losviajesdeeva

Sudamérica y Centroamérica/30


            Comemos comida preparada en el mismo supermercado donde lo habíamos hecho el primer día de nuestra estancia en Santiago y quedamos igual de satisfechos. Volvemos al tan encantador Cerro Santa Lucía, donde hoy hay mucha más gente y apenas hay sitio en su estrecha cima, para hacer fotos y disfrutar de las vistas. También hay mucha más contaminación, así que más que la cordillera andina, parece verse su espectro.

 

            Damos el último paseo por el centro. Casi nos pegamos con un gilipollas en una fuente. Estaba empeñado en empaparnos, con la única excusa de que le apetecía en ese momento.

 

            Tomamos el metro a la terminal de Alameda, que va lleno a pesar de ser sábado. Entretenemos la hora que nos queda dándonos a los polos Centella (amarillos y verdes) y nos comemos tres cada uno.

 

 

CAMINO DE SAN PEDRO DE ATACAMA

 

            El autobús de dos pisos, con destino hacia San Pedro de Atacama, sale puntual. Vemos ponerse el sol cuando solo llevamos una hora en el bus. Nos enfrentamos a un viaje de 24 horas, el más largo que hayamos hecho hasta ahora en el continente y –para que engañarnos- en nuestras vidas.

 

            El panorama en el colectivo es el mismo que el de otras noches: Siempre hay un roncador compulsivo y uno o varios niños llorando. Como no me duermo, me pongo música en el MP4 y mientras escucho a Fito Paez, observo el bonito paisaje que rodea la franja de La Serena. Los pueblos, las montañas, las playas se van sucediendo, mientras la luna llena se refleja en el mar. A ratos, una especie de neblina la cubre, a ratos vuelve a aparecer. Es relajante quedarse dormido, viendo la luna reflejada en el majestuoso Océano Pacífico.

 San Pedro de Atacama (Chile)

            Casi he dormido ocho horas. Son las diez de la mañana y me preparo psicológicamente, para lo que va a ser un día largo. Pero por mucho que te mentalices, el aburrimiento y la impaciencia se acaban apoderando de ti.

 

            Y eso que dedicamos parte de la mañana a ir confeccionando el recorrido por Bolivia y Perú, que hace unos días nos parecían dos destinos bien lejanos y ahora casi ya los tenemos ahí mismo. El paisaje es ahora feo y desértico. Pensé que se iría viendo todo el rato el océano, pero no es así y no volvemos a visionarlo, hasta Antofagasta. Me vuelvo a dormir otra vez y aún así, parece no pasar el tiempo.

 

            El autobús va bastante lleno, pero la gente apenas habla entre sí. Parece que fueran sedados. Es una pena que el paisaje fuera tan bonito por la noche y ahora no tenga interés alguno. No tenemos demasiada comida y agua, porque nos habían dicho que nos darían el desayuno y dos comidas, pero el primero ha consistido en un minúsculo zumo y las segundas, no sabemos cuando llegarán, porque ya son las dos y no hay noticias de ellas. Estamos empezando a estar bastante hartos de esta compañía de autobuses.

 

            El aburrimiento nos hace plantearnos una serie de cuestiones, ¿Por qué esta carretera hace tantas curvas, si estamos en el desierto?. ¿Qué hacen todas esas cruces a lo largo de la carretera?. ¿Serán por los fallecidos de accidentes de tráfico?. Concluimos que no puede ser, dado que hay muchas y a lo largo de todo el camino

 

             A las tres llegamos a Antofagasta. Llevamos casi hora y media de retraso. Paramos diez minutos. Bajamos corriendo a comprar algo de comida y al cruzar la calle, faltan menos de cinco centímetros para que me atropelle un coche. Menos mal que tanto el conductor como yo, hemos tenido reflejos. Y es que nunca se sabe donde la puedes tener..

 

            Compramos algo parecido a dos sándwiches de pollo, que no parecen tener pollo. Pero no hay otra cosa. Es vendedor nos dice

que Dios nos bendiga y no me extraña, porque lo que nos ha vendido son dos duros bocadillos de mayonesa (y poca). Me como medio y no puedo con la otra mitad, así que me atiborro a coca cola (hemos comprado una botella de dos litros).

 

            Cuando ya hemos terminado –son casi las cuatro-, viene el ayudante del conductor y nos da una pepsi caliente y un sándwich de queso. Me río por no llorar. Nos comemos uno entre los dos y guardamos el otro.

 

            En Antofagasta había mucha gente en la playa y nos entró bastante envidia. Es la última vez que volvimos a ver el mar hasta Lima.

 

            Llegamos a Calama, donde se baja la mayoría del pasaje. Llevamos hora y tres cuartos de retraso y al conductor y a su ayudante, no se les ocurre otra cosa que ponerse a limpiar el servicio con toda parsimonia. ¡¡Era la gota que faltaba para colmar el vaso!!. Le hacemos saber de neutro descontento, pero para variar, no nos hacen ni caso. Escribiremos una reclamación a Turbus, por todo este montón de razones:

 

            -El desayuno ha sido lamentable y dan una comida (snack) menos de las prometidas.

 

            -Pararse a limpiar los baños, cuando llevamos un gran retraso acumulado.

                                                                                                                                                         Valle de la Luna, en San Pedro de Atacama (Chile)

            -Molestias del ayudante por la noche, para cerrar las cortinas y por la mañana para abrirlas. ¿Acaso no somos capaces los pasajeros de discernir, si nos gustan más llevarlas de una u otra forma, dependiendo también del momento?. Pues parece ser que no.

 

            -No hay agua en el autobús, cuando también nos la habían garantizado (por supuesto, del café ni hablamos).

 

            Queda claro, que esta compañía no se la recomendaría ni a mi peor enemigo, a pesar de la comodidad del autobús y de que este sea nuevo. Al menos, el paisaje se anima al final, cuando ya estamos llegando a San Pedro, donde hacemos acto de aparición, con más de dos horas de retraso.

 

            Vemos una bonita puesta de sol. Es la segunda que contemplamos dentro de este autobús. Charlamos con un chico, que viene a este lugar a ver las obras del hotel que están construyéndole. Y es que se está iniciando en los negocios de hostelería. Nos dice, que los autobuses en Chile han bajado sus precios bastante últimamente. Eso es una buena noticia.

 

 

SAN PEDRO DE ATACAMA


              Ponemos por fin pie en tierra y lo primero que encontramos es a un chico ofreciendo un hotel justo en la parada del bus, donde no hay terminal. No realiza su trabajo con mucho entusiasmo y no consigue darnos las pistas suficientes, para encontrarlo y eso que este pueblo -de bonitas casas de adobe, que resaltan aún más con el atardecer y a las que la escasa iluminación nocturna les da un halo de misterio-, son apenas cuatro calles, que se entrelazan entre si.. En las últimas 24 horas hemos subido, desde casi el nivel del mar, hasta los 2.500 metros de altitud, pero no notamos absolutamente nada.

 

  

          Buscamos Un hotel. Los hay a decenas y se ve a la legua que al menos hoy, la ocupación es bajísima. En algunos a los que llamamos, ni siquiera nos abren la puerta. Pronto constatamos. que aquí el alojamiento es más caro que en el resto de Chile (en torno a un 20%).

 

            Es ya noche cerrada y nosotros seguimos buscando una habitación, donde reposar los huesos. Parece que prefieren tener los hoteles vacíos, antes que avenirse a negociar un descuento. En la calle principal, las agencias que ofertan los tours por la zona, aún siguen abiertas. También hay alguna tienda especializada en ofrecer el kit de primera necesidad a los turistas (cerveza, alcohol, aperitivos, dulces y productos de higiene personal) y los comisionistas de los restaurantes –a veces chicas muy jóvenes con carita de pena-, te dan la lata, proponiéndote desde la puerta sus supuestas exquisiteces.

  Valle de la Luna, en San Pedro de Atacama (Chile)

            Gracias a uno de ellos, damos con el residencial Vilacoyo (situado en la calle Tocopilla), que por 12.000 CH$, nos entrega una rústica habitación, con baños compartidos tipo camping. El sitio es animado y el patio común, donde dan la mayor parte de las habitaciones, está decorado con gusto, también de forma bastante campestre. La cerradura de la habitación, nos da algunos problemas.

 

            Salimos a la calle, nos avituallamos y damos una vuelta por los alrededores. Luego hacemos nuestras primeras incursiones en las agencias y salimos un poco hacia las afueras, para contemplar las estrellas y la luna llena.

 

            Nada abre pronto en San Pedro de Atacama por la mañana y mucho menos la oficina de Turismo, que no lo hace hasta las 10,30. Tenemos claro que queremos visitar el Valle de la Luna y el de la Muerte, pero aún no sabemos como lo vamos a hacer. Las excursiones que ofrecen las agencias a estos dos sitos, cuestan exactamente lo mismo en todas ellas (5.000 + 2.000, de la entrada al Valle de la Luna). También queremos empezar a tantear, por que programa nos vamos a decantar, para recorrer el Parque Nacional Eduardo Avaroa y el Salar de Uyuni, aunque probablemente, será por el de 3 días y dos noches.

 

            Hacemos tiempo y visitamos el pueblo. El calor pega con fuerza y algunos comisionistas de restaurantes, ya están con la carta de la mano. Los principales atractivos de San Pedro son, la iglesia del mismo nombre (rodeada por un muro de adobe, tiene tres puertas coronadas por un arco y es la más grande y bella de la zona), la casa Incaica y el Museo Arqueológico.

 

            Una vez que abre turismo y que nos dan los suficientes elementos de juicio, empezamos a tomar decisiones. El Valle de la Luna está a 12 kilómetros del pueblo y se puede hacer perfectamente, alquilando una bicicleta o andando. Decidimos optar por esto último, dado que nos dicen que el camino se inclina un poco hacia arriba, lo que sumado a la altitud, nos puede generar más cansancio y fatiga. Comeremos pronto e iremos poco a poco hasta allí, con tranquilidad. Preferimos hacerlo así que organizado, porque en el programa que ofrecen las agencias, se ve todo muy deprisa y se hacen solo dos o tres paradas de poco tiempo, en plan bus turístico de ciudad.

 

            El Vallle de la Muerte está más cerca todavía, a unos cuatro kilómetros, por la carretera por la que vinimos ayer. Lo dejaremos

para mañana por la tarde. Solo nos queda valorar, si hacer alguna excursión organizada mañana por la mañana o quedarnos descansando y tomando cervezas en el pueblo.

 

            Estamos tentados de contratar la excursión de los humeantes géisers del Tatio, pero hay varios argumentos que nos frenan.

 

            -Para verlos en su máxima actividad, hay que levantarse a las cuatro de la mañana para llegar hasta allí sobre las seis y no estamos mucho por la labor.

 

            -Es una excursión en plan guiris tontos, con toalla en ristre, a remojar las carnes durante un rato y tras tan esforzada actividad, a desayunar en armonía (incluido en el precio).

 

            -El elevadísimo importe a pagar, para tan poca cosa: 15.000 CH$.    Valle de la Luna, en San Pedro de Atacama (Chile)

 

            Tomamos una decisión, que resulta tan sabia como sensata: No iremos al Tatio, dado que además, en el tour del Salar de Uyuni, también se incluyen estos surtidores intermitentes de agua y vapor. La verdad es que aquí, tienes que hacer un duro trabajo de selección de excursiones. Las agencias ofertan bastantes, todas son caras y muchas de ellas, no merecen siquiera la pena.

 

            Hay cuatro agencias en el pueblo, que ofrecen lo mismo a idéntico precio, salvo en los tours del Salar de Uyuni, que también son iguales en el recorrido, aunque varían mínimamente en los matices.

 

            -Cordillera: Tour de tres días y dos noches, por 52.000 CH$. Está todo incluido, incluso los boletos de ingreso al Parque Nacional Eduardo Avaroa, a la isla del Pescado y la pequeña tasa de entrada a Bolivia.

 

            -Estrella del Sur: Por 50.000 CH$, no incluye las entradas, ni la segunda noche de hotel, dado que te dan la opción de dormir en un hotel de sal, por menos de 10 dólares.

 

            -Pamela: Exactamente lo mismo que la anterior. Ni más, ni menos.

 

            -Colque: 45.000 CH$. No incluyen las entradas, ni el ingreso en Bolivia y nos advierten, de que el alojamiento de la primera noche es un tanto básico. Su web es:

 

www.colquetours.com/

 

            Y la excursión concreta que proponen es:

 

www.colquetours.com/english/aventure/index3.htm

 

 

           Dudamos entre si hacerlo con Cordillera –la empleada ha sido muy atenta- o tomar la opción más barata y finalmente, nos quedamos con esta segunda opción. Pagamos el tour para pasado mañana con la tarjeta de crédito, porque aunque nos cobran 1.000 CH$ de gastos de gestión, nos sale más a cuenta que sacar dinero del cajero. El propio vendedor, que aunque habla perfecto español, es no hispano, nos dice que en San Pedro se pasan tres pueblos con los precios y que van a terminar matando a la gallina de los huevos de oro. “Con lo que vives aquí un día, te tiras una semana entera en Bolivia”, sentencia  

 

            Los restaurantes de la zona, son de precio prohibitivo para cualquier trotamundos, así que comemos empanadillas de las panaderías (sin ser como las riquísimas argentinas, son las mejores que comemos en Chile hasta la fecha) y a la una y media –tras adquirir una garrafa de cinco litros de agua-, nos ponemos camino del Valle de la Luna. Antes, hemos conseguido que la propietaria de nuestro residencial, llame a un cerrajero, que nos soluciona el problema de la maldita cerradura.

                      Valle de la Luna, en San Pedro de Atacama (Chile)

 

VALLE DE LA LUNA

 

            Primero, andamos durante 15 minutos hasta un cruce. Luego 40, por una carretera y una hora, por una segunda, por la que nos hemos metido a mano derecha (es bien empinada, como nos habían dicho). Llegamos a la boletería, donde nos dan un folleto/plano y pagamos los 2.000 CH$ de la entrada. El calor es intensísimo y no nos habría sobrado, si incluso hubiéramos traído más agua. A esas horas, no hay ni un solo turista individual, ni tampoco grupos.

 

            El Valle de la Luna, es una depresión rodeada de dunas desérticas y cerros con impresionantes crestas filosas, que se encuentra sobre la Cordillera de la Sal. Forma parte de la Reserva Nacional Los Flamencos.

 

            Por el interior del valle –y descontando las paradas- caminamos otra hora y cuarto, hasta llegar a las Tres Marías (tres pequeñas, esbeltas y bonitas formaciones rocosas, que se encuentran casi al final).



<   30   >