I know it's in spanish - and that's just the way it's got to be...
Sé que es en español - y no pido perdón.
Imagina que estás en un barco. Flotando en un mar de indecisión, pues, también de agua. Ves tierra a cada lado – tierra en forma de acantilados. El barco está flotando justo entre dos – las grandes piedras parecen rodearte. El pequeño barco es más duro de lo que parece. Sin preocupación, flotas en el mar (el mar que parece inexplicable del color blanco) y tomas de tu mochila una tostada y una cerveza (Kunstmann Miel, obviamente). Flotas, comes y bebes. ¿Como te sientes? ¿Asustada? ¿Contenta?
Más allá ves dos pájaros jugando en el aire. Flotas más y los acantilados desaparecen, la tierra retrocede y solamente hay agua, el agua del color blanco, blanco puro, como el blanco de tus ojos o el blanco de los pájaros. Miras atrás y te das cuenta que ya no hay tierra – solamente agua blanca y dos pájaros blancos. El cielo es del color negro – ¿Cuando pasó eso? – pero puedes ver a lo lejos en cada dirección.
El barco sigue flotando, sin prisa, pero sin pausa. El ambiente aquí es distinto tal vez, pero de repente oyes música. ¡Sí! – música viajando encima del mar. ¿Qué música es? Por supuesto, jazz de los sesentas. Pura inteligencia y estilo. Lentamente te das cuenta que en este mar de indecisión, mientras tú flotas en una mezcla de asusto y comodidad, has hecho un decisión. Tomas el remo en mano y remas hacia la música. Oyes a un grupo de músicos – cuatro o cinco, con bajo, piano, saxofón, guitarra, tambores… la perfecta cantidad de instrumentos al parecer, porque puedes oír cada uno con claridad y cada instrumento forma parte de algo impresionante. Finalmente ves tierra de nuevo. El mar es blanco, el cielo negro pero la tierra es una mezcla de colores – tus ojos no pueden comprender lo que ven. Allá en la playa, los músicos están tocando. Las olas vienen y se van, mojando sus pies. Tú sabes lo que debes hacer. Bajas del barco, caminas a la playa y – ¡Cantas! Con la fuerza de mil planetas, cantas.