La verdad es que como postal es inmejorable, ver el Huayna Pichu, frente a las terrazas escalonadas, a otras montañas y que todo esté tan verde, pero si no se asciende la montaña, las ruinas en sí, dan para un par de horas y no más (es el tiempo que emplean los guías, que contrata la gente en la puerta). Y apurando y sin tantas explicaciones, se pueden ver hasta en una hora. Para ver Iguazú –en sus dos lados- o Petra, se precisa como mínimo, un día. Machu Pichu está bien, pero también muy sobrevalorado. Ponemos punto final a la visita, llegando hasta el Templo del Sol: Se cree que fue un mausoleo y que en sus grandes hornacinas, reposaban momias. Menos mal que hemos traído algunos tentempiés, porque el buffet del restaurante que hay a la entrada de Machu Pichu, cuesta 90 soles. Es decir, ¡¡más de 20 euros!!. Machu Pichu (Perú)Salimos del recinto, siendo las dos de la tarde. Por fin conseguimos el anhelado plano, aunque ahora ya solo nos servirá como recuerdo Nos disponemos a bajar por la carretera, cuando un amble lugareño nos indica que hay una escalera -justo a la izquierda, según se sale-, que acorta bastante el camino y que tras más de 1.300 escalones, lleva abajo, a la carretera principal. En una hora y diez minutos en total, nos ponemos en Aguas Calientes. EN AGUAS CALIENTES, OTRA VEZ Bajar ese sendero, no es peligroso ni difícil, pero al final ya casi vas con temblores en las piernas, de tantas escaleras como hay. Menos mal, que da bastante sombra y que hay casetas de paja, donde se puede reposar. Aún no da tiempo, a tomar unas cervezas y a comer divinamente –uno de los mejores sitios de todo Perú, junto al restaurante de Lima-, por 6 soles, en un restaurante céntrico. Luego paseamos por el acogedor pueblo, al que el paisaje montañoso y el abrupto río, dan un aspecto encantador. La plaza principal es también bonita. Hay muchos restaurantes, alojamientos y tiendas y se encuentra turismo, aunque no masivo. La oferta –como otras tantas veces-, supera ampliamente a la demanda. Y eso es bueno, porque los precios del alojamiento y de las comidas son moderados y si se emplea tiempo en buscar, hasta bajos. Luego nos acercamos a las termas (10 soles), para tratar de recuperarnos del esfuerzo, que tampoco ha sido mucho mayor, que el de cualquier otro día, en que nos hemos dedicado al trekking, en este continente. Antes de ir al hotel, nos encontramos con el grupo de argentinos y unos ingleses, con los que nos llevamos viendo todos los días, desde que fuimos a la isla del Sol. Previamente, hemos dado una vuelta por la zona autóctona, al otro lado del río, donde no hay negocios para turistas, ni extranjeros. Pareciera que hubiéramos cambiado de país y que vuelto a Sudamérica (la otra parte del pueblo, la turística, no lo aparenta).El dueño del hotel, que parece ido/raro/zumbado, nos pretende otra vez cobrar la segunda noche de alojamiento, después de que ayer ya le habíamos pagado las dos. Al final, parece que se acuerda y todo queda en una anécdota Aguas Calientes (Perú)CAMINO DE PISAC Nos levantamos casi a la misma hora de ayer, para tomar el tempranero tren de retorno a Ollantaytambo. Otra vez pasamos bastante frío, en este convoy con precios de Finlandia y prestaciones de Ruanda. Nos piden varias veces los pasaporte en el camino y es que hay más controles de seguridad aquí, que en la frontera de las dos Coreas. Llegamos a la estación de Ollantaytambo, a las afueras del pueblo y tomamos la carretera hacia el centro. Parece que van a montar algún mercado y porteadores con el doble de peso o más que nuestras mochilas, nos van adelantando vertiginosamente. ¡Estos te suben el Huayna, en media hora!. Tomamos un microbús a Urubamba (1 sol), que va lleno de malolientes lugareños que parecen ser porteadores, de los que llevan los bultos de los turistas, en el Camino Inca. Echamos de menos un par de pinzas de la ropa, para poder taparnos la nariz En Urubamba, nos subimos a un abarrotado autobús, que por dos soles, nos lleva hasta Pisac, donde, muy afortunadamente para nosotros, hoy es día de mercado. Antes, pasamos por Calca y desde la carretera, vemos su único atractivo turístico: La estatua del Puma, que es una alegoría a una de las deidades andinas que representa el poder y el valor del hombre andino. . PISAC Llegamos a Pisac y dejamos las mochilas a una chica, propietaria de una de las librerías, que va a dar a la plaza en la que se asienta el mercado. En este pueblo también hay ruinas, pero después de haber visto Machu Pichu ayer, no tenemos muchas ganas de más y además, vamos a pelear en vano, para que nos dejen adquirir un boleto que no venden, de ingreso exclusivo para el sitio. El mercado, uno de los mejores de Sudamérica y desde mi punto de vista, más auténtico que el de Otavalo, en Ecuador, se divide en dos zonas bien diferenciadas. Las calles donde estás los objetos para turistas (ropa, calzado, plata, cuero…) y la plaza de armas, donde están los puestos para los lugareños, que venden frutas, verdura, carne, salsas al peso, tientes naturales –de cactus, por ejemplo- o minerales… y los de la comida cocinada. Esta es sin lugar a dudas, la zona más genuina y animada. La otra está bastante más vacía y es por la que los guiris se pasean, a la búsqueda de gangas, que desde luego, no existen. El tiempo está tan cambiante, que atravesamos las cuatro estaciones en una sola hora. Pisac (Perú) Al contrario de lo que ocurría en los mercados de Bolivia, aquí resulta mucho más fácil poder fotografiar a la gente. Te puedes acercar y se dejan retratar, sin mayores problemas y sin aspavientos o huídas. Comemos estupendamente en un restaurante bien barato. Hoy hemos probado por primera vez el pejerrey, que es un pez del lago Titicaca, de rico sabor y de fina textura. Delicioso. También tienen en el restaurante cui, como en otros muchos sitios del país. Es un animal parecido a una rata, que no nos atrevemos a probar. Los hemos visto por la mañana vivos, en algunos puestos. Dicen que es una carne algo grasienta y su sabor resulta extraño para el paladar occidental. Aseguran también, que las empanadas de Pisac tienen fama, pero si es por las que hemos probado de postre en una tienda especializada, es inmerecida, porque saben a pizza y están muy poco llenas. Aunque la masa no es mala ¡Qué se vayan a Argentina, a aprender a hacer empanadas!. Recogemos las mochilas de la librería y la chica no nos quiere aceptar una propina, aunque al insistir, termina cogiéndola. DE NUEVO EN CUZCO Volvemos a Cuzco (2,20 soles) y nada más llegar, compramos los billetes para esa misma noche a Arequipa. Pagamos 30 soles . Luego, justo antes de salir, los encontramos por 20, pero no nos arrepentimos de haberlos comprado más caros, con la empresa San Martín, porque el autobús de dos pisos en el que vamos a Arequipa, es excelente. Mejor que la mayoría de Chile y a la altura de los de Argentina. Como en Bolivia, aquí también son regateables los precios de los colectivos y se pagan tasas de terminal (1 sol, en Cuzco).Dejamos las mochilas en el mostrador de la empresa de buses y nos vamos al centro a dar el último paseo. Hoy está todo muy tranquilo. No sé si porque es domingo por la tarde, pero por la calle no hay lugareños, ni tampoco turistas. Los plastas titulares están también de descanso y los suplentes, son bastante menos pesados. Como se hace de noche, volvemos a la terminal en taxi (2 soles). La noche, a bordo de la planta de arriba del autobús, es muy tranquila. Si es posible elegir y si la hay, siempre la prefiero a la de abajo. Pisac (Perú) AREQUIPA A las seis y diez de la mañana llegamos a Arequipa. Miramos el precio de los autobuses a Lima (entre 30 y 70 soles), pero no sacamos los billetes, porque no sabemos que día nos vamos a ir. Los taxistas nos rodean en la misma puerta, para ofrecernos el paquete completo –traslado y alojamiento-, pero pasamos de ellos y nos vamos a una oficina de Turismo, que hay en frente. No tienen ni siquiera un plano y no son muy amables, así que tomamos un taxi al alejado centro. Como mínimo, suelen costar 4 soles –según nos han dicho en Turismo-, pero este taxista nos lo ha dejado en 2,50, porque espera usar esa bajada como gancho, para luego ofrecernos y colocarnos un alojamiento, donde se lleva comisión. Pero pronto se da cuenta, de que eso va a ser imposible. Lleva puesto un programa matutino, tipo el de Jiménez Losantos, en el que el locutor va despotricando contra todo, a grito partido. Nos deja en la plaza de Armas y a pesar de ser las siete de la mañana, nos sale una mujer que nos ofrece alojamiento. Pide 30 soles y tras rebajárselo a 25, aceptamos. Se trata del Hospedaje El Rosario, a tres cuadras, en una urbanización privada. La habitación parece una suite y tiene baño –pequeño, eso sí, en comparación con ella- y televisión por cable. De los mejores del viaje.Nos duchamos y nos vamos a recorrer la ciudad. Pensábamos quedarnos dos días, pero luego vemos, que con uno es suficiente. Pero como estamos algo cansados, preguntamos en turismo, a ver si hay algún sitio con encanto cerca, para hacer una excursión tranquila mañana y el miércoles, tirar para el cañón del Colca. Hemos descartado ya hace tiempo, el cañón del Cotahuasi, por ser más complicado llegar y requerir de un tour de tres días. Pero dicen que es más bonito. Preguntamos en las agencias. El único tour de un día que hay al Colca es agotador, porque sale a las dos de la mañana y el de dos es demasiado relajado. Entre que no nos apetece pasar dos días en tour organizado y que el ritmo del mismo es lentísimo y se ven unas cuantas cosas insustanciales, supongo que para inflar el precio, decidimos, que tampoco haremos el cañón del Colca. Mañana iremos a la cercana Yura y al día siguiente, tiraremos hasta Lima en un autobús nocturno. La mayoría de los circuitos por el Colca desde aquí, tienen este formato, que pongo a continuación: Arequipa (Perú)Día 1 07:30 Recogida en el hotel 08:00 Salida al Cañón del Colca 13:00 Llegada a Chivay 14:00 Almuerzo 15:00 Visita a las aguas calientes de Calesa y al pueblo de Chivay Día 2 05:00 Desayuno 06:00 Visita al mirador del Cóndor 08:00 Cañón del Colca 13:00 Almuerzo 14:00 Salida a Arequipa Se produce un hecho curioso en los circuitos del Colca. Y es que el tour de un día, es más caro que el de dos y eso que el segundo, incluye el hotel (60-65 el primero y a partir de 75 el segundo). Arequipa es una ciudad caótica, donde los conductores no respetan a nada y a nadie y de la que esperábamos más. La mayor parte de sus casas y edificaciones monumentales son blancas y precisarían de una buena mano de cal, para recuperar el encanto perdido. Está llena de iglesias y patios. Las vistas son caras. En el Convento de Santa Catalina, se descuelgan pidiendo 30 soles y el resto tampoco se quedan muy atrás y a veces no son ni siquiera interesantes, así que nos limitamos a entrar en los interiores esenciales y el resto, lo vemos solo desde fuera. En la soportalada en tres de sus lados, plaza de Armas, hay un frondoso jardín, donde se encuentra la Catedral. Visitamos también, la Iglesia de la Compañía, los claustros de esa misma iglesia –donde hoy se aloja un centro comercial-, la iglesia de Santo Domingo, el Convento de Santa Catalina (por fuera) –que tiene su propia Cidadela y que se visita en una hora-, la Casa Moel, la de Tristán del Pino, el monasterio de la Recoleta (muy poco frecuentado, pero merece la pena acercarse hasta allí)… Comemos bastante bien, en una calle céntrica que está llena de restaurantes. Hoy probamos el salto de lomo. Luego dormimos una larga siesta, para posteriormente, subir a un mirador que recomiendan en la guía, pero desde allí, no se obtienen demasiadas vistas. Paseamos por la zona comercial y vemos el primer gran supermercado, desde que salimos de Santiago de Chile. Acabamos en un local de internet, donde por segunda vez desde que nos separamos, tenemos correo de nuestras amigas argentinas, que nos cuentan que su vuelta desde Bolivia, fue algo agitada, porque cogieron una intoxicación, que las tuvo tres días postradas en la cama, con diarrea y vómitos. Pero al menos al cruzar la frontera y ya sanas, se zamparon unas buenas parrilladas de carne y llegaron a Buenos Aires a tiempo, de pegarse una buena fiesta. Las intoxicaciones on bastante peligrosas por aquí. De hecho Pau nos había contado, que otra vez que estuvo en Perú en una boda, comió ceviche en malas condiciones, estuvo cuatro días agarrado a la taza del servicio y se quedó sin poder ir a Machu Pichu.Damos una agradable paseo nocturno pro el centro de Arequipa y nos vamos al alojamiento, donde la propietaria nos quiere colocar el desayuno y la lavandería, por supuesto, no gratis. Va a ser que no. Dicen que esta ciudad es algo peligrosa, pero a nosotros no nos lo ha parecido. También advierten sobre los taxistas del lugar, pero no nos resultan peores que los del resto de Perú. Nosotros siempre hemos tomado los taxis en la calle, pactando siempre el precio por anticipado y no hemos tenido problema alguno, más allá de persuadirnos sobre alojamientos. Arequipa (Perú)YURA
No madrugamos en exceso, para tomar el autobús para Yura (1,50 soles). Por el camino, sube un vendedor de libros, que se presenta a si mismo como “inductor cultural”. Hemos tardado en salir, hasta que se llenado el microbús, pero al menos la espera ha sido entretenida, porque una señora cuenta sus experiencias de un mes en el Parque Nacional del Manú, relativamente cercano a Cuzco, donde estuvo cocinando para un grupo. Mereció la pena, aunque es extremadamente caro para los extranjeros. ¡Eso no resulta ninguna novedad, este país, donde el Estado, está formado por una panda de chorizos indecentes!. Tardamos una hora en llegar a Yura. Se hace pesado, porque paramos en todas partes. Lo más famoso de este pueblo son sus termas (tres pozos de agua termal verde, para el tratamiento de enfermedades), que cuestan entre tres y cinco soles, aunque hay paisajes a las afueras del pueblo, que no están nada mal. Son paisajes montañosos, que recuerdan al desierto. Así que hacemos un pequeño trekking por los alrededores. Desde aquí, se tienen muy buenas vistas del volcán Misti. Luego ascendemos hasta una montaña, que tiene mucha menos complejidad para subir, que Huayna Pichu, el pasado sábado. |





