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Fotografía de Jake Dobkin (Licencia Creative Commons)
LA MUÑECA
Repta sobre su piel, sigilosa, la herida de la infancia: gotea sin descanso el vientre abierto.
A veces creo que me observa, acurrucada dentro de su estuche de sombra, pero cuando me vuelvo ella aparta los ojos.
Esconde el corazón mordido como quien ha robado una manzana. Desnuda, tan desnuda que se quiebra. No soy yo, no soy yo.
DESOLVIDO
Las palabras que no he dicho respiran el aire que me falta.
Sin espacio, la búsqueda. ¿Recuerdo lo que he sido?
Las ventanas se abren hacia dentro.
REFERENTES
Huyo: un perro en celo me sigue el rastro, muerde el último candor de mis talones. Las calles se contraen, se despliegan como el fuelle de un respirador.
Clavada en una esquina, real, arbitraria, una señal de tráfico. Me concentro en su ojo, su honestidad de pecera.
¿Hacia dónde señalan estas líneas?
Parpadeo y, de pronto, la pintura se difumina sobre el disco confundiendo todos los referentes.
HUMUS
Árbol sin sed de cielo.
Las ramas se descuelgan, renuncian a la cima como un escalador desfallecido.
Más abajo se mezclan hongos, bacterias, hombres triturados.
Harina de huesos, la historia fermenta.
No existe la tierra firme.
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