Y aviso para navegantes. En la guía hemos leído, que el gobierno peruano se está planteando, subir la entrada a ¡¡¡¡¡100 dólares!!!!!. Mi recomendación es clara, si la visita no se hace a través de las formas económicas expuestas más arriba: ABSTENERSE DE IR A MACHU PICHU y no contribuir y participar de la extorsión vergonzosa, a la que nos somete impíamente y sin derecho a defensa, el gobierno peruano. Si yo volviera a empezar hoy este viaje, es lo que haría. Y baso mi argumentación, en las siguientes razones: -Presionar al gobierno peruano, vaciándole los trenes y la Ciudadela, para que reaccionen y vuelvan a la normalidad. -No alentar a los gestores de otras atracciones del mundo, a actuar de la misma manera. ¿Os imagináis lo que podría pasar, si en todas las partes hicieran lo mismo que aquí?. Cusco (Perú)-Machu Pichu es bonito, pero tampoco y como algunos quieren vender, es la número uno de las atracciones naturales o de ruinas del continente. Hay sitios como las Cataratas de Iguazú, el desierto de Atacama, el salar de Uyuni, las ruinas de Palenque… y así podríamos seguir y seguir, que le dan mil vueltas y donde el trato es más adecuado. Sé que no me haréis caso y no dejareis de pagar lo que os pidan, por llegar hasta Aguas Calientes y visitar Machu Pichu, pero al menos, yo he dejado aquí la advertencia y mi conciencia estará tranquila. Entre informarnos, realizar las gestiones para los días venideros y ver Cuzco de día, se nos ha ido casi la jornada entera. El centro de la ciudad conserva muchos edificios, plazas y calles de épocas precolombinas, así como construcciones coloniales, lo que motivó a que fuera declarada Patrimonio de la Humanidad en 1983, por la UNESCO. El barrio de San Blas, en donde se concentran los artesanos, talleres y tiendas de artesanía, es uno de los sitios más pintorescos de la ciudad. Sus calles son empinadas y estrechas, con antiguas casonas construidas por los españoles sobre importantes cimientos incaicos. Tiene una atractiva plazoleta y la parroquia más antigua del Cuzco, edificada en el año 1563. La Calle Hatun Rumiyuq (“De la Rosa Mayor), es la más visitada por los turistas. En ella se encontraba el palacio de Inca Roca, que actualmente pertenece al Palacio Arzobispal. En esta calle que va desde la plaza de Armas hasta el barrio de San Blas, se puede apreciar la enigmática piedra de los doce ángulos.
En el Convento e iglesia de la Merced, destacan sus claustros de estilo barroco. En realidad, la primera catedral del Cuzco es la Iglesia del Triunfo, construida en 1539 sobre la base del palacio del Inca Viracocha. En la actualidad, esta iglesia es una capilla auxiliar de la Catedral. Fue posteriomente, entre los años 1560 y 1664, cuando se construyó la basílica catedral de esta ciudad. Para ello, los españoles hicieron traer bloques de granito de color rojo desde la fortaleza conocida como Sacsayhuamán. La Plaza de Armas, que constituye el corazón de la ciudad, fue llamada “del guerrero", en tiempo de los incas. Esta plaza ha sido el escenario de diversos hechos importantes en la historia de esta ciudad, como la proclamación por parte de Francisco Pizarro, de la conquista del Cuzco.Igualmente, la Plaza de Armas fue el escenario de la muerte de Túpac Amaru II, considerado como el caudillo indígena de la resistencia. Los españoles construyeron en la plaza una arquería de piedra, con mano de obra cuzqueña, que perdura hasta la fecha. Aquí están la referida catedral y la iglesia de La Compañía.
Esta iglesia, cuya construcción la iniciaron los jesuitas en 1576 sobre las bases del Amarucancha o palacio del Inca Huayna Cápac, es considerada una de las mejores muestras del estilo barroco colonial del continente americano. El Coricancha, fue el santuario más importante dedicado al dios Sol, en la época del Imperio Inca. Este templo fue llamado el sitio de oro, ya que todos sus muros habían sido recubiertos con láminas de oro por los incas.Teniendo esta estructura como base, aquí se construyó el Convento de Santo Domingo, de estilo renacentista. La edificación, de una sola torre barroca, sobrepasa en altura las otras edificaciones de esta ciudad. Cusco (Perú) Aprovechamos las últimas horas de luz, para ascender a unas ruinas, bastante cercanas a la ciudad y cuando ya llevamos la mitad vistas y después de haber leído en la guía, que son gratis, se acerca un hombre que nos quiere cobrar. Nos deshacemos de él, con bastante contundencia y enfado y volvemos a la ciudad, donde matamos la tarde en un cíber. Empiezo a pensar que ha sido una suerte, haber visitado Perú este año. Si lo hubiéramos dejado para más adelante, ¡¡a saber lo que valdrán aquí las cosas!!. Y lo mismo son capaces de inventarse, nuevas tasas turísticas, como por respirar, por ver el paisaje desde el autobús, por dormir más de 5 horas, por visitar mercados indígenas, por toser, por eructar, por tener flatulencias... Las venden, como que son para protección del medio ambiente y listo. CHINCHERO Y URUBAMBA Nos levantamos temprano y dejamos atrás esta ciudad, que en los diez últimos años, ha pasado de 275.000 habitantes a 360.000. Me imagino, que aquí ha llegado mucha gente del campo y de otras ciudades, en busca de oportunidades, que no son otras, que vender cosas a los turistas o sacarles los cuartos de cualquier forma, porque todo vale. Así que aunque la ciudad nos ha parecido maravillosa, no sentimos ninguna nostalgia al dejarla y agradecemos la placidez de la pequeña localidad de Chinchero, a la que hemos llegado, después de tres cuartos de hora de autobús (2,50 soles). Pero pronto la armonía se turba, porque a pesar de intentarlo de varias formas, la taquillera de las ruinas y como suponíamos, no nos vende ningún tipo de entrada independiente para visitarlas y dice que podemos arreglarlo, comprando un pase para los dos, de 40 soles, que para nada más nos va a valer. Nos negamos en rotundo y, como cabía de esperar, nos quedamos sin ver las ruinas.Tomamos un minibús a Urubamba (2 soles). Según vamos entrando en el valle, el paisaje se hace mucho más espectacular. En la terminal no hay consigna, así que nos toca ir hasta el alejado centro, con la mochila a cuestas, después de que los taxistas nos rodeen y agobien y de que tengamos que deshacernos de ellos con extrema dureza y empleándonos a fondo. Urubamba (Perú)Damos una vuelta por el centro y nos sentamos en la plaza principal a tomar cerveza, hasta que constatamos, movimientos algo sospechosos en torno a nosotros, de un policía –tal vez falso-, así que para evitar problemas, nos dirigimos al animado mercado. Es muy pintoresco y en los alrededores, hay jugando bastantes niños llenos de mierda, mientras sus madres venden en los destartalados puestos. Comemos en el comedor popular, a base de sopa y un guiso de carne, que no estarían nada mal, sino es porque en este puesto, a todos los guisos les echan, una especie de cebolla china.
OLLANTAYTAMBO Volvemos A la estación y tomamos un abarrotado microbús (1 sol), en el que también va una pareja de españoles, embobados leyendo un grueso libro, con temática de ruinas. En poco más de media hora, estamos en la bellísima Ollantaytambo, localidad con casas de piedra, enclavada entre montañas y con riachuelos de agua, fluyendo por todas partes. Dejamos la mochila en una tienda del mercado, que hay al lado de la estación de trenes, porque en esta, nos quieren cobrar 5 dólares por cada uno de los bultos. Es en la propia estación, donde nos han dado la idea de dejarla en un tenderete, a cambio de un par de soles. Paseamos un rato por los alrededores del pueblo y sobre las cinco y media, subimos hasta las ruinas, sin ninguna esperanza de que nos vendan un boleto individual para verlas, pero la sorpresa es, que no hay nadie a la puerta y podemos contemplarlas, sin abonar un solo sol. No sabemos si es que han cerrado ya o el boletero se ha ido momentaneamente, aunque me temo que es lo primero, porque en el recinto no hay nadie. Bajamos nuevamente al pueblo, una vez que ya está anocheciendo y la estampa en este momento de la tarde es bellísima, a la vez que relajante, casi sin gente por las estrechas callejuelas y con el sonido del constante fluir de los regatillos de agua. Damos también una vuelta por el mercado, mientras esperamos al tren, que sale con más de una hora de retraso, porque no hay máquina. ¿Acaso nadie ha sido capaz de darse cuenta, de que un tren para funcionar, precisa de una locomotora?. No, deben andar demasiado ocupados, contando la extraordinaria recaudación del día. Como es natural y después de haber pagado 62 dólares por un viaje de dos horas, estamos indignados. Pedimos la hoja de reclamaciones y nos responden de forma muy maleducada y con desaires, que no la hay. Pedimos explicaciones de cuando vamos a salir y nos contestan literalmente “cuando nos parezca bien”. ¿Es este el personal que atiende, al tan propugnado turismo exclusivo, de Cuzco y alrededores? El tren es viejo, sucio e incómodo, con unos asientos que no gozan de ningún confort, pagados a precios de lujo asiático. Hace frío. ¡Que vergüenza!. La gente tapándose con el gorro, la bufanda o mantas. Ni siquiera ponen la calefacción (si es que la hay). Ollantaytambo (Perú)AGUAS CALIENTES Por fin llegamos a Aguas Calientes, ya cerca de las once de la noche. Nada más bajar y a oscuras, una maraña de personas ofrecen alojamiento, a los viajeros. A nosotros nos encaran dos, una chica y una mujer más mayor. Empiezan pidiendo cincuenta soles, pero pronto bajan alternativamente hasta los 30, momento en el que digo: “Quien ofrezca 25, se lo lleva”. La chica más joven es más rápida en aceptar la oferta y nos vamos con ella, a un alojamiento, que está en una de las bocacalles de la ascendente calle principal, llamada Inca Roca. Se trata del Hostal Yukumame, donde nos dan una pequeña habitación con baño, que está en unas condiciones aceptables, a pesar de ser interior y por tanto, algo oscura. Nos vamos rápidamente a la cama, porque nos queremos levantar a las cinco de la mañana, para estar lo antes posible en Machu Pichu, ya que queremos subir al Huayna Pichu y el acceso está limitado a un número máximo, de 200 personas al día Cuando nos despertamos, parece que está cayendo el diluvio universal y en el momento en que salimos a la calle, pertrechados con nuestros impermeables, nos damos cuenta de que solo pintea, debido a la extensa niebla meona y que el ruido que escuchamos, es el de los rápidos y cascadas del río, que no queda lejos de nuestro hotel. Como el día en que visitamos Petra, que por la mañana había una niebla tremenda, que luego despejó, nos preocupamos considerablemente: ¡A ver si después de lo que nos está costando económicamente esto, no vamos a ver nada!, Hemos decidido que subiremos hasta Machu Pichu en el autobús, que es bastante caro (17 soles), como todo aquí y a la vuelta, bajaremos andando por la carretera. Nos toca también pagar, el doble de lo habitual en Perú, por una botella de agua, pero no hay otra opción, porque solo hay un sitio abierto y es lo que nos piden. Y no vamos a ir a las ruinas sin agua. Aguas Calientes (Perú)MACHU PICHU Tras recorrer una serpenteante carretera, con precipicios al lado derecho (las vistas deben ser espectaculares, pero la niebla impide verlas), llegamos a la entrada, a las seis de la mañana. Ya debería estar abierto, pero todavía esta cerrado y hay una larga y alborotada cola, donde casi todo son grupos con guías y apenas hay cuatro o cinco turistas individuales, además de nosotros. Nadie da explicaciones. Cuando conseguimos entrar, media hora más tarde, preguntamos que ha ocurrido y con muy malas maneras se nos dice, que se ha caído un techo y por eso, el acceso es más lento. Preguntamos si nos pueden dar un plano de las ruinas y con mala educación, nos indican que teníamos que haberlo cogido en la oficina anterior –donde también está la consigna- y que ya no podemos volver. Así que, después de haber pagado 122 soles, sin plano. No se ve nada, porque la niebla lo tapa todo y para más desgracia, comienza a llover con fuerza. Tiramos hacia un punto donde se indica el Puente del Inca, pero tras trekkinear un buen rato, no lo encontramos y volvemos a la ruta más convencional, que consiste en ir bajando por las distintas plantas escalonadas, en las que se encuentran las ruinas. Así al menos, estando tan cerca, conseguimos verlas. Como todas las ruinas incas que vimos en Sudamérica, no pasan de ser bonitas y por supuesto, no llegan a la categoría de espectaculares. Si no estuvieran en el marco natural donde se encuentran, en forma de terrazas y con el Huayna Pichu en frente –además del verdor de todo el entorno-, no serían ni la décima parte de famosas, ni recibirían apenas a gente, como ocurre por ejemplo, con las de Ingapirca, en Ecuador. Nos encaminamos hacia el Huayna Pichu. Antes de ascender, hay que apuntarse en un puesto de control, donde te agregas a una lista –hacemos los números 47 y 48 de hoy- y firmas, tanto antes de la subida, como después de haber bajado. Así saben quien está dentro y si a la hora de cerrar el acceso, ha bajado todo el mundo. Aunque hay gente, que ha tenido la desgracias de perderse –generalmente por imprudencias- y quedarse toda la noche allí dentro, con el frío que hace y rodeados de luciérnagas. No van a rescatarla Primero bajamos por un sendero, para luego subir por otro. Nueva bajada y al final, se encuentra el empinado sendero escalonado –a veces, con cuerdas a los lados, para poderte sujetar o impulsarte en la ascensión-, que conduce hasta la cumbre. La niebla sigue siendo densa y dudo de si será mejor así o sin ella. Porque si no la hubiera, las vistas serían espectaculares, pero también el vértigo, dado que vamos constantemente, pegados a precipicios por un lado. Por el otro, el cerro. Ha dejado de llover, pero el suelo está resbaladizo y más para nuestro calzado, poco adecuado para la montaña, dado que se trata de simples zapatillas de deporte. Debimos haber traído unas botas en condiciones La subida se hace larga y esforzada, pero los encuentros con la gente que vamos adelantando, los que nos adelantan a nosotros y los que bajan, resultan muy gratificantes. Por fin y tras subir casi a gatas, la última parte escalonada, hacemos cumbre, tras casi hora y media de camino. ¡Es impresionante!. .Después de haber coronado, la bajada es complicada. Como casi siempre, entraña más riesgos y es más complejo, bajar que subir a los sitios. Machu Pichu (Perú)Es justo cuando retornamos abajo, el momento en que de forma milagrosa y en apenas unos instantes, desaparecen las nubes y la niebla, que dejan paso al sol y a un día resplandeciente, así que volvemos a hacer el mismo camino por las ruinas, que cuando estaba la niebla. Pero para ver la gran montaña despejada, que sale en todas las fotos, aún hay que esperar otra hora más. Hemos pasado del duro invierno al caluroso verano, en poco menos de una hora |





