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Historia de aquí nomás
*La más leída.
*La más votada.
*La más comentada.
Noviembre y Diciembre de 2009.
Gloobedia.com


*Historias de aquí nomás.

                                                            Historia de aquí nomás.

Parte 1.

Hola, mi nombre no tiene importancia, y el nombre de la historia podría ser como el nombre que llevará este sitio, “Historia de aquí nomás”.

Para comenzar no necesitamos remontarnos a siglos pasados, ni la escuché de boca de mis mayores en ruedas de cuentos paganos.

Todo comenzó sobre los últimos días del mes de Agosto de este mismo año cuando un amigo me llamó para pedirme si podría cuidarle en horas de la noche un enorme galpón rural hasta entonces en construcción ya que le llegaron materiales de valor al lugar, en definitiva la tarea no seria para mas de una o dos semanas.

El paraje en cuestión se llama Riachuelo y esta ubicado a unos 15 kilómetros de Colonia capital, el recorrido que haría de aquí y en las noches subsiguientes seria ida y vuelta por ruta 1 hasta el galpón ya que es el mejor camino y ya que viajaría en una moto a la que no le funcionan muy bien las luces. Pero para no hacer este relato demasiado extenso situémonos en la primera noche: próximo a las 20:35 hs. salgo con destino hacia donde seria mi lugar de trabajo en las próximas semanas, llegando a las 21:00 hs. aproximadamente sin mayores inconvenientes.

Luego de completar mi horario emprendo el regreso hacia mi hogar y al llegar casi a la entrada de la granja de don Emilio siento un chistido, así de fácil, un chssst.… corto, seco, al que le reste importancia ya que el viento era fuerte y el frió intenso, lo que no dejaba abierta la posibilidad de que alguien estuviera esperando para chistar a las pocas personas que pudieran pasar por la ruta (a esa hora desierta). Algunos metros después pero de la mano de enfrente observe una cruz la cual se encuentra con flores y relativamente cuidada lo que hace pensar que se trata de un echo reciente, pero todo esto intrascendente para mi hasta ese momento.

La segunda noche ya (comenzado el temporal de Santa Rosa) y luego de completar mi turno nuevamente de regreso a mi casa completamente olvidado de lo que aconteciera la noche anterior, al llegar a lo que creo el mismo lugar que en la noche anterior, me veo sorprendido y hasta diría inquieto al escuchar dos chistidos, fuertes, definidos lo que me dejo ver en ese momento que no se trataba del viento ni de ningún ruido confuso, en efecto, realmente eran chistidos.

Lo que me quedaba en claro era que debido al intenso temporal y lo poco oportuno de la hora no se podía tratar de una persona, pero la inclemencia del tiempo y mis deseos de llegar a casa, hasta ese momento podían mas que mi natural curiosidad…

                                                              Historia de aquí nomas

Parte 2.
Continuando con este relato digamos que las noches se sucedían y el temporal parecía haber llegado para quedarse, cada regreso a casa era bajo lluvia intensa, viento y al pasar por el mismo lugar aquellos chistidos que no se hacían esperar, parecería que con más insistencia.    

Una  madrugada detuve la marcha al escuchar un chistido aun con viento y lluvia ya que aquella situación realmente comenzaba a impacientarme, pero luego de permanecer en completo silencio  unos minutos en el lugar y debido al mal tiempo decidí continuar  mi camino.

Al día siguiente y en charla con gente mayor que yo, tal vez en busca de una palabra que me pudiera dar una respuesta lógica a lo que estaba ocurriendo, en lugar de encontrar esa respuesta escuche las más variadas afirmaciones;  desde que podría tratarse del  “chupa cabra” hasta que podría ser un alma atrapada en el lugar pidiendo ayuda para poder partir.

El caso es que todas aquellas versiones por el contrario de darme una tranquilidad, me inquietaban aun más, y ante mi comentario de que pensaba detenerme en el lugar a averiguar de qué se trataba, escuche a alguien decir:…ni se le ocurra!!!... con esas cosas no se juega!!!.

Pero la noche llego y por  primera vez en varios días parecía que el mal tiempo había terminado. Esa noche permanecí en mí puesto con la idea permanente de que en la madrugada siguiente habría de detenerme en el lugar donde estaban ocurriendo estos hechos tan curiosos y por mí mal o por mi bien descubrir de donde, o de que provenían esos sonidos.

La madrugada llego y con ella el retorno a mi casa, partí como de costumbre, solo que esta vez más lento de lo acostumbrado pues sabía que tenía una cita a pocos kilómetros de allí.

Tal vez por ir más lento que en otras oportunidades alcancé a ver cosas que otras veces no, como por ejemplo  otra cruz que recién hoy vi, esta está ubicada unas cuadras antes de lo que llamaremos “el lugar de los chistidos” por lo que este lugar quedaría situado entre dos cruces, ambas al lado de la ruta.         

Como sin darme cuenta estoy en el lugar, un chistido fuerte y claro me lo hace saber, luego otro y antes de que alcance a detenerme otro, detengo por completo la marcha, apago el motor de la moto, tomo el foco y me dirijo alumbrando al lugar de donde provenían los ruidos.

El lugar exacto es una palmera enorme, añosa, por lo que alcanzo a ver la más grande del lugar, solo que en este momento no se escucha ningún ruido, por momentos me siento como si fuera el único ser vivo en cientos de kilómetros, solo rompe el silencio el ruido de mis pies en la hierba, alumbro toda la enorme palma cuando en una parte del tronco, en una especie de cornisa  a unos seis u ocho metros de altura las vi por primera vez…

                                                               Historia de aquí nomás.

Parte 3.

En efecto, frente a mis ojos estaban lo que yo definiría como dos grandes aves completamente blancas, tímidas, huidizas  que en ningún momento se dejaron ver por completo; ya que cuando dirigía el foco hacia ellas giraban alrededor  del tronco de aquella enorme palmera.

Permanecí en el lugar algún tiempo mas tratando de poder ver bien que especie de ave serian aquellas, sin lograr verlas bien ni fotografiarlas, pero ya sin aquella incertidumbre de antes, mas bien con un sentimiento de confianza, de tranquilidad que era lo que aquellas figuras blancas me generaban.

Pase de sentirme ese personaje de la película que se mete a media noche en el lugar menos indicado, para comenzar a sentirme un ser racional en busca de una respuesta lógica a los extraños sucesos que desde días atrás venia experimentando.

El caso es que lo que para mi fueron solo unos momentos se habían convertido sin darme cuenta en 45 minutos, por lo que continué mi camino, dejando para otra oportunidad la idea de poder ver en detalle aquellas extrañas aves que me despidieron con aquellos infaltables chistidos mientras me alejaba del lugar.

Esa madrugada llegue a mi casa un poco mas tarde, por lo que era menos el tiempo que me quedaba para dormir, ya que en horas del día me desempeñaba en otro tipo de actividades, pero aun así tuve un extraño sueño donde veía en forma confusa una suerte de lamentable accidente carretero.

Ese día y a pesar de estar ocupado con otras tareas no podía apartar de mi cabeza aquel sueño de la madrugada anterior, frente a mis ojos pasaban las imágenes de una carretera muy ancha en la oscuridad de la noche, mas ancha de lo que jamás había visto, y desde un angulo que jamás la había visto, parecería que los bordes de la ruta están lejos, inalcanzables, y las luces de un auto dirigiéndose rápido no se si hacia mi o hacia otra persona.

Por la noche fui a trabajar como de costumbre y de retorno a mi hogar aquellas criaturas aun estaban en el lugar ya que se hicieron oír desde que me acercaba y cuando me alejaba del lugar, pero deje para el día siguiente para detenerme ya que sería el ultimo día de trabajo en aquel galpón y quería tratar de poder ver mejor y fotografiar a aquellas “grandes aves blancas”…


                                                            Historia de aquí nomás

Parte 4.

Al llegar a mi casa me fui a dormir un rato pero dejándole encargado a mi esposa que me despertara temprano esa mañana pues quería arreglar las luces de la moto, también quería desempolvar un viejo casco que hace tiempo deje en desuso.

Por la mañana me dedique a reparar las luces aun dejando de lado otras ocupaciones ya que por mi cabeza rondaba la idea de que mi encuentro con aquellas blancas figuras y mi sueño de la madrugada anterior podrían tratarse de algún tipo de señal, premonición o algo que ya habría ocurrido, no lo se,pero ante la duda esa noche viajaría en mejores condiciones, es decir, con luces y casco.

Y en efecto, la noche llegó y como el más correcto de los motociclistas, con las luces reparadas y mi viejo casco partí rumbo a mi último día de trabajo en aquel lugar.

Las horas de permanencia en aquel galpón (ahora ya casi terminado) transcurrieron y finalizaron sin mayores novedades, por lo que emprendo el último regreso a casa desde aquel lugar.

En ese retorno a casa paso junto a cientos de palmeras a diario a lo largo de la ruta, pero hoy esperaba llegar a la única en la que se producían aquellos sonidos de los que hemos estado hablando todo este tiempo, para detenerme y poder entender mejor aquella situación.

Pero esta y por primera vez en todos estos días al llegar al lugar no me encuentro con los infaltables chistidos sino que al detenerme y apagar el motor el silencio fue total, ni siquiera soplaba el viento, las enormes hojas de las palmas colgaban quietas, sin vida, no se porque el lugar se veía diferente.

Cuando me dirijo al lugar exacto donde me encontré con estas enormes aves blancas apenas dos noches atrás y dirijo el foco hacia lo alto, mi sorpresa fue mayor cuando no encuentro aquellas figuras, pero si a cambio y como en una escena motada para mitigar mis dudas pasadas, encuentro un pequeño búho, posado a poca altura en el añoso tronco de la vieja palmera.

Aquel búho era la respuesta a todos mis interrogantes, arrojaba un final lógico a esta serie de sucesos extraños, pero aun así no me dejaba del todo claro porqué aquel búho no chistaba, porqué no era blanco, porqué no huía de la luz como las otras criaturas, solo permanecía inmóvil, inerte, casi diría que podría tocarlo con solo estirar la mano sin que siquiera se inmutara.

Pues bien, con cierto desconcierto, guarde el foco en el bolso y comencé la marcha nuevamente, ahora con más preguntas que respuestas, cuando de repente y sin que lo esperara aparecieron las que seguiré llamando “las enormes aves blancas” justo unos metros antes de llegar a una de las cruces.

Levantaron vuelo y cruzaron completamente la ruta, frente a mis ojos…


                                                       Historia de aquí nomás

Parte final.

Aquellas blancas figuras cruzaron la ruta de un extremo al otro en un vuelo bajo, se podría decir que sin mover sus enormes alas, esa vez las pude ver en toda su magnificencia, es imposible describir ni calcular cuál podría ser su tamaño, lo que si me asombró fue que se alejaron lento, como para no volver al lugar, fueron dos manchas blancas en la noche que se extinguieron en la oscuridad.

Luego de esto continué mi camino y a diferencia de otras historias todo termino allí, al menos para mí, aquí no hay un final de cuento, esto es simplemente el relato de unos extraños sucesos ocurridos a pocos kilómetros de Colonia capital, en algunas noches de fuerte temporal, donde comenzó a escribirse esta  historia que ocurrió muy cerca, hace muy poco  y aquí nomás…  

Nota del autor: Antes que nada las disculpas por la demora en terminar esta historia, pero aún sin la necesidad de ir a trabajar quería tomarme el tiempo para volver al lugar donde ocurrieron todos estos hechos de los que hablamos durante todo este tiempo, y en efecto en la noche de ayer 02 de Octubre de 2009, regrese al sitio solo a comprobar lo que ya sospechaba, pues esta vez ya no hubo chistidos, ya no hubieron extrañas criaturas, fue como si ya no tuvieran nada que reprocharme.

Por eso mi consejo es que si usted pasa una noche por allí, casi frente a la entrada de la granja de don Emilio y escucha algún chistido, deténgase,  no sienta miedo, eso si; ponga las balizas y fíjese si tiene bien las luces o cualquier otro desperfecto, ya que talvez aquellas “grandes aves blancas” solo le están queriendo advertir  sobre algún peligro futuro, o simplemente quieren transmitirle el mensaje que hoy dejo como final de esta historia. La ruta es muy peligrosa sobre todo en horas  nocturnas y debemos tomar conciencia de esto extremando las medidas de seguridad, ya que si así lo entendemos:  Hay muchas muertes que podrían  evitarse…

Fin.

                                                                                            W. Fort 
 

Esta sección “Historias de aquí nomás” fue creada en Colonia del Sacramento, Uruguay, el día 08 de Septiembre de 2009  a la hora 11:08 según consta en el registro de este sitio, día en que fue editada la Parte 1 de “Historia de aquí nomás” nuestra primera historia, que por ser en tiempo real aun no tenía su final escrito.

Así mismo fue publicada en nuestros sitios de respaldo (donde también consta fecha de publicación) de la Parte1 a la Parte 4, esta ultima con fecha 20 de septiembre de 2009, la parte final fué publicada el dia 04 de Octubre de 2009 a la hora 00:30, por lo que toda publicación posterior a esta fecha en otros medios sin nuestro consentimiento será considerado plagio. G.B 3.360.929-3

Nota. La historia continuará conservando los errores ortograficos  de su borrador original.

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El monje furioso
 
 

Dos monjes zen iban cruzando un río. Se encontraron con una mujer muy joven y hermosa que también quería cruzar, pero tenía miedo.

Así que un monje la subió sobre sus hombros y la llevó hasta la otra orilla.

El otro monje estaba furioso. No dijo nada pero hervía por dentro. Eso estaba prohibido. Un monje budista no debía tocar una mujer y este monje no sólo la había tocado, sino que la había llevado sobre los hombros.

Recorrieron varias leguas. Cuando llegaron al monasterio, mientras entraban, el monje que estaba enojado se volvió hacia el otro y le dijo:

-Tendré que decírselo al maestro. Tendré que informar acerca de esto. Está prohibido.

-¿De que estás hablando? ¿Qué está prohibido? -le dijo el otro.

-¿Te has olvidado? Llevaste a esta hermosa mujer sobre tus hombros -dijo el que estaba enojado.

El otro monje se rió y luego dijo:

-Sí, yo la llevé. Pero la dejé en el río, muchas leguas atrás. Tú todavía la estás cargando...

                    FIN          

Enviado por Jonás.    

 

                                       Homenaje a un Viejo Cantor de Verdades.                   

Parte 1.

Hola, mis amigos lectores, comienzo hoy una nueva historia luego de una temporada alejado de las letras, no por gusto sino que a veces nuestras actividades en la vida real no nos dejan tiempo para este cable a tierra que la escritura significa para muchos de nosotros.

Dado que pasajes importantes de nuestra vida no se pueden resumir en pocas palabras y ya que talvez tarde algún tiempo en escribir todo el texto, comenzaremos con lo que será la primera parte   de este relato.

Hace algunos años atrás me encontraba viviendo en Argentina, para ser más preciso en capital federal, y como en todas mis historias la trama se desarrolla alrededor de mi ambiente laboral, (esta no podía ser la excepción), podría contarles que mi oficio era piloto de avión o algún otro puesto de importancia, pero en realidad soy un hombre de origen muy humilde y en realidad en ese momento mi trabajo era cuidar una galería comercial sita esta en la calle Florida, “La Galería de la Flor” y esto no es publicidad ya que no se siquiera si aún existe, ya que en este momento vivo en Uruguay y no viajo con frecuencia.

Pero sin más preámbulo comencemos con este relato, mi tarea específica era esperar a que todos los locales cerraran sus puertas y bajar una enorme reja mecánica que impedía al público continuar ingresando al lugar, y luego por una puerta pequeña permitir que los empleados de los locales se retiraran.

Y luego de que la galería quedaba desierta mi tarea consistía en efectuar algunas recorridas por el lugar y controlar que nadie intentara entrar rompiendo o forzando la reja que daba a la calle.

Y en cuanto los demás comercios de la cuadra cerraban también sus puertas, la peatonal comenzaba a poblarse de otro grupo de gente, fue allí donde conocí a este personaje nocturno de la calle Florida, su nombre no lo se, pero se hacia llamar “Nicolás Charra”,

su oficio, vendría a ser algo así  como un “Cantor de verdades”, en más de una oportunidad, y en alguna noche de poca actividad llegamos a conversar y me contó entre otras cosas que no vivía cerca, que hacia un enorme sacrificio para llegar a cantar todos los días y sin faltar jamás a su “parada” (justo frente a la galería).

De su vida, pude saber que tubo muchos oficios, fue policía, entre otras cosas siempre se le oía decir “quise ser militar, y no pude ser déspota, quise ser cura, y no pude ser hipócrita…  pero soy un hombre,  puedo mirarme al espejo, puedo mirar a mis seres queridos a los ojos,  sin tener que bajar la cara”.

Recuerdo una noche, (la noche del día del padre) que luego de interpretar una de sus canciones, agradeció al publico, les deseo a todos un feliz día del padre e hizo mención a que el no había tenido la suerte de ser padre, pero que sus hijos eran muchos, todos los niños de la calle.


                                                            Homenaje a un Viejo Cantor de Verdades.

Parte 2.

Nicolás no era buen cantante, pero a cada canción le ponía tanto sentimiento que realmente parecía revivir algún momento de su vida, ya que siempre me aseguró que los temas eran de su autoría.

 No, definitivamente, no era bueno cantando, pero cuando interpretaba alguno de sus temas, el público que se agolpaba a su alrededor aún siendo gente muy humilde dejaban en el sobre de su vieja guitarra desde monedas, billetes hasta flores y todo tipo de objetos personales.

Una de sus canciones principales, con la que lograba arrancar la mayor cantidad de aplausos de la gente era ésta, y es así como yo la recuerdo:

Permiso pido señores, yo soy el soldado aquel, que regresó de Malvinas en un frío amanecer. Adonde estaba mi pueblo que yo no lo pude ver. Me amordazaron la boca para que no hablara con él y contara… contara que tuve miedo, hambre, frío, soledad.

y que la herida de mi alma…y que la herida de mi alma, ya nadie podrá curar.

Yo soy aquel soldado que casi desarmado peleó en la soledad y que por las heridas en su patria agradecida no puede trabajar, a muchos les da vergüenza no escuchan al que canta, les duele la verdad, de aquellos compañeros que lucharon y cayeron por nuestra libertad, de aquellos compañeros que lucharon y murieron por nuestra “dignidad”.

Y la patria…”la patria agradecida” dice adornando un papel, y ni trabajo me dieron, dos pesos a mi invalidez, si hasta hubiese preferido haberme quedado allá con el que murió en mis brazos y que no pude llorar…perdonen…perdonen si desafino y si no puedo entonar, es que la rabia me ahoga…es que la rabia me ahoga y no me deja cantar.

Permiso pido señores, yo soy el soldado aquel, que regresó de Malvinas en un frío amanecer… permiso pedí señores y a nadie quise ofender, solo quería presentarme, yo soy!!!…yo soy el soldado aquel!!!

Luego de interpretar este tema recuerdo un día en el que tuvo que tomarse algún tiempo para recuperar el aliento, ya que parecía que a su falta de talento lo suplían sus ganas de comunicar todo eso que llevaba adentro y realmente a el público que lo escuchaba esto parecía no molestarle, y era algo mágico ver como la gente de todas las clases sociales que pasaban por el lugar se detenían a escuchar sus estrofas y realmente lo disfrutaban.

Evidentemente era un gran comunicador, hombre de muy bajo perfil, con toda la humildad y sabiduría que los años depositaron sobre sus hombros, pero cuando comenzaba a cantar aquel tímido personaje se convertía en el combatiente, el niño pobre, y quien sabe cuantos otros protagonistas de sus versos,  parecía no importarle la gente que pudiera haber alrededor, se adentraba tanto en cada tema, que parecía que su vida comenzaba y terminaba en cada canción. 


                                Homenaje a un Viejo Cantor de Verdades.

Parte 3.

Bien, luego de un tiempo de no poder escribir debido a la falta de tiempo para hacerlo, continuaremos con esta historia, tratando de ser lo más sintéticos posible como para tratar de darle un final.

Recuerdo hoy otra de las canciones de Nicolás, o al menos parte de ella, canción esta que su público disfrutaba mucho. En más de una oportunidad la pedían que la repitiera una y otra vez y esta decía más o menos así:

Niño pequeño, niño moreno, niño descalzo que por ahí vas, no tengas penas que no estás solo aunque hoy tengas que robar pan, o vender flores mientras otros niños que tienen plata pueden jugar.                                                                                                     

Gorrión pequeño que por las calles unas monedas te rebuscás vos sos el fruto de los que hablan de la conciencia y la dignidad,… vos sos el fruto de los que hablan de la conciencia y la dignidad. Y a vos te digo poderoso, que desde hoy comiences a pensar, porque mañana ellos serán hombres  y pueden poner en práctica lo que tu solo en ciertas fechas recuerdas cantar…                                                                                                  

Y aquí nuestro amigo hacía mención a estrofas del Himno Nacional (parte que vamos a omitir por respeto a los símbolos patrios) pero que en definitiva completaban el final de su canción.

Esto que les cuento ocurrió un día como hoy, en vísperas de Navidad, pero solo que unos veinte años atrás, recuerdo que luego de interpretar este tema que les acabo de escribir y aún que la noche era joven aún Nicolás en forma inesperada guardó su guitarra, recogió sus cosas  y luego de permanecer unos minutos en silencio se alejó del lugar. 

La Calle Florida perdió esa noche a un Viejo Cantor de Verdades, pues Nicolás ya no volvió, de la gente que lo conoció nadie lo volvió a ver jamás y nadie supo más de él, aún así nadie ocupó nunca su “parada” frente a la galería.

Y en las noches de fuerte temporal el viento parece traer los acordes de su vieja guitarra y parece oírse otra vez su gruesa voz a lo largo de toda la calle Florida, como se escuchó durante tanto tiempo y sin faltar jamás a su “parada”.

Fin de la historia.

Nota del Autor.  Quiero hacer este humilde homenaje a Nicolás Charra y hacer extensivo este Homenaje a todos los Nicolás Charra de la tierra, gente con mucho talento para quienes cantar es algo más que ganarse la vida, un verdadero apostolado.  

 W. Fort.


                                                                    Para mayores de 40 o no tanto

      Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

    No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

    Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

    ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores.

    ¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

    ¡Guardo los vasos desechables!

    ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!

    ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos!

    ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

    ¡Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!

    ¡Es más!

    ¡Se compraban para la vida de los que venían después!

    La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas de loza.

    Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.

    ¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

    ¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de las Nike?

     ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?

    ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?

    ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?

    Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más basura.

    El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.

    El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!

    ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de.. años!

    Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

    No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.

    Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De 'por ahí' vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'.

    Mi cabeza no resiste tanto.

    Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

    Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

    Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

    ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

    En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. ... ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las chapitas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

    ¡¡¡Las cosas que usábamos!!!: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor.

    Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín...

    Las cosas no eran desechables. Eran guardables.. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!

    Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.

    Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.

    Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!

    Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

    Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

    Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.

    Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado.

    Hasta aquí Eduardo Galeano                                Enviado por el personal de "Herrería Aria" 

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