Pasamos el control de pasaportes. No hay ni una sola tienda abierta en la zona de embarque. Desde luego, no da la sensación de estar en el aeropuerto, de una ciudad de casi veinte millones de habitantes. ¡Adiós a China!. Partimos en hora. El mapa de seguimiento del avión en la pantalla del asiento, no está activado. El avión va prácticamente lleno y casi nada más despegar, nos dan de cenar, de nuevo, menú especial. Muy rico: Cordero con arroz y un preparado de carnes ahumadas, sencillamente espectacular, con rico vino chileno. Me duermo cinco horas y media y solo me despierto, cuando me avisan para el desayuno. Ahora toca salchicha, tortilla francesa, patatas rebozadas y una ensalada. Nuestros menús especiales, nunca incluyen dulces. Siempre fruta. ¿Acaso tienen algo contra los pastelitos, los hindúes no vegetarianos?. Matamos lo que queda de vuelo, jugando al tetris y a otros juegos. Desde las cuatro de la mañana –hora local-, es ya de día en Qatar. Simpática fuente, en la Corniche de DohaAterrizamos media hora antes de lo previsto, sobre las cinco y cuarto de la mañana. Al salir a la pista, el golpe de calor es tremendo. Si a estas horas hace ya 35 grados, no me quiero ni imaginar, cuando sean las doce del mediodía y estamos rulando por Doha. ¡Menuda mañanita que vamos a tener aquí!. DOHA Ya conocemos el aeropuerto, pero nos hacemos los tontos y vamos hacia a la izquierda, donde se encuentra el mostrador de información de hoteles y preguntamos, si hay alguna posibilidad, de que nos hagan una visa de tránsito sin cargo, enseñando nuestras tarjetas de embarque, para el vuelo de la una de la tarde. El empleado muestra cierta disposición y nos pide el pasaporte, empezando a anotar datos con el teclado de su ordenador, pero al percatarse –desconozco la razón- de que somos españoles, nos manda a la parte derecha del aeropuerto, donde están los mostradores de inmigración. Nos indica que deberemos pagar el visado, con una tarjeta de crédito. No nos desanimamos y lo intentamos nuevamente, con la funcionaria que se encarga del control de los pasaportes, mostrando de nuevo, nuestras tarjetas de embarque. La trabajadora, que lleva pañuelo, es algo seca –tal vez, porque ya está acostumbrada a que otras personas intenten lo mismo- y se limita a decir, que la visa es por un mes y que necesita una tarjeta de crédito para abonarlas (100 riales cada una). Son las seis menos cuarto, así que disponemos de siete horas y media como máximo, para conocer la ciudad de Doha, una lugar, sobre el que no tenemos demasiada información, ni tampoco plano. ¡Creo que será tiempo más que de sobra!. Mercado de los pájaros, en el casco histórico de DohaSolo disponemos de tres riales, que nos dieron de cambio en la tienda libre de impuestos a la ida, al pagar en dólares, así que decidimos no cambiar dinero, aunque no tenemos claros si con esa reducida cantidad, nos llegará para hidratarnos durante toda nuestra estancia. De todas formas, hemos leído que algunas compras, se pueden pagar en dólares. Al salir a la calle, el efecto de bochorno es menor al que notamos en la pista. Incluso corre una ligera brisa, aunque hace bastante calor. Hasta la Corniche, hay andando tranquilamente unos cincuenta minutos. Según se sale del aeropuerto, a la derecha se ubica una torre naranja y de frente una mezquita. Hay que llegar hasta esta última, cruzarla y tirar hacia la izquierda, hasta llegar a una ancha avenida de varios carriles. Desde ahí es todo recto. ¡Ojo!: Al poco de transitar por ella hay un cartel, que puede llevar a la confusión. A la derecha manda a la Corniche y al centro todo recto. Hay que seguir hacia esta última dirección. Por el camino encontramos, una tienda 24 horas donde gastamos todo nuestro dinero qatarí, comprando tres latas de coca cola. Hay muy poco tráfico y se respetan escrupulosamente las normas de circulación, algo que nos resulta extraño, después de tres semanas en China. Los conductores normalmente, son bastante atentos, cediéndote le paso en los pasos de cebra. ¡No tiene sentido que aquí amanezca a las cuatro y la gente no empiece a funcionar hasta las ocho!. Hemos tenido la mala suerte de que sea viernes, día algo descafeinado e inactivo, en cualquier país musulmán. Primero paseamos por la Corniche, con jardines muy bien cuidados –para estar en el desierto- y donde nos llama la atención, una concha abierta, con una imitación de perla gigante. Luego nos acercamos hasta el mar, donde la neblina impide ver con total nitidez, los numerosos rascacielos de en frente. Tal como ocurre en Hong Kong, tiene que ser un espectáculo contemplarlos desde aquí por la noche Subasta de palomas y faisanes, en el casco histórico de DohaEl cielo se muestra de color ocre, con polvo del desierto en suspensión. Nos habían hablado de un animado mercado de pescado, pero no nos dijeron donde está y no comos capaces de encontrarlo. Tal vez sea callejero y hoy esté cerrado, por ser viernes. Si que vemos los carteles que indican a los zocos, pero como es demasiado pronto, nos dirigimos a unos arcos que vemos desde lejos. Se trata de un bonito mercado, en el que se mezclan la madera y la piedra, con bastantes puestos abiertoss –muchos de especias y té-. Dispone –como todos los zocos cubiertos de esta ciudad- de aire acondicionado, así que es una delicia pasear por su interior, dado que además, los vendedores no agobian ni molestan a los visitantes. Más bien muestran su hospitalidad, con sonrisas y gestos de bienvenida. Al salir por la otra puerta, nos topamos con el maravilloso casco antiguo de Doha, con edificios muy chulos, de contornos caprichosos, todos muy bien cuidados. Unos cuantos son restaurantes. Vamos a parar a una plaza, donde los hombres, que aquí visten de blanco, desde el cuello a los pies y llevan un turbante del mismo color o a cuadros, tipo al pañuelo palestino, pugnan en una animada subasta de palomas y faisanes.Cerca hay un hermoso mercado de pájaros, que nos recuerda al de Yogakarta (isla de Java, Indonesia), aunque diría que este es incluso más colorido. Hay aves de casi todos lso colores imaginables. Unas lucen los suyos propios y otras han sido pintadas. Algunas se caracterizan por su exotismo. Nos dejan un loro muy verde y activo, para que nos hagamos la foto con él, sin pedirnos nada a cambio. La gente aquí es muy amable y agradable. Casco histórico de DohaSi los hombres van de blanco, las mujeres visten completamente de negro, con solo dos agujeros a la altura de los ojos. Aunque como en otros países musulmanes como Siria, abundan las tiendas de lencería tipo árabe –hoy cerradas-, con prendas que casi ninguna occidental nos pondríamos. ¡Mucho salto de cama y mucha ropa interior estrafalaria!. Y es que la vida pública, sigue unas directrices y la privada, otras bien distintas y más desmelenadas. No vemos apenas mujeres a lo largo de la mañana y no me extraña lo más mínimo, porque debe ser un suplicio, ir con esos faldamentos –encima negros, que no absorben el calor-, con casi cuarenta grados de temperatura, que ya tenemos a la sombra. Los bancos también están cerrados y no abren hasta las tres y media de la tarde. Es un fastidio, porque al haber visto el té y las especias –sobre todo el curry-, habíamos pensado cambiar al menos diez euros, con el fin de hacer algunas compras. Nos vamos a los zocos cubiertos. El primero funciona a medio gas y el segundo, que es inmenso, está completamente cerrado. Continuamos andando. La sed aprieta y al toparnos con tres supermercados seguidos y abiertos, preguntamos si nos dejan pagar en dólares norteamericanos. La respuesta es afirmativa, así que compramos una botella fresquita de refresco de dos litros y agua. Así, obtenemos algunos riales de vuelta, que nos servirán para seguir proveyéndonos de líquido a lo largo de la mañana. Y es que en total y a lo largo de nuestra estancia, nos metemos entre pecho y espalda, más de cinco litros entre los dos. En toda la ciudad, se respiran los ricos aromas de la comida árabe. ¡Qué delicia!. Mercado de los pájaros, en el casco histórico de DohaDamos otra vuelta por el casco antiguo, el mercado de los pájaros y el otro mercado. Han abierto bastantes tiendas más, mayormente, de retales de colores. ¿Qué negocio harán aquí, cuando todas van vestidas de negro y ellos de blanco?. Se han hecho las once y cuarto de la mañana y como nada ya queda por ver, vamos retornando poco a poco, viendo un par de mezquitas por el camino y asfixiándonos de calor, con una temperatura, que ya sobrepasa los cuarenta grados y con un sol, que cae de plano sobre nuestras cabezas. Al llegar a la mezquita del aeropuerto, oímos el canto del muecín. ¡Doha ha sido un perfecto colofón para este viaje, después de casi tres semanas en China!. Al entrar al aeropuerto, el cambio es radical, descendiendo la temperatura más de veinte grados, debido al aire acondicionado. Pasamos de la insolación a la congelación, mientras cruzamos con rapidez los controles de pasaportes. El funcionario que nos los sella, sonríe y nos dice “hasta la vista”. Quedan cincuenta minutos para que el avión salga, así que nos da tiempo a dar un paseo por las tiendas de la planta de abajo y subir a por el vale de comida gratuita, al que tenemos derecho, por ser nuestra escala superior a las cinco horas. Comemos riquísimas empanadillas de carne al curry, con patatas fritas con mayonesa y estas últimas, se convierten en una de las mejores degustaciones de todo el viaje. ¡Creo que no las comía, desde las deliciosas salchipapas de América, durante la primera mitad del año pasado!. Rascacielos junto al mar, en DohaHay muchos españoles en el aeropuerto, esperando a tomar el mismo vuelo que nosotros, aunque a diferencia de la ida, es gente bastante mayor. Mientras esperamos la jardinera, entablamos conversación con un amable chico canario. Es ingeniero y ha estado los últimos días en Emiratos Árabes Unidos, trabajando en la construcción de un oleoducto. Nos dice que para estar donde estamos, el día de hoy es incluso fresquito. El ha estado en el desierto y durante las horas centrales del día, no les dejaban ni salir del coche. ESTO SE ACABA Salimos con 25 minutos de retraso, aunque llegamos en hora. Asumimos con resignación, tener que ir en la última fila del avión, donde sabemos por experiencia, que las turbulencias son mucho más fuertes –al juntase las ascendentes/descendentes con las laterales de la cola- y con los aterrizajes más movidos. ¡Ya está bien. Otro vuelo sin el mapa de situación del avión activado!. ¿Para que lo ofrecen entonces?. Primero jugamos un rato al trivial y después nos bebemos el vino chileno habitual, con unos cacahuetes. Luego comemos un guiso de pollo al grill, con verdurita y ensalada. La oferta de música española en Qatar Airways es tan variada, que abarca desde Enrique Iglesias a Manu Chao. Desiertos de Arabia Saudí, desde el vuelo de retorno a casa Hemos tenido suerte con el día y el cielo está completamente despejado durante todo el trayecto, con lo que quedo maravillada al ver desde el aire, las impresionantes dunas de los desiertos de Arabia Saudita y algunos de Egipto. Una sabrosa empanadilla, acompañada nuevamente de vino, esta vez francés, supone la última comida a bordo, antes de aterrizar de manera algo brusca, en el aeropuerto de Barajas. Estamos casi una hora, hasta que conseguimos recuperar nuestro equipaje. No conozco aeropuerto en el mundo, más caótico que este en esa faceta. Hemos llegado a la terminal 1 y tomamos el bus gratuito, que nos lleva a la terminal 4. Desde éste, tenemos que coger el autobús que nos lleva a Valladolid, pero deberemos esperar tres horas, que nos pusimos como colchón, por si había retrasos aéreos. El viaje a China, Hong Kong, Macao y Qatar, es ya desde este mismo momento, parte de la historia y del pasado. |