Existen unos pocos peligros comunes a casi todos los pecios que, con responsabilidad, son muy fáciles de evitar.
Objetos afilados.
El metal oxidado, maderas astilladas, cristales rotos, incrustaciones de coral y otros objetos pueden cortar a un buceador descuidado.
Flotabilidad.
Controla bien la flotabilidad para reducir al mínimo el contacto con el pecio, y lleva puestos siempre guantes protectores resistentes. También es sensato mantener al día las vacunas contra el tétanos por si te cortas accidentalmente.
Enganches.
Debido a que los barcos hundidos atraen a los peces, son zonas de pesca populares. Sedales de pesca y algunas veces redes acaban enganchándoseles. Evítalas mirando por dónde vas. Mira hacia arriba y alrededores para evitar nadar cerca de una zona donde puedas quedar enganchado. Lleva siempre un cuchillo afilado con una hoja lisa y otro dentada por si encuentras un enganche demasiado difícil de deshacer con la mano.
Vida acuática.
Un pecio se convierte rápidamente en un arrecife artificial, por lo tanto espera encontrar la misma vida acuática que muerde o pincha que exista en los arrecifes naturales. Vigila dónde pones las manos, pies y evita el contacto con criaturas desconocidas.
Estructuras inestables.
Conforme un pecio envejece y se deteriora, algunas partes se debilitan, los soportes ceden y las pareces se desplazan. Si encuentras un trozo que parece poco firme y que pueda desmoronarse, sal de esa zona. No nades por debajo de nada que pueda caerte encima.
Remolinos y sifones.
El oleaje y el movimiento del agua a través de un barco hundido pueden provocar sifones periódicos o corrientes rápidas a través de zonas angostas y escotillas. Si encuentras resaca, sé prudente con este movimiento del agua y mantente apartado de los espacios estrechos, escotillas y zona angostas. Mejor aún, aplaza tu visita hasta que la puedas hacer en condiciones favorables.
