Oporto, Braga y Guimaraes Píldoras de esencia portuguesa Todos los textos y fotos de este relato son originales. Queda permitida su reproducción parcial en otros sitios webs, siempre que no se usen con fines comerciales, se cite la fuente de procedencia y se me informe de ello, a la dirección de correo electrónico, que aparece en la página principal de esta Web
Ir a: Página de Inicio o al resto de las páginas del relato: 2 3 4 Recomendaciones sobre Oporto de Álvaro, Fernando, Isaac Molina y otros La primera vez, que viajé a Portugal –y al extranjero-, era toda una mocosa. ¡Ahora, en esta última, ya estoy hecha, toda una carcamal!. Entre ambos puntos, claro, un montón de experiencias. Oporto Aquel bautismo viajero, fue con mis padres, unos meses antes, de que muriera Franco, en 1.975. Yo tenía, poco más de cinco años. La excursión consistió, en hacer en una jornada, el trayecto que une, Bayona con Oporto, pasando por Viana do Castelo y alguna otra población, que ya no recuerdo. Para mis progenitores, una auténtica aventura, dado que era la primera vez, que abandonaban el suelo patrio. Para mi, una vaga evocación. Supongo que ellos, compraron muchas sábanas y toallas, como era típico en la época, pero a mi, solo me viene a la mente, que trajeron para España, muchos kilos de café, alegando, que era bueno y barato (supongo, que vendría de las colonias portuguesas). Bueno. Y también recuerdo, lo mal que conducían los portugueses y que apenas había, señales de tráfico. ¡Me impresionó, como si fuera el Vietnam, que conozco hoy en día!.
Mis padres, muy implicados políticamente, en aquellos tiempos convulsos, en realidad, estaban más atraídos por la curiosidad de contemplar, la eficacia de la Revolución de los Laureles, que por cualquier otra cosa.
Tuvieron que pasar cinco años, para la segunda incursión en Portugal, esta vez, hacia Lisboa y alrededores. Mis recuerdos, en esta ocasión, están más ligados a los juegos y aventuras de infancia, que disfruté, con chavales y chavalas de mi edad. Aunque, si me vienen a la mente, estampas de la bella Sintra, el monasterio de los Jerónimos, el casino de Estoril o la inquietante Boca del Infierno. Y la más agradable sensación: El olor de esos deliciosos bollos de pan, pequeños y altos, tan típicos del país vecino, que nos zampábamos, cada mañana, con mantequilla y mermelada. ¡En nuestra aventura de este fin de semana, he tenido la suerte, de volver a disfrutarlos, con gozo y pasión!
La cosa, debió salir a gusto de todos, porque volvimos al año siguiente, aunque esta vez, al Algarve, para disfrutar, de increíbles días de playas, olas, cuevas inexploradas, calas imposibles y del juego del plato (ese que se lanzaba, como si fuera un platillo volante). Cogía camarones en las charcas de las rocas, percebes agarrados a los riscos y fantaseaba, con unas pequeñas y preciosas medusas, verdes o rojas, en forma de campana. Aquí empezó, mi afición por el snorkel, que proseguiría, dos años más tarde, en el paraíso de Cabo de Gata.
Todavía y sin Unión Europea de por medio, al cruzar las fronteras, las medidas de control eran estrictas y no resultaba infrecuente, que te abrieran el maletero, en la aduana. Es en este punto, donde entraba en acción mi padre, colocando todos los juegos de tazas de té y más artículos del estraperlo, en cajas, abajo del todo y poniendo las cosas más cochambrosas y sucias encima, para que los polis, desistieran de registrar, lo antes posible. ¡Solía funcionar!. Braga En 1.992, después de unos cuantos viajes, junto a una relación ya consolidada, de casi cuatro años, con la misma persona, con la que comparto mi vida ahora, quise revivir la infancia y la adolescencia y huyendo de las Olimpiadas de Barcelona y de la Expo de Sevilla, nos hicimos de camping, el Algarve, Lisboa y el norte del país, en un viaje, de sensaciones muy especiales: Nos colamos en el castillo de Sintra, entre un grupo de Japoneses; nos refugiamos en la catedral de Lisboa, de un enorme bigardo negro, que nos perseguía, con el fin atracarnos –Lisboa me pareció, entonces, una ciudad insegura- o tomábamos Sagres –cerveza local- y calimocho, tras el atardecer, en las vacías playas. Una noche, en la de Oeiras (alrededores de Lisboa), vimos desembarcar, un cargamento de marihuana Y, como no podía haber quinto malo, decidimos abrir el programa viajero de 2.010, marchándonos a Oporto, Braga y Guimaraes. El periplo, ha resultado fantástico. Cualquiera de las tres ciudades, merece una visita a la zona. Pero lo que más me ha agradado, es encontrarme un Portugal, ordenado, trepidante, moderno, vibrante, barato…; unas ciudades magníficamente cuidadas y limpias, con amplias zonas peatonales y sobre todo, a una población muy cortés y educada. Ya no es, que no se detengan en un stop, como hace 35 años, sino que lo hacen, en los pasos de cebra o incluso, cuando no los hay, si es que te ven, apurado. Tengo la sensación, de haber visto crecer a Portugal, en los últimos 35 años, más incluso, que a mi misma o a la propia España. Y es que de la convivencia intermitente, se saca mucho más jugo, que de la diaria.
Vamos ya con las cuestiones generales, no sin antes mostrar, mi más sincero agradecimiento, a todas las personas, que con sus recomendaciones, a través del correo electrónico, me ayudaron a preparar este viaje y que aparecen en el enlace, que está debajo del título de este relato Guimaraes
ESTUVIMOS ENCANTADOS CON...
-Conocer a Alejandro, un canario afincado en Málaga, con el que tal vez, podamos acometer, algún proyecto viajero futuro.
-El transporte público –incluidos trenes urbanos-, de Oporto, su extrarradio y las ciudades próximas
-La temperatura que disfrutamos (rozando los 20 grados, en las horas centrales del día).
-El supermercado Froiz, de Oporto (el único que vimos, en esta ciudad)
-La arquitectura portuguesa y que las iglesias, tengan tantos coloridos azulejos
-El pavimento empedrado, de calzadas y aceras
-Los mandarinos o naranjos, en las ciudades o alegrando, el paisaje campero. Oporto -Los precios de la comida, del vino –no así, de la cerveza-, de los hoteles, de la ropa…
-La comida portuguesa (especialmente, el bacalao y el robalo o lubina)
-Los vinos de la casa, de los restaurantes (verdes y maduros) -Los apetitosos bollos de pan
-Los pastelitos de nata.
-La amabilidad del personal, del hotel Río Grande (y su generosísimo desayuno, para el precio pagado)
-Que sea gratis, entrar al Castillo de Guimaraes
-Que los supermercados abran los domingos, con horario casi normal. Braga ACABAMOS HARTOS DE... -El registro de nuestro pequeño bulto de mano, en el aeropuerto de Barajas, en el que participaron, de una u otra manera, ¡seis personas!..
-El calor, que hace en la zona de tránsito de la Terminal 1. También en los Alsa, que unen Madrid y Valladolid
-Subir tantas cuestas (sobre todo en Oporto).
-Que nos costara tanto, encontrar el Mal Cozinhado, por una caraja mental nuestra.
-Que el Duero por Oporto, no traiga mucho agua
-Que en Oporto, haya más buscavidas, de los que debiera
-La poca vida nocturna de Oporto (a pesar de que, según la guía, abunden las discotecas). Guimaraes -La repentina lluvia, del atardecer del sábado, que nos empapó el calzado y nos mandó, antes de lo deseado, al hotel.
-Que el Barcelona, le ganara al Valladolid.
-Que las máquinas automáticas, de venta de billetes de tren, no te avisen, de que no tienen cambio, en ese instante –cosa que debe ocurrir, de manera bastante frecuente- y te den un vale, a canjear en dinero, en otro momento y en otro punto. Si estás a poco tiempo, de irte del país, esto constituye un problema.
-Lo caro que es, el vino de Oporto.
-El bulto de mano: Recién estrenado y recién roto (y de tener que llevarlo, como petate militar). ¡¡Estas mochilas de los chinos!! -Lo sucios que están, algunos baños públicos. Oporto
ITINERARIO DEL VIAJE
En esta ocasión, decidirse por un itinerario, no fue tan difícil, como otras veces. Contábamos con 3 días, un sitio imprescindible, para visitar –Oporto- y otros tres, para elegir dos de ellos. En un principio, nos quedamos con Aveiro y Braga, descartando Guimaraes. Pero fueron varios, los lectores de esta web, que nos indicaron, que nos decidiéramos, por este último destino y descartásemos Aveiro. Y nosotros, así lo hicimos.
Por tanto, la cosa, ha quedado de la forma siguiente: Día 1.- Valladolid-Madrid-Oporto (desde las nueve de la mañana, en la ciudad portuguesa). Día 2.- Braga y Guimaraes. Es indiferente, hacer primero, una que otra. Lo único, que los actuales horarios de los trenes urbanos -al menos en domingo-, te permiten madrugar un poco menos, organizándolo de esta forma. Y decir, que una jornada, es plazo suficiente, para conocer sin agobio alguno, ambos destinos (incluso en enero, mes en que ano chece a las seis).
Día 3.- Oporto-Madrid-Valladolid (saliendo de Oporto, por la tarde) Itinerario del viaje
MEDIOS DE TRANSPORTE UTILIZADOS
-Avión
Como otras tantas veces, fue Ryanair, quien decidió el destino, de nuestras escapadas, con los precios de sus boletos aéreos. Justo después, de volver de Estados Unidos, a finales de noviembre, encontramos billetes para Oporto, a dos euros el trayecto –todo incluido- y, por supuesto, no nos lo pensamos dos veces.
Hay que tener en cuenta, que desde el 1 de enero, de 2.010, la aerolínea irlandesa, ha decidido dejar de bonificar, la tarjeta de pago, Visa Clasic. Ahora , es otra más extraña, llamada, Mastercard prepaid, la que ostenta este honor. Al menos en mi banco, tiene una comisión de 12 euros al año, pero según me dijeron, presenta el inconveniente, de que hay que tenerla recargada, con un mínimo de sal do. Me informaré más a fondo y en alguna próxima reflexión viajera futura, comentaré si interesa. Aunque me temo, que si se viaja mucho, sí.
-Tren
Esta es la web, de la compañía estatal portuguesa : Guimaraes
www.cp.pt/cp/displayPage.do?vgnextoid=87cbd5abe2a74010VgnVCM1000007b01a8c0RCRD
Para los trayectos que hicimos, es conveniente servirse de los frecuentes trenes urbanos (U). Tardan algo más que los regionales, interregionales y por supuesto, que los intercity, pero son, muchísimo más baratos. En este medio, realizamos los tramos Oporto-Braga y Guimaraes-Oporto. Los trenes urbanos, son limpios y relativamente confortables, pero no tienen baño (o no lo vimos). El revisor, pasa bastante a menudo, así que mejor no arriesgarse, a viajar sin título de transporte
Todos los trenes, pasan por la estación central de Oporto, la de Campanha. Pero los que van a Guimaraes y Braga, salen desde Sao Bento, que está mucho más céntrica y normalmente, más cerca de los alojamientos de los viajeros.
-Autobús: Es más caro, que los trenes urbanos y para bastantes veces. El que tomamos –muy confortable, limpio y nuevo-, nos llevó, de Braga a Guimaraes. Se puede hacer este trayecto en tren, pero hay que hacer trasbordo, en una estación intermedia, con lo que se pierde más tiempo y no sale a cuenta.
En el siguiente enlace, aparecen lso horarios, de los buses que unen, ambas ciudades: www.algarvebus.info/054.htm . Los servicios se reducen bastante, sobre todo, los domingos y festivos Braga
-Transporte público y privado úrbano:
La red de metro de Oporto, es nueva, limpia, eficiente y relativamente barata. Hay que estar siempres pendiente de los paneles, que indican la dirección del tren, porque desde el mismo andén, suelen partir, a distintos puntos. El sistema de tarificación, es por zonas. El metro conecta el aeropuerto (billetes de zona 4), en unos 45 minutos, con la estación de Trinidade (línea violeta), cerca del Ayuntamiento y del céntrico Paseo Aliados. Se puede cambiar a Sao Bento, tomando la línea amarilla, pero no merece la pena. ¡Mejor, paseando!.
No cogimos taxis, ni autobuses urbanos. El tráfico, no nos pareció, demasiado caótico, pero hay que constatar, que la mayor parte de nuestro viaje, transcurrió en fin de semana.
Hay barcos, que por la cantidad de 10 euros/pasajero, te embarcan en un circuito, a lo largo de todos los puentes del Duero, en Oporto.
Las tres ciudades mencionadas, se pueden visitar perfectamente, caminando. Eso sí, están llenas de cuestas, así que mejor, no alquilar bicicleta (transporte, que vimos, en contadas ocasiones). |
