Por supuesto, a todo esto hay que añadir las cosas más habituales (documentación, con copias tanto físicas como en el correo electrónico, ropa interior, botas, artículos de aseo, cámara de fotos, mp4, guías…)” Indicar que para un viaje normal, no son necesarias ni la linterna frontal ni la mochila híbrida. Tampoco, en el caso de Sudamérica, Centroamérica y sudeste asiático, se hace imprescindible la sábana cosida –si en la India-, porque los alojamientos económicos son bastante aceptables, sino buenos Confección del itinerario del viaje:
Si este es uno de los elementos fundamentales a la hora de preparar un viaje convencional, apenas tiene importancia para los viajes largos, donde el tiempo no es el factor más importante y por tanto, no hay que cuadrar los itinerarios. Basta con organizar las líneas generales por países, sobre todo para tratar de adaptar los destinos a las condiciones climatológicas más favorables. Conviene tener una idea sobre los primeros lugares a visitar y luego ir organizando los siguientes ya en ruta. Nosotros nos fuimos al sudeste asiático con un boleto aéreo a Bangkok y sin ni siquiera saber nuestro siguiente destino. Fuimos preparando el viaje sobre la marcha y los problemas que tuvimos, casi nunca dependieron de esta improvisación controlada, sino de causas externas a nosotros. Si en los viajes cortos el factor más importante es el tiempo, en los largos suele ser el dinero. Un poco de gasto extra cada día, a lo largo de nueve meses, supone una cifra importante, así que cuanto antes se cambie el chip sobre este factor, mejor. No se trata de viajar ahorrando, sino de optimizar los recursos adecuadamente. Ruinas de Palenque (México)Si resulta recomendable comprar guías antes de la partida. Como si se pretenden visitar 30 países sería un engorro llevar idéntico número de guías, es bueno adquirirlas por zonas, para ahorrar peso y dinero. Lamentablemente, habrá que recurrir a las editadas en inglés, puesto que ese tipo de guías no suelen comercializarse –o no las vimos- en español. Aunque no se sepa demasiado inglés, no conviene cerrarse a la idea de adquirir una guía en este idioma. Primero, porque nos ayudará a practicarlo y segundo, porque hay cosas que no necesitan traducción, como los planos o las direcciones y otras que se sacan por el contexto. Te darás cuenta de que sabes más inglés de lo que parecía, porque además la estructura de una guía se repite capítulo a capítulo. Un buen diccionario como el Collins te ayudará. La mejor guía que hemos visto y utilizado es la Footprint. No es muy visual y no cuenta muchas curiosidades o anécdotas como otras, pero para información práctica, precios actualizados y direcciones es inmejorable. Las Lonely Planet son de calidad muy variable y dentro de una misma guía, si se refiere a varios países, hay capítulos muy completos y otros que parecen escritos de oídas. Sería la segunda opción, si la anterior no está disponible o bien como complemento. Tampoco conviene reservar alojamientos (siempre más caros por internet, que in situ, cuando hablamos de los económicos), salvo el de la primera noche si se va llegar tarde. Valoramos la posibilidad de obtener el Carné Internacional de Alberguista, que cuesta unos 12 euros –si no recuerdo mal-. Finalmente descartamos esta opción y acertamos, puesto que nunca precisamos utilizarlo. En prácticamente todos los países de los 27 que visitamos, sale m ás a cuenta económicamente una habitación doble, que dos camas en un dormitorio común de albergue. Hay mucho mito con estos alojamientos y esto confunde a mucha gente, que se obceca con ellos y no mira otras opciones más favorables, tanto en el plano de la economía como en el del confort.El dormitorio común de un albergue solo es recomendable si se quiere conocer gente. Y con cuidado, porque en ellos se tienen posibilidades significativos de que el dinero o la cámara desaparezcan (hay demasiados viajeros por el mundo rulando sin un euro). Granada (Nicaragua)COMO CAMBIAN LOS PENSAMIENTOS A LO LARGO DE UN VIAJE LARGO (apartado común para los relatos de Sudamérica, Centroamérica y sudeste asiático) Antes de partir, eran más las incertidumbres que los miedos, pero algunos de estos también y, en cierta medida, me atormentaban. El principal –después de haber leído y escuchado historias de otros viajeros- era el de que sufriéramos un bajón prolongado, una época de derrumbe y sin rumbo, en la que nos planteáramos si realmente nos había merecido la pena haber iniciado la aventura o quisiéramos volver para casa. Nada más alejado de la realidad. Tuvimos días malos, como ocurre también en casa y en el trabajo, pero nunca más de dos seguidos y –lo más importante-, nunca los dos a la vez. Las cuestiones que más estrés nos causaron -en el primer viaje ninguna-, fueron siempre ajenas al propio viaje y estuvieron motivadas por el problema que nuestro banco nos originó con las tarjetas de crédito, que a la vez derivaron en que tuviéramos dificultades para entrar a Indonesia, por no tener boleto aéreo de vuelta. También es verdad que en países como Vietnam o Camboya –y sobre todo si estás todo el día en la calle exponiéndote como nosotros- se acaba un poco harto, pero las sensaciones son más de agresividad que de desaliento. Creo que dividir el viaje en dos –cuatro meses y medio en América y tres y medio en el sudeste asiático- y pasar unos pocos días por casa entre ambos, también nos vino muy bien para recuperar fuerzas y recibir in situ el calor y cariño de la familia y amigos. Estos se convierten en uno de los factores más importantes, que te ayudan a sentirte mejor cuando las cosas no van exactamente como quieres. Conviene tenerlos cerca y saber que siempre están ahí, pero como ya explique en el capítulo de cómo comunicarse, tampoco demasiado, para no caer constantemente en la nostalgia y en la comparación de “donde estaría yo mejor”. En ningún momento, ni siquiera en los más difíciles, sentimos la más mínima gana de volver a casa y tirar la toalla. Siempre pensamos –y lo seguimos creyendo hoy- que hacer estos viajes fue la mejor decisión que hayamos tomado en nuestra vida, independientemente de las consecuencias que puedan tener en el futuro. Geyser, en el Parque Nacional Eduardo Avaroa (Bolivia)Otro de los miedos consistía en pensar que, si bien en América no íbamos a sentir morriña por hablar el mismo idioma y tener una cultura similar a la nuestra, en Asia lo íbamos a pasar algo mal en un viaje tan largo, al añorar esas cosas. Para nada. Estuvimos tres meses y medio en el sudeste asiático y nos sentimos tan a gusto como en América. No hubiera puesto ninguna pega a continuar por allí otros seis, si hubiera llegado el caso. Entre las incertidumbres, la mayor era no saber exactamente el ritmo de viaje que íbamos a llevar. En los viajes cortos solemos ir a buena marcha, porque nos aburrimos de estar demasiado tiempo en cualquier parte, pero pensábamos que en uno largo nos ralentizaríamos. Y no fue así. Si es cierto que en América empezamos a un ritmo algo más bajo que el habitual –también porque arrancamos visitando sitios que tienen mucho que ver sin moverse del lugar, pero pronto volvimos a la velocidad habitual. Y es que ha quedado claro que, sean 10 días o 270, no sabemos ni queremos viajar de otra forma que la habitual. Sirva la anécdota de que después de los dos viajes y al no poder terminar el periplo asiático en la India, nos fuimos 12 días a Túnez y 21 a Turquía. En el primero visitamos 12 lugares y en el segundo 19, teniendo en cuenta que dos y medio quedaron para Estambul, ciudad que –por cierto- ya conocíamos y cuyos cambios nos decepcionaron. Sería muy largo explicarlo aquí, pero quien haya realizado este tipo de viajes lo entenderá perfectamente. Hemos cambiado muchos de nuestros pensamientos a lo largo de él. Cosas que eran entonces importantes, ahora ya no lo son y viceversa. Hoy somos un poco más pobres que hace un año, pero mucho más felicites, sobre todo fuera de nuestro país, al que ahora cuesta adaptarse (al conjunto de tonterías que tenemos que escuchar, ver y vivir aquí cada día).En cuanto a la logística de la mente, sufrió una transformación a lo largo de los meses. Al principio estaba confundida. Creía que eran las habituales vacaciones, pero también sabía que no. Según avanzó el tiempo, uno ya empieza a pensar que viajar de forma permanente es su forma de vida y que jamás hubiera hecho otra cosa ni la volverá a hacer. Y casi te parece tu trabajo, porque cuando descansamos en Bali fue el único momento en que nos dio la sensación de estar de vacaciones Cataratas de Iguazú, en el lado brasileñoNo sé si viajar abre la mente. Supongo que en unos casos si y en otros no, pero a lo que si ayuda es a conocer gente magnífica y a valorar a la que dejas aquí y tanto te quiere. Esas dos cosas constituyen las mejores experiencias de nuestros dilatados periplos. ¿La peor?. Que el viaje llegara a su fin. Ahora tocaría abrir un epígrafe sobre las consecuencias y los temidos efectos de la vuelta a casa. Pero como hemos retornado hace nada, lo dejo para el final del relato, cuando ya haya pasado un tiempo
NUESTRO VIAJE EN NÚMEROS
-131 días –o lo que es lo mismo, 18 semanas y cinco días) de recorrido a través de 16 países: Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala y México. -118 lugares visitados: Grandes ciudades, pequeñas villas coloniales, parques nacionales, desiertos, playas (paradisíacas o no), minas (de sal o minerales), ruinas, un salar, glaciares, lagos, volcanes….La estancia más larga fue en Cartagena de Indias, dado que tuvimos que prolongarla al no encontrar medio de transporte para poder franquear el maldito Tapón del Darien (por eso se llama Tapón, claro). -1.723 fotos, de las más de 5.000 que hicimos en un principio. -El precio más elevado que hemos pagado por una visita ha sido de 123 soles (casi 30€) por entrar en Machu Pichu. Esto supone la cifra más alta que hayamos pagado jamás, ampliamente por encima del Parque Nacional Torres del Paine (en este mismo viaje) o Petra. -6.797€ ha sido el total de gastos desembolsados en esta aventura (muy por debajo de los 10.000€ inicialmente presupuestados). Los gastos en boletos aéreos supusieron 2.132€ y el resto de gastos ascendió a 4.665€. Ello significa que la media diaria de gasto para dos personas resultó ser de 51,89€ (contando pasajes aéreos) y de 35,61€ (descontándolos). El día que más gastamos la factura ascendió a 107€ y el que menos, atan solo 13€ -50 alojamientos diferentes. El más caro fue el apartamento de Copacabana, en Río de Janeiro, por el que pagamos el equivalente a 32€. El más barato, una doble en Uyuni (Bolivia), que no nos costó ni 4€. -La cota de altitud más elevada rondó los 5.000 metros, en el Parque Nacional Eduardo Avaroa (Bolivia). -497 horas de colectivo (autobús). En realidad, solo debieron ser 466, porque las 31 restantes fueron acumuladas por retrasos (la mayor demora, de siete horas, fue en el recorrido Medellín-Cartagena). El record de horas dentro de un autobús lo conseguimos en el recorrido Santiago de Chile-San Pedro de Atacama (26 horas, debido a las 2 de retraso) Mejillones deshidratados, en Puerto Montt (Chile)16 horas de 4x4, a través del Parque Nacional de Eduardo Avaroa y el Salar de Uyuni (ambos en Bolivia) y 4 desde Cartí a Ciudad de Panamá. -Tan solo siete horas de tren. Cinco las que supusieron recorrer en las dos direcciones el tramo entre Ollantaytambo y Aguas Calientes (Perú). Se trata del boleto más caro de tren que he pagado en mi vida, en relación al recorrido realizado (un robo del que hablaré largo y tendido en le apartado correspondiente). Y las otras dos corresponden a la visita a la Nariz del Diablo desde Alausí. -Cinco días de navegación en velero, entre Cartagena de Indias y El Porvenir (Panamá). En realidad, fueron solo 30 horas de travesía entre Cartagena y Cayos Holandeses, más navegaciones parciales hasta Cayos Limones y Cayo Chichime. El resto del tiempo fueron baños, snorkel y risas y cervecitas a bordo. -Tres horas en ferry, para cubrir el trayecto Buenos Aires-Colonia de Sacramento (Uruguay). Y otras diez en diversas embarcaciones para distintas excursiones en el Lago Titicaca.-Tomamos un total de seis vuelos. Solo dos fueron transoceánicos (Madrid-Río de Janeiro y Cancún-Frankfurt). La misma cifra resultaron ser vuelos europeos (Frankfurt-Milán y Milán Madrid) y tan solo dos fueron vuelos por el continente americano (Montevideo-Buenos Aires y Buenos Aires-El Calafate). Las horas a bordo sumaron un total de 28. -Y sobre todo, reventamos las estadísticas de horas andando. Serían imposibles de calcular, pero estamos seguros que han pasado de 1.000. Entre los dos utilizamos cinco pares de zapatillas, de los que tres acabaron en la basura. -A lo largo
del viaje perdimos más de 10 kilos cada uno Cuzco (Perú)
LA FRASE DEL VIAJE
Muchas podrían ser las frases del viaje, en un continente donde se trata al español con muchísimo más cariño que en nuestro país y donde los palabros y palabrotas –afortunadamente- son una especie en extinción. Pero si hay una que se puede escuchar en los 16 destinos visitos, no sería otra que: ¡¡¡Qué lindo!!! |





