EL CUARTO REINO
"El Cuarto Reino" es una antología personal. Son versos recogidos de distintos trabajos escritos a lo largo de casi treinta años. Hablan del ser humano en su relación con Dios ("En el principio"), consigo mismo ("Hagamos al Hombre"), con el otro ("Hombre y mujer los creó"), con la sociedad ("Llenad la tierra") y con la muerte ("Porque eres polvo").
Siento que ha llegado el momento de compartir estos versos con el lector para quien fueron escritos.
María Mir
|
Nací hace más de medio siglo en un país que no recuerdo. Los nombres de Buenos Aires y Argentina han sido para mi la cuna de muchos autores admirados y un toque exótico, siempre sorprendente, en mi carnet de identidad. En un octubre de un año que tampoco recuerdo aparecieron en mi mente unos versos que desde entonces vuelven a surgir cada vez que el calendario me obliga a cumplir un año más: "Yo nací en primavera/y desde entonces me lo conmemoran/ las hojas viejas." He vivido en muchos lugares. Inglaterra, Puerto Rico, Uruguay, Chile, Estados Unidos, Venezuela me acogieron durante un tiempo. Aunque de algunos vi muy poco más allá de los muros de un internado, de todos me fui llevándome una sensación de exilio. Pasé por dos universidades y cuatro carreras creyendo, con una ingenuidad imperdonable, que lo importante era aprender y que los títulos eran un adorno. Imperdonable fue también mi incapacidad para comprender la importancia de los gremios. Y digo imperdonable en sentido literal porque sigo pagando la factura. Empecé a escribir muy pronto, pero sólo contribuyó a mi supervivencia lo que no llevaba mi firma. A los cincuenta y ocho años, con un currículo vacío de títulos y gloria, mis trabajos parecían condenados a un entierro innoble en el vertedero de mi pueblo. Pero aquí están algunos de mis versos, vivos, esperando lectores, defendiendo mi ingenuidad. Todas las redes son temibles, pero a ésta le debo que mi trabajo llegue finalmente a su destino. María Mir P.S. Si este manuscrito se hubiera convertido en libro convencional, hubiera podido saber cuántos lo compraban, pero no cuántos lo leían. El contador de esta página me ha dicho que algunos lectores han estado leyendo entre veinte minutos y dos horas. Es una confirmación emocionante de que mis trabajos valieron la pena. Gracias. ----------------------------IndiceEn el principioHagamos al hombreHombre y mujer los creóLlenad la tierra
--------------------------------------- EnlacesAsociación de Revistas Culturales de España Portal de Poesía. Revistas Poéticas Asociación Colegial de Escritores de Cataluña Asociación Colegial de Escritores de Españas Letralia. Tierra de Letras. Revista de los escritores hispanoamericanos en Internet
|
AGRADECIMIENTO < xml="true" ns="urn:schemas-microsoft-com:office:office" prefix="o" namespace=""> Dijo la poeta: “Que Dios y los hombres me perdonen este libro amargo.” Humildemente añado: “Como a Dios y a los hombres perdono el mundo en que vivo.” Diría que se trata, entre los varios tipos de perdones, del mismo con que alguien, cada día, se perdonaba, porque sí, la vida, sin saber que enseñaba a perdonarla.
A Gustavo Adolfo Becquer, Gabriela Mistral, Emily Brontë, Samuel T. Colleridge, Robert Browning, , Antonio Machado, Miguel Hernández, primeros maestros que en mi inancia y juventud me enseñaron el valor infinito de la poesía, y a todos los que han seguido enseñándome hasta hoy, .con mi agradecimiento perpetuo, quién sabe si eterno. ---------------------------------------------------------------- PROEMIO
En el umbral de todo, yo, causa primera inevitable de todo lo demás.< xml="true" ns="urn:schemas-microsoft-com:office:office" prefix="o" namespace="">
Prefiero calle. A veces la osadía de una plaza, espacio reservado a los dueños de casas, niños, perros. Uno, que no se siente propietario, prefiere calle y en la calle verse mancha en la que la luz se identifica bajo el ojo encendido, luz bajo el fango negro, bajo las aguas, tierra impermeable, al viento, vela terca, víscera agradecida al azul tibio.
Para huir de ventanas y cubículos y plantar cara chula a los palacios y confundir el tiempo con distancia y creer inmortales los zapatos, calle.
Con parada en café de vez en cuando para ver otras manchas, luces, tierras, otras velas hinchadas a otros rumbos con igual repertorio de quimeras.
Para ver otros ojos queriendo desgarrar ropas y pieles y curarse del frío en otra médula.
Para oír otras lenguas rebotar en los tímpanos en busca del eco que confirme su existencia.
Y dejar que confunda el alboroto y permita creer, por un instante, que gestos y miradas y palabras encuentran su destino y uno es todos.
Luego, calle. Aunque la calle diga que no hay otro con mis ojos, mis piernas y mis hambres y que no hay más que uno bajo el foco de una sola conciencia y uno revuelto entre las aguas negras de su propio torrente, uno y solo, sin espejo, sin eco, circunscrito a sus propios subterfugios para corroborarse.
Calle prefiero para que nadie más que yo me engañe.
Con parada en café de vez en cuando para, de vez en cuando, recordarme.
|

