-La velocidad de la facturación, embarque y recogida de equipajes en los aeropuertos de China. -Que usen nuestros mismos números y no los tradicionales chinos -al menos en las zonas turísticas-.-La tasa de cambio del Banco de China. -Que te den la opción de evaluar a los empleados de banca. El agua caliente en los trenes -para prepararte sopas, cafés o tés-. -El exótico mercado nocturno de Beijing (se comen escorpiones, ciempiés, saltamontes, escarabajos, estrellas y caballitos de mar…) Gran Muralla China, en Badaling-Los hutongs de Beijing, aunque cada vez queden menos -Que te guarden el equipaje gratis en los hoteles -Acabar nuestro viaje en arabilandia, con sus zocos, sus especias, su olor a rica comida… -La amabilidad de los qataríes. -Los inmaculados trajes blancos y largos, con turbante, de los hombres en Doha. -Las espectaculares vistas que contemplamos del desierto y las dunas en Arabia Saudita y Egipto, en nuestro vuelo de vuelta -día completamente despejado-, entre Doha y Madrid. -De perder de vista los caracteres chinos -De no saber nada de lo que pasa en España durante las tres últimas semanas, en las que no hemos entrado en un solo cíber. ACABAMOS HARTOS DE… -Que los chinos sigan una lógica y nosotros otra, en muchos razonamientos básicos. -Que el coste de las visitas turísticas sea tan elevado y que cobren por absolutamente todo. -El acoso en los aeropuertos, cuando llegas en un vuelo internacional, con las exageradas medidas contra la gripe A. Desierto de Arabia Saudí desde el aire, en el vuelo de regreso a casa-La agresiva forma de conducir de los chinos -da igual que vayan en coche, moto, bici o hasta con el cochecito del bebé, aunque de estos últimos, no hay muchos-.. -La raya rugosa en medio de las aceras de las calles. La hay en casi todas las ciudades, desconociendo su utilidad, aunque intuyendo que es para no patinar cuando llueve. No sé por qué, muchas veces terminas caminando sobre ella y si el calzado que llevas no es muy grueso, a lo largo del día acabas machacándote las plantas de los pies. -Las anchísimas y caóticas avenidas, a la hora de cruzarlas. -Que los hoteles solo emitan televisiones chinas. -www.venere.es, web de reservas hoteleras, que nunca volveré a utilizar, porque te dejan tirado cuando tienes cualquier problema. La atención al cliente es para puntuarla con un 0 y la capacidad de escaquearse, con un 10. -La cadena de hoteles Super8 –peor atención al cliente todavía que la web anterior- y de su franquicia Feng ye de Shanghai, que intencionadamente, nos duplicó el pago con la tarjeta de crédito. Lo contaré con pelos y señales en el apartado correspondiente. -Las obras de Shanghai-Que no siempre se esfuercen en poner las cosas en los dos alfabetos -el suyo y el nuestro-. -El olor de algunos puestos callejeros, que ofrecen la comida china menos refinada -lo que decidimos llamar chinirrús-. -Los pocos mercados de fruta, verdura, carne, pescado, especias… que hay a lo largo del país Calle Qianmen, en Beijing-En muchas ocasiones, no saber exactamente lo que como -esté bueno o no- -Los palillos. -Que no se enteren con los planos, aunque estén en chino. -La sonoridad de los escupitajos. -Las enormes dimensiones de las ciudades y lo que cuesta salir/entrar en ellas. -La burocracia y lentitud al cambiar moneda en los bancos. -Las chinadas –dicho sea con ánimo descriptivo y no peyorativo- que se mueven, emiten música, luces de colores o destellos y que se venden en numerosos lugares, especialmente de la peonza cantarina y luminosa. -Que Yoigo no tenga cobertura en China, Macao y Qatar. -Que apenas haya cibers en China. -Que nadie hable español. -Que el Barça ganara la Champions, durante nuestra estancia en China. -Que no haya pan en este país -sólo dulce o de molde-. -Los mandos multifunción de las pantallitas de los asientos de los aviones de Qatar Airways. -Los tallarines y fideos de arroz. -El repique sonoro y constante de los semáforos de Hong Kong. -Tener que recorrer Macao con la mochila a cuestas. -Autobuses-cama. Uno de los tantos casinos de Macao-Que el apellido de mi chico sea demasiado largo –too long- y de tantos problemas para reservar vuelos en China. -Que te pongan al teléfono con quien sea, para venderte algo. De que te llamen a deshora en los hoteles o incluso a tu casa. Nunca le deis vuestro teléfono a un chino, salvo que sea completamente imprescindible. -El agobio de los vendedores en Yangshuo. -Rellenar mil cuestionarios de inmigración y de salud, sin supuestamente, salir del mismo país (porque, Hong pong y Macao son China. ¿O tal vez no?). -La neblina eterna que invade el país y que nos impidió ver de forma nítida bastantes de los atractivos principales. -Que en los aeropuertos la información en las pantallas sea escasa -nunca ponen la compañía con la que vuelas y a veces ni el horario-. -Que hagan mil fotocopias del pasaporte (en el banco, en el hotel, en la agencia de viajes…). -Dificultades para hacer fotos -no solo a personas, sino a veces del contenido de los puestos callejeros-. -Los asientos duros de los trenes. -Que te pidan el boleto de tren más de cinco veces -entre acceso, viaje y salida-.-La inmensa y constante lluvia en Beijing –aunque tampoco estuvo mal la de Guilin-. -Las longitudes –anchura y largura- de la plaza de Tian'anmen. -Los mausoleos horribles. -El arroz frito, demasiado frito. El lago de Hangzhou, con la pagoda al fondo.-Los rickshaws en Beijing. -Persecución constante en los pequeños supermercados de China, por parte de los empleados. -Los baños públicos sin puerta, donde se defeca en amor y compañía. -Los controles constantes de los bolsos para acceder al metro de Beijing, el centro de la plaza de Tian'anmen, los trenes, las estaciones de autobuses… -Música en los trenes o que te despierten en literas a las siete de la mañana, con arengas y discursos en chino -supongo que de contenido político-. -La estación de trenes de Beijing. Caos, caos y requetecaos. -Los vendedores y taxistas de Badaling, uno de los lugares por donde se accede a la Gran Muralla China. -Las comisiones usureras del banco, que tiene concedida la exclusiva de cambio de divisas en el aeropuerto de Shanghai (El SPD Bank) -Que te claven 20 euros como visado de Qatar, por tan solo siete horas de estancia. -El abrasivo calor de Doha. -Que nos tocara conocer Doha en viernes. -Las azafatas que te despiertan para que te pongas el cinto, cuando estás plácidamente durmiendo. -El olor a pies de nuestros vecinos de atrás, en el vuelo Shanghai-Doha. -Hacer nuestro último vuelo en la última fila del avión -ya es la segunda vez en nuestra trayectoria viajera, que nos tocan estas plazas en un vuelo largo-.-Que en Qatar Airways no pongan casi nunca los mapas de seguimiento del avión -Lentísimo proceso de recogida de equipajes en Barajas -el aeropuerto más tercermundista del planeta, en esta materia-. El Bund de Shanghai, con la torre de la televisión al fondoEL ITINERARIO DEL VIAJE Al ser nuestro primer viaje a China -solo había estado en Hong Kong, hace doce años, por un periodo de cinco días, en viaje de trabajo-, decidimos hacer un recorrido básico, que aglutinara los lugares más turísticos. El país es tan grande, que antes de elaborar un itinerario, tuvimos que dedicarnos a los descartes. Así que primeramente, nos inclinamos por prescindir de Tibet, muy a nuestro pesar, por los problemas burocráticos que conllevan la gestión de los permisos y porque lo tenemos previsto para una futura vuelta al mundo, que llevaremos a cabo dentro de dos años y en la que tomaremos el Transmongoliano, de Moscú a Beijing -parando en Mongolia, claro- y bajaremos hasta Tibet, para enlazar con Nepal e India. Seguidamente, eliminamos las partes centro y oeste del país, dado que encontramos mayor número de atractivos en el este y nos dispusimos a elaborar un itinerario en forma de óvalo, que comenzaría y terminaría en el mismo punto, dado que los vuelos en forma de triángulo –llegando a un punto de China y saliendo de otro-, no salen a muy buen precio. Nos pusimos a buscar billetes aéreos con tres posibles destinos: Beijing, Shanghai y Hong Kong, encontrando con más o menos un mes de antelación a nuestra partida, una increíble oferta de Qatar Airways a Shanghai. A partir de ahí, planificamos dos posibles recorridos, aunque semejantes en lo básico -en el sentido de las agujas del reloj-, que dependían de si íbamos a tomar o no vuelos internos, cosa que finalmente si hicimos. Aunque por diversos motivos, que se explicaran en el desarrollo del diario de viaje, ya sobre el terreno prescindimos de algún destino de los elegidos. No obstante, el itinerario del viaje se ha ajustado más o menos en un 90% a lo inicialmente previsto. Básicamente, añadimos finalmente algunas visitas menores, prescindimos de ir a Huasan desde Xi'an y cambiamos la zona de visita en la Gran Muralla (Badaling por Simatai) Día 1.- Valladolid-Madrid-Doha (cinco horas de escala en la capital de Qatar) Día 2.- Doha-Shanghai (llegada a la ciudad China a las 14,00 horas) Día 3.- Shanghai Día 4.- Hangzhou Día 5.- Suzhou Día 6.- Zhouzhuang, Suzhou y Hongq iao (población que alberga uno de los aeropuertos de Shanghai) Día 7.- Shanghai-Shenzhen-Hong Kong (volando a primera hora de la mañana y llegando a Hong Kong a mediodía). Día 8.- Hong Kong Día 9.- Macao y Zhuhai (bus-cama por la noche a Guilin) Día 10.- Guilin Día 11.- Crucero por el río Li y Yangshuo Día 12.- Guilin, canal Ling y Xi’an (vuelo a esta ciudad desde Guilin, a última hora de la tarde) Día 13.- Xi’an Mapa con el itinerario del viaje (las líneas discontínuas se corresponcen con los trayectos aéreos) Día 14.- Soldados de Terracota y Xi’an Día 15.- Banpo y Xi’an (por la noche, tren a Beijing). Día 16.- Beijing Día 17.- Beijing Día 18.- Badaling y Beijing (por la noche, tren a Shanghai). Día 19.- Shanghai (por la noche, traslado al aeropuerto) Día 20.- Shanghai-Doha (visitando esta ciudad durante siete horas y media)-Madrid. Día 21.- Madrid-Valladolid |
