Historia

Estación de San Bernardo

La estación de San Bernardo fue encargada por la Compañía de Ferrocarriles Andaluces al ingeniero Agustín Juberd en 1902. Con la inauguración de esta estación, Sevilla contaba con dos grandes edificios ferroviarios. Por un lado estaba la estación de Cádiz, y por otro, la estación de Plaza de Armas, inaugurada un año antes como cabecera de la línea Sevilla-Córdoba-Madrid y perteneciente a la compañía rival, MZA.
 
 
Acción de la Cía. de Ferrocarriles Andaluces. 1924
 
 
 
Mientras que la estación de Plaza de Armas se levantó en estilo neomudéjar, la de San Bernardo se construyó siguiendo los cánones clasicistas, con arcos de medio punto, pilastras y balaustradas clásicas. El material empleado fue el ladrillo (material por antonomasia en la arquitectura sevillana) y la piedra, dándole al edificio un interesante juego cromático entre el rojo del ladrillo y el blanco de la piedra utilizada en cornisas, puertas y ventanas, además de diferentes elementos decorativos.
 
En lo que sí coinciden ambas estaciones es en la marquesina metálica que cubre los andenes. Ambos edificios juegan un papel fundamental en la historia de la arquitectura en hierro en nuestra ciudad por el uso de materiales “novedosos” en la construcción como son el propio hierro y el cristal.
 
Mientras que Plaza de Armas consta de un vestíbulo de acceso que daba directamente a los andenes teniendo a ambos lados de los mismos las diferentes estancias de la estación; Juberd dispone en la Estación de Cádiz la marquesina paralela al cuerpo principal del edificio, discurriendo a lo largo de todo él. El cuerpo central del edificio consta de un pabellón central, que actúa a modo de fachada principal, y dos pabellones laterales de menores dimensiones. El pabellón principal y los laterales se comunican por medio de sendos cuerpos alargados de menor altura y cubiertos por terrazas.

 
 La estación hacia 1910
 
 
La cercanía de la estación al recinto de la Exposición Iberoamericana de 1929 la convirtieron en una de las entradas principales de la ciudad. Alrededor de la estación se fueron construyendo diferentes edificios con vistas a la exposición como hoteles y viviendas. Para salvar las vías que llegaban hasta ella se levantaron varios puentes entre los que destaca el de San Bernardo, el único que se conserva a día de hoy, por la calidad y belleza de su fábrica. Con el paso de los años la estación se convirtió en uno de los emblemas del barrio al ser el epicentro del mismo, viendo como en sus cercanías se levantaban nuevos edificios públicos como el mercado de la Puerta de la Carne, el Parque Central de Bomberos o la más reciente estación de autobuses del Prado de San Sebastián.

 

La estación estuvo en uso hasta finales de los años 80, cuando las reformas urbanísticas realizadas en la ciudad con motivo de la Exposición Universal de 1992 centralizaron los servicios ferroviarios en la nueva estación de Santa Justa, más alejada del centro de la ciudad. El testigo de la estación de San Bernardo lo tomó el apeadero del mismo nombre que se inauguró en el nuevo trazado de las líneas del tren, a unos cientos de metros de la antigua estación.
 

 

Tras su cierre como estación, el edificio se quedó sin uso hasta que fue instalado en su marquesina el mercado de la Puerta de la Carne de modo provisional. Y así han ido pasando los años, acrecentándose cada vez más su deterioro y perdiendo la importancia que durante casi cien años tuvo.
 
 
 
 
 
 
 
                                                                                                                          
La Estación hacia 1920