Se realizó el segundo foro del ciclo de conferencias “Encuentros de la Izquierda” 

 

Ayer, 24 de julio de 2008, se realizó el segundo foro del ciclo de conferencias “Encuentros de la Izquierda” organizado por la Fundación Expansión Socialdemócrata, la Fundación Friedich Ebert y el Instituto de Estudios  de la Revolución Democrática. “La agenda de la izquierda” fue el tema de la ponencia en la que participaron, por orden de aparición, Agustín Basave, Lorenzo Córdoba, Svenja Blanke, Carlos Elizondo cuatro intelectuales catedráticos mexicanos e Ifigenia Martínez política de carrera. El diputado en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal por el Partido Socialdemócrata, José Díaz Cuervo inauguró este segundo foro y fungió como moderador de la mesa. El encuentro comenzó a las once de la mañana y concluyó alrededor de las dos de la tarde con dos rondas de preguntas y respuestas, con las que el público satisfizo ricamente sus intrigas y expresó su sentir y percepción de la izquierda mexicana.

                Agustín Basave leyó un discurso que tituló Una izquierda para (casi) todos en el que trató el tema de las izquierdas dogmáticas obligadas por las derechas pragmáticas, además de empujadas por la globalización, a moverse hacia el centro. Derechas e izquierdas que concuerdan en las viejas prioridades de libertad individual y justicia social, y que ante un escenario que deja de ser de negros y blancos, la izquierda democrática mexicana, que dejó atrás la vía armada debe adoptar incondicionalmente la vía electoral y alejarse de la estrategia política que privilegia el abanderamiento de causas y la movilización sistemática de las bases que está peligrosamente cerca del clientelismo.

                La lectura expresó la disyuntiva de la izquierda mexicana situada en “dos lógicas distintas y en buena medida excluyentes: la insurreccional (que) pretende articular una minoría para no dejar gobernar, mientras que la electoral busca construir una mayoría para gobernar”. Sugirió que un partido socialdemócrata en México no podría darse el lujo de reducir sus diferencias ideológicas con la derecha a temas de moralidad social, de medio ambiente o de política exterior. Una socialdemocracia real sería aquella que se distinguiera de sus adversarios conservadores y neoliberales en su visión del combate a la desigualdad. Llamó a la modernización de la izquierda que presupone la integración del México globalizado y beneficiario de la riqueza y los avances científicos y tecnológicos con el México rezagado y aislado del progreso global. Donde el mejor proyecto de nación de la izquierda mexicana moderna es crear las esclusas sociales que permiten que todos transitemos por el mismo canal y que para lograrlo es imperativo superar la visión conflictista y aprender a aprovechar las opciones que da la nueva realidad para transformarla implicado el imperativo de acatar el Estado de derecho por convicción y no por estrategia.

                Basave se proclamó por la necesidad de México de “una izquierda que impulse una agenda contra las desigualdades que sólo vaya en detrimento de las desigualdades mismas. Un polo socialdemócrata cuyos enemigos sean los corruptos de todos los sectores que alientan la complicidad entre los poderes fácticos y el gobierno. Una izquierda que defina sus fines con la pasión y sus medios con la razón, y que en vez de afianzar una minoría capaz de hacer ingobernable un país injusto, construya una mayoría con el poder para hacer justo un país gobernable. Una izquierda idelista pero sagaz, congruente pero propositiva, realista pero contemporánea. Una izquierda que no confunda heroísmo con congruencia, dignidad con derrota ni lucha social con oposición empedernida. Una izquierda, en suma, que entienda que la racionalidad puede a veces resultarle dolorosa pero nunca le será ineficaz”.

                Lorenzo Córdoba evidenció la crisis de identidad, la orfandad ideológica, que vive la izquierda mundialmente desde la caída del Muro de Berlín, en donde reina la exclusión por su necesaria fragmentación en plurales minorías. Llamó a resolver, en la izquierda mexicana, la falta de identidad y la necesidad de posicionarse frente a los grandes problemas nacionales; posicionamiento programático y no coyuntural. Evidencia de la crisis identitaria de la izquierda mexicana, es su cada vez mayor parecido, con la marejada de derechas que arrollan el mundo con tradiciones hacia la anulación de los derechos individuales, con la derecha dogmatizada e idiotizada por los medios de comunicación.

                Como plataforma, instó a la izquierda, a respetar los derechos; a plantear al individuo entre los demás fortaleciendo los instrumentos jurídicos internacionales. A la posibilidad de una izquierda democrática que acoge la alternativa de tomar los derechos para convivir con la derecha. De una democracia y un socialismo moderno respetuoso de las instituciones y el derecho para ordenar la convivencia plural y pacífica; de un socialismo propulsor de más igualdad, más libertad y más solidaridad donde el derecho es el elemento emancipador; de una izquierda moderna necesariamente democrática que sea la reedición del proyecto original de la izquierda y que asuma las consecuencias prácticas de la modernidad, colocando al individuo ante la comunidad. De una izquierda que hace de la democracia el criterio base para las políticas públicas.

                Svenja Blanke expuso como representante de la Fundación Friedich Ebert y militante del SPD alemán una ponencia a la que llamó En busca de una izquierda cosmopolita y despierta en la que ahondó en la falta de ideas constructivas de los partidos políticos de izquierda que se encuentran pluralizados y desmigajados. La presencia de múltiples minorías que han empujado a la izquierda a dedicar más tiempo a la lucha interna que a la lucha por el consenso mayoritario para instaurar una sociedad de libertad, justicia y solidaridad donde se consolidan los elementos normativos de la democracia social y justicia exprese la oportunidad igualitaria a la participación, la seguridad social, a un Estado de Bienestar institucionalización de la solidaridad. En donde mercado, estado y sociedad converjan a un equilibrio de participación conjunta; la sociedad civil esté activa y tenga sindicatos libres; la democracia sea regional y global para poder regular a los mercados; se engendre una democracia económica donde la izquierda recoja del olvido a los derechos laborales y pugne por la cogestión en las empresas públicas y privadas donde existe una clara y contundente representación de los trabajadores en las decisiones laborales, donde los trabajadores reciban salarios y no propinas.

                Blanke propuso la necesidad de una izquierda cosmopolita, viva y despierta con respuestas a la globalización, que fije las reglas justas para la globalización del mercado. Una izquierda de relaciones internacionales; la izquierda para la gente y cercana a ella. Una izquierda que no se exponga a que la única noticia de ella sea su faccionamiento interno por reflejar democracia interna, una izquierda que instaure la vivencia real de la democracia; el sistema que asegura que no nos van a gobernar mejor de lo que merecemos.

                Carlos Elizondo habló de la determinación de la política económica como el eje central de distinción entre izquierda y derecha, ya que para él esta es clara en términos de política social; la izquierda se pronuncia por el derecho al aborto y la derecha por una relación cercana entre Estado-Iglesia. Resulta necesario el enfoque en política económica en tiempos en que la globalización es un problema por promover desigualdad de la que resulta imposible escapar, por concentrar beneficios en los sectores más educados, pero, resulta necesario este enfoque porque la globalización presupone una brutal oportunidad para salir de la pobreza.

                Para Elizondo, la izquierda en México no logra distinguir entre fines y medios. Debe de aceptar los nuevos instrumentos accesibles a ella para promover políticas sociales y no solo rechazarlos por resultarle antagónicos a su dogmatismo. La izquierda debe repensarse para hacer del Estado mexicano uno que recaude más y gaste más, uno que asegure derechos laborales en el sector público y recoja como proyecto a los derechos sociales, y que haga de los instrumentos burocráticos unos eficientes y recreativos.

                Se pronunció por una izquierda que amplíe los recursos y los gaste mejor, por una política tributaria que grave más y que grave a personas físicas mediante un IVA generalizado, pero que gaste en áreas de alta rentabilidad social.

                Finalmente, Ifigenia Martínez pronunció un discurso sobre Historia e Identidad. Recordó cada una de las veces en las que el Estado mexicano no ha optado por la defensa adecuada de los intereses nacionales y que por la presencia de una equivocada política económica no ha proporcionado los servicios adecuados.

                Habló acerca de la necesidad de la izquierda de reposicionarse ante la idea de la globalización y a ajustarse al Orden Mundial. Se preguntó por la presencia de la izquierda y de una moderna, en esta sociedad del conocimiento. Optó por repensar a la izquierda con valores de reconocimiento e igualdad dentro de la relación global, por la conformación de un nuevo movimiento de izquierda que represente estos valores y por un cambio nacional basado en los principios de la Revolución Francesa.