En realidad, no fui yo
la que la acogió si no que
ella que estaba en la calle
abandonada, escogió mi puerta hacia Noviembre del 2002 para buscar calor y
comida y yo no puede evitar encariñarme con una gata tan dulce y tan mimosa,
estaba preñada y a los pocos días dio a luz en la calle, yo lo sabía porque
cuando venía a pedir comida había bajado tripita y tenía las mamas
hinchadas pero era imposible
dar con el sitio donde tenía los gatitos.
Después, cuando cogió confianza conmigo trajo a sus gatitos al rellano de
las escaleras de la puerta
trasera de mi casa, yo le
fabriqué una casita que no dejara pasar el agua ni el frío en las escaleras para que ni los gatitos ni ella pasaran
frío -era pleno invierno-. Yo no me atrevía a adoptar un gato
porque nunca los tuve y no sabía si podría cuidarla bien, además tenía una
perrita (la pobre se me murió en Mayo del 2004) y no sé como la aceptaría.
Pasó un tiempo y sus gatitos ya no la necesitaban, así que ella pasaba mucho
tiempo en mi casa, hasta que al final le fui preparando su arenero, su
cama... ella entraba y salía y se quedaba a dormir cuando quería, la perrita
la aceptaba muy bien pero Morgana era bastante desconfiada con ella -es
normal en la calle no puede un
gato ser confiado con los perros-.
Así
que la llegada de Morgana
a mi vida fue de una forma gradual, las dos nos fuimos conociendo poco a
poco, hasta que en
Febrero del 2003 decidí que ya era el
momento de convertir a Morgana en una
gata casera como lo fué antes de ser abandonada, así que me la llevé al
vete, le puse todas las vacunas necesarias, le puse su chip y la desinfecté
bien, tanto por fuera como por dentro, así que a partir de ahí decidí que no
saliera más de casa. La cosa es que antes de tomar yo esa decisión
ella se quedó preñada y al poco tiempo me hizo abuela de cinco gatitos
preciosos a los que conseguimos hogar cuando ya fueron independientes.
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Morgana ahora
está encantada en su casita calentita y con todos los mimos que ella
necesita y que pide las 24 horas del día. Ahora tiene una cosa más en que
pensar porque desde hace unos años un torbellino llamado Gandalf entró en casa, nos cuesta un poquitín educar a ese diablillo ejejje, pero ni Morgana ni
yo podríamos vivir sin él.
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