China, Hong Kong, Macao y Qatar Saliendo de la nebulosa... (Por un lado, China y Qatar –no así Hong Kong y Macao-, son países algo herméticos, que comienzan a desperezarse. Por otro, la persistente neblina, la contaminación o el polvo del desierto –este último, en el caso de Qatar-, bastantes veces no permiten ver con nitidez, muchos de los atractivos de ambos países Todos los textos y fotos de este relato son originales. Queda permitida su reproducción parcial en otros sitios webs, siempre que no se usen con fines comerciales, se cite la fuente de procedencia y se me informe de ello, a la dirección de correo electrónico, que aparece en la página principal de esta Web Ir a: La Página de Inicio o al resto de las páginas del relato Hemos volado durante diecisiete horas, con una escala de cinco en Doha (Qatar) y tal vez durante ese tiempo, a 36000 pies de altitud, no nos hayamos percatado de que algo irreparable en el mundo, tal vez la guerra nuclear o la química, haya acabado con todo lo que conocíamos antes. O quizás, no hayamos aterrizado en Shanghai, nuestro destino, sino en otro inhóspito planeta.La mayoría de los pasajeros que nos han acompañado durante las últimas diez horas son chinos, aunque hay algún árabe y seis turistas occidentales en total, incluidos nosotros. Todos estamos bastante cansados y deseosos de salir de la aeronave, por lo que nos arremolinamos en el escaso espacio de los pasillos centrales del Airbus 330, esperando que la tripulación abra las puertas. La isla de Hong Kong, vista desde KowloonA una alocución en chino, le sigue otra en inglés, en la que se nos indica que permanezcamos sentados en nuestras butacas. Nadie hace caso a esta habitual recomendación, tan escuchada en la mayoría de los vuelos. No entendemos nada, pero ahora el consejo se convierte en bronca, de nuevo primero en chino y seguidamente en inglés. Con cierta intimidación verbal, se nos obliga a sentarnos bajo amenazas, advirtiéndonos de que estamos vulnerando la legislación china de inmigración. Esta vez, hacemos caso, como no podía ser de otra manera. Un miembro de la tripulación, nos reparte una hojita blanca, que resulta ser un cuestionario de estado de salud, con diferentes preguntas y con claras referencias a la gripe A. Mientras lo estamos rellenando, entran en el aparato dos personas, vestidas de blanco, con traje hermético de cuerpo entero y con la cabeza cubierta, a modo de escafandra, que portan aparatos que resultan ser detectores infrarrojos, que van pasando minuciosamente por la frente de todos los pasajeros La tensión se palpa en el ambiente. ¿Qué ocurrirá si nuestras frentes dan unas decimitas de más?. Al fin y al cabo y con las comidas, nos hemos tomado tres botellitas de rico vino chileno, que pueden haber elevado la temperatura corporal. ¿Nos llevarán durante una semana a un centro esterilizado, de control y tratamiento, a las afueras de Shanghai?. ¿Tal vez a una instalación militar de alta seguridad, para que no escapemos?. ¿Nos separarán?. ¿Nos torturarán?. ¿Seremos cobayas de los experimentos de la ciencia?. Y si aún teniendo suerte, pasamos el control, ¿que ocurrirá si es otro de los pasajeros el que presenta fiebre?. ¿Precintarán herméticamente el avión y nos tendrán aquí dentro durante días, pagando la temida cuarentena?. O Tal vez, ¿expulsarán al avión del país, con la recomendación a terceras naciones, de que no nos permitan aterrizar en ninguna parte y terminaremos cayendo precipitadamente al mar, una vez que se nos acabe el combustible?. Afortunadamente y tras unos diez minutos de pesquisas, la temperatura de todos nosotros es la correcta y nos permiten abandonar el aparato. Pero al llegar a los controles de inmigración, de nuevo nos frotarnos los ojos, volviendo a tener sospechas, de que el conflicto bacteriológico o nuclear mundial, ya ha comenzado y de que el final fatal es inevitable. Todos los funcionarios sin excepción, portan enormes máscaras sobre sus caras y guantes largos y blancos en sus manos. El argumento se refuerza, una vez obtenido el preciado sello, cuando entramos en la zona de llegadas, en la que apenas hay nadie. ¿Estarán todos en los refugios subterráneos?. Por suerte y al salir al exterior, parece que la vida sigue su curso cotidiano. Nos relajamos, respiramos a fondo y nos ponemos a la espera de la llegada del autobús número 5, que pretendemos nos deje en el centro de la ciudad y que nos permita iniciar nuestro periplo de casi tres semanas por China. De esta forma algo abrupta, se inicio nuestra estancia en el país, el 25 de mayo de 2.009. Hoy 13 de junio, tan solo unas pocas horas después de nuestro retorno, lo relatado en las anteriores líneas queda en una mera anécdota, porque ese talante y forma de actuar paranoicas y exageradas del que fuimos víctimas a nuestra llegada, no volvió a repetirse durante ningún momento de nuestra estancia y pudimos disfrutar de un país tolerante, abierto –a su manera, eso sí-, moderno en líneas generales -al menos en las zonas turísticas- y con un montón de encantos por descubrir. La plaza del Pueblo, en ShanghaiAquí comienza la historia de un viaje a China, Hong Kong, Macao -aún sigo sin saber, si estas dos son o no China- y Qatar, en el que todo fue mucho más fácil de lo que pensábamos, a pesar de lo relativamente estresante que resulta moverse por ciudades que cuentan sus habitantes por varias unidades –en ocasiones, decenas- de millones de personas. Como en todos los relatos de esta web, primero se exponen epígrafes generales sobre los países visitados y a continuación, se narra la historia del viaje. Es la estructura clásica, desde aquel primer relato publicado en 2.005, de un viaje a los países nórdicos y a las repúblicas bálticas. CONSIDERACIONES GENERALES –Y, POR SUPUESTO, PERSONALES- ACERCA DE CHINA Y DE LOS CHINOS. A pesar de ser un país ubicado en Extremo Oriente, bastante alejado del nuestro y de tener un alfabeto, una religión, una cultura o una gastronomía completamente diferentes, lo curioso, es que China no se hace o resulta un país exótico para el viajero, tal vez porque muchos de los aspectos de su idiosincrasia, los hemos visto mil veces en los numerosos barrios chinos que hay por el mundo o incluso en nuestras propias ciudades, a través de los restaurantes -a pesar de que casi nada tenga que ver lo que sirven en ellos, con lo que habitualmente se come en China- o negocios de los inmigrantes de ese país, repartidos por toda la geografía mundial. Fuimos a China buscando una cultura milenaria y por desgracia, no la encontramos en la mayoría de los casos. Lo más seguro, porque muchos de los rasgos de esa tradición y en casi todos los aspectos, fueron tratados de borrar por el régimen comunista, a mediados del siglo pasado, pretendiendo instaurar una cultura moderna y nueva, que terminara con todo lo pasado. No resulta fácil en 18 días, que fueron los que estuvimos en el país, descubrir los rasgos de esa nueva cultura. Yo al menos, no sería capaz de describirlos y en muchas ocasiones durante nuestra estancia, he dudado de que incluso existan. Uno se va al mundo anglosajón, al musulmán, al sudeste asiático o a América Latina y vuelve con las ideas claras, sobre los principios o los rasgos que definen a esas sociedades, cosa que debo reconocer, yo no he conseguido en China.Sin embargo, si que he descubierto que hay muchos tópicos sobre China y los chinos, que no son ciertos y que tienden a veces a denostarlos. Analizo a continuación, muchas de las cosas que anteriormente a nuestro viaje, había oído sobre China y los chinos y lo que hemos encontrado en la –nuestra- realidad. Por supuesto, es imposible evitar el componente subjetivo de la visión personal. Ruinas de la iglesia de San Pablo, en Macao1.- “Los chinos en general, son un pueblo sin demasiada curiosidad”: Aunque es una afirmación peligrosa y resulta imposible generalizar, debo decir que estoy bastante de acuerdo con esta sentencia. Me ha dado la sensación, de que a los chinos les cuesta sentir pasión o curiosear en aquellos aspectos que no les van a resultar útiles para su vida diaria o desenvolvimiento. Tampoco parecen muy entusiastas en conocer lo que ocurre más allá de sus propias fronteras. No es frecuente, como en otras muchas partes del mundo, que se interesen muy a menudo por saber de donde eres, cuantos días llevas en China, que has visitado o siquiera, si te gusta el país. Por otra parte y a lo largo de toda nuestra estancia, en ninguno de los seis hoteles de categoría media y alta en los que estuvimos, tenían un solo canal que no fuera chino. Incluso en nuestro cuatro estrellas de Hong kong, nos fue imposible sintonizar CNN o BBC World, por ejemplo. Sirva como ejemplo, que el domingo en que se jugaba la final masculina de Roland Garros, el único canal chino –de las decenas que hay-, que estaba dando deportes, ofrecía un partido de tenis de mesa entre dos compatriotas. Por el contrario, el pueblo chino me ha parecido bastante eficaz y práctico. Casi todo en la vida diaria, está diseñado para que las cosas se puedan hacer de la forma más solvente y rápida posible. Y reitero lo de casi todo 2.- “China es un país hermético”: En mi opinión, aunque no lo sea, si que lo parece. Y creo que es por ese desinterés que tienen de mostrarse al mundo, más que por restricciones impuestas. Salvo en lo referente al tema del Tibet, sobre el que tengo mi opinión, aunque no la daré, puesto que nada aporta a este relato, la libertad de movimientos por el país es casi absoluta para el viajero y las autoridades o sus gendarmes, nunca se meten en tus asuntos. Aquel que quiera, podrá conocer China con la profundidad deseada. China resulta también un país algo impenetrable para determinados usos y costumbres occidentales –no para las marcas de la mayoría de las multinacionales-. A modo de ejemplo, me resulta incomprensible como aún siguen utilizando los palillos para comer, existiendo el tenedor -y es que a pesar de la destreza que muestran con estos utensilios, hasta a ellos les resulta difícil comer de una forma ordenada con estas herramientas-. ¿Es obstinación?. ¿Es tradición?. ¿Es sentirse diferentes?... No tengo ni idea, pero sobre este capítulo, ofreceré otras reflexiones cuando se trate el asunto de la gastronomía. 3.- “Viajar por China es complicado, sobre todo debido al idioma”. Esta afirmación es completamente falsa, al menos en las zonas turísticas principales -puede que si sea verdad en la China rural.-. Puedo asegurar, que China es uno de los países del mundo más fáciles de hacer por libre, para el viajero que tenga una mínima experiencia en viajes por Asia. Cierto es que el don de lenguas, no es una de las mejores habilidades de los chinos, pero no lo es, que no hablan absolutamente nada de inglés. En todas las estaciones de trenes, autobuses y agencias donde contratamos vuelos internos, sabían al menos el suficiente para que –en el caso del vuelo interno, con algo de paciencia- pudiéramos gestionar nuestros intereses sin muchos problemas. Lo que ocurre es que no hay que avasallar. Hay que hablarles muy despacito y con un inglés básico, que ellos puedan entender. Al fin y al cabo, somos nosotros y no ellos los que queremos resolver algo. Solo en uno de los seis hoteles en los que pernoctamos, no sabían absolutamente nada de inglés, pero en esta y en otras ocasiones en la calle, con buena voluntad y disposición se suele arreglar todo. Agencia matrimonial callejera, en la plaza principal de SuzhouLo único que si conlleva cierta dificultad, es preguntar por cosas concretas en una ciudad. No suelen dársele muy bien los planos, ni incluso los escritos en chino. Como anécdota cabe contar, que en Hangzhou estábamos buscando el lago y para ello, les señalábamos el mismo, de color azul como es habitual, en el plano de la guía Michelín. Muchos de ellos, ni siquiera de esta forma nos entendieron. Mención aparte merece, cuando preguntas algo a alguien en plena calle, señalándole el plano y vas viendo, como un chino tras otro, se van arremolinando a tu alrededor, hasta llegar en ocasiones a sumar cinco o seis. Para ir a direcciones concretas, como por ejemplo a hoteles previamente reservados, lo mejor es llevar escrito el destino en chino. Además, hay otros muchos aspectos a nuestro favor, que hacen que viajar por China, sea muy fácil: -En las zonas turísticas al menos, se utilizan nuestros mismos números. Por lo que por un lado, solucionamos el tema del valor del dinero y del transporte ferroviario, dado que rodos los trenes tienen un número, así que aunque los paneles estén en chino, se localizan perfectamente a través de los dígitos del convoy. -Los nombres de las calles suelen estar también en nuestro alfabeto, en casi todas las ciudades importantes y puntos turísticos.. -Los nombres de las ciudades, los pronunciamos casi igual que ellos, de tal forma que nos entienden normalmente, cuando preguntamos por un destino. Si no, en la mayoría de las guías vienen escritos en chino, así que basta con mostrarlos. -En los aeropuertos, prácticamente todo está en nuestro alfabeto y en inglés. China es un país con hoteles buenos, bonitos y baratos y los vuelos internos también están a buen precio, lo que también ayuda a que el viaje sea muy confortable y fácil. 4.- “Los chinos no son demasiado amables y educados”: Quizás ni sean los más amables del mundo, ni los más educados, pero yo les daría muy buena puntuación en ambos campos. Lo que ocurre, es que tal vez sean más secos, poco expansivos y muestren algo menos de hospitalidad que otras culturas, como la musulmana o la de determinados países del sudeste asiático Lago de HangzhouCasi siempre que les pidamos algo, tratarán de ayudarnos y no es infrecuente, que lo hagan por propia iniciativa, preguntándote si necesitas ayuda, si te ven algo perdido. Y siempre, sin ningún interés de recibir contraprestación alguna y menos económica.La atención al público es normalmente excelente y la eficacia máxima. A veces, uno se puede sentir un poco perseguido y vigilado en determinadas tiendas, restaurantes o pequeños supermercados. El acoso puede resultar ciertamente agresivo, pero a lo largo del tiempo, te vas dando cuenta de que tienen más intención de ayudar –a su manera, claro-, que de agobiarte. Comentario aparte, merece el asunto del tráfico rodado. Como en otras partes del mundo, los chinos cuando se suben a un vehículo pierden toda educación –supongo que, mayormente, por pura supervivencia-. El tráfico de vehículos en el país es infernal y apenas se respeta alguna regla de circulación y mucho menos los semáforos. Ciudades como Shanghai –no así Beijing-, resultan aterradoras para el peatón. China, en la mayoría de los aspectos, es primer mundo y debería tratar de corregir con las pertinentes medidas, estos comportamientos tan típicos del tercer mundo Como en otras muchas cosas, en este asunto, Hong Kong y Macao son un mundo aparte. 5.- “Los chinos son algo raros, algo secos y poco divertidos”. Bueno. Supongo que para nosotros son igual de raros, que nosotros para ellos. Pero en lo que ya no estoy de acuerdo, es en lo de poco divertidos –si en lo de algo secos, como ya dije anteirmente-.A mi la china, me parece de las culturas más alegres del mundo. Todo es vistoso, todo es colorido, todo es brillante –incluida la bisutería de dos yuanes-, todo es florido, todo es luminoso, todo se enciende y se apaga para llamar la atención de la gente… Gran Muralla China, en BadalingLas letras que rotulan los establecimientos o los anuncios callejeros son grandiosas, expresivas y felices; las ciudades están llenas de pantallas gigantes de televisión, que dan ambiente y colorido; hay muchas luces de navidad, que alegran la vida todo el año, peonzas luminosas –algo rayantes, eso sí-, girando por las calles a la espera de compradores… Tal vez no sea el concepto de alegría y diversión que tenemos en occidente, pero desde luego sus ciudades, sus calles, sus tiendas, sus centros comerciales… son menos serios y más amenos que los nuestros. ¡De eso no me cabe la menor duda!. |