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Sudamérica y Centroamérica/12


            Nosotros los hemos utilizado en algunas ocasiones y más para desayunar que para comer, dado que en el almuerzo preferíamos estar más holgados. En el caso de Bolivia, permite por ejemplo zamparse una milanesa de pollo con arroz o un filete de ternera con huevo, arroz, plátano frito y ensalada por unos 8-10 bolivianos (algo menos de un euro)

           

            Bolivia es, sin lugar a dudas, el paraíso de la sopa. Cierto es que en la mayor parte del continente este plato siempre es el

primero del almuerzo, pero la variedad y riqueza de las sopas en Bolivia no tiene parangón. Y gran parte de la culpa la tiene la riquísima quinua (un cereal que se cultiva entre los 2.000 y los 4.000 metros y que es más nutritivo que el arroz). Pero es que además es en este país donde son más generosos con los vegetales y las carnes que le añaden. Comencé odiándolas, por aquello de comer todos los días sopa de primero y acabé echándolas amargamente de menos en otros países.

 

            En Bolivia no hay supermercados (al menos en el interior de las ciudades), así que la opción para comer es acudir a los numerosos locales que sirven almuerzo y hacerlo antes de las dos de la tarde, sino queremos quedarnos sin comer o sin la opción de elegir. El almuerzo consta de la mencionada sopa y de un segundo plato, que contiene generalmente carne o pollo (nunca suelen ser trozos muy grandes, salvo en contadas excepciones) con arroz (generalmente pasada) y a veces patatas, ensalada, verduras o espaguetis.

                                            Río de Janeiro (Brasil)

            En algunos restaurantes ofrecen también –incluido en el precio- una pequeña entrada y un postre, café o mate. Por supuesto, no falta el ají y en la mayoría de los casos el pan, tan infrecuente en otros países de la zona.   

 

            Los precios del almuerzo varían entre 0,5€ y 1,2€ por persona y la diferencia suele estar en el tipo de restaurante y que en el segundo caso, suele haber más carne (aunque no siempre).

 

            La trucha del lago Titicaca es excelente. En Copacabana, por ejemplo, al lado del lago hay más de una decena de restaurantes, que la preparan de deliciosas y diferentes formas (es más cara que el almuerzo, pero asequible).

 

            En Bolivia comenzamos a tomar contacto con dos preparados que nos siguieron acompañando a lo largo de casi todo el continente: Las  salteñas (especie de empanadillas que no me gustaron nada, quizás porque no las comimos en el sitio adecuado, dado que otra gente dice que son magníficas) y los tamales (para una vez al año, no están mal.

 

 

            Perú:

 

            Dada nuestra experiencia, dividiríamos el país en dos partes: Al sur de Lima comimos de forma excelente y barata, mientras al

norte nuestro paladar sufrió algo más y pagamos precios más caros. De todas formas, lo de pagar más al norte también ocurre con los alojamientos o con los colectivos.

 

            También la trucha está aquí exquisita en las inmediaciones del lago Titicaca y en este país nos animamos con otro pez que nos llenó de gozo, el pejerrey, de una textura y sabor delicadísimos.

 

            Pero la estrella de la cocina peruana es el omnipresente ceviche, que en el interior está elaborado habitualmente con pescados de río o del lago y junto al mar, se hace de marisco y pescados blancos y azules, que se maceran con lima y con especias, como el cilantro y se sirve acompañado con cosas diversas, como maíces o ensalada. ¡¡Sencillamente colosal!!.

                                                                         León (Nicaragua)

            Cierto es, que hay que tener mucho cuidado con donde se come, dando que un simple camarón en mal estado, nos puede mantener agarrados a la taza del water hasta tres días (experiencia que nos contó Pau, que le impidió visitar Machu Pichu en su anterior visita a Perú y eso que el ceviche que comió era de una boda).

 

            Tampoco en Perú hay muchos supermercados (no sé en los extrarradios de las ciudades), así que el protagonista sigue siendo el almuerzo de los locales económicos, con la peculiaridades de que las entradas son menos frecuentes que en Bolivia, desaparece el pan y se suele incluir una bebida, que puede estar elaborada con agua y polvos o con esencia de maíz (aquí es donde tomamos contacto por primera vez con la chicha morada.

 

            De Lima hacia abajo los precios y calidad son similares a los de Bolivia, aunque las sopas no siempre son tan completas. Hay en Lima una calle, perpendicular a la peatonal, que está llena de restaurantes con una muy buena relación calidad-precio. En el que nosotros comíamos, por tan solo 5 soles (poco más de un euro), degustábamos excelentes y generosos platos de ceviche de primero (o papas con huancaína) y segundos platos de carne con buenas guarniciones. Y con un trato exquisito, que no siempre es frecuente en este país.

 

            De Lima hacia el norte ya es otro cantar. Los precios se elevan al menos en un 20%, las sopas pierden casi todas sus verduras y carnes, quedándose su contenido en caldos con huesos, maíz o rodajas de plátano. Los segundos platos disminuyen la cantidad de carne (nos llegaron a poner en una ocasión huesos de pollo), desaparecen las guarniciones de verduras y ensalada y quedan en enormes montoneras de arroz con unos pocos y ricos frijoles guisados.

 

            Al menos en Perú, el arroz casi siempre suele estar en su punto, no como en Bolivia. Pero con el almuerzo es más difícil llenarse, debido a la ausencia de pan y a que las sopas son menos generosas.

 

           

            Ecuador:

 

  

          Definitivamente no es Ecuador un paraíso de la gastronomía. El fenómeno descrito para los almuerzos desde Lima hacia el norte, se agrava aún más en el caso de Ecuador, donde las sopas ya quedan solo casi en agua con huesos (a veces te sirven las propias patas del pollo) y los segundos platos son montañas de arroz, en las que encontrar algo proteínico es tan difícil como buscar una aguja en un pajar. Comer aquí ronda los dos dólares.

 

            Pero como Dios aprieta, pero no ahoga, en Ecuador (como también ocurre en el norte de Perú) se puede comer una fruta –tropical y no tropical- exquisita. Por tan solo 10 centavos para una rodaja de enormes proporciones, degustamos por ejemplo en Otavalo, la piña más rica que hayamos comido jamás.

 

            En Ecuador si es posible encontrar supermercados, aunque no están del todo bien abastecidos.

 Perito Moreno (Argentina)

 

            Colombia:

 

            Llegados a Popayán –nuestro primer destino en Colombia- se nos abrió el cielo, al encontrar un supermercado con exquisita comida preparada, donde nos llenamos a base de espaguetis y carne. Aquello fue un espejismo

 

            En Colombia siguen proliferando los almuerzos, pero las sopas son generalmente insulsas y los segundos no contienen tampoco demasiada carne y si mucha arroz, aunque aquí a veces la cuecen en jugo de coco (al principio hace gracia, pero puede acabar cansando). Los almuerzos corrientes son en este país algo más caros y rondas los 1,5-2€.

 

            En este estado de cosas, decidimos que había llegado la hora de abandonar los almuerzos y comer de supermercado –que aquí si los hay-, pero la cosa fue de mal en peor. Colombia es un país caro para la zona y a veces incluso para nosotros. Son los supermercados los que representan el mayor exponente de los precios altos, que para muchos productos son superiores a los de España. Además, no están muy surtidos (salvo de productos de limpieza e higiene), por lo que la variedad es escasa.

 

            Así que empezamos por comer salchichas y acabamos comiendo snacks y patatas fritas pagadas a precio de oro.

 

            Como esta situación no podía perdurar, cambiamos radicalmente y nos pasamos a la fruta y ese fue el momento de entrar en el paraíso. Rica sandía, sabrosas uvas verdes y negras, papaya exquisita y, ¡¡¡por Dios, que mango, el mejor que haya comido jamás!!!. Definitivamente, va a ser difícil encontrar un país donde las diferentes variedades de fruta tropical estén más sabrosas que en Colombia.

 

            Pero como no solo de fruta puede vivir el ser humano, nos decantamos por la única opción que ya nos quedaba: Los puestos de

la calle. En una negra y mugrienta plancha yacía aquella enorme salchicha que me dieron partida y con patatas cocidas en una bolsa marrón y que fue la que me provocó una severa diarrea de cuatro días, estando en Cartagena de Indias.

 

 

            Panamá:

 

            En Panamá, el almuerzo deja de ser la referencia generalizada y las cantinas sirven los platos sueltos, por lo que el cliente puede elegir el componente central (carne o pescado) y las guarniciones a su gusto. Por unos 2 dólares o poco más se puede realizar una comida completa correcta.

                                                                   Isla del Sol (Bolivia)

            Los supermercados (especialmente El Machetazo) están excelentemente surtidos y son –debido a la caída del dólar- realmente baratos para nosotros. No encontramos comida preparada en ninguno de ellos, pero al menos si enlatada, que sin ser nada en especial, resultó todo un lujo después de lo sufrido en Colombia.

 

            La fruta aquí ya es de peor calidad y menos sabrosa. Y para desayunar, nada mejor que el gallo pinto

 

 

            Costa Rica:

 

            No puedo opinar mucho sobre la calidad de la comida de este país, dado que llevábamos bastante comida enlatada de Panamá y algún embutido, que nos sirvieron para comer los días que allí estuvimos. Pero ni los restaurantes ni los supermercados me parecieron baratos y además, estos últimos están peor abastecidos que en su vecino del sur.

 

            Nicaragua:

 

            Como los platos que vimos en los restaurantes económicos no nos convencieron y tampoco los de los comedores populares, decidimos comer de supermercado, que no son baratos y tampoco están bien abastecidos. Así que, vuelta a la “dieta” de los snacks, como en Colombia.

 

            El Salvador:

 

            Pues sí, en el El Salvador comimos realmente bien. Lo que ocurre en los países donde no se pasan muchos días, es que hay un cierto componente de suerte a la hora de comer y en esta ocasión la tuvimos. San Salvador (junto a los ya referidos Ecuador y Panamá) es el otro país dolarizado, por lo que los precios en la época que fuimos, no resultaron caros (aunque los supermercados no son baratos).

 

            Hay restaurantes en San Salvador donde se pueden comer menús de un plato con guarnición, tortillas y refresco; pero por un poco más, se pueden elegir un primero y un segundo (o dos primeros si te gusta mucho la lasaña, como nos ocurrió a nosotros) y se come más adecuadamente. No sale por más de 2,5 dólares por persona.

 Chichen Itza (México)

            En Santa Ana, ya camino de Guatemala, comimos el mejor pollo asado del viaje (y casi de toda nuestra vida) y nos vengamos de la poca carne comida en Ecuador y Colombia: Pedimos un pollo de 1.600 gramos para los dos, compramos pan de molde (no había de otra clase) y ¡¡¡hasta que reventamos!!!.

 

 

            Guatemala:

 

            Tampoco nos convencieron demasiado los restaurantes locales económicos, así que compartimos la dieta de la comida rápida con la de los snacks. Los supermercados –junto a los de Colombia-, resultaron los más caros de los países que visitamos. Presentan además, una muy escasa variedad de productos.

 

 

            México:


            A mi modo de ver, casi cualquier parecido entre la comida mexicana que nos ofertan en España y la que se sirve en México es pura coincidencia, siendo lógicamente bastante más rica esta última.

 

            Mal empezaría la cosa si comienzo diciendo que los nachos no me vuelven loca, pero es que es lo único de la cocina mexicana que no me atrae. Este país es el edén de las salsas, que admiten cualquier grado de picante desde cero al infinito y multitud de gamas de colores, predominando el verde, el rojo y el marrón. Las de los restaurantes son increíblemente buenas, pero también lo son las de los supermercados (los botes pequeños se venden por unos 4-7 pesos) y las que se hacen en los puestos callejeros (recuerdo una exquisita de chiles y limón que nos sirvieron sobre una gran bolsa de papas, que estaba para chuparse los dedeos.

 

            Los tacos constituyen la oferta más omnipresente y hay un montón de especialidades (del pastor, de carne de res, enchilados

rojos  y verdes…) Pero también se pueden degustar exquisitas enchiladas, burritos, quesadillas, gorditas, flautas, tortas (especie de bocadillos)...

 

            Y por supuesto y como en cualquier otra parte, están las especialidades locales, que se preparan en cada ciudad o estado, también riquísimas, aunque con algunas no me llegué a atrever, caso de los chapulines de Oaxaca (grillos fritos), que se pueden comer en un taco y con sal y limón (según nos contó el regidor de turismo de esta fantástica ciudad, con el que coincidimos en el templo de Santo Domingo).

 

            Si nos atrevimos en esta misma ciudad con sus típicas nieves (una especie de helado). Muy recomendables las de leche quemada y las de tuna.

                                                                                 Cusco (Perú)

            A mi también, me encantan los chiles enteros y soy capaz de comerme una lata yo sola, a pesar del padecimiento estomacal que se tiene por la tarde. Aunque eso se soluciona medianamente con un vasito de mezcal, excelente para las digestiones.

 

            Comer en México es realmente barato (sobre todo en la capital) y muchas veces te puedes llenar hasta solo por un euro. Los tacos, quesadillas o enchiladas se suelen vender por lotes de cuatro o cinco por un precio bastante atractivo. Lo mismo ocurre con determinada comida rápida, siendo posible comer, por ejemplo, 3 perritos por 12 pesos (75 céntimos de euro).

 

            Los supermercados, esta vez sí, ofrecen una variada gama de productos a unos precios realmente bajos y también ofertan comida preparada, aunque nunca la encontramos tan rica como la de Argentina y Chile. Y además, aquí hay todo el pan que se quiera, a precios de risa (un bollo llamado bolillo a 1 peso, por ejemplo).

 

            En resumen: Si queréis comer realmente bien en América, vuestros destinos deberían ser Argentina y México (y en menor medida, Bolivia y el sur de Perú).


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