A las flores envidiosas les tuve que decir que aunque sos más bella que ellas pueden seguir en mi jardín. A las estrellas envidiosas les tuve que explicar que aunque sos más bella que ellas las vas a dejar brillar. Una estrella bajó del cielo. Le dijo a mi corazón que debía seguir su vuelo, pero que, a cambio, te dejaba a vos. Si al cielo sumara una estrella cada vez que pienso en vos, no cabría en él la luna y en él verías mi corazón. Para pasar por tu calle no necesito farol porque tus dos ojos negros me alumbran más que un sol. El otro día en la calle me detuvieron por ladrón, al ver que yo llevaba un diamante en mi corazón. El otro día en la calle me detuvieron por traficante, porque te escondí en mi corazón y te confundieron con un diamante. |