Propuesta I – Reunión 1.
17 de Octubre de 2009
ORACIÓN DE INICIO DE CURSO
“Empezando a Orar en Comunidad”.
De entre todas las cosas a las que vuestros APJ’s de este año os pueden
acompañar, sin duda la más importante es a la oración.
A simple vista y desde fuera resulta difícil de entender. Un grupo de
gente, enciende unas velitas, pone algo de música, se queda en silencio, de
pronto se escucha una palabra, un texto, después alguien con voz calmada y como
dirigiéndose a una sola persona “comparte”, y cuenta cosas profundas no fáciles
de asimilar. Y nadie le interrumpe, y el resto de los participantes, con los
ojos cerrados, callan y escuchan. Y mantienen una compostura durante mucho
tiempo. A veces asienten, como sintiéndose identificados con el diálogo que se
está produciendo entre el que comparte y eso invisible a lo que se dirige, que
lo trata de tú, que le da gracias, le alaba, le pide, que le llama Padre, o
Papá, o Jesús, o Dios… ¿Pero… dónde está? ¿a quién le están hablando? ¿Cómo
contesta? ¿Cómo saben los participantes de su presencia? ¿Qué signos ofrece?
¿Es que se han vuelto locos estos creyentes? ¿Acaso creen en fantasmas?
Y sin embargo, desde dentro, a nada que sigamos unas pequeñas pautas y
atesoremos un poco de experiencia, todo se aclara. No hay nada “paranormal” en
rezarle comunitariamente a Dios, ni en lo que sucede dentro de una capilla de
Guadalupe cada tarde, con tantos grupos pasando por aquí. Es más bien algo
sencillo, un acto que debería ser habitual en nuestra vida. Algo tangible, que
podemos tocar y comprender. Esa es una de nuestras tareas para este año. Qué
comencemos a entender qué ocurre dentro de cada capilla, cuáles son esas pautas
que debemos seguir.
Lo primero es el silencio: Hacer silencio, todo un arte. A veces venimos al
grupo, a la reunión tan aturdidos por los ruidos de fuera, los chirridos del
metro, la música a todo volumen en el ipod, la discusión familiar acalorada
después de comer, los cotilleos con los amigos, las risotadas, el partido de
mañana, el examen del lunes, a dónde vamos a ir después de esta reunión… todo
es ruido zumbándonos en los oídos. Lo primero es sentarse en una postura
cómoda, con la espalda recta, procurando minimizar los esfuerzos y evitar que
nuestros músculos trabajen. Cerrar los ojos. Quitar los pesos que no nos
corresponden, sobre nuestros hombros, sobre la espalda. Relajar el cuello, las
piernas, los pies, no encoger los dedos ni apretar las manos ni los ojos. Que
todo se pose suavemente sobre las alfombras y cojines de la capilla. Y por último
respirar. La mejor manera de hacer silencio, es concentrarse en respirar. Hacer
silencio es sacar de la cabeza aquellos ruidos, aquellas preocupaciones con las
que acudimos a la oración y que pueden ser aparcadas por un rato, guardadas en
un rincón de la mente. Y pensar en respirar, respirar profundamente y
visualizar el aire entrando y saliendo por nuestros orificios nasales y
recorriendo nuestros pulmones. Hasta que nuestros pensamientos se queden en
nada, se transformen en una hoja en blanco en el centro de nuestra frente.
Una vez hecho el silencio, disfrutar un poco de la paz que proporciona.
Sentirse fluido, ligero, descargado de pesos ajenos. Sentirse libre, como una
pluma que la mece el viento, la música.
En tercer lugar, escuchar la palabra de Dios. Sentir como cada cosa que nos
dice nos la dice personalmente a cada uno de nosotros.
Evangelio:
Lectura del santo evangelio según san Marcos
(10,35-45):
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y
le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.»
Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por
vosotros?»Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y
otro a tu izquierda.»
Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de
beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo
me voy a bautizar?»
Contestaron: «Lo somos.»
Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis,
y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse
a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.»
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús,
reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los
pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el
que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea
esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan,
sino para servir y dar su vida en rescate por todos.»
Palabra del Señor
Hacer oración con esta lectura, significa ser capaz de asimilarla y
descubrir qué nos transmite Dios personalmente a cada uno de nosotros. La
oración ya sea individual o comunitaria es una experiencia profundamente personal,
nadie nos puede enseñar o hacer ver cosas por las que nosotros no estemos
dispuestos. Es un ejercicio de sinceridad con uno mismo. Tal vez sea necesario
dejarse llevar un poco.
Palabras:
Beber el Caliz
Bautizarse
Ser Grande
Servir
Dar la vida
Orar es preguntarse qué significan cada una de estas
palabras para nuestra vida, según nuestra experiencia, nadie más puede entender
a Dios realmente más que nosotros mismos. Por supuesto estas palabras no tienen
un significado literal sino que simbolizan algo que tenemos que descubrir.
Depués hay que llenar el silencio de certezas, de
preguntas, de ruegos al Padre, de acciones de gracias.
-
Unas
cuantas certezas: Para ser grande, hay que servir, para ser el primero hay que
ponerse el último de todos, para salvar la vida hay que entregarla.
-
¿Pero
cómo evitar que la gente se aproveche de nosotros? ¿Cómo enfrentarse a los que
contradicen nuestras certezas? ¿Cómo vencer nuestra ansia de ser los primeros,
de ser los mejores, de llegar antes y vencer a los demás?
-
Padre,
te pido fuerza para superar mi miedo a entregarme. Padre te pido que me ayudes
a entender a mis hermanos y hermanas. Padre te pido que me des Fe para tener
esperanza en que las cosas van a salir bien.
-
Padre
te doy gracias por mi grupo, por tener la suerte de poder rezar con ellos, de
vivir la Propuesta cristiana. Padre te doy gracias por mi familia porque a
pesar de los problemas, siempre me ponen delante de todas sus preocupaciones.
Después, se trata de compartir con tus hermanos, en voz
alta, una vez que la confianza inunde la capilla, inunde nuestras relaciones
personales. Que entendamos y nos comprometamos a que lo que ocurre dentro de
una capilla no sale de ahí, que es nuestro lugar especial, nuestro pequeño
templo sagrado donde Dios está presente y nadie lo va a traicionar. En la
capilla, donde nos encontramos con Jesús y hacemos comunidad.
Por último, tomarnos de las manos y rezar un Padrenuestro
todos juntos como oración universal de todos los cristianos. Al final un abrazo
de Paz.
Esto sólo es una forma de orar, una de las miles. Por
alguna debemos empezar.