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29 de Octubre de 1999

  

Querida Bibicita:

Nuevos caminos se abrirán para nosotros al iniciarse el Tercer Milenio. Por primera vez un Año Nuevo nos encontrará separados en puntos del planeta tan diferentes y lejanos. Aprovecho de darte mi abrazo anticipado entre lágrimas de nostalgia por tiempos felices, idos pero no olvidados, y mis deseos de felicidad y realización para ti. Otros cielos acogerán mis anhelos con profundo amor, pero yo dejo en Chile mi sol de cariño para ti y mi promesa de ser siempre tu seguro apoyo de comprensión y amistad. Recibe mi amor y fidelidad. Papito.

 
9 de Diciembre de 1999

Feliz Navidad y los mejores deseos para el Año que comienza

  

Esa noche de Navidad, en la que estarás en una linda compañía, mira hacia el cielo; lo mismo que verás lo estaré mirando yo y nos abrazaremos, porque será como estar sentados en la misma mesa como en otras tantas navidades. Yo te quiero mucho, mucho, y ya te extraño. Eres mi padre querido y le doy gracias a Dios porque supo darme una persona maravillosa para construir mi vida. Ahora vuelo por mí misma, pero nunca sola. Mi alegría no tiene fin cuando te veo junto a mí con tu alegría ayudándome, dándome tus sabios consejos y compartiendo tu vida con la mía. Millones de felicidades en estas fiestas. Que lo pases de maravilla por allá. Miles de buenos deseos para este nuevo milenio, para ti y Marcelinka. Con todo mi cariño, Bibicita.

 

 

El Último Día Perfecto

21 de Diciembre de 2006

 

 

 

Querida Bibicita: 

 

En este fulgor estás tú y siempre estarás. Como las estrellas de este arbolito –una fantasía digital de oro y cristal– así has estado tú siempre en mi corazón y todas las navidades vuelven a ser el horizonte que tu estrella ilumina para mí.

Hoy, que mi horizonte no tiene otra luz, te doy mi abrazo amoroso y mi fidelidad; que siempre conserves el fulgor con que has iluminado mi vida, y que ese fulgor ilumine también la tuya; que a través de tus dos luceros revivas la ilusión de las navidades que llenaron tu infancia y tu niñez.

Carl Sagan, en su bello libro Cosmos, en el capítulo “Las Vidas de las Estrellas”, presenta cuatro pinturas de su amigo Adolf Schaller, preciosas y a la vez inquietantes, con un texto que me ha obsesionado siempre y que lo he sentido como una metáfora de mi propia vida.

Dice así:

 

“Dentro de varios miles de millones de años, habrá un último día perfecto (cuadro 1). Entonces, durante un período de millones de años, el Sol se expandirá, la Tierra se calentará, muchas formas vivas se extinguirán y el borde del mar retrocederá (cuadro 2). Los océanos se evaporarán rápidamente (cuadro 3) y la atmósfera escapará al espacio. A medida que el Sol evolucione para convertirse en una gigante roja (cuadro 4), la Tierra se convertirá en un lugar seco, estéril y sin aire. Al final el Sol casi llenará el cielo y quizá se trague a la Tierra.”

 

 

 

En esta foto tan bella que te tomé en un momento inspirado y feliz junto a nuestro arbolito navideño, con figuritas de cristal y con el oro de mi cariño y tu ilusión de niña, quedó fijada nuestra última Navidad en el hogar común, la última que tuvimos en la casa de Aránzazu y en la que te regalé esa cajita tan fina de ángeles de mazapán.

Ese fue para mí el último día perfecto.

Como sabes, la casa de Aránzazu desapareció y yo ahora vivo en la casa de la soledad, cerca de las estrellas, y cada noche viajo hasta ellas en busca del mejor lugar para velar por ti para siempre.

El espíritu de Aránzazu vive en las flores que un día juntos fuimos a buscar, que juntos plantamos, regamos y cuidamos, y que vimos crecer y subir al cielo; hoy te las envío como símbolo de nuestra unidad y fidelidad.

Feliz Navidad, mi preciosa, con todo el amor de papá. 

 

22 de Diciembre de 2006

 Mi querido papito:

 

Con lágrimas por tus bellas palabras en esta Navidad veo el futuro fulgurante, proyección de otro más intenso sembrado con devoción en el jardín de una infancia de chocolate, osos de peluche y muñecas de mágicas mamaderas, que sólo se repiten en mi corazón.

Lo más grande que un padre puede darle a una hija no son costosos regalos, sino el cuidado de depositar en ellos las humildes pero más valiosas fantasías de viejos pascueros tocando a la puerta y huyendo por la terraza, los trozos de sandía que desaparecían en la noche por un travieso Teddy, los cuentos y las canciones y, por sobre todo, el amor más sincero, más cariñoso y más pleno que nadie en la vida jamás ha podido, puede ni podrá recibir.

Soy afortunada, feliz y agradecida de la vida que me ha dado mucho, pero sobre todo me dio el mejor regalo que alguien pueda recibir: un papá con espiritualidad tan rica y exquisita entregada de manera desinteresada y cariñosa, y que como hija he tenido el privilegio y la suerte de recibir. Yo también miro el firmamento y espero que el cielo no pida muy pronto a su estrella más brillante, y cuando lo haga yo deseo desde lo más profundo de mi corazón que luego seamos dos puntos luminosos alumbrando el camino de los que serán y estarán por lo que dimos y recibimos. Con todo mi más sincero cariño y amor incondicional por siempre, y una feliz, feliz Navidad.

Tu Palito del Espacio.

 

Santiago de Chile, 24 de Diciembre de 2007

Desde un reino de ilusión.

 

 

Querida Bibicita:

 

Bajo un arbolito refulgente de luces multicolores, con adornos de cristal y guirnaldas de oro y plata, pongo mis únicos regalos esta Nochebuena: La Tía Julia y el Escribidor y la Obra Musical de Maurice Ravel. Están envueltos en papel de sueños, con estrellas, diamantes y rubíes, centelleando todos con tu nombre en un firmamento mágico.

Me siento entonces a una mesa lujosamente puesta, preparada con el esmero y devoción que conociste cada Nochebuena, y allí, con la música de todas las navidades, me refugio en un reino de ilusión donde estamos todos juntos nuevamente en íntima felicidad.

Desde ese reino imperecedero te abrazo, mi preciosa, y te deseo lo mejor en tu vida, esperando que tengas el recogimiento para reunirte conmigo por un instante en esa pequeña familia que te regaló un universo de niña feliz.

Desde el palacio del coro de alumnos, desde el mundo ilusorio de las agendas, desde las noches en que el Teddy hacía de las suyas, desde Chico Carlo y la Comarca del Jazmín, y desde la fina cajita de ángeles de mazapán de nuestra última Navidad en Aránzazu, te mando mi corazón convertido en un ángel de verdad velando por ti.

Feliz Navidad mi lindo Palito, que la celebres con “júbilo sin par”, con esperanza y fe en el futuro. Este año que estás en Europa y todo es inverso al año 1999, cuando a mi vez yo estaba por allá, me encuentro ahora en la soledad y el desaliento sobre todo lo que es fundamental en mi vida, excepto mi amor por ti.

Tu papito que te extraña y te adora.

 

Madrid, 24 de Diciembre de 2007 

Mi papito amado y querido:

 

Desde mi ventana miro el cielo y milagrosamente está despejado y estrellado. Cuando mires hacia el espacio infinito esta noche, sabiendo que es el mismo que estuve contemplando hace 4 horas, sentirás un gran júbilo porque te he dejado allí el mensaje de mayor amor y cariño que una hija puede darle a su padre en esta Nochebuena. No podemos estar físicamente juntos pero nuestros espíritus están más unidos que nunca.

Mi árbol brilla, pero ahora no soy yo la que con ilusión corre a buscar los mágicos regalos. Se han invertido los papeles, porque así es la vida. Ya sé quien se escondía tras las puertas y ventanas, quién recogía mis sueños y deseos y los convertía en realidad; sin embargo, hoy celebro con mayor ilusión y más amor que nunca. Ya estaremos juntos nuevamente brindando por nuestra gran amistad. Las almas gemelas jamás se separan. En nuestra mesa hay un puesto libre y en él están todos los seres queridos que dejamos en Chile y que extrañamos tanto. Esta tarjeta digital que te envío la he preparado yo de manera muy especial. Feliz navidad mi papito querido. For ever in my heart. Un beso, abrazos y cariño eterno. Tu hija que te ama y adora,

Palito en el Espacio y con júbilo sin par.... ¡jo jo jo!