El Tapón del Darien. Este punto solo será de interés para quienes quieran, como en nuestro caso, viajar entre Sudamérica y Centroamérica en el mismo viaje. En ese caso, debéis tener muy en cuenta la forma que vais a usar para traspasarlo y planificarlo con tiempo, si es que no queréis perder demasiados días. Así que conviene tener ya una idea de lo que se va a hacer, antes de llegar a los puntos de cruce del mismo (que serán básicamente, Cartagena de Indias y Ciudad de Panamá). El Tapón del Darien es una franja de selva de unos 400 kilómetros, que pertenece a Panamá y por el cual no discurre la carretera Panamericana. Por lo que he visto en los foros, la información sobre este asunto suele ser bastante confusa. Hay muchos que dicen que no hay camino y que solo sería posible cruzarlo a machetazo limpio, cortando las plantas de la selva. Esto no es cierto y el dato está contrastado con el conductor del 4x4 que nos traslado desde Cartí a Ciudad de Panamá. Bogotá (Colombia)El tapón del Darien se puede atravesar en 4x4, dado que hay un camino de la anchura de un coche que permite hacerlo. El problema es que no es nada recomendable, puesto que en esta zona de selva se encuentran los elementos más agresivos de la guerrilla, a los cuales les gustan bastante poco los viajeros y turistas, por lo que no sería nada descartable un secuestro o un desenlace incluso peor. Además, se trata de una zona con un altísimo riesgo de malaria y dengue. Dicho esto, hay dos posibles formas de atravesar el Darien, ambas bastante caras. 1.- Por vía aérea. En este caso hay que tener en cuenta que si se va desde Cartagena a Ciudad de Panamá, para salir de este país último país, hay que hacerlo en avión, no siendo posible continuar a Costa Rica por tierra. Los boletos aéreos pueden rondar los 200€ para el trayecto reseñado y 300 si se pretende ir hasta Costa Rica. 2.- En cruceros de cinco o seis personas organizados en veleros, que en cinco días te dejan generalmente en El Porvenir (salvo que se pacte otra cosa). El precio oscila entre los 300 y 400 dólares e incluye las comidas y equipación para hacer snorkel. La experiencia es inolvidable, pero presenta los siguientes inconvenientes. -No hay salidas regulares. Las embarcaciones parten cuando se llenan y hay temporadas en que entre una salida y otra puede pasar hasta una semana (o más). Cuando nosotros lo tomamos en mayo la demanda era bastante baja, así que conviene arreglar el viaje con la antelación suficiente (más adelante daré un teléfono móvil de un empleado del puerto, que os puede ayudar bastante). -Las primeras 30 horas (como mínimo) se hacen por alta mar, donde el barco se mueve bastante y la mayoría de la gente se marea (de cinco que éramos, cuatro se marearon, así que la proporción es alta). Los japoneses que iban con nosotros se tiraron día y medio vomitando y sin salir de la habitación. -Si vas solo/a, lo más probable es que no te adjudiquen habitación, por lo que tendrás que dormir en el comedor, lugar bastante más incómodo que los dormitorios.-El espacio del barco resulta escaso para tanta gente. -Si no te gustan las actividades relacionadas con el mar (bucear, hacer snorkel, etc.) te puedes llegar a aburrir. Quito (Ecuador)EL ALOJAMIENTO La calidad del alojamiento económico en Hispanoamérica es realmente buena. Hemos pernoctado en un total de 50 alojamientos y de más del 90% quedamos satisfechos. En la mayoría dispusimos de baño, en un porcentaje muy elevado de televisión por cable (es posible ver casi cien canales en español e inglés) y en unos cuantos de nevera. No tenemos casi ninguna queja sobre la limpieza de ninguno de los lugares donde nos alojamos. En ningún caso reservamos habitación por anticipado y tampoco tomamos las guías como referencia, cosa que si habíamos hecho en otras ocasiones. Simplemente elegíamos la zona e iniciábamos la búsqueda al azar. En la mayor parte de lugares no hay dificultad para encontrar algo adecuado en menos de una hora, aunque hay sitios donde tuvimos que emplear más tiempo (Lima, Bogotá, San Salvador, Ciudad de México…). No es del todo frecuente que en Sudamérica y Centroamérica salgan a ofrecer alojamiento a las terminales de autobuses, aunque si ocurre con cierta asiduidad en Chile y Perú. Casi en la totalidad de las ocasiones no contamos con desayuno, aspecto al que no hemos dado demasiada importancia, dado que desayunar en Hispanoamérica es realmente económico. Dormir en habitaciones medianamente confortables por 5€ o menos es posible en Bolivia y Perú, aunque en la mayor parte de países la factura estará entre los 6 y 12€ (casos de México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador y Chile). Algo más caro es pernoctar en Uruguay y la mayor parte de Argentina (casi siempre por debajo de los 20€), mientras que los precios más elevados del continente se encuentran en el sur de este país (en torno al glaciar Perito Moreno) y en Brasil, donde es frecuente abonar importes entres los 20€ y 30€ e incluso superiores. Lo más caro que pagamos fue el apartamento de Copacabana, en Río de Janeiro (32€) y lo más barato en Uyuni (en torno a 4€). En todos los alojamientos en los que tuvimos que dejar el equipaje después de haber hecho la salida de la habitación, nos lo guardaron gratis, sin ningún cobro adicional, salvo en algunos de México, donde nos pretendieron cobrar (y no precisamente poco). Se quedaron con las ganas, porque llegado el caso, preferimos cargar con la mochila unas horas, que satisfacer sus avariciosas pretensiones. Afortunadamente en ninguna de las dos ocasiones fue necesario, porque encontramos alternativas. Las tiendas o los puestos grandes de la calle, siempre son una buena opción, a cambio de una cantidad simbólica, que los propietarios muchas veces no quieren ni aceptar.. Pisac (Perú)LA COMIDA En honor a la verdad, no se trata del viaje en el que mejor hayamos comido. Aunque descubrimos nuevos sabores y platos riquísimos (especialmente el ceviche), hubo en ocasiones que nuestra alimentación fue bastante monótona. La base de la dieta americana es el maíz o choclo (que no me hace demasiada gracia), el arroz blanco (personalmente, me gusta más en paella, a la cubana, con leche, en risoto…) y las sopas (que en algunos países son caldos con huesos o rodajas de plátano macho frito). Pero buceando más pormenorizadamente en la dieta de ultramar, encontramos platos también exquisitos y lugares donde se come de forma excepcional por muy poco dinero. Aunque a lo largo del viaje siempre nos hicimos la misma pregunta. ¿Por qué esta gente adoptó nuestra lengua, cultura y religión y no nuestra deliciosa cocina?. ¿Por qué en casi ningún sitio de Sudamérica o Centroamérica pudimos comer una tortilla de papas, un cocido o unas lentejas con chorizo?. De todos es sabido que el español de ultramar contiene algunas variantes en relación al de la península, que se hacen más amplias en cuanto hablamos de gastronomía. No es infrecuente (en países como Chile, por ejemplo) que uno se siente en una mesa o delante de la carta de un restaurante de comida rápida y no entienda la mitad de las cosas que contiene También son abundantes las abreviaturas de platos de comida rápida que es posible encontrar a lo largo de todo el continente, como las salchipapas (salchichas con patatas en un recipiente generalmente de plástico) o el choripán (que obviamente es un bollo de pan con chorizo). Y es que desde Bolivia y hacia el norte de Sudamérica (con menos proliferación en Centroamérica, pero también son visibles) desde la media tarde, las calles se llenan de puestos ambulantes donde es fácil encontrar estos tentempiés y todo tipo de comida rápida. Los numerosos puestos de fruta, sobre todo en las zonas donde se produce fruta tropical (Perú, Ecuador, Colombia y todo Centroamérica fundamentalmente, aunque no exclusivamente) llenan las calles de colorido y proporcionan refrescantes sensaciones al paladar. Comer buen pan en América del Sur y Central, es más difícil que comer buena fruta tropical en España. Solo en México el pan -que para nosotros es normal- es fácil de conseguir y además está buenísimo (por ejemplo la variedad bolillo, que se puede encontrar por un peso). En otros países como Brasil, Argentina y Chile es, generalmente, regular. No es malo en Bolivia –donde hay excelentes variedades de pan integral- y en el sur de Perú.A partir de aquí prácticamente desaparece, existiendo un empalagoso surtido de panes blandos y dulces –a veces con sabores anisados-, que más bien parecen repostería de baja calidad. Solo en algunas ocasiones hay algo parecido a las barras de pan, habitualmente bajo la denominación de pan francés, que suele ser caro y malo. Aquí va un breve compendio de propuestas para comer en el continente americano por un presupuesto ajustado. Isla del Sol (Bolivia)Brasil: Como en casi todos los aspectos, es el país más caro del continente, aunque gracias a los establecimientos de “todo a kilo”, se pueden degustar exquisitos platos (a veces está incluido el churrasco, a veces se cobra a parte) por entre dos y tres euros por persona en las grandes ciudades y por algo más en los lugares pequeños. Es una fórmula excelente, en la que se paga proporcionalmente a lo que se come. El centro de Río de Janeiro esta lleno de este tipo de establecimientos, mientras que en el de Sao Paolo hay una amplia gama de locales de comida rápida y tentenpiés, que en muchas ocasiones ofrecen menús que comprenden algo de comer y un jugo. Argentina: Comer en Argentina es incluso más caro que en Brasil, aunque dada la calidad de sus carnes y del marisco en el sur, la relación calidad-precio suele resultar excelente. Los restaurantes de tenedor libre hacen posible comer todo lo que se quiera por un precio fijo, que en Buenos Aires arranca desde los 3,50-4€ y que en Patagonia se eleva en un 50% o más. No estuvimos en el norte del país, pero Flor y Flopa, que lo conocen perfectamente, nos dijeron que allí es posible comer parrilladas incluso por 2-3€. Algunos de estos establecimientos –al menos en la capital y al igual que los pequeños supermercados- están cayendo en manos de los chinos y en ocasiones, la calidad está decayendo un poco. En Patagonia se puede comer el rico cordero a la patagónica, la merluza negra o la centolla a unos precios que resultan bastante interesantes, aunque ya se salen de los presupuestos más económicos. En muchos supermercados hay comida preparada, que en todas las ocasiones en que dispusimos de ella estaba deliciosa y que permite almorzar divinamente desde unos 2€ por persona. En el desayuno, tienen presencia las ricas medialunas (croissant) y el empalagoso dulce de leche (como habréis notado, no me gusta nada, salvo en bolas de helado). Y no podía poner fin a este capítulo sin referirme a las riquísimas empanadas argentinas, rellenas (y digo rellenas, porque lo están hasta casi los bordes) de ricos ingredientes como queso, tomate, atún, pollo, verduras… En la mayoría de los sitios las sirven calentitas y están realmente deliciosas. Su precio ronda los 1,5 pesos por unidad, lo que supone menos de un tercio de euro. Valparaiso (Chile)Ojo: Lo que en Argentina y en otras partes del continente se conoce como chorizo, no es lo mismo que entendemos como tal en España.
Uruguay: No permanecimos el suficiente tiempo en el país para empaparnos de la cocina uruguaya, aunque nos pareció que está en bastante sintonía con la comida argentina. Precios algo más bajos en este país y opciones de comida rápida que os deberían llenar por unos 2€ por persona. Chile: Fue en este país donde empezamos a tomar contacto con el ají (que al llegar a México se transforma precisamente en chile), que es una especie de guindilla con la que se hacen exquisitas salsas (algunas conservan las pepitas, aunque las más finas no). Se trata de una auténtica delicia para los amantes del picante –como en nuestro casa- y lo mejor es que en cada sitio donde lo pruebas, lo preparan de un modo diferente (aunque con una base similar), estando en todas partes exquisito. Chile es un país donde predominan los atractivos naturales, por lo que muchos días habrá que comer bocadillos o similares. La comida de supermercado en las grandes cadenas es bastante buena y permite llenarse por poco más de 2€ por persona. Mientras que en los restaurantes es posible comer menús por precios algo superiores. También se puede subsistir a base de comida rápida, aunque como he dicho, a veces cuesta entender las cartas (por ejemplo, debéis saber que cuando se refieren a la palta quieren decir aguacate). Comida muy económica hay en los restaurantes llamados “fuentes de soda”.Un plato típico muy rico (aunque grasiento) es la pichanga, que se elabora de distintas maneras. Suele tener distintas variedades de carne y salchicha, patatas fritas y a veces queso y verduras. Otro es la chorrillana (ternera, con huevos fritos, patatas fritas y cebolla, puestas en capas). Colonia del Sacramento (Uruguay)También en la costa (y Chile es todo costa) hay excelentes pescados y fue aquí –concretamente en Puerto Montt- donde vimos por primera vez los mejillones y las almejas disecados –más bien deshidratados- y expuestas en la calle en ristras (más adelante nos contarían que hay que ponerlos en agua para que se hidraten y darles un hervor, pero nunca sentimos la curiosidad de probarlos). Como en otros muchos países, tratan con escaso esmero –o al menos con muy malos resultados- de imitar las empanadas argentinas. Al menos las que venden en las panaderías de San Pedro de Atacama se dejan hincar el diente, aunque son bastante más caras que las del país de los gauchos. Bolivia: A partir de este país nos encontramos con un fenómeno que va a estar presente a lo largo de todo el continente en dirección norte, que son los comedores populares, que generalmente están ubicados en los mercados. Es una opción bastante económica y se come bastante bien, aunque de forma incómoda, dado que los espacios son reducidos.
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