"Cuando supimos que japón había conquistado el mundo, así nomás, como si hubiera sido en una apuesta de caballos o un partido de fútbol, nunca más temimos. Confiábamos en los japoneses a muerte. Por esos días aparecían en la tele personajes alien-zoo-tech, que más tarde resultaron ser en casi todo iguales a nuestros vecinos de las galaxias más cercanas. La V corta en la frente y la letra gamma en partes del cuerpo, así como los terceros ojos marcados visiblemente en la frente, o los diseños criptográficos en la piel eran comunes en todos esos nuevos amigos que nos fueron visitando y que ahora son nuestros yernos y vecinos.Las primeras señales del mundo en manos japonesas, y también de las llegadas de visitantes, fueron ruidos, molestos, jodidos, mortales, que llegaban desde ningún lugar del cielo. A lo primero que se atinó fue a echar culpa a los nipones y hablar de biomilitarismo o espionaje GH322 celeste-japonés. Por suerte más tarde fuimos viendo que solo se trataba de la fukin conocidísima, ponderada y lickeada música de las esferas. La ensoñación social comenzó con la música de las esferas, pero a intensidades insoportables, como desde dentro del cerebro y haciendo sangrar todo. Con el tiempo se iban agregando fases al despertar. Algunos veían todo lo que después había en los chicos nuevos llegados del espacio como runas tatuadas en el medio del aire, flotando en casa o en el parque. Creíamos que estábamos siendo vigilados y amén-asados en una mala. Luego tomamos costumbre de la música, y fuimos aprendiendo con eso, a manejar movimientos corporales, y visuales más divertidos y jugosos. Las cosas de color amarillo empezaron a ser confiscadas o repartidas por períodos, según conveniencia momentánea, no de los japoneses, sino de cada estado autoritario que quería protegerse de Japón."
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