
Afrodita - William Bouguereau
Antes que todas las cosas fue Caos; y después Gea la de amplio seno, asiento
siempre sólido de todos los Inmortales que habitan las cumbres del nevado
Olimpo y él Tártaro sombrío enclavado en las profundidades de la tierra
espaciosa; y después Eros, el más hermoso entre los Dioses Inmortales, que
rompe las fuerzas, y que de todos los Dioses y de todos los hombres domeña la
inteligencia y la sabiduría en sus pechos.
Y de Caos nacieron Erebo y la negra Nix, Eter y Hímero nacieron, porque los
concibió ella tras de unirse de amor a Erebo.
Y primero parió Gea a su igual en grandeza, al Urano estrellado, con el fin de
que la cubriese por entero y fuese una morada segura para los Dioses dichosos.
Y después parió a los Oreos enormes, frescos retiros de las divinas ninfas que
habitan las montañas abundantes en valles pequeños; y después, el mar estéril
que bate furioso, Ponto; pero a éste lo engendró sin unirse a nadie en las
suavidades del amor. Y después, concubina de Urano, parió a Océano el de
remolinos profundos, y a Ceo, y a Crío, y a Hiperión, y a Jápeto, y a Tea, y a
Rea, y a Temis, y a Mnemosina, y a Febe coronada de oro, y a la amable Tetis.
Y el último a quien parió fue el sagaz Cronos, el más terrible de sus hijos, que
cobró odio a su padre vigoroso.
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Y parió también a los Cíclopes de corazón violento, Brontes, Estéropes y el
valeroso Argos, que entregaron a Zeus el trueno y forjaron el rayo. Y eran en
todo semejantes a los demás Dioses, pero tenían un ojo único en medio de la
frente. Y se llamaban Cíclopes, porque en su frente se abría un ojo único y
circular. Y sus trabajos rebosaban fuerza, vigor y poder.
Y después, de Gea y de Urano nacieron otros tres hijos, grandes, muy fuertes,
horribles de nombrar: Coto, Briareo y Giges, raza soberbia. Y de sus hombros
arrancaban cien manos indomables, y cada uno de ellos tenía cincuenta
cabezas que se erguían sobre la espalda, por encima de sus miembros
robustos. Y su fuerza era inmensa, invencible, dada su gran talla. De todos los
hijos nacidos de Gea y Urano, eran los más poderosos. Y desde el origen fueron
odiosos a su padre. Y conforme nacían, uno tras de otro, los sepultó,
privándolos de la luz, en las profundidades de la tierra. Y se alegraba de esta
mala acción, y la gran Gea gemía, por su parte, llena de dolor. Luego, ella
abrigó un designo malo y artificioso. "Queridos hijos míos, vástagos de un padre culpable, si queréis obedecer,
tomaremos venganza de la acción injuriosa de vuestro padre, porque él fue
quien primero meditó un designo cruel".
Habló así, y el temor los invadió a todos, y no respondían ninguno de ellos. Por
fin, recobrando ánimo el grande y sagaz Cronos dijo así a su madre venerable: "Madre, en verdad te prometo que llevaré a cabo esta venganza".
Efectivamente, ya no tengo respeto a nuestro padre, porque él fue quien
primero meditó un designo cruel.
Habló así, y la gran Gea se regocijó en su corazón. Y le escondió una
emboscada, y le puso en la mano la hoz de dientes cortantes, y le confió todo
su designio. Y llegó el gran Urano, trayendo la noche, y se tendió sobre Gea por
entero y con todas sus partes, lleno de un deseo de amor. Y fuera de la
emboscada, su hijo le cogió la mano izquierda, y con la derecha asió la hoz
horriblemente, inmensa, de dientes cortantes. Y cercenó rápidamente las partes
genitales de su padre, y las arrojó detrás de sí. Y no se escaparon en vano de
su mano.
Gea recogió todas las gotas sangrientas que manaron de la herida; y
transcurrido los años, parió a las robustas Erinnias y a los grandes Gigantes de
armas resplandecientes, que llevan en la mano largas lanzas; y a las Ninfas que
en la tierra inmensa son llamadas Melias.
Y las partes que había cercenado, Cronos las mutiló con el acero, y las arrojó
desde la tierra firme al mar de olas agitadas. Flotaron mucho tiempo sobre el
mar, y del despojo inmortal brotó blanca espuma, y de ella salió una joven. Y
primero fue llevada ésta hacia la divina Citeres; y de allí, a Chipre, la rodeada de
olas.
Abordó la tierra la bella y venerable Diosa, y la hierba crecía bajo sus pies
encantadores. Y fue llamada afrodita, la Diosa de hermosas bandeletas, nacida
de la espuma, y Citerea, porque abordó a Citeres; y Ciprigenia, porque arribó a
Chipre, la rodeada de olas, y Filomedea, porque había salido de las partes
genitales.
Eros la acompañaba, y el hermoso Hímero la seguía, apenas nacida, en tanto que
se presentaba a la asamblea de los Dioses. Y desde el origen, por elección de la
Moira, tuvo el honor de presidir, entre los hombres y los Dioses inmortales, las
entrevistas de las vírgenes, las sonrisas, las seducciones, el dulce encanto, la
ternura y las caricias.
HESÍODO, La Teogonía
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