Como parte del Ciclo de conferencias; “Encuentros de la izquierda”
se organizó, el pasado viernes 22 de agosto, el foro: ¿Reforma
democrática o insurrección civil?, en el que participó, por orden de
aparición, el Dr. José Woldenberg, Valentina Batres; diputada Federal
por el PRD, Fernando Belauzarán; integrante del CEN del PRD y Jorge
Díaz Cuervo; diputado en la ALDF por el PSD. Donde los cuatro ponentes
contestaron con un contundente: “reforma democrática”, a la pregunta
hipotética planteada por el tema del encuentro.
Woldenberg comenzó esbozando el crecimiento de la izquierda
mexicana enraizado en la evolución en los cambios estructurales al
sistema de competencia y de pluralidad de los partidos políticos en
México. Explicó que 1982 fue la primera vez en la historia de las
elecciones mexicanas que se conoció el número de votantes que habían
participado, sin embargo, se sabía que ganadores y perdedores estaban
predeterminados, elección en la que Miguel de la Madrid ganó con 68.5%
de los votos y participaron cinco candidatos de izquierda. 24 años
después, el candidato de izquierda, Andrés Manuel López Obrador, pierde
por un margen menor a .05% de los votos. Este escenario es el que mejor
explica el crecimiento de la izquierda en México.
El crecimiento de la izquierda se deriva de cuatro condiciones, según explica Woldenberg:
1. Proceso de unificación de la izquierda mexicana.
2. Escisión del PRI, la cual deriva en la formación del PRD con Cuauhtémoc Cárdenas.
3. Reformas sucesivas a las instituciones electorales, que han ido
proporcionando al sistema mayor competencia, nuevas fórmulas de
traducir votos en escaños para entregar pluralidad a través de la
proporcionalidad, e incidir en mayor participación ciudadana.
4. Auténtico sistema de partidos, hoy en día reflejo de una sociedad plural.
Lo que permitió que la izquierda sea quién es hoy es esta
modificación del espacio de competencia política; de uno monocolor a
uno de verdadera pluralidad, de un Congreso subordinado al Presidente a
uno independiente, de un sistema de justicia regulado por los poderes
“metaconstitucionales” del presidente a una SCJN independiente, de
elecciones decididas previo a las mismas a elecciones competitivas y de
un escenario en el que el Presidente era el máximo poder a uno en el
que se juega con un auténtico equilibrio de poderes. Además, señaló
Woldenberg, la izquierda no es sólo usufructuaria de la modificación
del espacio de competencia política sino que la izquierda es
constructora de estas nuevas realidades. Es la izquierda mexicana, la
que eligió el camino de la reforma democrática para abrirse la vía
hacia el gobierno.
Sin embargo, parece que la izquierda se ha alejado de esta posición
y ha venido tomando una serie de decisiones que lo han llevado por la
vía de la insurrección civil. La problemática que enfrenta es una de
pulsiones diversas que persisten al interior, es una de dos lecturas
difícilmente compatibles sobre la apreciación de la pluralidad. Por un
lado, se expresa la de preservarla y ofrecerle un cauce para fortalecer
las instituciones y democratizar al país; por el otro, existe un
interés, un ideario, un bloque que encarna todo virtud política y
declara que toda oposición a esta es ilegítima y que toda voz disidente
es proscrita; esta segunda pulsión intenta homogeneizar a la sociedad.
Woldenberg enfatizó en que, el gran dilema al que se enfrenta la
izquierda mexicana es al de comprometerse con la democracia no solo
como un ideal sino como un compromiso que debe ser refrendado día a
día; para construir (como lo ha venido haciendo) con pluralidad. Y el
de saber conjugar entre las diferentes formas de lucha para establecer
en dónde se encuentra la mayoría, el que implica de manera directa que
la lucha debe dirimirse en las urnas, es esta mayoría la que la
izquierda mexicana tiene que ganar. Woldenberg comparó la cantidad de
votos en la elección del 2006 que fue de 40 millones contra el mitin
más exitoso que quizá reuniría a 1 millón; para confrontar la idea de
reforma democrática contra insurrección civil, donde en la primera se
expresa la diversidad de sensibilidades e intereses presentes en la
sociedad civil representada por 40 millones, y en la última donde el
millón en el mitin representa a aquellos convencidos con la causa por
la que han sido convocados.
Concluyó mencionando que la vía electoral es la única para llegar a
cargos legítimos y que puede ser transitada exitosamente por la
izquierda; y de existir diques institucionales que es menester
removerlos se lograría por la vía parlamentaria. La izquierda está
obligada a preservar uno de sus capitales sociales y políticos: la
coexistencia de su propia diversidad.
Valentina Batres al señalar el nombre del foro, dijo que es la
disyuntiva a la que nos remonta Rosa de Luxemburgo, la de reforma o
revolución, y es la segunda la que utilizaron las izquierdas para
llegar al socialismo. Ahora esta disyuntiva, al ya no existir un
paradigma ideológico, lo define el poder. Hoy las izquierdas no quieren
la revolución para llegar al socialismo pero sí la movilización social
para acordar, mediante reformas al sistema capitalista, construir un
sistema más social y democrático.
Citando a Bobbio, explicó que la democracia no venía con el
liberalismo, fue la izquierda quien la introduce. Y al hacer alusión a
la reforma democrática, señaló, que es la única vía como condición de
existencia para la izquierda institucional. Puesto que existen de esta
manera, contraria a la clandestina, para ejercer el gobierno con la voz
del pueblo. Dijo que para el PRD, el régimen no ha culminado en uno
democrático puesto que falta garantizar libertades y derechos, y esta
es la realidad actual en la izquierda mexicana; preguntarse sobre la
calidad social y democrática del régimen político y no sobre la
disyuntiva de cómo llegar a esta. Al confundir el término de
movilización social con insurrección civil, la diputada Batres, se
postuló a favor de la movilización social cuando las reformas
democráticas están atoradas por servir a los poderes fácticos. Se
refirió a las movilizaciones sociales, lícitas o ilícitas, como lo que
ha logrado toda reforma política. Ya que estas funcionan como una
iniciativa coyuntural de la gente como termómetro para medir si va bien
o no el curso del país, como la única forma cuando se han roto las
instituciones de la democracia (refiriéndose a las movilizaciones para
bloquear Reforma tras las elecciones del 2006).
Concluyó su participación, indicando que reforma y revolución no es
el dilema para las izquierdas, reforma y revolución se acompañan y se
complementan, de otra forma dejarían de ser izquierdas, el dilema que
se presenta es el de gobernar y por esto la movilización social es el
deseo de empujar para alcanzar el poder.
Coincidiendo con Valentina Batres en esta nueva disyuntiva planteada
por ella ante el foro, Fernando Belauzarán externó que el tema es
sugerente ya que refleja el dilema al que se enfrenta el PRD, que
debiera ser consecuente con lo estipulado en sus propios estatutos de
izquierda democrática reformista. Adjudicó la problemática en el PRD a
ciertos espectros que la visitan como el de la intolerancia suscrita en
los términos de traición y colaboracionista, recurrentemente utilizados
por la dirigencia del partido hacia aquellos que quieren permanecer en
la vía de las instituciones. Otro espectro como el del vanguardismo
representado por la figura de Porfirio Muñoz Ledo quien antes
socialdemócrata ahora exige la caída del gobierno presionada por 500
mil hombres en la calle que no permitan el funcionamiento de las
instituciones. Para Belauzarán el poder se define y se distribuye en
las urnas, oponiéndose a este vanguardismo Muñoz Lediano.
Habló sobre las distintas formas de movilización social y confrontó
aquella contra el desafuero con la de la toma de Reforma y de tribunas,
donde la primera tenía un sentido; el de ganar las elecciones de 2006,
y la segunda no tenía el deseo ni iba en sentido de ganar elecciones; a
esto se refirió como la derrota institucional del partido.
Favoreció las movilizaciones sobre las reformas al margen de que no
existe ninguna izquierda satisfecha, y que la insatisfacción expresada
a través de la movilización con la situación actual es lo que define a
la izquierda. Llamó a la conciliación con la vía de reforma democrática
ya que, como dice Juan Villoro, toda revolución termina traicionándose
a sí misma. Enfatizó en que la práctica de la izquierda tiene que
hablar por sí misma y debe seguir el camino de oposición férrea sin
atentar contra terceros, sin salirse de las instituciones y sin ganar
enemigos. Y que es en las urnas y en la lucha institucional donde se
deben cobrar las facturas.
Terminó su participación sosteniendo que el dilema de la izquierda
se encuentra en decidir qué hacer con los agravios (al no ser claro el
resultado electoral de 2006), ya que algunos los han tomado para su
propia inmolación. Con un llamado de perpetuación de la izquierda
institucional concluyó que en la democracia siempre hay revancha y por
esto se debe adoptar la fuerza de las ideas para librar la lucha por el
poder.
Jorge Díaz Cuervo contestó a la disyuntiva planteada al elegir la
vía de la igualdad en libertad, ya que la insurrección civil es un
medio para introducir incertidumbre y convencer con miedo. Exclamó que
proponer la búsqueda de reformas con movilizaciones y miedo para meter
presión sobre el gobierno es una tomadura de pelo. Explicó que al no
tener éxito la izquierda frente a ninguna de las dos vías; la
institucional y la de insurrección civil, la vía para la izquierda
debería de ser la de la inserción de reformas en el pleno ya que la
eficiencia de la izquierda en el Congreso expresa un desempeño muy
pobre. Sólo 7% de las iniciativas de la izquierda han tenido éxito en
el Congreso, el resto de la confección de las reformas es producto, en
su mayor parte, de la derecha.
Se perfiló definitivamente contra la vía de la insurrección civil la
cual termina en violencia y a favor de una gobernanza eficiente desde
la izquierda, puesto que las izquierdas son política real; oposición y
gobierno. Y dejar a la derecha introducir toda reforma es claudicar
frente a los poderes fácticos y una pérdida de capital humano ya que
las mejores mentes del país están con la izquierda a favor de la
igualdad en libertad. Propuso a la izquierda ser un socialista de
tiempo completo, aquel que se preocupe por la sociedad en toda
coyuntura, que es distinto a ser un golpista.
Finalizó con un llamado a las varias izquierdas a conciliar a través
del diálogo para encontrar bases comunes para enfrentar a la derecha y
superar la ineficiencia de la izquierda para reformar democráticamente.
El foro concluyó con una ronda de preguntas y respuestas, donde los
ponentes tuvieron oportunidad de señalar disidencias y apostar por más
coincidencias. Woldenberg invitó a la izquierda presente en el foro a
comenzar a apreciar que vivimos una constelación de poderes en la cual
la izquierda es parte del poder y es la oposición.

