Y abajo, como en lo bajo del amargo declive, cruelmente desesperado del corazón, se abre el círculo de las seis cruces, muy abajo como encastrado en la tierra madre, desencantado del inmundo abrazo de la madre que babea, la tierra de carbón negro es el único emplazamiento húmedo en esta hendidura de peñasco. El rito consiste en que el nuevo sol pase por siete puntos antes de estallar en el orificio de la tierra. y hay seis hombres, uno para cada sol y un séptimo hombre que es el sol totalmente crudo vestido de negro y de roja carne. Ahora bien: este séptimo hombre es un caballo, un caballo con un hombre que lo lleva. Pero es el caballo el sol y no el hombre. Sobre el desgarramiento de un tambor y de una larga [trompeta extraña, los seis hombres que estaban acostados, arrollados al ras de la tierra brotan sucesivamente como girasoles no soles sino suelos giratorios, lotos de agua, y a cada brote corresponde el gong más y más sombrío y recogido del tambor hasta que de pronto se ve llegar a gran galope, con una velocidad de vértigo, el último sol, el primer hombre, el caballo negro con un hombre desnudo absolutamente desnudo y virgen sobre él. Después del salto, meandros circulares y le caballo de carnes sangrantes enloquece y caracolea sin cesar en la cima de un peñasco hasta que los seis hombres acaben de cercar completamente las seis cruces. Pues el tono mayor del rito es justamente LA ABOLICIÓN DE LA CRUZ Cuando acaban de girar arrancan las cruces de tierra y el hombre desnudo sobre el caballo enarbola una inmensa herradura que ha empapado en una grieta de su sangre.
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