Para gastar las calorías ingeridas, subimos al Calvario, que desde luego, hace honor a su nombre. Se trata de ascender a un empinado cerro, por un camino pedregoso y serpenteante, donde están representadas todas las estaciones, del Calvario que vivió Jesús, para finalizar arriba con los Dolores. Y todo eso, claro, a cuatro mil metros de altitud.El lugar es típico de peregrinaciones y cada día y a pesar de lo esforzado que es, suben familias enteras, desde los niños, hasta las abuelas. En determinadas zonas se realizan ofrendas, en las que se mezclan de forma magistral, la tradición cristiana con las creencias indígenas. Incluso, leen el futuro en la espuma de la cerveza, que ya tiene mérito. Aún para una agnóstica como yo, la experiencia resulta inigualable y las vistas desde lo alto, espectaculares. Me choca que aquí en la cumbre haya puestos. ¿Los subirán todos los días?. También hay enormes rocas, que la gente ha traído hasta arriba, como complemento a la peregrinación. No sé si la fe mueve montañas, pero desde luego, eleva enormes rocas, a través de este esforzado camino Copacabana (Bolivia)Bajamos y emprendemos subida al otro cerro, el del Niño Calvario, donde está la Horca del Inca. La subida es igualmente dura, pero aquí al no tener connotaciones religiosas, asciende menos gente. De camino y como al principio nos hemos equivocado de sendero, vemos la apacible vida rural de Bolivia, llena de animales en libertad –cerdos, vacas, ovejas y cabras- y de personas que desarrollan sus labores cotidianas, alejados del mundanal ruido, de las nuevas tecnologías y del estrés. Los niños se entretienen haciendo rodar lateralmente una tapadera, que han adosado a un palo o, en rudimentarios e inseguros columpios, cuyo asiento es una rueda. Luego paseamos por la bella Copacabana. Vemos su colosal Santuario, donde se venera a la Virgen Negra de Copacabana. Está inspirada en la de la Candelaria, esculpida en madera y con las ropas llenas de joyas. El famoso barrio –que da también nombre a la playa- de Copacabana, en Río de Janeiro, toma su nombre de este lugar y no al revés, como cabría pensar. Como cada fin de semana, a las puertas del Santuario están bendiciendo coches, con champán y cerveza Damos una vuelta por el resto del pueblo, donde sus 6.000 habitantes llevan una vida rural y apacible, solo alterada por los turistas, que paramos aquí a tomar aire, bien camino de Perú, bien del resto de Bolivia. Matamos la tarde tomando cerveza al lado del lago Titicaca, el lago navegable más alto del mundo. Se prepara una tormenta de granizo y nos empapamos enteros. Son las siete de la tarde y Copacabana está vacía. ISLA DEL SOL
Cerca de Copacabana se hallan las islas del Sol y de la luna. La primera, donde se supone que nació el Sol, es la más famosa de las que componen el lago y en ella se hayan restos precolombinos. En la segunda, se encuentra el Templo de las Vírgenes del Sol o Casa de las Escogidas. Tomamos el barco –que es algo viejo e incómodo- temprano. Hoy si hay hispanos en el pasaje, en forma de un grupito de argentinos y una pareja de españoles, de esos alternativos y raritos, a los que me referí en el capítulo de los hostels. Así que, por supuesto y como es tradición, no dicen ni buenos días. Copacabana (Bolivia)Nosotros hemos optado por la excursión de jornada completa, que en dos horas llega hasta la zona norte de la isla. Desde ahí o, bien visitas ese área y vuelves a tomar el ferry, que te lleva a la zona sus durante otro rato o, atraviesas la isla andando hasta allí y luego coges el barco de retorno. Las excursiones de media jornada, te dejan solo en la zona sur, a la que se tarda en llegar desde Copacabana, tan solo una hora y veinte minutos. Hay guía para visitar ambas partes de la isla, pero no existe problema si deseas hacerlo por tu cuenta, como es nuestro caso. Nuestros planes pasan por visitar el norte y luego cruzar andando hasta el sur, pero los cambiamos, al ver que el camino que hemos elegido es algo peligroso y escarpado (luego encontramos uno muchísimo mejor, que va por el mismo centro de la isla, pero ya no nos da tiempo a hacer los ocho kilómetros de travesía). Así que exploramos más a fondo la zona norte, visitando los restos precolombinos (10 bolivianos si vas por tu cuenta, 15 si te compra la entrada el guía). Por el camino hay vistas espectaculares, en forma de acantilados, que caen sobre las transparentes aguas del lago, a ratos de color azul profundo, a ratos de color verde intenso. En realidad, es esto lo que merece la pena de la visita, porque las ruinas, no son nada espectaculares. Nos encontramos junto a la piedra que dio origen al imperio Inca, a un simpático chico de Pamplona, que viaja solo, aunque ahora y temporalmente, va acompañado de una norteamericana, que habla perfecto español. Viene de Perú, país que nos recomiendan, a pesar de las barbaridades que comete el gobierno, con las visitas a Machu Pichu. En la parte sur, está la fuente del Inca. Se nos ha acabado el agua y al ver este manantial, nuestra sed se redobla, pero preguntamos a uno de los guía que por allí vemos y nos dice, que aunque es potable, no nos la recomienda, porque puede tener bacterias a las que nosotros no estamos acostumbrados Una niña nos pide la botella de agua vacía y la lata de garbanzos –que tenemos desde El Calafate y que habíamos comprado para llevar a Torres del Paine-, que nos acabamos de comer, además de la bolsa de plástico y es que en los países pobres, el reciclaje es obligación, más que ecología.
El camino
de vuelta se hace pesado. El barco va lleno de cholas, entre ellas una muy
joven, que se expone vestida de gala, como si fuera la protagonista de alguna
celebración. Hoy han jugado el Valladolid y el Zaragoza. De su resultado, que
aún no sabemos, depende una cena que nos hemos jugado antes de empezar el viaje
y en buena parte, la permanencia en primera división de ambos equipos-. Isla del Sol (Bolivia)
Compramos los billetes a Puno para mañana a primera hora y nos vamos a pasear a la orilla del lago. A pesar de que se nubla parcialmente, conseguimos ver una bonita puesta de sol.
PUNO
El autobús a Puno va abarrotado. Tanto, que varios pasajeros van en el pasillo, sentados en taburetes. Entre ellos, dos chicas españolas, Begoña (Alicante) y Marta (Zaragoza), que van vestidas con un poncho típico. También viaja la pareja de españoles hostelianos que iban en el barco de ayer, hablando entre ellos de Sendero Luminoso y con un libro sobre las manos de él, llamado “Las venas de América Latina”. En 8 minutos estamos en la frontera. Sellamos la salida. Los que han perdido la tarjeta de inmigración andina, tienen que pagar una modesta multa de 10 bolivianos. Andamos unas decenas de metros y sellamos en Perú, sin problemas, aunque el funcionario resulta ser bastante minucioso y celoso de su trabajo. En muchos autobuses de Bolivia tienen la mala costumbre, de quedarse con el billete cuando lo pican o lo comprueban, lo que te impide poder hacer reclamaciones a la llegada. Begoña y Marta han solicitado los suyos, para poner una reclamación por ir sentadas en medio del pasillo. El ayudante del conductor, no se los quiere dar y ellas y nosotros –siempre defensores de las causas perdidas y de los pobres-, nos enzarzamos en una fuerte discusión, que promete ser la última, de las numerosas que hemos tenido con los empleados de las empresas de transporte, en este país. Puno (Perú)Tras unas tres horas, llegamos sin retraso y más novedades, atravesando un paisaje llano, verde y con numerosos pueblos, a ambos lados de la carretera. Nada más bajar, nos salen ofreciendo un hostal, por el que piden 30 nuevos soles. Rechazamos la oferta y nos vamos a ver las conexiones con Cuzco, nuestro siguiente destino, una vez que mañana vayamos desde aquí a las islas Uros (Flotantes) y a Tequile. Sobre si a éstas se puede ir por libre, preguntamos en la Oficina de Turismo. Empezamos fuerte en Perú: La chica nos dice que bajo ningún concepto, lo hagamos por nuestra cuenta, porque nos van a engañar seguro. Mejor que contratemos en cualquier agencia del centro de la ciudad. Como no nos ha dado el nombre de ninguna en especial, consideramos la información como buena. Así lo haremos. Tomamos el camino al centro, que es tan tortuoso, como animado. Sobre la tierra –no hay asfalto-, han montado decenas de puestos. Hay bicitaxis y mototaxis por todas partes, que no se atienen a ninguna regla de circulación. Los lugareños colman los modestos restaurantes, donde van cuenta de insustanciales sopas y platos de arroz, con un solo pedazo de pollo, que a veces son solo huesos. Aún cuando escribo esto, después de que ya hemos finalizado todos los viajes de 2.008, me sigo haciendo la misma pregunta. ¿Quién se comerá la pechuga?. Y es que ni una sola vez en cuatro meses y medio por el continente, nos tocó ningún trozo de esta, en esos menús. Nos sale un nuevo comisionista de alojamiento, que nos ofrece un hostal recién inaugurado, por 20 soles. Nos parece una buena propuesta, así que el mismo y por un sol, nos lleva en su bicitaxi. Nos da un poco de remordimiento, que tenga que hacer ese esfuerzo, como si fuera un animal, por tan poco dinero y encima a casi cuatro mil metros de altura. Efectivamente el Hostelling Ilampu, que se encuentra en una calle algo escondida, es nuevo y las habitaciones, con remozado baño, están impecables. Lástima que la nuestra es poco luminosa. Pero no se puede pedir más por el equivalente a cuatro euros y medio.Comemos muy bien por poco dinero y hacemos la habitual ronda por las agencias, cuando se trata de contratar una excursión, para comparar precios. Miramos en más de diez. Todas ofrecen el mismo programa, que realizan empresas ajenas y especializadas y que en un día te lleva, a las islas Flotantes (bajas en una y ves otra) y Tequile. Puno (Perú)Hay otro programa más extenso, que extiende el circuito a la isla de Amantani, lugar en el que se pasa noche, pero a nosotros nos basta con la excursión de un día. El mejor precio que encontramos es de 27 soles y por ese importe compramos el tour. Hemos tenido que regatear un poco. Caigo en la cuenta, de que solo regateamos en los países pobre y nunca en los ricos y, a veces, para conseguir una rebaja de unos pocos céntimos. ¡¡Así somos los opulentos occidentales!!. De repente y sin avisar, se prepara la reencarnación del diluvio universal y casi nos ahogamos. Las calles llegan a tener 20 y 25 centímetros de agua y en las zonas asfaltadas, el agua ha sobrepasado con creces desde la calzada, los bordillos de las aceras y penetra en los portales. Cuando escampa y las alcantarillas hacen su labor, nos ponemos con la visita de las nueve atracciones turísticas, que vienen en el plano y tan solo la Catedral, resulta de indudable valor. Lo que si es verdad, al menos de momento, es que Perú nos está pareciendo más pintoresco que Bolivia, cuando nosotros pensábamos que iba a ser al revés. Hacemos la compra en el mercado –fruta y queso-, para la excursión de mañana y terminamos la tarde en un cíber cercano al hotel, llenándonos de regocijo, porque el Valladolid ha vencido por 2 a 1 al Zaragoza. ISLAS FLOTANTES Y TEQUILE En el habitual recorrido que hace por los hoteles, el microbús de la agencia nos recoge temprano. En él ya está sentado un argentino, que tiene 58 años y viene de Machu Pichu, donde ha subido el Guaina Pichu. Esta casado con una colombiana, así que aprovechamos para preguntarle por algo que nos tiene obsesionados: La seguridad en la frontera de Ecuador con Colombia, que esperamos cruzar, más o menos dentro de un mes. Según él, no hay problemas. Subimos al barco, saltando a través de otros tres, por lo que no acabamos en el fondo del lago, de casualidad. Allí ya hay gente de otras agencias, entre ellos Pau, un barcelonés que trabaja en La Caixa. Es simpático, sociable, muy abierto de mente y extraordinariamente viajado. Ha vivido incluso nueve años en Estados Unidos. El será nuestro compañero inseparable, durante casi toda la jornada. Islas Uros (Perú)Los tres trabamos también muy buena amistad con Rocío, una guapa y agradable quechua, que nos va a hacer de guía. Tanto a la ida como a la vuelta, en el largo periplo que hay entre las islas Uros y Tequile, hablamos de viajes, de política, de la propia actualidad y aprovechamos para interrogar a Rocío, sobre aspectos de la cultura peruana, sobre todos aquellos relacionados con la quechua y la aymara. Así, nos enteramos de que: -Las cholas aimaras tienen la cara más redonda, que las quechuas y los dientes de oro. -Para una mujer de esas culturas, no es obligatorio vestirse de chola y en las ciudades de hecho, ya casi nadie lo hace. En muchos casos, más que por convicción, porque en la práctica, sufren discriminación. -En los colegios de Perú, la única lengua que se aprende es el epasñol, aunque los niños de los pueblos también suelen aprender el quechua yo el aymara, si sus familias lo hablan. Es en la educación universitaria, cundo hay que elegir y estudiar uno de estos dos idiomas y si vas a ser maestro de pueblo, es obligatorio aprender y hablar correctamente los dos. -Los habitantes de las islas Uros, tuvieron que irse a vivir a sus edificaciones flotantes, porque siempre fueron un pueblo dominado y expulsado de todos los sitios donde habitaron. Primero por los incas, después por los españoles y así, sucesivamente. Pero la gente joven de ahora, ya no quiere vivir allí en las islas Flotantes y prefieren las comodidades de la gran ciudad. -Estas islas son bastante turísticas y es del turismo, de donde ahora obtienen sus ingresos. Aunque las hay que se niegan a aceptarlo y viven de forma precaria, de la pesca de la trucha y del pejerrey. -Los aimaras se extienden por Perú, Bolivia y Chile y son un pueblo sin p atria ni Estado. Nuestra primera parada es en una de las islas Uros, donde nos esperan sus folclóricos habitantes, que de inicio, nos explican la fabricación de las islas, a base de unos juncos llamados totora, que se van atando y superponiendo en capas cruzadas. Luego vemos las casas y las cocinas y paseamos por la pequeña superficie de la isla, para terminar contemplándola desde un mirador bastante inestable, establecido al lado del lago. También asistimos a una actuación “typical guirilandia” Las islas no son móviles, están clavadas al fondo del lago. Islas Uros (Perú)Los lugareños tienen a la venta artesanía diversa y también ofrecen un caro paseo, en una embarcación igualmente elaborada a base de la omnipresente totora. Lógicamente en estas islas, hay que tener bastante cuidado con el fuego Ya en Tequile (cuesta entrar cinco soles, pero van ya incluidos en el precio de la excursión), decidimos prescindir de la visita guiada y hacer el recorrido de la isla por nuestra cuenta. Rocío nos advierte, de que el barco no sale del puerto donde hemos llegado, sino desde otro punto de la isla y nos indica, como podemos llegar hasta allí. |






