajes, en la que son un poco más amables.

 

            Ya que no estamos lejos, nos acercamos a la calle Carlos Zabala, donde se encuentran la mayoría de los garajes de las compañías de autobuses. En la guía dicen que esta zona es peligrosa, pero al menos de día, no parece que pueda haber problemas, porque hay muchísima gente y tráfico. La oferta de autobuses a Trujillo, nuestro siguiente destino, es escasa y cara.

                                                                                     Lima (Perú)
 

            En algunas guías, se habla de determinadas líneas rojas que son peligrosas de traspasar, señalando el área comprendida entre la avenida Tacna y la Avancay, como las fronteras seguras de la ciudad. Dicen que incluso la propia zona monumental, es insegura de día, pero según constatamos y nos comentan varias personas, la seguridad en la capital ha mejorado bastante en los últimos tiempos. Caminando con cautela y sin ostentación, no es arriesgado visitar la zona centro monumental. De noche es otro cantar y se hace recomendable, fuera de las calles comerciales, moverse en taxi a todas partes.

 

            Tres son los peligros fundamentales, a los que se expone el viajero en Lima, según nos comenta un amable empleado de nuestro hotel.

 

            -Robo por descuido del equipaje en la calle o los garajes de los autobuses, mediante a veces incluso, sofisticadas tramas de varias personas, que escenifican complejas maniobras para desorientar al desamparado turista.

 

            -Tirones, fácilmente evitables, no llevando bolsos.

 

            -Las pandillas de “pirañitas”. Se trata de grupos numerosos de adolescentes, que actúan en equipo. Tiran a la víctima al suelo, la desvalijan y se van tan tranquilamente andando, conscientes de que como son muchos, no se va a enfrentar a ellos.

 

            Nos vamos a ver Lima. Parece que esta mañana no tenemos suerte en casi nada, puesto que ahora todo el centro, está invadido por una enorme manifestación. Así que nos dirigimos a dar una paseo por un cercano, limpio y ordenado mercado –nos parece raro, después de los que hemos visto en otras partes del país- y a comer.

 

Siguiendo la calle peatonal –llamada Jirón de la Unión-, donde están la mayoría de las tiendas y cadenas de comida rápida, tomamos la tercera a la derecha, donde hay un montón de restaurantes. La mayoría tienen buena pinta y nosotros entramos en La Choza, porque también nos ha gustado el trato tan agradable de la camarera en la puerta. Comemos de maravilla y por cuatro soles, de primero nos ponen hasta un riquísimo ceviche

 

 Ahora sí, nos vamos a ver la ciudad y visitamos la plaza de Armas, la Catedral (5 soles) –en cuyo interior está la tumba de Pizarro-, el palacio de Gobierno, el del Arzobispado –junto a la catedral-, el monasterio de San Francisco –con sus Catacumbas, a las que acceder, cuesta 5 soles-, la iglesia de la Merced –con una gran fachada-, la plaza de San Marín –con la estatua del susodicho-, la calle Ocoña, la avenida Tacna –con sus tiendas de santería y de extraños turrones de confites-, iglesia Rosa de Lima, Basílica y Convento de Santo Domingo, el Palacio de Torre Tagle,…

                                                                       Lima (Perú)
 

Todos estos atractivos, nos dan para llenar la tarde hasta el anochecer, momento en que nuestros últimos paseos, no abandonan ya el área comercial y peatonal de Jirón de la Unión. Nos ha gustado Lima bastante, aunque menos que otras capitales que ya hemos visitado, como La Paz o Santiago. También nos siguen sin atraer los peruanos, que en términos generales, siguen siendo tan maleducados y poco atentos, como en las zonas del sur y de Cuzco

 

Es viernes, 11 de abril de 2.008 y ya hemos decidido, que esta noche tomaremos un autobús para Trujillo. La mañana, la vamos a ocupar visitando el exclusivo barrio de Miraflores, para donde tomamos un microbús (1 sol), en la avenida Tacna. El ayudante del conductor, no para de gritar constantemente: “Salaberri, Salberri, Salaberri, todo Salaberri…”, anunciando así, los siguientes destinos, ubicados en esa calle. Nos enteramos por la prensa, de que ha habido un accidente de avioneta, sobrevolando las líneas de Nazca, en el que han muerto varios franceses, justo el día que en un principio, habíamos pensado ir nosotros. Menos mal que lo acabamos descartando.

 

Miraflores es un barrio elegante y urbanísticamente bien trazado, que no parece Sudamérica. Todo es de mucho mayor nivel

aquí, al menos teórico, que en el centro de la ciudad y eso también se nota en los precios. Damos un paseo por los óvalos, la avenida principal y finalmente, llegamos al mar. Ahí también reside el encanto de este núcleo residencial: En las bonitas, anchas y abiertas playas, que lo acercan al océano Pacífico. El complemente final, que ya lo hace magníficamente agradable, son sus cuidados parques, entre los que destaca el del Amor, inaugurado un día de San Valentín y lleno de frases “tontitas” y algo horteras, que le dan un toque bastante romántico. ¡¡Llevábamos sin ver el mar, cerca ya de un mes, desde que estuvimos en la bonita Valparaíso!!.

                                                                          Lima (Perú)
 

De repente y paseando por una de las avenidas –de edificios horribles, como casi todos los de Mirafloes-, una mujer que va acompañada de su madre, me golpea fuertemente en un brazo, alegando, que le he dado en la espalda al adelantarla Desde luego, desconozco si la he podido rozar, pero ni mucho menos la he golpeado con fuerza y menos queriendo.

 

Entablamos una discusión en la que además, tenemos que escuchar cosas tales como “iros a vuestra mierda de país” o “esto es el Perú y ya no es España”. Así que decidimos no seguir discutiendo con semejante pareja de histéricas –es pero al hija que la madre-. Aún hoy cuando escribo, no consigo explicarme el por qué de aquel suceso. En muchos momentos llegamos a pensar –y aún hoy no lo hemos descartado-, que se tratara de una maniobra de distracción para desvalijarnos, por parte de una de ellas o de una tercera persona, pero lo cierto es que no nos faltó nada de nuestras pertenencias, entre otras cosas también, porque mi chico tiene adquiridos unos movimientos tan automáticos e instintivos, que se lleva las manos a los objetos de valor, en los tumultos o situaciones imprevistas.

 

Pero las discusiones no han terminado, porque ahora nos toca emplearnos a fondo con la cajera del supermercado, que no nos quiere devolver el dinero del casco de la cerveza, que acabamos de tomar, cuando en el recipiente pone clarísimamente, “envase retornable”. Alega que compremos otra y nos lo cambia, pero es que nosotros, ni queremos tomar más, ni queremos llevarnos la botella a casa. Se salen con la suya. Si en toda Sudamérica el lema es: “El cliente nunca tiene la razón”, en Perú le añaden “y además, si se puede, hay que tratar de pisarle la cabeza”.

 

Espero que esta gente nunca llegue a perder los ingresos procedentes del turismo, porque aún con ellos, ya lo están pasando bastante mal. Pero como estar, les estaría muy bien empleado, porque en ningún país del mundo de los 75 que conocemos, fuimos peor tratados (ni siquiera en Israel).

 

Retornamos al centro y comemos en el mismo restaurante de ayer. Hoy además del ceviche y de carne, hemos añadido unas ricas papas a la huancaina. Tras el almuerzo, nos vamos a la calle de los garajes, Carlos Zabala y tras comparar la escasa oferta, compramos los billetes para Trujillo con la empresa Ormeño, por 45 soles. La empresa Cruz del Sur –idolatrada e idealizada, por muchos participantes de los foros-, nos había ofrecido un servicio económico sin baño por 32, pero al no ser directo, preferimos no arriesgarnos, dado que estos autobuses son mucho más inseguros para viajar de noche.

 

Empezamos a constatar y tampoco le encuentro explicaciones –aunque quizás sea, por la relación oferta-demanda-, que al norte de Lima el transporte es mucho más caro. Y al día siguiente, nos daríamos cuenta también, que lo mismo ocurre con los alojamientos.

 

Queremos acabar la tarde, subiendo al cerro San Cristóbal, en un servicio de microbús, que ofrece una agencia y que opera todo el día (5 soles), pero después de estar tres cuartos de hora, dando vueltas por la ciudad y al ver que no hay forma de que se llene y subamos, decidimos pedir la devolución del dinero (esta vez sin problemas, ni discusiones). Lo curioso, es que siguen haciendo esa excursión, aún cuando es de noche. ¿Qué narices se puede hacer en un cerro a esas horas, donde lo más importante suelen ser las vistas?.

 Lima (Perú)

Damos los últimos paseos por el distrito de Rimac y tomamos un taxi al garaje de Ormeño, esta vez por 4 soles. El bus sale puntual. Una niña llorona y una chica que no para de hablar por el móvil a voces, hacen que sea prácticamente imposible conciliar el sueño. El video también va puesto, pero sin sonido y con subtítulos. Algo es algo. Llegamos dos horas tarde, porque de madrugada, el autobús se rompe.

 

Ormeño no es para tanto, como la ponen en las guías. El menos en este autobús, los asientos son poco reclinables e incómodos y el servicio también, al estar abajo, en vez de en la parte de atrás, como es lo lógico y habitual

 

 

TRUJILLO

           

Como cada día en Perú, tenemos que deshacernos con contundencia de los pesados taxistas de las terminales y al buscar alojamiento, constatamos que aquí son bastante caros y que no vamos a encontrar nada por debajo de 40 soles, que es lo que finalmente acabamos pagando, en el Hostal El Encanto, por una habitación doble, con baño y televisión


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