losviajesdeeva

China y Qatar/17


YANGSHUO

 

El paisaje vuelve a poblarse de picos y la entrada en Yangshuo resulta preciosa. Es el anticipo de lo que resulta ser un

pueblo espectacularmente bello y encantador, a pesar de que está invadido por un gigantesco y alargado mercadillo, que discurre por el largo paseo que va, desde el embarcadero hasta el centro del pueblo y de las infinitas tiendas para turistas que lo copan. Hay más vendedores –sobre todo, vendedoras- ambulantes que en Guilin y tengo la sensación, de que son los más agresivos de toda China. En las tiendas también agobian lo suyo, aunque con más educación. El calor húmedo que se respira aquí, en contraste con el fresquito del barco, nos va a llevar al otro mundo.

Calle principal comercial de Yangshuo 

Recorremos este maravilloso pueblo, con sus calles semipeatonales –completamente peatonal en China, es imposible-, casas de madera, canales, lago, río y sus numerosos y espectaculares picos. Casi hay más guiris en Yangshuo, que en todo el resto de China –obviamente, es una imagen engañosa, porque estamos muy concentrados, al ser el sitio pequeño-, pero aún así, tocamos a ocho tiendas por extranjero. Cada venta que hacen, debe ser una celebración, similar a la de ganar la Champions o algo así.

 

Se vende de todo lo imaginable: Ropa, llaveros, bolígrafos, relojes, ropa interior femenina, calzoncillos falsos de Calvin Klein o de Björn Borg -¿tendrá noticia el tenista?-, plata del Tibet, pendientes… Y los vendedores ambulantes: Abanicos, postales, pulseras, el crucero por el Li… Hay hasta un viejo en la ribera del río, que posa en su destartalado barco con dos pajarracos, para que te hagas fotos con ellos, al precio de dos yuanes.

 

Hacemos compras en el todochino de dos yuanes, donde están poniendo una preciosa música, fusión entre ritmos chinos y el folk. irlandés. Luego, como hemos comido pronto, compramos dos bolsas de papas fritas Lays. En cualquier país están más ricas que en España. ¡A ver cuando dejan de fabricar, esas tan apestosas que llaman de jamón!. Seguidamente, nos damos a los zumos.

 

Entramos en un polideportivo enorme y vemos a más de cincuenta niños de diversas edades –los hay desde cuatro o cinco años-, jugando al tenis de mesa. Cada uno con su propio árbitro y todo y otra persona encargada del marcador. ¡No me extraña que esta gente, luego arrase en las olimpiadas!.

 

En Yangshuo si que hablan –más o menos- ingles, sobre todo en las agencias, que venden el crucero o boletos de autobús a Zhuhai, Guangzhou o Shenzhen. Parecen mucho más profesionales que las de Guilin, pero también más caras y menos cariñosas. Vemos un anuncio en la calle, donde reclaman profesores de inglés, para varios meses o por un año. Las condiciones son las siguientes: Alojamiento, comida y visado gratis, más entre 4.000 a 6.000 yuanes al mes. Las guest houeses de aquí, son muy elegantes por fuera.

 

Seguimos dando vueltas por el centro, relativamente pequeño y después de cinco horas aquí, decidimos poner fin a la visita, tomando un autobús pequeño, pero nuevo, que sale de la céntrica estación y que cada veinte minutos, te pone en el corazón de Guilin, en tan solo una hora y cuarto. ¿Cómo no van a estar en China los jardines bien cuidados, si hasta la mediana de la carretera, está florida y tiene los setos recortados?.     Yangshuo 

 

 

OTRA VEZ EN GUILIN Y CANAL LING

 

Guilin, parece una ciudad completamente distinta con sol. Resulta delicioso, pasear por cualquiera de las dos partes del lago –separadas por la calle principal- y ver la puesta de sol. O cruzar a un bonito jardín –noticia, es gratis-, en una isla del medio, a la que se llega a través de una pasarela y donde hay una acogedora y tranquila tetería. Los lugareños no paran de hacerse fotos, para variar.

 

Ya con las primeras sombras de la noche, nos dirigimos a la zona comercial, mucho más animada que ayer. Hay varios lugares de comida china, de la heavy, de la que salimos corriendo, debido al apestoso olor. Hasta a mi me huele y eso que sigo con el tremendo constipado –que llevaré hasta casa, durante trece días-. Nos sale un simpático chino, que sabe la palabra “amigo” en español. Dice tener una hermana en Madrid, regentando un restaurante de comida china y nos pregunta si la conocemos. Nos comenta también que va a ir en diciembre a España. Cuando toma confianza, pretende llevarnos a una galería de arte. ¡Va a ser que no!.

 

.Vemos atardecer junto a las pagodas, en lo que resulta una escena inolvidable, que como tantas otras, inmortalizamos

con nuestras  dos cámaras, la de la mancha y la vieja. Hay mucha gente, sobre todo joven y también por el mercadillo que  han montado casi junto al hotel y la calle principal, que a estas horas han peatonalizado en parte.

 

Ya en el hotel, miramos posibles excursiones para mañana. Descartamos la visita a Long Gi, por lejana (poblados Luang y Yao, en los arrozales), pero dejamos en la recámara, el canal Ling, a unos 65 kilómetros de aquí. El calor y la humedad, también han sido hoy insoportables en Guilin.

                                Calle principal comercial de Guilin

Amanece el día 12º de viaje, con bastante ruido en el hotel, para no variar y de nuevo está despejado. ¡Quien lo hubiera dicho hace dos días, cuando llegamos a Guilin, que aquí veríamos el sol!. Paseamos de nuevo por los alrededores del lago. Decenas de personas –la mayoría mayores y mujeres-, practican taichí en la calle. Ya estamos acostumbrados a este fenómeno matutino, muy característico de oriente, pero a lo que no terminamos de habituarnos nunca, es a los palmetazos tan fuertes que a veces se pegan. Ayer cuando estábamos esperando el banco, una mujer se estaba dando una auténtica paliza a si misma.

 

Siguiendo la información de nuestras guías, nos dirigimos hasta la estación de ferrocarril y por 15 yuanes, tomamos un microbús que nos lleva hasta el canal Ling. Se encuentra en el pequeño municipio de Xing’an. Es uno de los más antiguos del mundo y sirvió de sistema de riego y de transporte –aún se sigue utilizando para lo primero-. Tiene 34 kilómetros de largo y hay una presa que divide el río en dos partes.

 

Contemplamos las dos ramificaciones que atraviesan la población de Xing’an, una al norte y otra al sur y paseamos por el mercado de la población, para retornar de nuevo en microbús a Guilin

 

Mientras nos dirigimos al parque de las Siete Estrellas y la con cerveza en ristre, filosofamos sobre la forma en que los padres tratan a los niños, en el primero y en el tercer mundo. Y todo es, porque hemos visto a un crío de unos cinco años, volviendo solo del colegio, con su mochilita y el paraguas de la mano, protegiéndose del sol, como si tal cosa. En España los padres a los 11 años, aún los tienen con niñera, como si fueran minusválidos o tontos. No sé les dan responsabilidades hasta casi la mayoría de edad, pero si se les considera aptos para manejar un teléfono móvil, desde que tienen siete años. ¡Porca miseria!.

 

La noche que nos trasladábamos hasta aquí en bus-cama, justo al lado, viajaba una madre con un niño de unos ocho años. La mujer fue todo el camino durmiendo, mientras el chaval jugaba a su bola, con un globo bastante grande. En España este hecho, casi habría sido tildado de abandono del crío y de sus obligaciones como madre. Pero el niño andaba bien entretenido, sin molestar a nadie –a los únicos menores que hemos visto berrear en China, es a los hijos de los guiris- y cuando yo le hice caso, se puso a jugar conmigo con el globo.

 Canal Ling, cerca de Guilin

En un momento dado, el aeróstato explotó y sin escándalos, ni aspavientos, el niño se acurrucó junto a su madre y se fue a dormir. ¡Vamos, lo mismito que en occidente!. Los niños en China no arman escándalos, ni siquiera por no llevar pañales cuando son pequeños, dado que van con el culo al aire, así que cuando llegan las necesidades biológicas, no se cagan encima. Alguien me cuenta que eso, ocurría en España hace años, pero yo no he sido testigo.

 

Volvemos de la decepcionante visita y como no hemos encontrado un restaurante que nos convenza, decidimos repetir suerte en el supermercado. Pero hoy vamos a lo seguro y por 6 yuanes, le pedimos al empleado que se ocupa de ello, que nos haga en la plancha unos tallarines con verduritas, carne y especias –predomina el picante-, que nos entrega en un enorme bowl. ¡Riquísimos!. De segundo, unas salchichas, bastante más caras y con menos pinta de sospechosas, que las de hace dos días.

 

  Recogemos el equipaje del hotel y a pesar de que el calor es insoportable, nos vamos a la alejada  CAAC, a tomar el autobús para el aeropuerto. Hemos localizado el lugar en el plano, después de leer en la guía, que es desde este lugar de donde parten. Para colmo, nos toca dar un buen rodeo, por las omnipresentes obras.

 

El autobús cuesta 20 yuanes, tarda unos tres cuartos de hora y tiene bastante frecuencia. Al principio, hay unos baches tremendos en la carretera, pero la salida de Guilin es preciosa, dejando a los lados picos del estilo de los del río Li o Yangshuo.

 

 Al llegar al aeropuerto, todavía no sabemos con que compañía volamos, dado que en los boletos no lo pone y no tuvimos la curiosidad de preguntarlo. La facturación es, como siempre, veloz y la confusión aumenta, al ver que en nuestras tarjetas de embarque, pone como destino Xi’an, pero en los paneles para nuestro número de vuelo, se indica otro destino, concretamente Tianjing.

 

A pesar de que es no de los países del mundo donde mejor funcionan los aeropuertos, a veces la información de los

paneles es escasa o confusa. Acabamos resolviendo el entuerto, una vez que hemos pasado los controles de acceso y preguntamos en el mostrador de embarque. Como intuíamos, el avión va primero a Xi’an y después al destino que aparece en el panel. Volamos con Xiamen, compañía que no hemos oído jamás y cuyo emblema es, un pájaro de cuello muy largo -diría que es el mismo, que hemos visto frito o asado, en las vitrinas de algunos restaurantes, en varias localidades de China-.

                          Las dos pagodas gemelas de Guilin

Tenemos una hora de espera, que entretenemos, dándonos en vena a la maquinita del agua fría –estamos deshidratados- y paseando por las escasas tiendas del aeropuerto, que venden ositos panda muy chulos a muy buen precio (los hay solos, abrazados entre ellos, que hablan –en chino, claro-…). Nos tratan de vender una cámara de fotos Sanyo, con los mismos métodos que los vendedores ambulantes de la calle.

 

Embarcamos –en China, a diferencia del resto del mundo, tú te quedas con la parte más grande de la tarjeta de embarque, cuando la cortan-. En la cola, justo delante, hay una familia de alemanes –padre, madre e hija-, que se deben estar gastando un pastón. Viajan con guía chino, que va con ellos a todas partes. Incluso en los vuelos internos. No sabemos por qué, pero el padre se ha ubicado en preferente, mientras madre, hija y guía, van en clase turista.

 

El avión de Xiamen es bastante nuevo y nos dan un refrigerio durante el vuelo, consistente en frutita, riquísimos cacahuetes, un bollo con mermelada y café o té. Al igual que en Qatar Airways, la coca cola la sirven caliente. Como el vuelo ha partido antes de hora, estamos valorando llegar hasta el centro de Xi’an y no dormir en el aeropuerto, dado que aquí también, los trámites de recogida de equipaje suelen ser muy rápidos y esta vez también lo son.

 

 

XI’AN

 

.El aeropuerto de Xi’an no es demasiado grande y enseguida estamos fuera, casualmente, delante del autobús que va hasta la torre de la Campana (25 yuanes). Son las diez menos cuarto, así que con suerte, dentro de una hora estaremos en el centro, todavía con margen para buscar alojamiento.

 

Al bajar del bus, nos topamos con unas chavalas de azul, que te tratan de ayudar y parecen de turismo, pero no les hacemos ni caso, porque seguro, serán de algún hotel. ¿En que lugar del mundo hay gente de turismo recibiéndote, casi a las once de la noche?. A pesar de la hora, las calles están llenas de gente, que pasea o cena en los puestos de comida. La primera impresión de esta ciudad, ha sido maravillosa.

 

Hemos decidido ir andando, camino de la estación, que está a unos 4 kilómetros y es donde se encuentran los alojamientos económicos. Pero nos detendremos, en el primer hotel barato que veamos. Encontramos primero, uno por 240 yuanes y acordamos, que seguiremos buscando durante 20 minutos y si no encontramos nada, retornaremos a este.

 Calle comercial, del animado barrio musulmán, en Xi'an

No tardamos ni diez más, en localizar otro, donde nos piden solo 129 yuanes por noche. Aceptamos de inmediato, a pesar de los problemas de entendimiento con la chinita, pequeña, pero de fuerte carácter, dada la bronca que le ha metido a una de sus compañeras. Por supuesto esta vez, no decimos ni mu, sobre el depósito de 100 yuanes que nos imponen.

 

El hotel se llama como la ciudad, Xi’an y está en la calle Dong Jie, esquina con la Juhuayuanlu Lu. La habitación es enorme y el baño no está mal, aunque el hotel es algo decadente y precisaría de alguna reforma, sobre todo del aire acondicionado, que es una carraca, de la época neardental. Pero la verdad es, que por este precio, es imposible encontrar algo mejor.

 

Antes de irnos a dormir, descolgamos el teléfono. Hemos leído en la guía que en muchos hoteles, les dan la extensión de tu habitación a los representantes de las  agencias e incluso, a las prostitutas, que te llaman en plena noche, con las consiguientes e insoportables molestias.

 

Dormimos muy bien –seguro que mejor en el aeropuerto- y nos permitimos el lujo de levantarnos a las nueve de la mañana. Dedicamos los primeros tres cuartos de hora a resolver problemas burocráticos, que consisten en pagar otra noche de hotel y cambiar dinero en el Banco de China, con la lentitud de siempre. En este banco, además de las gafas con dioptrías para la firma o el botón de valoraciones del empleado, tienen una contadora de billetes para los clientes, en cada ventanilla. En el hotel, ayer no nos pidieron nada, pero hoy nos hacen una inscripción en toda regla, de la que se encargan cuatro empleadas –ni más ni menos-, que no dejan de mirar constantemente las fotos de nuestros pasaportes.

 

Nos dirigimos a la bonita torre de la Campana (27 yuanes o cuarenta, si se compra también la entrada de la del Tambor), que en su época, anunciaba la entrada y la salida del trabajo y luego nos dirigimos a la cercana torre del Tambor, que era la que marcaba los periodos de actividad y de descanso.

 

Continuamos por el contiguo barrio musulmán, que a esta hora funciona a medio gas, aunque ya están en plena actividad

los puestos de comida. Caminamos por la calle principal, luego torcemos a la izquierda y nos acabamos metiendo por una estrecha y bonita calle, plagada de tiendas, que lleva hasta la mezquita, que como no podía ser de otra manera, es de pago (25 yuanes). Los de aquí, son árabes muy achinarrados. El calor es intenso.

 

Tras varias vueltas por arabilandia, damos un largo paseo hasta la puerta Sur de la muralla (40 yuanes), que es la más bonita de todas. Está junto al río y a una enorme plaza. ¡Y es que en China cuando plantan una plaza, lo hacen en condiciones!. Solo hace falta ver esta, la del Pueblo en Shanghai o la más grande del mundo, que es la de Tian'anmen.

                                          Pagoda, junto a la bonita calle de la Cultura, en Xi'an

Cruzamos una avenida bastante peligrosa a la carrera, como casi siempre y por calles menos fastuosas –algunas en obras-, llegamos a la pagoda de la Oca Silvestre Menor (30 yuanes), que está derruida en su parte de arriba. Es más cutre que la que está junto a la calle de la Cultura, vía que hemos visitado antes y que nos ha encantado, con sus casas de madera y sus coquetas tiendas –en muchas, venden enormes pinceles-, dispuestas en tres líneas -en las dos aceras y en el medio-. En una de las decadentes calles laterales, se encuentran un montón de imprentas, decoradas por enormes y vistosos caracteres chinos.



<   17     >