2321 MARCELINO DEL AMO

MARCELINO DEL AMO NAVARRO, f. 18-02-1997, Coatepeque, Guatemala

Marcelino del Amo nació en Cubillo del Campo (Burgos) el 6 de abril de 1915. Cuando estaba para cumplir los once años, ingresó al Juniorado de Nuestra Señora de Guadalupe en Carrión, el 3 de diciembre de 1926.

Cuatro años después, pasó a Pontós en donde realizó un año de postulantado y otro de noviciado, terminando el primero con la entonces solemne Toma de Hábito y con el correspondiente cambio de nombre religioso, como HERMANO GIL EMETERIO. Pronunciados sus primeros votos el 2 de agosto de 1932 siguió un año de escolasticado y fue destinado al St. Joseph’s Academy en Brownsville, Texas, en donde aprendió el idioma inglés.

En 1934 fue destinado a Cuba en La Habana, de donde pasó el curso siguiente a Camagüey. Los 25 años que pasó en Cuba se reparten además, entre Santa Clara, Matanzas, Ciego de Avila, y Cienfuegos, en la Escuela Gratuita de la barriada de La Juanita.

En 1961, expulsado de Cuba por la revolución socialista, fue acogido en el Monasterio Benedictino de Benet Lake en Wisconsin, E.U. en donde le confiaron un grupo como profesor de español.

En 1962 atendió con otros Hermanos en Opa Locka, Florida, a los exiliados cubanos. Dos años después pasó a Puerto Rico en Bayamón y en 1966 a Coatepeque, en Guatemala. Aquí transcurrieron los últimos treinta años de su vida.

El H. Marcelino del Amo como religioso fue siempre buen cohermano, servicial, trabajador y callado, con mucha unión con Dios. Como educador, se identificó con los pequeños del segundo de primaria. Amaba a los niños y tenía talento especial para ponerse a su alcance y hacerse entender. Los niños a su vez, lo querían, le hacían bromas y jugaban con él. En una ocasión les llevó un conejito metido en una bolsa. El animalito logró salir de su escondite y se puso a corretear por la clase con la natural algarabía de los niños, viendo a su Hermano perseguir al animalito para volverlo a su lugar. No pasó de ser un número de circo inesperado!

Ya de edad y enfermo, entabló un diálogo candoroso con sus alumnos. “¿Quieren mucho a su profesor? -¡Sííí! – Entonces, como su profesor está malito, y se puede morir, tienen que rezar para que Diosito lo cure. ¿Lo harán? - ¡Sííí!” El milagro se realizó por las oraciones de los niños y el H. Marcelino se curó.

También gustaba ver jugar y sonreír a los niños.

Como Marista, se distinguía por su gran amor a la Buena Madre, que comunicaba a sus alumnos valiéndose de cantos y oraciones que, contagiados por su profesor, respondían entusiastas. Su primer canto al entrar a clase, era la Salve. Este recuerdo hizo que sus antiguos alumnos entonaran la Salve como despedida a su profesor en su funeral.

Un derrame cerebral y un infarto le abrieron las puertas del cielo el 18 de febrero de 1997, a la edad de 82 años y 64 gastados en el servicio de Dios en la Congregación Marista.

FuenteEstrella del Mar.