Sur de Lombardía y Emila Romaña Bonitas y enternecedoras estampas, de la Italia provinciana Todos los textos y fotos de este relato son originales. Queda permitida su reproducción parcial en otros sitios webs, siempre que no se usen con fines comerciales, se cite la fuente de procedencia y se me informe de ello, a la dirección de correo electrónico, que aparece en la página principal de esta Web De nuevo, podríamos empezar esta narración transalpina, detallando situaciones, que nos pusieron de los nervios –alguna, pudo tener graves consecuencias- y que en esta ocasión, fueron provocadas por Trenitalia (compañía de ferrocarriles italianos). A lo largo del viaje, de nueve trenes que tomamos, cinco llegaron con retraso y uno, muy tarde –en realidad, nunca llegó-. ¡Ya véis: Cuando no nos la juega Alitalia, lo hace alguna compañía de autobuses y si no, como esta vez, el monopolio TrenItalia!. O tenemos muy mala suerte –que lo dudo- o el país de Berlusconi, en materia de transportes, ¡está hecho un desastre!.
Pero no. A pesar de las tentaciones, que violentamente me acechan, no voy a empezar por este asunto, sino por el principio. Porque este periplo, en realidad, comenzó un día antes de nuestra marcha, con otro viaje, aunque en esta ocasión, en el tiempo.
Era sábado por la tarde y nos habíamos citado, para tomar unas cervezas, con antiguos amigos del instituto. Sin dudarlo y para darle más tintes de reality show, podíamos haber titulado el evento, “Curso del 84”, pero preferimos no hacerlo. A Alguno los asistentes, lo habíamos visto, no hace más de tres años, pero nuestros últimos encuentros con otros, se circunscribían a más de quince. Si los viajes en el espacio son una aventura, los que se hacen a través del tiempo, provocan una avalancha de emociones y recuerdos, más o menos deformados o dulcificados, por el paso de los años. Modena Allí estuvimos durante horas, recordando nuestros tiempos ochentenos, como si se tratara de ayer. Cuando teníamos veinte años y los cuarentones nos hablaban de los sesenta, en nuestro foro interno, nos decíamos: “Ya están aquí, los abuelos cebolletas, con sus historias y batallitas rancias”. Ahora nosotros, hemos ocupado su papel, convencidos, de que los ochenta son cosa del pasado reciente –y no de casi veinticinco años atrás- y de que con nuestros recuerdos, no aburrimos a cualquier veinteañero.
Pero eso es otro cantar, porque al menos entre coetáneos, disfrutamos de lo lindo, con remembranzas adolescentes y de instituto y nos contamos también, las partes desconocidas de nuestras vidas, una vez que nos separamos. Y es que a pesar de llegar a ser íntimos y como es natural, nuestras cuerpos y mentes, siguieron caminos diferentes y a veces, diametralmente opuestos.
Sin embargo, rápidamente, comprendimos dos cosas: Por un lado y con bastante aproximación, cada uno hemos ido por la senda que se nos suponía, por nuestro carácter y proyectos. Por otro, a pesar de todas las cosas que nos separan –que no son pocas-, fuimos amigos de esta gente, por un fuerte núcleo común, de pensamientos y actitudes esenciales ante la vida, que nos unían y, por supuesto, nos unen. ¡Que verdad es ese refrán, que dice: “Dios lso cría y ellos se juntan”!.
No voy a negar, que los viajes en el tiempo, tienen un cierto componente maléfico: Y es que, aunque no se diga, es imposible evitar pensamientos, tipo: “¡Mira esta, la tía más buenorra de la clase y como está ahora!” o “¡joder este, que mal envejecer ha tenido: Apenas le quedan cuatro pelos y le sobran cuarenta kilos!”. ¡Porca miseria!.
Pero a pesar de estos riegos, os animo enfervorizadamente, a que cerréis los ojos y viajéis en el tiempo, porque son más las sensaciones de placer, que las de frustración. Tanto me emocionó el inesperado reencuentro, que esa noche, me costó muchísimo conciliar el sueño, sintiéndome el día de nuestra partida, con bastante cansancio.
En fin. Vamos ya, con el viaje en el espacio, que durante tres días, nos ha llevado a través del sur de Lombardia y de Emilia Romaña y que no consiguió, finalmente, frustrar Trenitalia. Ha sido una bonita y aprovechada escapada, aunque en cuanto a atractivos turísticos, hallamos algunos más, en la que hicimos a mediados de agosto, al norte de Lombardia. Ferrara
MIS CINCO…
La habitual sección de “Mis Diez…”, que ordena de mayor a menor, las cosas que más nos gustaron, queda en esta ocasión reducida, por motivos obvios, a tan solo cinco. Por supuesto, tiene un alto componente de subjetividad, así que se debe tomar, simplemente como información orientativa y personal.
1.- Ferrara 2.- Modena 3.- Mantova 4.- Parma. 5.- Cremona
Todos los lugares, merecen ser visitados. Incluso, Cremona, que si bien no tiene un número muy importante de monumentos, cuenta con uno de los duomos, más bellos de Italia. Solo por contemplarlo, merece la pena la visita.
Dejamos fuera de este tanking, Milán, Bergamo y Bolonia, por las que paseamos un rato. Las dos primeras, porque ya fueron evaluadas en relatos anteriores y la última –ciudad en la que dormimos-, porque ya la habíamos visitado, en un par de ocasiones anteriores. No obstante, si hubiera que clasificarla, estaría, al menos, al nivel de Ferrara.
ESTUVIMOS ENCANTADOS CON…
A pesar, de que solo viajamos durante tres días, fue periodo suficiente, para acabar encantados de unas cosas y hartos de otras. Veamos.
-La siempre puntual Ryanair (a la vuelta, incluso, 25 minutos de adelanto, sobre el horario previsto).
-Encontrar, degustaciones gratuitas de alimentos (la generosa inauguración de una pizzería en Parma y una especie de feria de gastronomía, en Modena, con productos de pago y otros sin coste alguno). Parma -El benigno clima. Como muestra, el primer día, hacía 22 grados, a las diez de la noche.
-Que los supermercados, de las estaciones Centrale y Porta Garibaldi, abrán durante todo el domingo (son caros, pero sacan de apuros gastronómicos o etílicos)
-El pan, el queso parmigiano (parmesano, el famoso azeto (vinagre) balsámico de Módena, el vino dulce, de uba Malvasía y el champán de Emilia Romaña.
-Las cinco variedades de pasta, que nos hemos traído y que no se vende en España: Especialmente, una llamada Paccheri (macarrones gigantes, de unos cinco centímetros de largo y con un diámetro de circunferencia interior, de unos tres)
-El ambiente de las plazas, como siempre, encantador. Sería capaz de descubrir, que me encuentro en una plaza de Italia, aunque me llevaran, en un vuelo sin saber el destino y con los ojos vendados.
-El encanto provinciano, que se respira en todos los lugares visitados (salvo en Bolonia, ciudad mucho más cosmopolita)
-La buena forma de vestir –sencilla, pero elegante-, de las gentes del norte de Italia (sobre todo, de las mujeres).
-Los belenes de las tiendas, de Cremona (preciosos y con precios para todos los bolsillos: Desde 19 euros, hasta más de 600)
-El conductor del autobús, que sustituyo al tren averiado, de Treitalia y que sin cobrarnos un euro, nos llevó hasta el aeropuerto, de Bergamo, de madrugada, cuando ya no hay transporte público (solo tenía obligación, de transportarnos hasta la estación de ferrocarril). ¡Nos salvó la vida –bueno, más bien, de las garras de los taxistas-, a más de veinte personas.
-El cosmopolitismo del aeropuerto, de Bergamo Cremona
ACABAMOS HARTOS DE…
-Que las obras de la estación Porta Garibaldi, de Milán, sigan más o menos como en agosto, habiendo pasado dos meses. ¡Van para largo!.
-Que la gente, hable a gritos por el móvil, en los vagones del tren (a veces, hasta que se les agota la batería).
-Que en Italia, los domingos esté todo cerrado.
-La lejanía de nuestro hotel, en Bolonia
-Las bicicletas –en todas las ciudades visitadas, pero especialmente, en Ferrara-. Los ciclistas –a diferencia de los automovilistas, no respetan a los peatones-.
-La torta típica, de Mantova (seca y sin apenas sabor a nada)
-Las pizzas, cuya base, es un grueso pan semiesponjoso (casi, como si fuera de molde)
-Que en todos los paquetes de pasta, ponga que para cuatro personas, deben usarse 320 grmos -80 cada una-. Esa cantidad, nos la comemos nosotros dos, cualquier día y de primer plato.
-Dormir en el aeropuerto de Bergamo (ya es la segunda vez) y de que te despierten a las cuatro menos veinte de la mañana (aunque con mayor educación, que hace dos meses)
-Trenitalia: Si sumamos todos los hartazgos anteriores, no llegan a la intensidad de este. Mantova
EL ITINERARIO DEL VIAJE
Quedamos tan encantados, con el viaje del puente de agosto, por el norte de Lombardía, que a los dos días de regresar y gracias a las facilidades de Ryanair, en cuanto a precios, empezamos a organizar este. El primer itinerario, lo elaboramos en cinco minutos, por el sur de Lombardía. Era el siguiente:
Día 1.- Valladolid-Bérgamo, Pavia y Lodi Día 2.- Piacenza, Cremona y Mantova Día 3.- Milán (mañana), Bérgamo-Madrid-Valladolid,
Parecía que iba a ser el definitivo, dado que durante mes y medio, no hubo otras alternativas. Pero cuando se dispone de tiempo libre, se empieza a enredar, por lo que surgió, un segundo proyecto, con los mismos lugares, pero en un orden más práctico y lógico. Tal que así, lo escribí en su día, en los preparativos del viaje:
“No hemos alterado, las localidades a visitar, aunque si el itinerario, porque el primer día, resultaba bastante comprimido, teniendo en cuenta, las conexiones ferroviarias. Eso hace que el segundo, vaya a ser, una auténtica sobrecarga muscular. Todo el itinerario, como la escapada que hicimos por el norte, lo haremos en trenes regionales, que son bastante baratillos.
Llegaremos a Bergamo, procedentes de Valladolid, a las once de la mañana. Desde la estación, tomaremos un tren a Milán Lambrate (estoy realmente harta, de que Milán, tenga tantas estaciones ferroviarias). Desde aquí, otro a Pavía, a la que dedicaremos la tarde. Luego, emprendemos el camino de vuelta a Milán, para alojarnos, en el hotel Gambara. ¿Alguien tiene idea, de donde se haya una zona de marcha, junto a unos canales, en esta ciudad?. Me han hablado de ella, pero sin poderme dar más pistas.
Día 2. A todo trapo. A las ocho de la mañana, tren a Lodi, también desde Milán Lambrate. Una horita y media y a Piacenza, en Emilia Romaña, que es la región, que está situada, al sur de Lombardía. El mediodía y la tarde, los dedicaremos a Cremona y la bella Mantova (Mantua, en español). Al día siguiente, por la mañana, un refrescante paseito, por Milán y a la hora indicada, traslado al aeropuerto, con destino a Madrid. Alsa a Valladolid y fin de nuestros servicios”.
Pero al día siguiente, tiraba todo por tierra y escribí esto:
“Cambio de planes: Enredando por internet y jugando mucho con la web de Trenitalia, he descubierto un itinerario para el día 2 -el 1 no cambia-, mucho más atractivo (más o menos, en forma de óvalo). Habrá que madrugar bastante -el primer tren, es a las siete y media y tenemos 14 estaciones de metro, para llegar a Milán Lambrate- y ver Crémona, de noche (eso iba a ocurrir, de todas formas, porque para ir de Mantova a Bérgamo, hay que cambiar en esta ciudad).
Así que el día 2, queda así, partiendo de Milán: Parma, Modena, Mantova y Cremona. Hemos añadido, por tanto, las dos primeras y eliminado, Lodi y Piacenza. ¿Será el recorrido definitivo?. Lo veremos”. Modena Y unos cuantos días después, ya me iba aproximando al itinerario, que casi ha sido, con el siguiente planteamiento:
Día 1.- Valladolid-Bérgamo, Parma, Modena y noche en Bolonia (sin visita de esta ciudad, porque ya la conocemos). Día 2.- Ferrara, Mantua, Cremona y Milán. Día 3.- Milán, Bergamo-Madrid-Valladolid.
He querido poner aquí, todos los itinerarios proyectados, para que veáis, las múltiples posibilidades, que existen, a la hora de confeccionar un recorrido, aunque solo sea de tres días.
Por fin, vamos con el periplo real, el que hemos llevado a cabo.
Día 1.- Valladolid- Bergamo (una hora), Milán (solo hora y media), Parma (dos horas y media), Modena (mismo tiempo) y Bolonia (para pasar la noche, dado que en Ferrara, que será nuestro siguiente destino, los hoteles son muy caros). En el capítulo del alojamiento, se ofrecen más detalles de este asunto.Recorrido por el sur de Lombardía y Emilia Romaña Día 2.- Bolonia (una hora), Ferrara (3 horas), Monselice (diez minutos, para hacer un cambio de tren), Mantova (tres horas), Cremona, (dos horas y media) y aeropuerto de Bergamo (pasamos noche).
Día 3.- Mañana en Bérgamo y por la tarde, vuelo desde Orio al Serio, (Bérgamo), a Madrid y posterior Alsa, a Valladolid, desde la misma T4.
Realmente, hicimos ímprobos esfuerzos, por poder incluir Ravenna –la ciudad de los mosaicos-, en el itinerario del segundo día. ¡Imposible!. El trazado férreo, no permite hacer el teórico triángulo, Bolonia-Ravenna-Ferrara. Hay que volver desde la segunda a la primera, para llegar a la tercera, lo que añadía, tres inviables horas más de viaje.
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