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EGIPTO. MUCHO MÁS QUE TEMPLOS




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Es 19 de noviembre de 2.006. Hace apenas una hora que hemos traspasado el mediodía y entretenemos nuestras últimas horas  en El Cairo dando un tranquilo paseo por la Ciudadela. Nada más traspa sar la entrada de la Mezquita de Mehmet Alí, mientras me quito las zapatillas, una malhumorada mujer cubierta de pies a cabeza –no sé si más entrada en años o en carnes- me dirige la palabra en árabe a grito partido. Por gestos he logrado entender, que al agacharme para quitarme el calzado, he dejado al descubierto una pequeña parte de la carne de mi espalda. Sin mayores alardes, le comunico por mímica, que tomo nota  

 Camino de Luxor


            Diez minutos después, caminamos despreocupadamente por los alrededores de la Mezquita, cuando se nos acercan un grupo de bulliciosas adolescentes que nos van rodeando. Por lo que hemos visto, es costumbre en Egipto llevar a colegios enteros a visitar el patrimonio del país, aunque chicos y chicas siempre van separados. Hasta en la enseñanza secundaria, sus lugares de formación son diferentes.

 

            Muy pocas llevan puesta la abeyya (traje largo que llega hasta los pies) y son menos las que no lucen hijab (pañuelo) sobre sus cabezas. Aunque las que lo hacen ofrecen vivos colores muy atractivamente conjuntados con el resto de su ropa, situación que contrasta con los tonos de los pañuelos monocromáticos y aburridos que generalmente llevan las mujeres de más edad.

 

            Ríen, nos miran, cuchichean y hasta de forma ingenua y sin malicia, coquetean con mi chico para luego esconderse. De pronto, con la complicidad callada del grupo, la más atrevida y desenvuelta con la lengua de Shakesp

eare pregunta:

 

-Where are you from?

 

-We are from Spain –respondemos-

 

-¡¡Ahhh!!. Isbania –proclama la chica tras dudar un momento-.

 

            Y de repente van juntándose bocas con orejas para difundir al grupo la información obtenida. Nos rodean hasta casi

impedirnos caminar, señalan hacia nuestra cámara y por gestos nos indican que quieren hacerse fotos con migo.

 

            -¿Y con él? –pregunto con curiosidad refiriéndome a mi chico, por ver si su osadía podía transgredir tales límites-.

 

            Sonríen, se miran, amagan, pero finalmente solo se atreven con una de su propio sexo, como yo. Para ellas es toda una aventura verse en la pantalla LCD de la cámara. Se asombran, se gustan, se colocan sus ropas, se tornan coquetas y cariñosas….

 

            Tras el apoteosis fotográfico, llega, ya más distendida, la siguiente pregunta

                                                                                                                                                                           El Cairo

-What is your name?.

 

-Eva y Santi, and you?

 

            Y tras su respuesta que identificamos como Amaya, surgen como en un pase de revista otros cuantos nombres en árabe que no logramos descifrar.

 

            -How old are we

? –es el siguiente interrogante-

 

            -37 y 38 –respondemos-, and you.

 

            Duda y acaba diciendo.

 

            -34.

 DE iaquierda a derecha, Desierto Blanco y El Cairo

            Cueando empiezo a envidiarla y a preguntar como narices se conserva tan bien la condenada con esa edad, una amiga le susurra al oído algo y ella misma se da cuenta.                

 

            -Oh, no. I am 14….

 

            Me llamó poderosamente la atención, que estas dos escenas que acabo de relatar, se produjeran con tan pocos minutos de diferencia. Al fin y al cabo, solo había una generación de por medio entre las protagonistas de ambas historias. ¿Acaso serán estas –comencé a pensar refiriéndome a las niñas- las que de una vez por todas quemen los hijabs y las abeyyas –dicho metafóricamente- y consigan dar a la mujer musulmana la libertad y el protagonismo que se merecen en la vida civil?. Rápidamente salgo de dudas al escuchar la siguiente y última pregunta.  

 

-Have you children?, how many children do you have? –refiriéndose a mi-.

 

            Era la cuarta pregunta de una niña de catorce años a unos desconocidos y ya versaba sobre la maternidad. Ni que decir tiene, la cara de sorpresa y desconcierto, que puso la chica ante nuestra afirmación de “no, ninguno”            

 

            Cuando se establece una conversación de una duración mediana con un egipcio –sea el dueño de una tienda o un taxista, por poner dos ejemplos- en buena parte de las ocasiones acaba saliendo la pregunta de si estás casado y tienes hijos, produciendo asombro y desaprobación contenida cualquiera de las respuestas que no sean afirmativas.

 

            Junto a nuestro hotel en Luxor, hay un colegio de niñas que nos despertaban cada mañana cantando una letanía ante diversos requerimientos recitados por un adulto (a modo de antiguo catecismo). Debe ser aquí –es solo un pensamiento, no tengo datos para poder afirmarlo- donde me imagino que se constituye el auténtico armazón de la sociedad egipcia. Más tarde, el férreo autocontrol social, el impío poder religioso y el corrupto poder civil se encargarán de ir llenándolo de piezas para apuntalar los resortes, de una sociedad, por otra parte, llena de contrastes; más evidentes y extremos incluso, que el que hemos sufrido nosotros al pasar en menos de seis horas de la manga corta y el aire acondicionado de El Cairo al abrigo y la calefacción de nuestra ciudad.

                                          Dinero egipcio, sobre mis manos

           

Las casas agrietadas, de ladrillo sin recubrimientos, terrazas deprimentes y cañerías destrozadas contrastan con la pulcritud, luminosidad,  brillo y constante mantenimiento de las mezquitas, con sus minaretes desafiando al cielo. Los vagones destartalados y sucios (generalmente no por la falta de higiene de sus viajeros, sino por no disponer de servicio permanente de mantenimiento de limpieza) de los trenes de tercera que unen los pueblos de la cuenca del Nilo, se contraponen sin sonrojo con el lujoso servicio de Sleeping Train que disfrutamos los turistas. Dentro de los mismos zocos los contrastes son tremendos: De las zonas más nobles y cuidadas donde se ofrecen joyas a las que se vende miseria a precio de saldo rodeado de moscas, sangre de animales despiezados, basura, montoneras de arena, polvo y de zanjas, apenas pueden distar unas decenas de metros (no solo ocurre en Kan al Khalili). Contrapunto curioso también el que se produce entre la pobreza generalizada de sus gentes y su eterna sonrisa, simpatía, ayuda al forastero (es cierto que a veces a cambio de obtener unas pocas libras, pero puedo asegurar que si yo fuera pobre sería bastante más cabrona que lo pueda ser el peor de ellos) y resignación ante las barbaries y atropellos del poder político y religioso que afirma conducirles. ¿Hacia dónde?.

 

            Estamos en África y no solo geográficamente. Las sensaciones al visitar este continente nunca vuelven a ser las mismas que cuando se hizo por primera vez, pero a pesar de todo, debéis creedme, África engancha y Egipto enamora.

 

 

UNA DOCCENA DE RECOMENDACIONES PARA VIAJAR A EGIPTO


           

            No pretendo con esta lista ofrecer una sucesión cerrada y dogmática de normas que deban ser tenidas en cuenta a la hora de viajar a Egipto. Se trata, simplemente, de hacer hincapié en algunas cosas que creo pueden ayudar, especialmente a quien viaja por primera vez. Son fruto de mi experiencia y como experiencias hay tantas como personas, habrá quien no esté de acuerdo con ellas y proponga otras. Ahí van:

 

            1.- Egipto es más que templos y cruceros y mucho más de lo que en la actualidad –hay honrosas excepciones- ofrecen como norma habitual los touroperadores. Es uno de los lugares que conozco más fáciles para organizar un viaje por libre, dado que los transportes locales son aceptables y medianamente eficaces, hay una alta seguridad, los precios son muy bajos en materia de alojamiento  y comida y la población local está acostumbrada a los turistas.

 

            2.- No es cierto que viajar a Egipto por libre resulte más caro que de forma organizada. En 17 días hemos gastado 900

euros por persona, incluyendo billetes de avión, seguros médicos, guía Lonely Planet, alojamiento en establecimiento de categoría media, comidas y cenas calientes,, entradas a los lugares más significativos excursión al desierto, buceo… y hasta cervezas y alguna botella de alcohol. No hay ningún operador turístico que ofrezca eso a ese precio.

 

            3.- Si se va por libre es necesario tener una idea previa muy clara de los precios de las cosas. A modo de ejemplo, os pueden pedir hasta 20€ por hora por una falúa en Asuán, cuando su precio real es de 3,5€. En este relato se darán los precios más o menos óptimos a pagar por cada servicio

 

            4.- Al contrario de lo que mucha gente dice, en la mayoría de los lugares de Egipto hay hoteles de tipo medio a un precio razonable (hasta en Abu Simbel). Y lo mejor: Hoteles económicos con una calidad/precio muy, muy favorable. El 99% incluyen el desayuno.

                                                                                                                                                                            Desierto Blanco

            5.- Las estafas y timos no son frecuentes a los viajeros que aplican el sentido común como norma general. Basta con tomar ciertas precauciones básicas como preguntar el precio de todo lo que se va a comprar antes de entregar el billete y saber lo que  cuesta aproximadamente lo que se compra. No os de corte preguntar el precio, allí es la cosa más normal y nadie se sentirá ofendido por ello. También es recomendable no comprar los primeros días y esperar a tener un mejor conocimiento del mercado.

 

            6.- El auténtico estafador de los turistas es el Estado Egipcio (véase más adelante en el capítulo de “Sinvergüenzas y Plastas”). Los vendedores, caleseros, camelleros, faluqueros, intermediarios… solo reciben las migajas de ese negocio turístico; por lo que no os enfadéis si os tratan de sacar alguna libra de más. Recordad que estamos visitando un país pobre, con muchas necesidades y con una actual crisis económica de no fácil salida.

 

            7.- Dar propinas solo cuando se haya recibido un buen servicio. Es cierto que a veces, ver a un pobre anciano a la puerta de un hotel pidiendo propina por abrir una puerta puede dar pena, pero yo soy de la teoría de que ni es nuestra culpa, ni depende de nosotros la solución de la mala situación económica de ese hombre, sino del gobierno del país. En el hecho de que haya tanta gente pidiendo propina, creo que tenemos bastante culpa los turistas (he visto a gente dar dos euros de propina simplemente por pedir que les hagan una foto o dar propina a un camarero en un buffet del desayuno donde tu mismo te sirves hasta el café). Los turistas no tenemos la culpa de que los sueldos allí sean bajos. Otra vez, la responsabilidad es de su gobierno

 

            8.- Templos: Visitarlos al amanecer y al anochecer. Evitaréis las hordas de turistas y los veréis con un colorido diferente (quedan unas fotos chulísimas, mucho mejores que cuando el sol cae de plano). Si es posible, haced la ruta de los templos de norte a Sur y dejad para el final Phílae y Abu Simbel. Yo lo he hecho al revés y cuando ves primero estos dos, los otros impresionan menos.

 

           

9.- Me ha ido bien en todos los países de condiciones higiénicas difíciles para
occidentales: Ir introduciendo de forma gradual las ensaladas en la dieta. En los cruceros –lo he leído- el agua es del grifo, aunque filtrada y puede –dicen- ser una de las causas de que en los grupos aparezcan tantos afectados de diarrea.                                      De izquierda a derecha, Abu Simbel, Luxor y Saqara

 

            10.- Tener paciencia con los horarios (sobre todo del transporte público). A los egipcios no les importa demasiado su propio tiempo y se toman la vida con bastante calma. Así que no pretendamos que se interesen por el nuestro.

 

            11.- El cambio resulta casi igual en todas partes, se trate de casas de cambio o bancos. Así que no conviene molestarse demasiado en visitar varios sitios. Solo he utilizado efectivo, pero hay cajeros que aceptan tarjetas (ver más adelante).

 

            12.- Llevar ropa suficiente. Egipto es un país muy sucio, de obras polvaredas y zanjas eternas (basta con tocarse el pelo al final de cada jornada).

 

 

MIS DIEZ LUGARES FAVORITOS EN EGIPTO


            Para gustos se hicieron los colores. Así que lo que leéis a continuación se trata de una mera opinión personal, de alguien que  no conoce todavía dos zonas de las más interesantes del país: Siwa y el Sinaí.

 

            1.- Desierto Blanco

            2.- Abu Simbel

            3.- Pirámide de Saqqara.

            4.- Hacer snorkel en el Mar Rojo.

            5.- Cairo Islámico y, sobre todo, Cementerio Septentrional.

            6.- Espectáculo de luz y sonido en Abu Simbel (solo 35 minutos, una pena)

            7.- Forma de vida, bullicio, “especimenes” y caos de El Cairo.

            8.- Templo de Píale.

            9.- Sala de las Momias y la Sala de los Tesoros de Tutankamon (con la máscara), en el Museo Egipcio.

            10.- Paseo en falúa al atardecer en Asuán.

 

 

LOS PERSONAJES

 

           


De izquierda a derecha, Luxor, Philae y El Cairo

Fueron Muchos, los que durante nuestro periplo compartieron algunos ratos (más o menos cortos o largos) con nosotros y que hicieron de nuestro viaje una historia unas veces divertida, otras diferente, otras complicada y las más, emocionante y generadora de sensaciones y vivencias inigualables. De ellos iré hablando a lo largo del relato, pero sirva este breve capítulo para mencionar a algunos:

 

            -Hamed: Viajes al desierto, alcohol y hachis de Afganistán en los reservados del almacén de su tienda. Todo a buen precio y con Simpatía. ¿Alguien da más?

           

            -Farat: Nuestro guía en los desiertos Blanco y Negro y Bahariyya. Humanidad, generosidad y muy buen rollito. ¡¡Un gran cocinero y especialista en el té beduino y con hierbas!!, aunque ronca por la noche (es curioso oir roncar en el desierto).

           

            -Andrew: Fue nuestro único compañero en las excursiones mencionadas anteriormente. Es un viajero y fotógrafo impenitente (esta realizando un viaje de un año) con el que pudimos compartir muchas experiencias por el mundo.

 

            -El cerdo de la taquilla de billetes del Sleeping Train. Más detalles cuando llegue el relato del día en que ocurrió

           

            -Nuestro taxista contratado por un día en El Cairo. Ni papa de inglés, ¡¡¡Qué delicia!!. Solo tres o cuatro palabras en el día!!!: “Good”, “Nice”… Nada de “shopping”. ¿Habrá algún taxista más honrado y menos pesado en El Cairo?.

           

            -Nuestro taxista de Aswan. Mucho inglés. ¡¡Qué desgracia!!. Un simpático liante al que conseguimos parar a tiempo.

           

            -El faluquero de Aswan. Un duro, experto y despiadado negociante que tuvo la desgracia de toparse con mi chico.



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