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China y Qatar/16


GUILIN

 

Llegamos a Guilin (pronúnciese, más o menos, Güilin, con diéresis) sin ningún tipo de incidencia. Al bajar chispea, aunque ha debido llover más fuerte antes, porque hay enormes charcos en la calzada. Son las seis y media de la mañana, pero ya se nos acercan señoras algo pesadas, ofreciendo alojamientos y la excursión en barco por el famoso y turístico río Li.

 

Hacemos caso a una, que nos propone un hotel por 130 yuanes. La seguimos y al llegar, nos atiende una chica algo áspera. Nos enseña la habitación. No está mal, pero cuando ya hemos rellenado la inscripción, nos pide otro tanto de depósito. Nos entra un ataque de ira y la dejamos plantada.

Atardecer, en las pagodas gemelas de Guilin

Nos cuesta un buen rato encontrar otro alojamiento, aunque a las siete y media llegamos a uno –desconocemos su nombre, porque fuera no lo pone y la tarjeta que nos dan, esta en chino-, que está bastante escondido, cerca del lago Rong, en la calle Ronghu Nan. Nos empiezan pidiendo 200 yuanes y cuando ya hemos cerrado el trato en 150, vuelven a mencionarnos el maldito depósito. Amenazamos con irnos, pero aquí son más inteligentes que en el anterior y ceden a nuestras pretensiones. La habitación es similar a la anterior, limpia y acogedora, aunque algo pequeña. Nuestro victoria moral, nos ha costado pagar dos euros más por noche.

 

La idea inicial, es hacer hoy el crucero por el río Li, para llegar hasta Yangshuo y mañana recorrer Guilin. Luego, a última hora de la tarde,  tomaríamos un tren, que tarda casi unas 28 horas hasta Xi’an. Una locura, que nos estamos empezando a replantear.

 

Como otras tantas veces, lo que parece una desgracia inicial, acaba siendo la mayor de las fortunas. Merodeamos por la calle principal. Dado que las agencias están cerradas, nos dejamos querer por aquellos y aquellas que nos proponen cruceros. Unos ofertan cosas muy caras, a otros no los entendemos, de ninguna de las maneras y del resto no nos fiamos. Así que volvemos a una especie de agencia, dentro de la estación de autobuses, que en la práctica, es una mesa, una silla y una chica. Como son más de las ocho, nos dice que la excursión de hoy ya ha salido y que para mañana no tiene plazas.

 

La contrariedad inicial es inmensa, dado que si hoy no podemos hacer el tour, todo se retrasará un día, que tendremos de menos para Xi’an o Beijing. O renunciar al crucero por el Li e irnos ahora en bus a Yangshuo, aunque no parece lo más adecuado, después de haber llegado hasta aquí Así que la solución no debe ser otra, que tratar de tomar un vuelo interno pasado mañana por la tarde, para estar por la noche en Xi’an. Pero, ¿donde buscar?.

 

Nuestros pasos se dirigen por  pura inercia, a la calle que bordea el río, perpendicular a la derecha de la principal, que es

casualmente, donde una tras otra, están casi todas las agencias. Ya desde el principio, nos damos cuenta de que la mañana va  a ser larga, porque en cada una, nos piden un precio distinto por el crucero y por el vuelo, así que entramos en siete u ocho y comparamos tarifas. En casi todas tenemos alguna dificultad para entendernos –en unas, más que en otras-, pero entre sus no muy avanzadas nociones de inglés, los gestos y la buenísima voluntad, nos acabamos comprendiendo..

                        Especialidades gastronómicas de Guilin

La excursión por el río, la hay desde casi 500 yuanes, a los 245 que nos han pedido en la agencia donde nos decidimos a contratarla. Son 100 yuanes más, si quieres ver cinco atracciones añadidas, pero por las fotos, solo una, que es una especie de cuevas con estalactitas, nos ha parecido interesante, así que nos quedamos con el itinerario básico. Pagamos en efectivo, nos dan un vale y nos indican que estemos aquí, mañana a las ocho en punto.

 

La razón de la oscilación de precios, es que unos barcos salen de un muelle, desde donde antes solo podían viajar los chinos –llamado Panshan-, y desde el que ahora, ya puede hacerlo todo el mundo. El resto parten del otro, desde donde antiguamente obligaban a embarcar a los extranjeros. Menos mal que en la guía Michelín, explican muy bien todo esto y veníamos con la lección aprendida, poruqe el ahorro es importante.

 

Como el boleto de avión, lo hemos visto sensiblemente más barato en otra agencia, nos dirigimos a ella. Son 380 yuanes a Xi’an –más barato que el tren-, en un vuelo que sale a las 19,30 horas. Lo malo es que tal vez nos toque dormir en el aeropuerto.

 

La chica, simpatiquísima y ejemplarmente eficiente, dice que tardará un rato y que deberemos pagar en efectivo. Casi mejor, porque cuando reservamos el vuelo de Shanghai a Shenzhen con Ctrip por internet, nos indicaron que por abonar la cuenta con una tarjeta extranjera, nos iban a cargar el 3%, que finalmente fue el 9%. No hemos reclamado, porque parece ser que es normal, según hemos leído en algún foro y se trata tan solo de cinco euros.  

 

Nos toma los nombres y nos indica que volvamos dentro de dos horas. Antes de irnos, se produce un pequeño lío de fechas y la razón es que ella, se está basando en un calendario de Beijing 2.008, que tiene sobre la mesa. Ha empezado a llover con fuerza y no parará hasta casi las dos de la tarde.

 

Utilizamos ese margen de tiempo, en buscar un Banco de China donde cambiar dinero, para pagar los boletos de avión. Luego nos tomamos unas Tsingtao, en un garito cercano, además de pasar por el hotel a por el paraguas.

 

Volvemos a la agencia a la hora indicada, pero la chica nos dice que hay problemas, porque el apellido de mi chico es “too long”. Y es que ha tenido la mala suerte, de tener un apellido de doce letras, cuando en los sistemas de emisión de billetes en China, solo entran once. ¡Lo mismo que nos ocurrió con el otro vuelo interno!.

Alrededores del lago, en Guilin

Nos indica de todas formas, que es cuestión de tiempo y en media hora se arregla, después de que haga varias llamadas –una de ellas con bronca incluida, por el tono- y le diga a un chico, que se lleve nuestros pasaportes a no se donde, para traerlos cuarto de hora después. En unos cuarenta y cinco minutos por fin, tenemos nuestros billetes físicos. ¡me había olvidado ya de que existían, después de tantos años usando los electrónicos!

 

Hemos arreglado todos los trámites con éxito, así que nos creemos merecedores de una opípara comida. Como no hemos tenido tiempo de buscar un restaurante o garito local de comidads, nos topamos con el supermercado de la calle principal, que está en la acera de la derecha, casi al lado de las pagodas. Tiene bastantes platos de comida preparada, así que decidimos zambullirnos de lleno en la gastronomía china, con resultados desiguales.

 

Compramos lo que parecen unos tallarines, pero no lo son, pues resultan asimilarse a tiras de papel muy especiadas y que acaban en la basura. También, una especie de champiñones rellenos de supuesto pimiento rojo, que tampoco lo son y tienen textura que tira a plástico. De estos conseguimos comernos la mitad. Adquirimos igualmente salchichas, que si lo son, aunque no sabemos de que –ni nos importa-, tiran a dulces y repiten durante toda la maldita tarde. Caen casi todas. Y por último, una carne sosaina, que comemos con pan dulce. ¡La experiencia es claramente mejorable!, pero nos desquitamos zampándonos dos helados cada uno, de nata y chocolate, en Mcdonalds.

 

Solo hay una hora de tregua y a las tres empieza a llover de nuevo, no dejándolo ya en toda la tarde. Paraguas en mano, nos disponemos a ver Guilin, con los pies empapados. Damos una vueltecita por la calle peatonal, llamada Zheng Yang Lu. Es chula, aunque a estas horas y con este tiempo, está poco animada.

 

Nos deleitamos paseando alrededor del lago Rong y contemplando las dos pagodas gemelas del centro del mismo (30

yuanes). Luego nos acercamos hasta la Colina de la trompa del Elefante (33 yuanes). La tienen completamente cubierta de vegetación y de vallas, para que no puedas ver nada desde fuera y tengas que pagar. El que le ha buscado parecido a esto, con la trompa de un elefante, más que mucha imaginación, tiene una cara tremenda.

 

El desplume se completa, con el jardín de al lado del río (30 yuanes) –es el único país, donde te cobran por entrar en casi todos los jardines- y el pico de la Belleza Solitaria (10 yuanes), pero a estos dos últimos ya no entramos. Resulta muy agradable, pasear por el lago y las riberas del río Li. Dejamos para el miércoles, el alejado parque de las Siete Estrellas, porque la lluvia va en aumento.

                                                                                                                                                                 Atardecer en el lago de Guilin

Regresamos a la calle comercial y al plaza Central. Las aceras y la calzada patinan, como si fueran pistas de hielo. Empezamos a encontrarle sentido, a esa zona rugosa en medio de la acera, que tanto nos molestaba. Y es que caminando por ella cuando llueve, uno se desliza menos. ¡¡¡Casi nos caemos por una rampa resbaladiza, al bajar por un paso subterráneo!!!.

 

Nos guarecemos de la lluvia y nos resistimos por momentos, a irnos al hotel, pero a las seis de la tarde –hora realmente inusual para nosotros-, nos acabamos refugiando en nuestra habitación. ¡Menudo descubrimiento y disgusto!. En las últimas fotos de hoy, aparece una mancha negra, en la esquina superior derecha de la cámara, parecida a la que nos salió en el objetivo vieja en Indonesia, el año pasado. Pensamos que le ha entrado agua, pero descartamos esta posibilidad, al descubrir que hay alguna foto de Macao, donde ya aparece la puñetera mancha. Será una mota de polvo tal vez, que no sabemos como quitar -en la cámara vieja acabó desapareciendo sola, al volver a casa-. La ponemos cerca del aparato climatizador y primero le lanzamos calor y luego frío, pero nada de nada. Menos mal que también trajimos la antigua.

 

Y para colmo, nuestro paraguas se ha roto y el calzado y los pies, están completamente inundados. Volvemos a parecer champiñones, como en nuestras épocas más gloriosas en la estación de lluvias, durante el viaje del año pasado al sudeste asiático. 

 

 Nos relajamos viendo la televisión en chino, como ya es costumbre. Ha sido un día duro por la climatología. Guilin, se ha convertido en el primer destino en China, donde realmente hemos visto un importante número de buscavidas y también, algunas personas mayores algo agresivas, pidiendo. Pero China en general, no es un país de pedigüeños

 

También los de este hotel son un poco buscavidas. Pasadas las diez y media de la noche llaman a la puerta de la habitación, para darnos unos folletos y trat

arnos de vender la excursión al río Li, para mañana. ¿No se darán cuenta de que molestándonos de esta manera y a esas horas, cualquiera se cierra en banda y no solo no vamos a comprar la excursión, sino que además no recomendaremos a nadie este hotel?. Por la mañana también nos habían intentado engañar, al bajar el precio a 150, diciendo que eran 150 cada uno., así que juzguen ustedes, sobre la conveniencia o no de pernoctar en este establecimiento.

 

Luego llaman al móvil de mi chico, que con Telefónica si tiene cobertura. La comunicación procede de China, como constatamos por el número, así que no descolgamos. ¡¡¡Creedme y creo que ya lo dije otra vez, lo peor que podéis hacer en vuestra vida, es darle vuestro teléfono fijo o móvil a un chino!!!.

                                               Pagodas gemelas de Guilin

 

CRUCERO POR EL RÍO LI

 

Nos levantamos, decididos a pagar nuestra segunda noche de hotel, pero el de la recepción no consigue enterarse de lo que queremos. Tonto para unas cosas, pero listo para otras, porque llama por teléfono y nos quiere pasar a su interlocutor, que no es otro, que un vendedor de excursiones por el río Li. Mandamos a los dos a hacer gárgaras y decidimos pagar la habitación a la vuelta de Yangshuo, ya por la tarde.

 

A las ocho, estamos puntuales en la puerta de la agencia y diez minutos más tarde, nos indican que debemos subir a un autobús, donde todos sus pasajeros son chinos. Va completando su aforo, recogiendo a otros viajeros por diferentes hoteles, acción que nos lleva media hora. Otro tanto, tardamos en llegar hasta el embarcadero Panshan, el de los chinos.  Afuera hay puestos de chucherías y refrescos y, dentro, venden caros artículos de jade –la gente mira mucho y compra pocoo-. Se trata de una enorme nave industrial, con enormes fotos del río Li –sin neblina-, en la que nos hacen esperar casi otra media hora.

 

Tras esto, nos obligan a saltar de un barco a otro, hasta que llegamos al nuestro. Ya no volveremos a ver al guía chino, que nos ha acompañado en el autobús, a lo largo de todo el día, ni a los chinos con los que compartimos dicho vehículo. Suponemos que han pagado los 100 yuanes más, por las otras cinco visitas y por eso van en otro barco. La chica de la agencia ya nos había aclarado ayer, que la comida si estaba incluida, pero que la vuelta desde Yangshuo en microbús (15 yuanes), corría por nuestra cuenta.

 

Amenaza lluvia, pero afortunadamente, no caerá ni gota en todo el día. El barco va lleno de chinos –el turismo interior en

este país es enorme- y guiris solo cuento seis, incluidos nosotros. Llevamos 11 días en China y todavía no hemos visto ni un solo español, ni tampoco latinoamericanos. 3 millones de personas hacen este crucero cada año.

 

Hay dos opciones. Puedes realizar el crucero sentado en tu asiento, en la parte inferior del barco o subir a la parte descubierta de arriba. Nosotros vamos intercalando ambas, pero empezamos arriba, haciendo decenas de fotos, aunque para variar, hay cierta neblina, que impide ver los espectaculares y majestuosos picos con nitidez. No tenemos la sensación de haber tenido mala suerte. Nos tememos, por el contrario, que aquí los días despejados son muy pocos, a lo largo del año.

                                                            Crucero por el río Li

La excursión discurre por parajes con encanto, aunque no tanto como esperábamos. De nuevo –es una opinión personal-, es otro de los atractivos de China que están sobrevalorados. El crucero además, es muy caro, incluso pagándolo a precio de chino, es menos de lo que imaginas y las tres horas y media que tardas, se acaban haciendo largas, porque en casi la última entera, ya no hay picos , hasta llegar a al bella Yangshuo.

 

A que se haga pesada, contribuye también que el paisaje, aun siendo espectacular, es demasiado uniforme –solo varía, entre picos y paredes descomunales de piedra-, en casi todo momento. Apenas dos modestas cascaditas, a lo largo del recorrido y una un poco más grande. 

 

La china que hace de guía, berrea por la megafonía del barco a grito partido, con su voz aguda. No habría sido mala idea, traernos los tapones de los oídos, que nos dieron en Qatar Airways. A las 12 de la mañana nos sirven la comida: Se trata de una enorme bandeja de arroz blanco y otra más pequeña con verduras al dente, en una rica salsa picante, con escasos trozos de carne. Es correcta, aunque dado el precio de la excursión, se podían haber gastado unos yuanes a mayores, en añadir un poco más de carne, un postre, una salsa para el arroz y una bebida. La única que es gratis es el té, presente en todas las mesas y que a mí, a la segunda taza, me provoca ligeros desarreglos intestinales. El baño del barco, no es precisamente el lugar más apetecible para solucionarlos.

 

En cubierta, un grupo de chinos se está poniendo las botas. A la comida normal, han añadido numerosas viandas, como pollo, otras carnes, cangrejos, gambas o caracoles. Hasta a los propios chinos les, cuesta comer con los infames palillos. O bien se abalanzan sobre el cuenco –en plan abrevadero- o lo suben hasta la boca. Aun así, saltan restos de arroz por toda la mesa. ¡¡Vivan  el tenedor y el cuchillo!!.

 

Después de comer, regresamos otra vez a la parte de arriba. Hace un poco de frío y estamos casi solos. Los barcos pitan cuando se cruzan con los que vienen en sentido inverso. ¿No se pueden saludar llamándose al móvil?.

Crucero por el río Li


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