Y abajo, como en lo bajo del amargo declive,

cruelmente desesperado del corazón,

se abre el círculo de las seis cruces,

muy abajo

como encastrado en la tierra madre,

desencantado del inmundo abrazo de la madre

que babea,

la tierra de carbón negro

es el único emplazamiento húmedo

en esta hendidura de peñasco.

El rito consiste en que el nuevo sol pase por siete puntos

antes de estallar en el orificio de la tierra.

y hay seis hombres,

uno para cada sol

y un séptimo hombre

que es el sol totalmente

crudo

vestido de negro y de roja carne.

Ahora bien: este séptimo hombre

es un caballo,

un caballo con un hombre que lo lleva.

Pero es el caballo

el sol

y no el hombre.

Sobre el desgarramiento de un tambor y de una larga

[trompeta

extraña,

los seis hombres

que estaban acostados,

arrollados al ras de la tierra

brotan sucesivamente como girasoles

no soles

sino suelos giratorios,

lotos de agua,

y a cada brote

corresponde el gong más y más sombrío

y recogido

del tambor

hasta que de pronto se ve llegar a gran galope,

con una velocidad de vértigo,

el último sol,

el primer hombre,

el caballo negro con un

hombre desnudo

absolutamente desnudo

y virgen

sobre él.

Después del salto,

meandros circulares

y le caballo de carnes sangrantes enloquece

y caracolea sin cesar

en la cima de un peñasco

hasta que los seis hombres

acaben de cercar

completamente

las seis cruces.

Pues el tono mayor del rito es justamente

LA ABOLICIÓN DE LA CRUZ

Cuando acaban de girar

arrancan

las cruces de tierra

y el hombre desnudo

sobre el caballo

enarbola

una inmensa herradura

que ha empapado en una grieta de su sangre.

 

                                                         Antonin Artaud

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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