Arquitecturas místicas


A propósito de la publicación de "Visión de los hijos del mal" de Miguel Angel Bustos 


La lectura de 
Visión de los hijos del mal. Poesía completa de Miguel Ángel Bustos es una revelación tan dolorosa como profunda. La primera corresponde a la historia: Bustos, nacido en 1932, fue secuestrado por un grupo de tareas de la dictadura militar el 30 de mayo de 1976 e integra la larga lista de desaparecidos. Ese hecho brutal vuelve reveladora la inconclusión de una obra poética que sólo ahora, más de treinta años después, ve la luz en su totalidad (incluyendo los inéditos), gracias al trabajo de amorosa inteligencia de su hijo, el poeta Emiliano Bustos, que cuidó esta notable edición, con prólogo y notas. La segunda forma de la revelación es intrínseca a la poesía misma de Bustos. En 1971 declaró: "Para mí la poesía es de origen divino. [?] Pese a que creo que tiene un origen oculto, secreto y divino, personal en cada poeta, eso no me quita en mi caso una militancia". Las huellas expresivas de esa militancia política, que en un poeta como Francisco Urondo puede rastrearse también en la poesía, aparecen apenas insinuadas en la de Bustos y, en cambio, se alza en ellas la compleja arquitectura de las visiones místicas. No obstante, la relación entre poesía visionaria y voluntad revolucionaria, tal como surge entre los románticos, es más compleja de lo que parece. Muchos son los modelos que pueden evocarse pero, puesto que Bustos era también un dibujante que ilustraba sus propias visiones, el nombre más afín es el de William Blake. El artista inglés es una especie de afinidad electiva, no sólo por las alusiones evidentes sino porque construye una completa mitología poética donde se reconoce esa poderosa energía constituyente identificada con "lo que los religiosos llaman Mal". En cierto modo, los cuatro libros publicados por el poeta entre 1957 y 1967 ( Cuatro murales Corazón de piel afuera Fragmentos fantásticos Visión de los hijos del mal ), con todos sus hallazgos, parecen una larga iniciación para una obra maestra cuya significación los lectores y la crítica apenas han entrevisto: El Himalaya o la moral de los pájaros (1970). Libro único, hermético y múltiple, donde la poesía ha sido alcanzada en su corazón sagrado. Enrique Pezzoni vio que era un viaje poético "de la palabra a la palabra", aunque debió escribir esta última con mayúsculas, con el sentido de Logos poético. Se trata de la peregrinación de un sujeto imaginario que se desprende del barro de su yo y avanza hacia el Himalaya, un espacio cuya pureza absoluta supone un cielo negativo donde el verbo ha cesado como discurso para ser un "relámpago sin instantes", como la noche idumea de Mallarmé -que cita literalmente- o el ascenso y descenso del alma por la belleza poética, de Marechal. Como etapas de un viaje iniciático, el peregrino alcanza una sabiduría elusiva, la ley y la moral de los pájaros, portadores del canto. Las peripecias parecen infinitas; los dioses, multiplicados; y el paisaje, ultramundano. Es ocioso resumirlo. ¿Adónde habría llegado la poesía de Miguel Ángel Bustos después de este libro raro, gigantesco y plural?




Jorge Monteleone para "La Nación"Sábado 7 de febrero de 2009.  














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