Etiopía, Golfo Pérsico, Myanmar, Sri Lanka, india y Nepal/1

joomla visitors




Etiopía, Bahrein, Emiratos, Omán, Myanmar, Sri Lanka, India y Nepal


Viaje a través de las cuatro principales religiones


Todos los textos y fotos de este relato son originales. Queda permitida su reproducción parcial en otros sitios webs, siempre que no se usen con fines comerciales, se cite la fuente de procedencia y se me informe de ello a la dirección de correo electrónico que aparece en la página principal de esta Web


Ir a la página:    Principal    o al resto de las páginas del relato  


1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   11   12   13   14   15   16   17   18   19   20   21   22   23   24   25   26   27   28   29   

30   31   32   33   34   35   36   37   38   39   40   41   42   43   44   45   46   47   48   49   50  51   52   53   54   55   56   

57   58   59   60   61 


             

Es 29 de noviembre. Después de un desesperante retorno, desde Katmandú –que ha incluido una noche de dos vuelos, con casi la pérdida del enlace en Bahrein y 24 horas en el milanés aeropuerto de Malpensa-, ponemos punto final, al año más viajero de nuestras vidas, que además de este periplo de seis meses, a través de ocho países nuevos –Etiopía, Bahrein, Emiratos, Omán, Myanmar, Sri Lanka, India y Nepal- y dos ya conocidos –Tailandia y Malasia-, incluyó a lo largo del primer trimestre, un apasionante viaje por el África austral y del este. ¡No se puede pedir más!.

 Fort  Kochin (India)

            De todas formas, no sé, porqué extrañas y poderosas razones –más allá de las comprensibles demandas familiares y de amigos-, nos habíamos planteado como meta para este año, pasar las Navidades en casa, después de la contradictoria experiencia de las anteriores, disfrutadas y padecidas –casi a partes iguales-, en la insulsa y aburrida, Botswana.

 

Siempre, habíamos soñado pasar tan señaladas –y para nosotros, anodinas fechas, sin más connotaciones, ni negativas, ni positivas, sobre el asunto-, en el hemisferio sur, con calorcito. Pero creo, que por mero azar, no caímos en el destino más adecuado. Habrá que intentarlo en el futuro, de nuevo. Aunque en esa ocasión, yendo a destinos más atractivos para esa época, como Brasil o el Caribe.

 

             Así, que sin planes viajeros para lo que resta de 2.011, aquí nos hayamos, ubicados en la rampa de salida de la Navidad, como todo hijo de vecino. Sabemos, que no nos hallamos muy bien posicionados, dado que aquí, ya lleváis dándole al rollo Christmas, unas cuantas semanas (parece un tópico decir, que cada vez empiezan antes, pero no deja de ser verdad).

 

            Tenemos además, que recuperarnos del extraordinario shock. Pasar de la contemplación del Anapurna  y de los maravillosos templos de Katmandú y sus alrededores, a los villancicos pastelones del Supercor –donde hacemos nuestras primeras compras de emergencias, nada más desembarcar del bus, a la llegada a nuestra ciudad-, a los niños refunfuñando –en todas partes y por todo- o a los opulentos, aunque mentalmente insustanciales abrigos de zorra, pululando por las tiendas y la urbe, en general. No resulta nada fácil, en poco tiempo y requiere de una readaptación cerebral mínima.

 

            También, la climatología nos mantiene bastante aturdidos. Discurrir, sin apenas etapas intermedias, entre los 35 grados de Janakpur, de hace unos días y los cero de Valladolid, no resulta nada fácil y nos apropiamos de todos los virus de Europa, en forma de severo trancazo –nasal y de garganta-, incluso antes de poner los pies en nuestra casa.

 

            Llegar a las puertas de diciembre, a la recta y aburrida Castilla, con sandalias de verano tropical –apenas protegidas por los calcetines entregados en el correspondiente pack, por la compañía aérea, para pasar la noche-, manga corta y tan solo cobijados, por una cazadora North Face falsa –comprada a menos de cinco euros la unidad, en el mercadillo de Pokhara-, no resulta lo más gratificante para el cuerpo (ni tampoco, aunque no se le ponga la piel de gallina, para el espíritu).

 

            Pero, bueno. Este tema es el que mejor se asume, porque ya hace tiempo que decidimos, viajar con un equipaje mínimo –y más, por los trópicos, que es por donde se ha desarrollado la mayor parte de este rutilante periplo- y comprar solo lo más básico y urgente, en nuestro previsto –aunque no seguro, cuando partimos-, retorno otoño-invernal, que tiene más de lo segundo, que de lo primero.

 

            En un principio –y tal como publiqué en bastantes rincones de la web-, este era nuestro cuarto y último viaje largo. Pero, ya hace un par de meses y durante su transcurso, que decidimos, que con el 2.012 ya empezado –sobre mediados de enero y no más, para no meternos en la franja de las altas temperaturas de la zona-, abarcaremos un quinto periplo, algo dilatado –y estimado entre el mes y medio y los noventa días-, por algunos países de África occidental, a elegir, entre Senegal, Gambia, Mali, Burkina Faso, Ghana y Benin.

 

Previamente –y esos boletos ya están comprados-, volaremos desde Valladolid a Barcelona (4 euros), de Girona a Lárnaca (Chipre) -19 euros- y tras la visita de este minúsculo país, a Beirut (unos 80 euros). Y es, que sale por casi la misma cantidad, volar desde Madrid a Dakar, que desde la capital de Líbano, por increíble, que parezca (unos 35º euros)..

 

Y después de esto –y, entonces sí-, colgaremos definitivamente las botas, en caunto a viajes de medio y largo radio. Trataremos de reorientar nuestras vidas –si es que nos dejan- por nuevos senderos y el placer de viajar –para esa época, ya llevaremos  unos 115 países visitados-, quedará tan solo, para los periodos vacacionales y los puentes (si es que no nos los quita el Gobierno).

 

Tendrán, que transcurrir los fríos de diciembre, los polvorones y los mazapanes –dulces emblemáticos, a mi entender, cada vez más casposos-, los obsquios de empresa a empleados –cada vez, menos frecuentes-, las emociones familiares –más o menos desordenadas- y los regalos de los Reyes Megos –a quienes no parece afectar mucho la crisis-, para el inicio de ese nuevo y apasionante proyecto.

 

De momento y hasta entonces,  permaneceremos inmersos en los recuerdos del viaje, ya vivido y trataremos de trasladarlos, de forma tan personal como siempre, a estas páginas. Debo advertiros, de que no va a ser un trabajo fácil, ni corto, dado que tenemos la suficiente información y el escaso tiempo, para que esta narración se pueda ir dilatando, durante varis meses (incluso años). Pero, el firme propósito, como siempre, es concluirla. Porque, un viaje no escrito, va muriendo en las lagunas de la memoria y el olvido y eso si, que no podemos permitírnoslo.

 

Otro suceso distinto, que dificulta también la elaboración de este relato -más en su parte de información general, que en el desarrollo cronológico de nuestro viaje-, es la gran heterogeneidad de los destinos visitados. Los tres anteriores viajes largos, abarcaron zonas muy concretas del planeta, con características comunes en cada uno de ellos.

 

En este peregrinar por el mundo, lo que tocaba, era establecer el rompecabezas más adecuado, para ir uniendo lugares diversos y no cercanos o bien conectados, entre sí, de gran interés –diríamos, imprescindibles- y que por diversas razones, aún teníamos pendientes de recorrer y disfrutar, después de haber acumulado 100 países en nuestro enorme zurrón.

 

Empecemos, dando una calculada vista de pájaro, a esta trepidante historia de medio año y luego, ya habrá tiempo de entrar en detalles –generales y particulares- y pormenores.

 

 

EL VIAJE A VISTA DE PÁJARO (para quien solo desee hacerse una somera idea de nuestras vivencias)

 

En los albores del verano, iniciamos nuestra singladura por Etiopía, país largamente anhelado y que no nos decepcionó ni un ápice, ni en cuanto al esperado esfuerzo, ni en tanto a sus numerosos encantos. La energía invertida en constantes madrugones –casi siempre, a la cuatro de la mañana-, para abordar los lentos y destartalados transportes públicos -y las insufribles carreteras-, fue compensada por los maravillosos paisajes, el introducirnos en los atractivos misterios de un –hasta entonces- Cristianismo absolutamente desconocido para nosotros y la calidad humana de sus gentes (en la mayor parte del país, aunque no en todo).

 

Los constantes cortes de agua, que dificultaron nuestra higiene personal, se convirtieron en males –aunque endémicos- menores, dado que las temperaturas –estando gran parte del país a gran altitud- no resultaron ser elevadas. En el terreno de las agradables satisfacciones –que luego echamos de menos en otras muchas partes del viaje-, disfrutamos de extraordinarias cervezas y gastronomía. En ambos casos, muy baratas.

 

Gran parte, de los más de 4.000 kilómetros llevados a cabo por el país, los compartimos con Anna, Joan y Alex (apodado por sus compañeros, como “el Puig”), tres extraordinarios catalanes, con los que pasamos inolvidables y dilatadas veladas, a lo largo de dos semanas.

 

También nos acaloramos juntos, tratando de repeler los constantes –a veces kafkianos- intentos en los restaurantes, de cobrarnos más por el almuerzo o incluso tratarnos de facturar platos, que ni siquiera habían servido. Y es, que en muchos de estos establecimientos, no saben los números en ingles para decirte los precios, antes del pedido y luego te los sueltan todos de carrerilla, cuando llega la cuenta. Detalles muy feos, para un destino imprescindible, en cualquier agenda viajera. 

 

            Ir a Bahrein y Emiratos, durante la segunda quincena de julio, es una insensatez, casi solo digna de nosotros. Pero, en aquel momento, no había otra opción, para no quedarnos sin salida, en el interior del laberinto. Con temperaturas de más de 45 grados, en el primer destino –bestias, que somos-, estuvimos al borde de la insolación. En el segundo, a los calores extremos, tuvimos que contraponer los fríos polares de los centros comerciales o del aire acondicionado centralizado de algunas habitaciones de hotel.

 

            Debido a esta causa, comenzaron algunos desarreglos de salud, que en otras modalidades –aunque nunca graves-, nos acompañaron muy a menudo, a lo largo de todo el viaje y que provocaron, que nuestro botiquín, estuviera casi vacío –algo, que nunca había ocurrido-, al volver a casa.

 

            14 interminables días sin acceso a la cerveza, ni a otras bebidas alcohólicas –menos mal, que nos habíamos abastecido de buena ginebra etíope-, se hicieron algo más llevaderos, sobre todo, en las animadas, coquetas, históricas y agradables Dubai y Sharjah. Abu Dhabi,  resulto ser absolutamente decepcionante.

 

En lo que se refiere a la gastronomía, tuvimos nuestros primeros contactos, con la cocina de India, llegando a la conclusión –al final del viaje-, que es incluso mejor, que la original, por la mayor variedad de ingredientes

 

            Omán fue capítulo aparte. ¿Alguien conoce alguna nación, donde el puesto fronterizo más cercano, se halle a casi cincuenta kilómetros, después de haber entrado de forma efectiva en el país?. Cierto es, que alguno existe, pero generalmente está motivado, por la dificultad de la orografía, cual no es el caso, al estar en una llanura desértica.

 

            Para nosotros –y a tenor de lo que nos contó algún taxista- y para otros muchos viajeros, esto supone una especie de trampa para elefantes, conscientemente preparada, para tratarte de cobrar además del elevado visado, una elevada multa diaria, si te demoras en llegar al punto fronterizo, a la hora de sellar. Nosotros nos libramos de ella, tras muchas explicaciones y mucho llanto fingido. Pero, de la visa no. En teoría, hay un punto de entrada a Omán, por donde no se paga nada, bastante cercano al que entramos. Pero, si no lo llevas muy estudiado de antemano, no resulta nada difícil, caer en la confusión.

 

            En el país del ¡Clín, Clín, Caja!, estuvimos tan solo dos días, de los cinco previstos y una de las noches, nos tocó dormir a la intemperie –como el día de nochevieja pasado, en Botswana-, aunque esta vez en una peluquería y no en una tienda de fotos.

 

            Eso sí, al menos los cuarenta euros pagados por barba, nos permitieron disfrutar, de la cotidianidad de la fronteriza Buraimi. ¡Una lástima, porque el país, prometía!. Queda pendiente para el futuro y a ver si esta vez, somos capaces de entrar por el lugar adecuado

 

            Cuando, la tranquilidad volvía y en un suceso sin precedentes, el personal de Sri Lankan, se empeñó –de forma muy intransigente-, en denegarnos el embarque a Bangkok –vía Colombo-, por no tener un boleto de vuelta. Pero, ¿si hemos llegado a esa ciudad varias veces, en esas mismas condiciones y nadie nos puso pega?. ¡El corazón en un puño

 

Gracias a la unión y cooperación, con una pareja de italianos en circunstancias similares y a rellenar un formulario, de exención de responsabilidad de la compañía, conseguimos llegar sin más incidentes, a la capital del país de la eterna sonrisa (Tailandia).

 

En Bangkok pasamos 10 días, entre retozando, disfrutando de la agradable y muy trillada ciudad, de las sopas picantes del Seven Eleven, de los noodles con marisco y las salchichas de los puestos callejeros y del novedoso Siamsiato (un extraño brebaje alcohólico muy consumido, dada la subida de los impuestos de la cerveza). Pero, los viejos fantasmas retornaron, por complicaciones de salud, que influyeron en la decisión de hacer o no, el visado de Myanmar.

 

Al final, viajamos a ese país, famoso por su supuesto hermetismo –tampoco es para tanto- y abarrotado de españoles, en busca de algo más, que lo que realmente ofrece. Dos semanas intensamente lluviosas, nos sirvieron para conocer Bagan –y sus maravillosas e interminables estupas-, colarnos en el relajante lago Inle –ahorrándonos los 5 dólares de la entrada-, disfrutar de la interesante Yangon –más de lo que en un principio parece- y decepcionarnos, absolutamente, con la afamada, Mandalay (algo menos, con sus alrededores).

 

Transporte penoso –sobre todo, en algunos tramos-, para un país interesante, aunque escasamente exótico y muy sobre valorado, por los que lo ensalzan a capa y espada –sobre todo, del gremio “jostelero” hispano-, como cenit imprescindible de cualquier viajero, que se precie. ¡Va a ser que no!. Mejor sería, que la gente, pensara por si misma y no bebiera tanto, de los textos sagrados de la Biblia (es decir: de la Lonely Planet)

 

Volvimos a Bangkok. Como no nos gustó nuestra anterior experiencia en la embajada de India –en el año 2.008- en esta ciudad y tampoco, hacíamos muchas más cosas allí, decidimos sacar la visa de India, en Colombo (Sri Lanka). Como, teníamos que volar desde Kuala Lumpur, nos decantamos por ir por tierra y conocer el sur de Tailandia y alguna de las afamadas islas.

 

Nueva decepción al canto. Koh Samui, en pleno mes de agosto, es todo, menos una paradisíaca bienvenida al paraíso. Constantes lluvias –con espectacular tornado incluido- y constantes mareas bajas, que hacían de las supuestamente idílicas playas –rodeadas de feos complejos turísticos -casi vacíos-, un lugar más destinado a la penitencia, que al veraneo.

 

Planteada simplemente, como la puerta de entrada a India, imaginábamos, Sri Lanka, como un lugar de fantásticas playas y poco más. Pero, además de estas, quedamos prendados de encantadoras ciudades, como Anuradhapura –los templos antiguos de las afueras, más que el casco urbano-, Candy, Galle o Trincomalee y de lugares de montaña, como Nuwara Eiliya, las plantaciones de te y sus alrededores. La propia Colombo, nos sorprendió muy gratamente.

 

La comida, sencillamente, nos llenó de gozo, con sus variadas bondas de patatas y verduras –especiadas muy adecuadamente-, las samosas –rebozadas u horneadas-, los rolls rellenos –que más bien, parecen croquetas alargadas-, los arroces con verduras y dhals.

 

Y entonces, llegó el momento más esperado:

 

58 días en India, son difíciles de resumir en una vista de pájaro y más, siendo diametralmente distintos, el norte y el sur. Así, que aporto cifras y algunos argumentos, para mi, contundentes y seguro, para otros, muy discutibles. En cuanto a las primeras, recorrimos 10.600 kilómetros, a través de 42 destinos y 13 de sus estados, lo que convierte a este apreciado destino, seguramente, en el más fascinante que hayamos conocido.    

<   1   >