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China y Qatar/6

 

ALGUNOS TRUCOS PARA MANEJARSE MEJOR EN CHINA.

 

Como ya se indicó en otro apartado previo, es mucha la gente que opina que China es un país dificilísimo de recorrer por libre. Nada más alejado de la realidad, al menos en las zonas turísticas. De todas formas, aquí van unas cuantas recomendaciones para que la visita a China, no se pueda acabar convirtiendo en una pequeña tortura.

 

-Llevar una buena guía de conversación Chino-Español. La de Espasa es bastante buena y suele encontrarse sin problemas en las bibliotecas públicas, con lo que no hace falta ni comprarla. Como anécdota indicar, que nosotros nunca tuvimos que utilizarla. Absolutamente para nada.

 

-Pedir planos de las ciudades más grandes –Beijing, Shanghai y Xi’an- a la Oficina de Turismo de China, antes de partir de viaje. Los que mandan son bastante grandes, completos y ayudan mucho a moverse, sin necesidad de tener que preguntar por la calle a los chinos, cuestión que no suele ser muy efectiva, ni siquiera mostrándoles un plano en su propio idioma.

 Zona del Yuan Yu, en Shanghai

-Cuando se tome un taxi, llevar la dirección de destino escrita en caracteres chinos.

 

-Las letras chinas son inverosímiles para nosotros, pero en las zonas turísticas se utilizan nuestros mismos números. Gracias a esto, es posible referenciar muchas cosas a ellos y la vida se nos hace más fácil. Por ejemplo, basta con buscar nuestro número de tren en el panel, en vez de tratar de identificar el nombre en chino.

 

-No es mala idea aprender como se dice en chino norte, sur, este y oeste. Ellos se basan mucho en este sistema –también en el nombre de calles y plazas-, para referenciar la orientación en las ciudades.

 

-Olvidarnos de nuestro académico y perfecto inglés –el que lo tenga- y tratar de hacer las gestiones con un vocabulario muy básico, hablando muy despacio y si es necesario, reforzar con gestos. De esta forma, no hay trámite que se resista, al menos en la China más turística.

 

 

LOS MEDIOS DE TRANSPORTE UTILIZADOS

 

Avión:

 

Recurrimos a este medio de transporte en seis ocasiones, durante las tres semanas de viaje. Cuatro fueron de larga distancia, para llegar y volver de China, con escala en Doha y dos internos, para trasladarnos desde Shanghai a Shenzhen y de Guilin a Xi’an.

 

-Los vuelos de larga distancia los contratamos con la compañía Qatar Airways. Desde Madrid a Shanghai y comprando

con un mes de antelación, los conseguimos al increíble precio de 289 euros, atrapando en el momento justo, una oferta especial de la aerolínea qatarí. Reservamos a través de la web de la propia compañía, que incluye sistema de verificación con tu banco, de la tarjeta de crédito, la cual te piden físicamente en el momento de hacer el embarque -tanto en el primer vuelo de ida, como en el de vuelta-.

                               Uno de los canales de Yangshuo

Se trata de una muy buena compañía aérea, aunque a mi modo de ver, es exagerado calificarla –como he leído en algunos sitios-, como la mejor del mundo en clase turista. La comida es copiosa –aunque yo he comido todavía más cantidad, con calidad similar, en aerolíneas como Egypt Air o Royal Jordania, por poner dos ejemplos- y tienes varios menús para elegir, además de bebidas alcohólicas (ofertan dos vinos, uno francés y otro chileno, siendo este último excelente y el primero, bastante apañado).

 

Al hacer la reserva, te dan la opción de elegir el tipo de comida y nosotros así lo hicimos, pensando que era preceptivo, aunque nos extrañaron las clases de menús. Optamos por el hindú no vegetariano y cuando volamos, nos dimos cuenta de que lo que realmente habíamos hecho, era pedir comida especial. Si no se solicita esta, hay tres opciones distintos para elegir, con un plato principal, una ensalada cada –normalmente- y un postre..

 

Afortunadamente, la comida hindú con carne resultó estar muy rica, casi siempre mejor que la de los menús normales.

 

En los vuelos nocturnos, te entregan una bolsita con cosas que puedes necesitar por la noche (cepillo de dientes, antifaz, tapones para los oídos) y todos los asientos tienen pantalla multifunción –en bussines, más grande-, con juegos, películas, música y mapas de seguimiento del avión -que a veces no activan o están estropeados-. O tuve mala suerte o deberían cuidar más su mantenimiento, dado que de los cuatro vuelos que hicimos, en uno estaba estropeado y en otro a medias.

 

Los aviones en los que nos desplazamos fueron Airbus 330 –como el que cayó hace poco al mar en Brasil-, con dos líneas de dos asientos a los lados y cuatro asientos en medio, distribuidos en cuarenta filas. Bastante nuevos. El espacio para las piernas no es mayor que en la mayoría de las aerolíneas, pero  el trato del personal de vuelo, si resulta bastante esmerado: Como curiosidad, decir que muchos de los comandantes de la compañía, son de origen sudamericano.  

 

-El vuelo desde Shanghai a Shenzhen, nos salio por 250 yuanes y lo contratamos desde España, a través de la agencia www.ctrip.com/, tan solo dos días antes de nuestra marcha a China. Tuvimos un curioso problema: Y es que tardaron casi 48 horas en darnos el localizador, porque mi chico tiene un apellido de doce letras y sus sistemas de emisión solo aceptan 11. Así que nos tuvieron mareando la perdiz, a base de intercambios de correos electrónicos, durante todo ese tiempo.

 

El vuelo lo realizamos con la compañía Shanghai Airlines. El avión resultó ser bastante nuevo, confortable e incluso –a pesar de haber pagado solo unos 25€-, nos dieron un rico desayuno.

 Gierreros de Terracota

El billete desde Guilin a Xi’an, lo compramos en una agencia local de la primera ciudad, tan solo con dos días de antelación y nos salió por 380 yuanes. Nos emitieron billete físico y volvimos a tener el mismo problema con el apellido, que les resultaba “too long”. No se nos permitió pagar con tarjeta de crédito, por lo que debimos hacerlo en efectivo

 

En las agencias de Guilin –visitamos varias-, hablan un inglés muy básico y hay que armarse un poco de paciencia, pero son extraordinariamente amables y eficientes. En Yangshuo hablan mejor inglés, pero el trato nos pareció algo más impersonal.

 

La compañía que nos trasladó a Xi'an fue Xiamen Airlines –no la había oído en mi vida-, con un avión bastante nuevo y trato correcto. Nos dieron un pequeño refrigerio y una bebida, lo cual no está nada mal, para el importe pagado.

 

Viendo los resultados y los precios, mi recomendación es que, salvo en las temporadas altas referidas anteriormente, se  gestionen los vuelos en las propias agencias, ya una vez en China, porque da mucha más libertad reservarlos con poco tiempo y no llevar todo cerrado desde España. 

 

En los aeropuertos, la información de los paneles no siempre es la más adecuada o completa. Al igual que en los billetes, no te ponen la compañía con la que vuelas, por lo que se dio el caso de que hasta que no subimos al avión en Guilin, no supimos con que aerolínea volábamos a Xi’an, pero la emisión de tarjetas de embarque, la facturación y recogida del mismo, es la más eficiente y rápida, que vi en ningún país del mundo.

 

Nuestros seis vuelos, siempre se movieron en un margen muy razonable de puntualidad. Cuatro clavaron su horario, uno se adelantó en media hora –nos vino de perlas, porque nos permitió visitar durante más tiempo Doha- y el último, aunque salió veinte minutos tarde, llegó en hora.

 

Alguien me había hablado antes del viaje, de los habituales retrasos en los aeropuertos chinos. Nosotros no los

sufrimos y ni siquiera los vimos, aunque no digo que esa información no sea correcta. ¡Tal vez tuviéramos suerte!.

 

 

Tren:

 

Por lo general, los billetes de tren de larga distancia –sobre todo si se viaja en litera o asiento blando-, deben ser reservados con un par de jornadas de antelación, porque el día de la salida solo suele haber asiento duro. Se habla en algunas guías y relatos, de que hay oficinas especiales para extranjeros –por ejemplo, en la estación de Beijing- y de que los hoteles, por una pequeña comisión, pueden y suelen gestionar los boletos.                                                                    Uno de los cada vez más escasos hutongs de Beijing

 

Sobre lo primero, no tengo ni idea, aunque no las vimos -si en cambio, ventanillas normales, donde se anuncia que se habla inglés- y sobre lo segundo, decir que nosotros siempre compramos los boletos de tren en las mismas billeterías que los chinos y el tiempo máximo que tuvimos que esperar – para nuestros dos viajes de largo recorrido y uno de corto-, nunca superó los diez minutos. De todas formas y en las estaciones más importantes, hay máquinas automáticas, que se pueden programar en inglés. Son bastante fáciles de usar.

 

Aunque cierto es que por suerte, nunca tuvimos que comprar billetes en la estación central de Beijing, que nos pareció altamente caótica. En la de Xi’an, Hangzhou y Beijing oeste, las colas eran moderadas, bastante ordenadas y avanzan a una velocidad de vértigo. Ningún problema de entendimiento, porque los destinos suenas casi igual que en español y los números –para horarios y precios- y los días de la semana o fechas, los controlan más o menos en inglés.

 

Las estaciones se dividen en varias partes bien diferenciadas. Por un lado, está la oficina de compra de billetes, por otro las consignas y por último, el edificio de acceso a los andenes, donde solo se puede ingresar con billete. Aunque al principio sorprenda, es un sistema bastante práctico y eficiente.

 

Los paneles –a diferencia de en los aeropuertos-, solo están en chino, pero no hay que alarmarse, porque ponen el número de tren, al igual que en el propio billete y el horario, en nuestros números, con lo que no hay mayor problema. Además, los revisores piden el boleto un montón de veces, por lo que resultaría imposible equivocarse. Primero para acceder a la vía, luego en –la mayoría de veces- numerosas ocasiones  durante el viaje y finalmente, a la salida. Así que no hay que deshacerse de él, hasta haber abandonado la estación.

 

Los trenes chinos son larguísimos y a veces se tarda en llegar hasta el vagón. También suele ocurrir,, que haya aglomeración en el acceso a las vías. Así que conviene llegar con suficiente antelación -en la estación central de Beijing, hay que estar al menos una hora antes-.

 

Oficialmente, las clases son: Asiento duro, asiento blando, litera dura y litera blanda, aunque en la práctica, nunca vimos asientos blandos, porque en los trenes de largo recorrido no nos los ofrecieron –aunque los pedimos- y en los de corto, la división que vimos es de primera y segunda clase.

 Vista aérea de los desiertos de Arabia Saudí, desde el vuelo de retorno a casa 

Hicimos un recorrido en asiento duro –el de Xi’an a Beijing- y otro en litera dura -el de Beijing a Shanghai-. Realmente, el nombre no es engañoso y el asiento duro, es de los más espartanos que haya visto en un tren. Es realmente barato (unos 15€, para un recorrido de 12 horas), pero constituye una herramienta de tortura inigualable, de la que recomiendo abstenerse para los viajes prolongados, si es que no se va muy ajustado de presupuesto.   

 

Una litera dura cuesta unos 32 euros, para un recorrido de 14 horas y es bastante recomendable. A pesar de que los catres son corridos no hay puertas, son más anchos y confortables que en España. Cuando te los venden, solo te dan la fila en la que vas, así que hay que llegar pronto, para escoger la de abajo o la del medio. Y es que no existe escalera para subir a la de arriba. Es necesario ascender apoyándose en unos soportes, para lo que se precisa estar en muy buena forma y tener una cierta habilidad, ya adquirida.

 

Los trenes siempre llevan un dispensador de agua caliente y constantemente –salvo en los periodos de descanso- pasan vendiendo sopas, té, café, bebidas carbonatadas y snacks. No es un servicio nada caro y saca de muchos apurillos.

 

En algunas guías se habla de que los trenes chinos están llenos de mierda, colillas y escupitajos y que si vas en asiento duro, tienes que acoplarte en el suelo, entre toda esa basura. Nosotros no vimos nada de eso. Los asientos más espartanos, también van numerados, la numeración se respeta y los trenes nos parecieron relativamente limpios, salvo algunas veces los servicios, que no tienen taza -son un agujero, puro y duro-.

 

El precio de la consigna es bastante aceptable. A modo de ejemplo, nosotros pagamos euro y medio por cada bulto en

la estación de Shanghai, por unas 8 horas de custodia del equipaje.

 

 

Autobuses:

 

 A mi modo de ver y para trayectos cortos de una o dos horas, son más recomendables que los trenes, dado que el proceso de compra y el acceso suelen ser más rápidos. Eso, claro está, siempre que la estación no esté a las afueras de la ciudad, cosa que a veces ocurre. Normalmente y esos son los inconvenientes, tardan un poco más que el ferrocarril y salen más caros.

                                                                                                                                Paseo de las Estrellas, en la zona de Kowloon, en Hong Kong

Este medio de transporte, es muy útil para ir desde Shanghai a Hangzhou o a Suzhou, puesto que la terminal de Shanghai que lleva a estos lugares, es muy pequeña, manejable y está a escasos minutos de la estación central de trenes, bien céntirca. Los autobuses de corta distancia que tomamos resultaron ser algo incómodos y viejos, aunque no subimos a los suficientes para hacer una valoración absoluta sobre este asunto.

 

Solo tomamos un vehículo de largo recorrido, entre Zhuhai y Guilin. No tuvimos posibilidad de elección y resultó ser un bus-cama, de los que no somos muy partidarios, porque tienes que permanecer tumbado todo el viaje, vayas durmiendo o no. Nosotros preferimos el semicama. En ellos recorrimos América entera y parte del sudeste asiático y estuvimos encantados.

 

El bus-cama está compuesto por tres filas de literas de tres plantas, repartidas a lo largo del vehículo -dos dando a las ventanas y una en el medio-. Hay que quitarse los zapatos antes de subir. ¡Menos mal que en China, no huele mucho a pies!.

 

No tomamos  demasiados microbuse

s y minibuses, a lo largo de todo nuestro viaje por el país (incluidas las estancias en Hong Kong y Macao)

 

Tampoco tuvimos problemas lingüísticos, para la adquisición de los billetes en las terminales o en el propio autobús. De los que prestan servicio entre las ciudades y los aeropuertos, hablaremos en su momento, en a lo largo del desarrollo del diario de viaje.

 

 

Barco:

 

Tomamos el barco en dos ocasiones, una en forma de transporte, entre Hong Kong y Macao y la otra para un crucero, a través del río Li, entre las afueras de Guilin y la bella localidad de Yangshuo.

Gran Muralla China, en Badaling

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