Nos levantamos y encendemos la luz, pero no conseguimos dar con el supuesto roedor, que ahora parece que se ha quedado paralizado. Nos volvemos a dormir. De nuevo y pasado un rato, otra vez las mismas señales y repetimos la misma operación, con tan escaso éxito como antes. Y así otras dos veces más. Al levantarnos por la mañana e ir a desayunar, el pan tiene un orificio redondo en su centro, de unos cinco centímetros de diámetro. No logramos ver en ningún momento al bicho en cuestión, pero eso nos da una idea de sus proporciones. Buscamos y buscamos, pero supongo que tiene buenos escondrijos construidos en la madera o estará durmiendo, después de la opípara cena. ¡¡Menudos dientes!!. Así que aplazamos lo del desayuno para otro momento. Recogemos las mochilas y las dejamos en el salón de la casa. Como esta mujer no nos ha devuelto nuestros 500 pesos, le colocamos aquí el equipaje hasta la tarde sí o sí. Y como la veamos además, se los pensamos pedir directamente. El plan para hoy es ir a Pucón, a ver el volcán y por la tarde regresar a Villarrica, para coger a las diez de la noche el autobús para Santiago de chile, que en unas 10 horas, nos debe poner en la capital del país. Pucón (Chile)PUCÖN Tomamos el autobús a Pucón (600 CH$) y en unos cuarenta y cinco minutos estamos en el pueblo, Dos son las sorpresas que nos esperan. Por un lado, el volcán no se ve desde el pueblo. Nosotros nos habíamos imaginado una vista como la de Villarrica, pero desde mucho más cerca y la decepción es de las gordas. Por otro, el volcán está situado a unos 10 kilómetros y no hay transporte público, por lo que o cogemos un taxi o vamos de forma organizada y ninguna de las dos cosas, resulta barata. El cabreo que nos entra es de los de gran magnitud y tardamos casi una hora en reaccionar y tomar una decisión. Dedicamos ese tiempo a recorrer el pueblo. Es del estilo de Villarrica, pero está algo más preparado para el turismo, que ya puebla sus calles a esas horas de la mañana. Esto se nota también en los precios, que son al menos un 20% más caros, que en el pueblo vecino. La avenida principal y mas transitada es la O’Higgins. Hay una preciosa playa de arena negra, que junto al lago, al volcán y a la práctica de deportes al aire libre, constituyen los atractivos de la localidad. Muchas partes del suelo de Pucón son de troncos de árboles, cortados en cilindros. Intentamos contratar un tour al volcán, pero nos han debido de ver cara de gilipollas y nos quieren cobrar 30.000 CH$ con trekking y 18.000 CH$, por llevarnos hasta las faldas. Va a ser que no. Pensamos en volver a Villarrica, pero como allí nada ya teníamos que hacer, decidimos iniciar el camino andando. Si llegamos hasta el final, bien. Si no, pues hasta donde se pueda. Nos abastecemos de cerveza (una maxibotella de dos litros), agua y viandas en un gran supermercado y nos ponemos en ruta. Salimos del pueblo por la carretera por la que hemos venido y torcemos a mano izquierda. Comienza la dura ascensión, que primero es por carretera y después por una superficie que no es siquiera ripio, por lo que el polvo que se levanta cada vez que pasa un coche –afortunadamente no son muchos-, nos envuelve todo el cuerpo. Pucón (Chile)Y mientras, sube que te sube, sin ver siquiera un pequeño pedacito de volcán. Se nos hace incomprensible, estar tan cerca de este mastodonte y ni siquiera sentirlo. Llegado a un punto y después de ascender al menos cuatro kilómetros, por fin vemos el volcán, pero hay tantas nubes que casi no se divisa su cráter. Cuando ya si vamos a desistir del intento, pasa un hombre de pelo blanco en un descapotable y se ofrece a llevarnos. Dudamos, pero la curiosidad se impone, le decimos que si y nos lleva hasta las mismas faldas. Por fin, hemos podido llegar justo al lado de este enorme coloso. La bajada la tenemos que hacer andando, pero estamos acostumbrados a completar distancias bastante más largas y además es cuesta abajo, así que sin problemas, sino fuera porque de repente el cielo se despeja y el sol –para variar-, nos va dando constantemente en la cara.
Tomamos el bus de vuelta, que nos sale algo más barato, por subir en la propia carretera. DE NUEVO EN VILLARRICA Damos la última vuelta por Villarrica y nos dirigimos nuevamente al lago. Ayer había bastantes nubes y en ningún momento, conseguimos ver el volcán despejado en su cráter. Hoy por fin, lo divisamos limpio y entero, reflejándose en las transparentes aguas del lago. Una escena maravillosa, que comparten a unas decenas de metros de distancia, una emocionada parejita de enamorados. Volvemos a por el equipaje al que fue nuestro alojamiento. No está ni la bruja ni sus descendientes –tampoco hay pistas del roedor-, así que cogemos la mochila y dejamos las llaves encima de la mesa. Decimos adiós al refugio de Gárgamel (tal vez el bicho que correteaba la noche anterior por la habitación, era su gato azul) y nos prometemos no volver jamás.Como no tenemos ganas de pasear con los bultos a cuestas, nos sentamos en la calle principal a ver a la gente pasar. Constatamos nuevamente, que en Sudamérica se viste fatal y que las niñas van bastante más guapas con el uniforme del colegio -de mejor calidad-, que con la ropa de calle que le compran sus padres. Villaririca (Chile)Huele bastante a heces y no sabemos determinar, ni donde ni los motivos, pero es desagradable. De repente nos damos cuenta de que se trata del playero de mi chico. Tiene una mierda de enormes proporciones –casi más grande que el propio playero-, adherida por toda la planta. Nos cuesta Dios y ayuda poder limpiarlo y dejarlo en condiciones. ¡¡Madre mía, cuántas cosas nos pasan en este pueblo!!. Tomamos el colectivo que nos debe llevar a Santiago. No solo es barato, sino también nuevo. Tiene mantas y almohadas, nos dan un zumo y un dulce por la noche y otro por la mañana. Aunque el ayudante –o la empresa- es bastante meticuloso, pues se empeña en ir cerrando las cortinas una a una y en abrirlas por la mañana. ¿Por qué no nos dejan llevar la cortina como buenamente se nos antoje?. Lo tiene todo calculado a su medida y nos despierta media hora antes de llegar. A uno por uno. Y eso que una señora nos ha estado fastidiando toda la noche, con su tos compulsiva. Hoy que no había niño llorando, aparece ella. Pero aún así, he dormido bastante bien.
SANTIAGO
Son las seis de la mañana y ya estamos en la terminal de autobuses. Habrá que esperar un rato, porque a estas horas no podemos ponernos a buscar alojamiento. Los asientos son realmente cómodos y dan ganas de tumbarse, tal como han hecho las chicas que tenemos a nuestro lado. Para llegar hasta el metro, hay que atravesar un centro comercial. A estas horas todavía está todo cerrado, pero a mitad de mañana esto tiene que estar bien animado El metro (cuesta 380 CH$, en horas valle y 420 CH$, en horas punta, que son de 7 a 9 y de 18 a 20) va completamente abarrotado. Pasan tres y resulta imposible que podamos introducirnos en el convoy y más con los bultos. Tomamos la determinación de cruzar al andén de enfrente y retroceder hasta una estación donde venga más vacío. Tras hacer cuatro estaciones en dirección contraria, retomamos el camino hacia el centro. Hay tanta aglomeración, que tienen personal dedicado a controlar las puestas, en las estaciones donde hay más tránsito. Aunque no es lo más frecuente, hoy hemos seleccionado uno de los hoteles que vienen en la guía, el hotel París (en la calle París, 13) y hacia él nos dirigimos. Como en el caso de Buenos Aires, el aspecto es algo decadente, pero también tiene encanto. La habitación que nos ofrecen es bastante grande, el baño está bien y tiene televisión. Lástima de que no es demasiado luminosa. Internet es gratuito y el precio son 14.000 CH$. Decidimos quedarnos en este recomendable lugar. El personal es bastante simpático y hospitalario. Santiago (Chile)Nos duchamos y a las 9,30 de la mañana, estamos ya en la calle. Hay algo de cansancio, pero son más las ganas de conocer esta ciudad -encajonada entre los Andes y la Cordillera de la Costa-, que ya a estas horas mantiene una actividad vibrante y frenética, tanto comercial como civil. Llegamos a la plaza de Armas, que resulta encantadora y muy armónica. Destacan la bonita catedral, la fuente dedicada a Bolívar y el Palacio Real (que hoy es el Museo Histórico Nacional). Las calles principales que salen desde allí, son la avenida Ahumada y Estado. Perpendicularmente, las corta otra peatonal que se llama Huérfanos Continuamos por el centro y nos encontramos la Casa Colorada (en ella hay una ofician de turismo), que hoy es el Museo de Santiago. El mayor encanto de Santiago reside en su amplia zona peatonal, donde pasear sin prisa, tomar o comer algo y ver a los chilenos en sus actividades cotidianas. Tiene también bastantes plazas con encanto, que la hacen mucho más acogedora e íntima que Buenos Aires. Hay bastantes vendedores callejeros, lo que nos hace pensar, o bien que aquí la legislación es algo más relajada en esta materia o que la situación económica es menos boyante que en la vecina Argentina. Más adelante, nos iríamos dando cuenta, de que no siempre ambas cosas están relacionadas: Por ejemplo, Ecuador es un país de los más pobres de Sudamérica y apenas hay venta ambulante. Nos llaman la atención los vendedores de mote con huesillos -especialidad local, que nunca llegamos a probar-. Mientras y en las horas que ya estamos, los lugareños abarrotan las cocinerías y fuentes de soda, con la intención de poder llevarse algo a la boca. Seguimos recorriendo el centro y llegamos a la plaza de la Libertad, donde está el famoso Palacio de la Moneda, que permanece constantemente rodeado de policías, que impiden el paso desde una distancia considerable. Creo que la señora Kichner gana a la señora Bachelet en cuanto a la belleza de su palacio de gobierno. En la parte de atrás, se encuentra la plaza de la Constitución. Otros monumentos de interés, más o menos cercanos a la Alameda (llamada originariamente avenida O’Higgins), son el Teatro Municipal, la Universidad de Chile, la Biblioteca Nacional y la iglesia de San Francisco –el edificio colonial más antiguo, con la bella Torre del Reloj.Llegamos hasta la rivera del río Mapocho, a contemplar algunos de los atractivos turísticos que hay en sus inmediaciones y hacemos un chiste fácil: “Este es el río, má pocho de América”, porque apenas es un hillillo de agua, descendiendo por un enorme cauce. Debió conocer tiempos mejores, porque hoy en día, incluso huele en algunas zonas. La sequía en este país, es bastante devastadora en los últimos tiempos, según nos cuentan. En esta amplia área, visitamos el Palacio de Bellas Artes, el Mercado Central y la estación de Mapocho (la antigua estación de ferrocarril). Santiago (Chile)En esta zona hay un supermercado, en el que venden comida preparada, así que no nos lo pensamos más. Aquí te tienes que calentar tú la comida, en un enorme microondas. Y además, para complicar las cosas, algunos platos ya están empaquetados, por lo que si los quieres tomar calientes, los tienes que desenvolver, calentar, dárselos para que los vuelvan a pesar y envolverlos. En fin, que el proceso nos lleva un rato, pero ya hemos aprendido que en los supermercados de Sudamérica, la mayor virtud es siempre la paciencia. Después de comer, damos otra vuelta por la animada zona peatonal, donde ya abundan los músicos callejeros. Decidimos subir al coqueto y bien cuidado Cerro de Santa Lucía. Conociendo como son en Chile, nos extraña enormemente que no cobren esta visita, aunque hay que inscribirse, como en otros tantos sitios del continente, dejando constancia para la estadística, del nombre y la nacionalidad. Como casi siempre, somos los únicos españoles apuntados Nos encanta todo de este cerro, a cuya cima no es demasiado esforzado subir: La fuente de la Terraza de Neptuno, que está casi a la entrada y las alegres cascadas. También, las construcciones repartidas por toda la montaña y las vistas, tanto de la ciudad, del otro cerro -el de San Cristóbal-, como de los imponentes Andes, que nos circundan e impresionan. Hay un poco de neblina perpetua en las montañas, según dicen, provocadas por la contaminación. Tenemos la suerte de coincidir, con una chica que se conoce todos los cerros, así que nos hacemos una perfecta composición de lugar de los contornos de esta ciudad, en la que solo llevamos medio día, pero que nos empieza a tener completamente prendados. Por la mañana, habíamos estado en la oficina de turismo que está en el centro, pero ahí solo tienen información de la ciudad. Nosotros queremos también, conocer algo de los alrededores, para ver si encontramos una excursión que poder hacer mañana, antes de que al día siguiente nos vayamos a Valparaíso y el sábado por la tarde, nos marchemos hacia las lejanas tierras del norte, lugares de los que también queremos conseguir folletos y planos. Eso solo lo podemos conseguir yendo a la otra oficina de turismo, más alejada del centro, aunque en un concurrido y animado barrio, llamado Providencia -zona acomodada, donde se encuentra la bella calle Suecia-. Vamos hacia allí andando. El camino se hace algo largo y el sol pega con fuerza. Tras recibir la información, decidimos que al día siguiente visitaremos el Cajón del Maipo (al que se puede ir en metro y metrobús), una zona cercana con buenos atractivos naturales. El viernes –tal como ya habíamos pensado-, iremos a Valparaíso en el día y el sábado, nos quedaremos aquí hasta la salida del autobús, que pretendemos tomar sobre las siete de la tarde, con dirección a San Pedro de Atacama. De vuelta, nos damos un paseo por el barrio de la Bellavista y Lastarría. Es precioso, bohemio y hedonista, con sus casitas de colores. Aquí tuvo una casa Pablo Neruda. Se nota que vive gente con plata. Salimos a la calle Pío Nono, muy animada y llena de terrazas, donde sirven litros de cerveza a partir de mil pesos. La gente abarrota los diversos establecimientos, a pesar de que la calle entera está llena de obras y en la mayor parte. el asfaltado está levantado. Santiago (Chile) Como ya
estamos al lado y todavía son las seis y media, nos decidimos a subir al cerro
de San Cristóbal, donde están el zoológico y el Parque Metropolitano. Este si
que es más esforzado, dado que en una distancia que no es muy larga, hay que
ascender casi desde los 300 metros a los 800. |





