Nos duchamos como podemos, dejamos la ropa en la lavandería (8 bolivianos por kilo) y nos vamos a recorrer la ciudad, empezando por la calle peatonal –llena de establecimientos de comida rápida, sobre todo de pollo y también de zapataerías-, que conduce hasta la bonita plaza Murillo. Son varias las guías, que advierten sobre timos y problemas de seguridad en sus inmediaciones, aunque dudo mucho que estos ocurran, pues está tomada por la policía. También nos han advertido en el hotel –y las guías también lo hacen-, de que tengamos cuidado con los falsos policías, que te suelen pedir que les enseñes la documentación y el dinero y luego te lo quitan. En caso de problemas con la policía, hay que pedir que te lleven a comisaría, andando o en un medio de transporte público. Ese consejo es válido, para todo el continnenteVisitamos la Catedral, El Parlamento y otras edificaciones de la zona. La mayoría de las calles de esta ciudad, van en empinada cuesta. Nosotros ya estamos muy adaptados a la altitud y caminamos sin casi problemas, pero debe ser duro enfrentarse a esta ciudad –la tercera más alta del mundo-, recién aterrizado de Europa. Pero a pesar de todo sigo sosteniendo, que no es necesario masticar hojas de coca y que los lugareños que lo hacen, es más por un problema de drogadicción –legal en el país-, que por los efectos de la altitud. Llegamos hasta el Mercado de las Brujas y nos decepciona, no porque no nos guste, sino porque lo imaginábamos mucho más grande y animado. La Paz (Bolivia)Volvemos hacia la zona de nuestro alojamiento, cerca el antiguo mercado, que recientemente han demolido. Mientras terminan de construir el nuevo, todos los puestos andan desperdigados por las calles de los alrededores. Tomamos unas cervezas, comeos dignamente por el equivalente a medio euro, en un de los numerosísimos restaurantes de la zona y nos vamos a dormir la siesta. Pero antes me zampo un gigante y delicioso helado de mandarina y dulce de leche, en una cara pero exitosa –y no me extraña, porque vaya calidad- heladería del centro Luego nos acercamos hasta uno de los tres cerros (3,5 bolivianos), donde hay un parque y desde donde se ven bonitas vistas de la ciudad. Más tarde nos vamos a la preciosa calle Jaén y antes de que anochezca, volvemos al Mercado de las Brujas y a sus –ahora si-, animados alrededores. Nos demos cuenta, de que es mejor no ir leyendo los titulares de los periódicos del día, en los quioscos por los que vamos pasando. Uno de los menos inquietantes, dice a toda plana: “Asaltan con celulares, que sueltan descargas eléctricas”
Terminamos la tarde, tomando ricos jugos y paseando por los cercanos y coloridos mercados gremiales (pan, compacts discs, flores, zumos…). Por primera vez en muchos días, nos recogemos temprano, pero antes, vamos a la oficina de turismo de la estación de autobuses y a la propia terminal, para informarnos de distintas cosas, con el fin de organizar nuestro periplo de los siguientes días. Tras ello, tomamos algunas decisiones. -Hay tres horas de camino y va a ser casi tanta paliza como el día que fuimos a Sucre, pero hemos decidido que pasado mañana iremos a Oruro, en una excursión de un día, volviendo por la tarde a La Paz.-Teníamos intención de acercarnos a las ruinas de Tiahuanaco, pero ahora casi hemos descartado esta opción. Si se quiere hacer por libre, hay que ir a la otra lejana estación de autobuses al aire libre –junto al cementerio- y tomar un bus allí. Se puede hacer organizado, desde esta terminal, por un precio, que nos parece caro: 50 bolivianos. A eso hay que añadir, que la entrada no es barata (80 bolivianos) y que tendríamos que volver a La Paz, porque no podríamos llegar a Copacabana desde allí Esto también nos obligaría a estar otra tarde más en la capital, cosa que no nos apetece. La Paz (Bolivia)-Mañana –jueves- nos quedaremos el día completo en La Paz, el sábado iremos a Copacabana y a la isla del Sol el domingo, poniendo así fin, a nuestro periplo por Bolivia. Hemos descartado hacer esta zona de forma organizada, al ser fácil de afrontar por libre y al pedirnos 65 US$, por una excursión de dos días y una noche. -No iremos por tanto tampoco, a las ciudades de Santa Cruz y Cochabamba, aunque esto, ya casi estaba descartado desde el principio. Me duermo, dándole vueltas a un interrogante que me sobrevino muchas veces, tanto a lo largo de este viaje, como durante el del sudeste asiático: ¿Por qué cada vendedor de los que suben cada día a los autobuses, ha llegado a vender lo que vende y no otra cosa?. ¿Por qué por ejemplo, la de los bizcochuelos acabó vendiendo este género y no fruta?. En cualquier caso y debido, precisamente a los vendedores y al caos circulatorio, en el que son protagonistas absolutos los microbuses que van abarrotados, con el ayudante por fuera voceando los destinos y el precio, La Paz es una ciudad más parecida a las de Oriente Medio, que a las de Sudamérica. Desayunamos en el mercado, por muy poco dinero (7 bolivianos), a base de huevos fritos, lomo de res, arroz, papas y ensalada. Ya nos hemos familiarizado con los comedores populares, tan típicos desde Bolivia y hacia el norte, de Sudamérica y Centroamérica. A veces, como es el caso de hoy, se come de forma algo incómoda y apretujada, en una mesa estrecha frente a la cocina, pero la comida está deliciosa. Dado que de camino hay un animadísimo mercado, nos decidimos a ir hasta el alejado cementerio, donde se cogen los autobuses para Tiahuanaco. Son decenas y decenas de puestos, muy coloristas, en los que se venden las cosas más variadas, incluidas enormes piezas de carne, que están expuestas al aire y que tienen cortes extraños (al menos, para nosotros). Luego damos un paseo por el interior del cementerio. Nos encanta pasear por estos recintos, llenos de quietud. Aquí nos han llamado la atención, unas tumbas muy pequeñas y floridas, que se ve a la legua, están destinadas a fallecidos de muy corta edad. Volvemos por donde hemos venido y comemos en el mismo sitio del día anterior, muy cerquita de nuestro hotel y empleamos la tarde en subir a otro de los cerros. Luego paseamos por la concurrida avenida 16 de julio y visitamos el convento y la iglesia de San Francisco, con su fachada barroca y mezcla de elementos indígenas. Vemos otros templos, como el de Santo Domingo, el de la Merced, la Recoleta, San Pedro… Definitivamente, nos está gustando bastante esta ciudad tan caótica, pero a la vez tan abarcable Terminamos la tarde otra vez, en el Mercado de las Brujas, donde las mujeres aimaras siguen ofreciendo sus curas medicinales y hierbas para todo tipo de males, al margen de toda una sucesión de ofrendas a la Pacha Mama, que siempre suelen incluir fotocopias de billetes de dólares y coches, de propietarios de medios de transporte, que buscan así, las bendiciones para una buena conducción. Otras incluyen fachadas de casas, botellas pequeñas de vino, aviones… La Paz (Bolivia)Vamos a la terminal de autobuses a sacar los billetes a Oruro para mañana, pero como nos quieren cobrar más de lo que nos habían dicho ayer, lo dejamos para mañana. Nos explican que hay un sistema de tarifas, de precios mínimos y máximos, que fluctúa según las horas del día. Es decir y de forma coloquial y no tan fina, que hay que regatear y estar atento. Matamos la noche en un garito cercano al hotel, que está muy animado y donde ponen buena música, tomando cerveza Huari, hasta que casi se nos nubla la vista. Luego en el hotel y aprovechando que por primera vez en Bolivia, tenemos tele, nos ponemos al día de la actualidad boliviana, que hoy pasa por un conflicto con los distribuidores del aceite, que están destinando gran parte de ella a la exportación y dejando poco para el consumo interno, con lo que está subiendo de precio. Empiezo a estar harta, del machacón eslogan que repiten a cada poco: “Bolivia cambia, Evo cumple”. ORURO Partimos hacia Oruro, en un autobús aceptable (15 bolivianos) y en una compañía que se llama, Aroma Libertador. Son tan recurrentes en este continente las alusiones a los libertadores y a la liberación, que cada día me pregunto, de qué fue realmente, de lo que liberaron a esta gente y si la población de a pie, tiene al menos una ligera idea de quienes fueron San Martín, Bolivar, O’higgins…, más allá de las estatuas que se alzan en las plazas. Pero en fin, ¡prefiero no calentarme!. A otra cosa El paisaje es algo aburrido, aunque se pasa por encantadores pueblos de casas de adobe. Me duermo y mientras lo hago, pienso en los viajes paralelos. Cada vez que tomamos la decisión de ir a un sitio y no a otro, estamos alterando de forma definitiva el curso de los acontecimientos y del viaje. Cada vez que nos quedamos un día más en un lugar y no vamos al siguiente, estamos haciendo que todo el resto del periplo varíe. Afortunadamente, no me como muy a menudo la cabeza con estas cosas, porque realmente, es escalofriante observar, como por tales cuestiones del azar, nos cambia la vida día a día.Sube al bus un vendedor de métodos educativos, que está bastante enfadado con los adolescentes de hoy, porque se pasan la vida enganchados a los juegos on-line en los cibers. Nada más llegar, compramos el boleto de vuelta y recopilamos información en la oficina de Turismo. El centro está lejos de la estación y hay que tomar la avenida 6 de agosto y atravesar un denso, colorido y animadísimo mercadillo. ¡De esos que a nosotros nos ponen!. Oruro es muy famoso por el Carnaval, aunque monumentalmente hablando, tampoco es de los sitios más bonitos de Bolivia, pero si muy acogedor y agradavle. Pasamos una par de plazas. Una de ellas es la del 10 de febrero, que debe su nombre a las revueltas indígenas de esa fecha, en 1.781. Pasamos el edificio de Correos y la casa de la Cultura y entramos por la calle de La Paz, donde los bordadores y mascareros, elaboran las vestimentas del Carnaval Oruro (Bolivia) Vemos el
Convento del Beaterio Madre Nazaria, el Cerrato (montículo en el que está el
Sagrado Corazón de Jesús) y el Santuario de la Virgen del Socavón, situado en
la agradable plaza del Folclore. Cerca está lo que yo llamo el gran tobogán,
por donde te puedes tirar sentado y descender vertiginosamente unas decenas de
metro. Es similar al que hay en uno de los miradores de un cerro la capital.
Algunas niñas y niños tontean, mientras otros juegan al fútbol. Hay muchas iglesias en la ciudad y como en cualquier metrópoli de Sudamérica que se precie, no pueden faltar la de Santo Domingo, San Francisco, La Merced y de La Compañía. Terminamos en el Faro de la Conchupata, que es visible desde casi cualquier punto de la ciudad. La mina de San José es la más representativa de Oruro y puede se visitada, aunque se necesita obtener determinados permisos. Comemos de forma espectacular por tan solo 13 bolivianos, en la terraza del restaurante El Pagador –calle del mismo nombre-, a base de Ensalada Bonita –y muy rica, diría yo-, sopa de verduras, exquisito guiso de res y arroz con leche. ¡Un auténtico lujo para cualquier trotamundos!. La verdad es que en términos generales, estamos comiendo bastante bien en Bolivia. Después y aprovechando el muy recomendable mercado del que ya he hablado antes, nos vamos de cacería de cholas, deporte de riesgo que no es otra cosa, que tratar de hacer fotos a esas escurridizas mujeres, que tienen más aversión a los objetivos de las cámaras, que yo al repugnante olor que desprenden las capas y capas de ropajes, que llevan puestos encima. Me quedo tentada de comprar el tónico de uña de gato, que venden en uno de los puestos. ¿Para qué servirá?. Se ve que este sitio es bastante tranquilo, porque a diferencia de La Paz o Sucre, apenas hay policía. Aunque en Bolivia, se esté donde se esté, hay que ir siempre con los ojos bien abiertos. Después del fresco –casi frío- que estamos pasando desde que entramos al país –con la excepción de Sucre-, hoy ha vuelto el calor, con mucha intensidad. Tomamos el bus de vuelta en la estación y somos los únicos que lo hacemos allí. El resto lo cogen un centenar de metros después y así se ahorran las tasas de terminal. Nosotros tampoco las hemos pagado, porque un empleado de la compañía, nos ha llevado por un sitio distinto. La compañía –muy recomendable-, es la misma en la que hemos venido por la mañana y por primera vez en 51 días que llevamos de viaje y después de aguantar de todo –concierto de Los Iracundos incluido-, nos ponen una película que merece la pena –“La escapada de Sobibor”-, que narra como varios centenares de judíos, lograron escaparse en 1.943 del campo de concentración del mismo nombre, en Polonia. Así que el viaje de vuelta se nos pasa en un plis plas. De todas formas y aunque es larga, me sigue gustando más, “La gran evasión”. Pero el viaje termina haciéndose algo largo, sobre todo a partir de la entrada en La Paz. Casi una hora pasando por el barrio llamado El Alto, desde donde se ve toda la hondonada donde se asienta La Paz. De día, las vistas son muy bonitas. No sé si esta es la única vía de acceso y salida de La Paz, pero el caso es que siempre que salimos y entramos a la capital, lo hicimos por este sitio. Matamos la noche como ayer, en nuestro bar favorito, dándonos a la rica y fresca Huari de dos tercios. Oruro (Bolivia)
COPACABANA
El autobús de la empresa 6 de junio, que nos tiene que llevar a Copacabana (25 bolivianos), resulta ser al final, un microbús indecente, que encima nos hace esperar. No hay ningún lugareño en el pasaje, todos somos extranjeros, aunque tampoco hay un solo hispano, además de nosotros. Cada vez constatamos más, que hay muy pocos españoles viajando por Sudamérica y menos en viajes largos. Y de América, en general, solo viajan los argentinos, por Bolivia y Perú y los mexicanos por Centroamérica Dejamos atrás La Paz y a las dos horas y diez minutos, nos apeamos frente al Lago Titicaca. Hay que cruzar el estrecho de Tiquina, así que montan al microbús en una especie de balsa –más que barco-, donde viaja ladeándose hasta casi volcar y nosotros tenemos que subir a unas barcazas (1,50 bolivianos), para cruzar al otro lado, a San Pedro. La estampa que forman el lago, las casas de los pueblos de ambas riveras y las de las laderas de las cercanas montañas, es acogedora y reconfortante. Luego empezamos a subir y vamos bordeando el lago, durante otra hora y media más, para terminar bajando hasta la bella y apacible localidad de Copacabana Encontramos alojamiento en cinco minutos, en el hotel Amnbasador. Una doble con baño, algo fresquita, pero correcta, nos cuesta 60 bolivianos
Como cada vez que llegamos a un sitio nuevo, se impone en primer lugar investigar como afrontar los siguientes destinos. Podremos hacer la isla del Sol de forma semiorganizada sin problemas, yendo en ferry (15/20 bolivianos Media jornada/jornada completa) e irnos a Puno, en Perú, el lunes por la mañana. En este último caso, hemos preguntado en todas las agencias y ninguna ofrece boletos por menos de 30 bolivianos. Copacabana (Bolivia) Este lugar,
es realmente encantador y acogedor. Primero paseamos al lado del lago y su
bahía, desde donde se ven los cerros donde se asientan el Calvario y la Horca
del Inca (Cerro Niño Calvario) . Hay numerosos restaurantes en los que se sirve
la exquisita trucha del lago, cocinada de diversas formas –y cuando digo
diversas, digo más de veinte-, aunque como casi siempre, hay demasiada oferta,
para la poca demanda. Comemos divinamente, aunque por un precio algo superior
al del resto de días. Es difícil poder comer, un pescado más fresco que este. |





