EL ENOJO DE LAS SEÑALES DE TRÀNSITO
" CON LA EDUCACIÒN VIAL NO SOLO EDUCAMOS...¡SALVAMOS VIDAS!
"CUENTO"
" EL ENOJO DE LAS SEÑALES DE TRÀNSITO"
NOTA:Se trata de una historia escrita por Anna Janecki, que estudiaba cuarto curso de Primaria en el momento de la publicación de su relato. Si la destaco es porque la moraleja que destila resulta de una mezcla admirable entre la inocencia y el más puro sentido común.
El enojo de las señales de tránsito
Bogota, Medellin, Barranquilla o Buenos Aires. Año 2025. Las robotizadas señales de tránsito tienen chips de última generación y están programadas con inteligencia artificial. Los semáforos detectan cuando hay mucho tránsito y aumentan la duración de la onda verde, de esta manera, en las avenidas nunca se producen embotellamientos. Además, los trenes llegan siempre a horario y las barreras permanecen cerradas apenas tres minutos. Así, el tránsito está perfectamente ordenado y los accidentes disminuyeron muchísimo.
Pero como las personas están siempre apuradas, de repente, empezaron a no respetar los semáforos porque les parecía que duraban una eternidad. Dejaron de respetar a los peatones y a las bicicletas. Y aunque las señales se reprogramaban continuamente para agilizar el tránsito, nada mejoraba. Cansadas de no ser respetadas, un día las señales dejaron de funcionar.
Los conductores se alegraron de no tener que respetar reglas y así manejar como quisieron. Pero al hacer cada uno lo que quería se empezaron a producir choques que bloquearon las autopistas y calles. Era el caos y los autos estaban tan trabados que no pasó mucho tiempo hasta que nadie se pudo mover más.
Al ver esta situación desde el balcón de su casa, Pedro empezó a sacar fotos con su súper cámara digital para mostrárselas a su seño, porque habían estado hablando sobre educación vial. Así, empezó a preocuparse mucho porque pronto se dio cuenta que su papá no llegaría a casa para la cena y que mañana el micro no lo podría llevar al colegio.
Llamó a la central de tránsito para pedir que encendieran las señales nuevamente pero desde allí, el agente, le dijo que las señales funcionando no servían para nada porque la gente no las respetaba. Entonces, el niño volvió a insistir y le dijo que él se iba a encargar del resto. Cortó y llamó a la radio, seguro que todos los automovilistas aburridos estarían escuchando algún programa. Pidió salir al aire y les pidió a los conductores que respetasen las señales de tránsito para terminar con este caos. Todos debían hacer su parte porque cuando uno no respeta la luz roja habrá un choque, si uno dobla sin luz de guiño seguramente un motociclista saldrá lastimado y si uno se mete de contramano es muy probable que un peatón sea pisado.
Sus palabras sonaron tan inocentes pero tan seguras que los conductores se prometieron a sí mismos controlar su impaciencia y manejar como corresponde. Así, el papá de Pedro pudo llegar a tiempo para la cena y todo orgulloso lo abrazó y lo felicitó por sus palabras en la radio. La noticia del caos del tránsito salió en todos los diarios y la radio contrató a Pedro para que todos los días hable por el micrófono y recuerde a los conductores las normas de tránsito.
DEDICADA A:
Dedicada a los detractores de las leyes, las normas y las señales. Por absurdas que estas nos parezcan a cada uno de nosotros, siempre nos ayudarán más al conjunto de los conductores que si no las tuviésemos. Quizá se trata de considerar qué es más importante: si un dudoso beneficio individual o la seguridad de la colectividad. Si hasta una criatura de cuarto de Primaria lo entiende, ¿por qué son tantos los adultos que pasan por alto este detalle?
