El Terror-Diurno Y de cómo un género nace y crece
Por Josepe Papadelimone
La noche, la penumbra, las sombras y la oscuridad siguen siendo las mismas y sin embargo han cambiado. Han pasado de ser un símbolo referente únicamente del miedo y el terror para convertirse también en un espacio de resguardo y seguridad ante la creciente luminosidad y claridad que con el tiempo ha perdido el valor de seguridad y ha empezado a mostrar su lado más cruel. La ficción a observado este cambio en la realidad y lo ha integrado a su ser. No sólo en las calles se vive día a día con el terror, sino que las pantallas han encontrado que la luz puede ser fuente de muchos males y horrores. El pavor en su máxima expresión. Finalizando el año 2008, nos encontramos con un cortometraje realizado en Argentina por un grupo de expertos aficionados del cine: El Ventilador Asesino. Título más que acertado, se debe decir, ya que permite no solo vislumbrar la temática del film sino también el trato que el equipo de Lo de Coso le ha dado. El Ventilador Asesino se auto-catalogó desde un comienzo como del género de terror-diurno y en mi opinión es una de las más claras muestras de éste "género de pocos" que ha venido ganando adeptos en lo mas under de lo under. Sin embargo es un género que a pesar de sus años no ha logrado darse a conocer, ni siquiera entre aquellos que dicen de si mismos ser conocedores del cine. Es éste rasgo ya característico lo que ha llevado a más de uno a creerse el inventor, creador o descubridor de dicho género, cuando en realidad dicho mérito quedará por siempre y para siempre desacreditado a cualquier persona. De todas
maneras se puede hacer una breve reseña para integrar así al público
desconocedor. Qué mejor manera que comenzar con aquella película de Narciso
Ibáñez Serrador de 1976, ¿Quién puede matar a un niño?, obra maestra de éste
género, desconocida para la mayoría pero trascendental a tal efecto. Aborda la
problemática de las secuelas que los niños padecen al ser sometidos
frívolamente a actos barbáricos por parte de los adultos. Transcurre entre la
ficción y lo documental: una pareja viaja a un pequeño pueblo para pasar unas vacaciones y
atormentados por el ruido de las fiestas del lugar decide trasladarse a un
pueblecito vecino donde la calma será el presagio de lo que vendrá; en
marcado contraste, las escenas documentales a blanco y negro sobre el
sufrimiento de los niños. (ver escena) Otro
exponente del género es la cruda y “desargumentada” película de Jesús Franco de
1985, La mansión de los muertos vivientes. Toda la trama se centra en un grupo
de turistas femeninas que llega a un hotel donde entre sexo y misterios
descubren una secta de muertos vivientes. Película que carga con todos los
defectos del cine de autor, cosa que ha atraído aún más a sus fanáticos. (ver escena) Y para
cerrar, un poco de lo "casero amateurístico" de la mano de un grupete español de jóvenes, La
hora Tunante, que en el 2007 realizaron un corto titulado El mediodía de los
muertos vivientes. Una trama simple, con algunas descargas de humor que en su
mayoría no funcionan (al menos no para el público americano) y un final
convencional. Sin efectos y sin nada, destacable sólo por la iniciativa y la
participación de JM, un descolorido Damián Ianniello del viejo continente. (ver corto) Josepe Paupadelimone: Crítico e historiador de cine franco-xeneize. Profesor de la cátedra de Cine de Terror en la Universidad de Papafriten, Austria. Escribió más de 6 libros en la biblioteca pública de Luissiana Lopilaten, motivo por el cual fue expulsado de la misma, por dañar documentos históricos. Publicó también otros 3 libros de su autoría: "Las andanzas de Trululalala" (1920); "Cine de terror, horror, miedito y demás giladas" (1984); "Trululalala y la abejita falopera que no quería entregar" (1985); a demás de cientos de artículos sobre el cine de terror, cocina mexicanoperuana y cambio climático.
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