Brasov, que se ha detenido en el tiempo, es una de las perlas de un país lleno de encantos y vacío de turistas


 

            

Desde los Cárpatos y a través de los Balcanes, hasta Albania

 

Viaje de 11 días por Rumanía, Serbia, Bosnia, Dubrovnik, Montenegro y Albania (+Milán y Budapest)

 

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Desde los Cárpatos hasta los Balcanes, 11 días en julio (preparativos)

 

           

            “Me ha hecho mucha ilusión subir al autobús y escucharos hablar en castellano. Casi ningún español viene por aquí y también no es muy frecuente ver a turistas de otros países.

 

            La gente escucha hablar de Serbia y de Montenegro –se lo he oído a bastantes españoles- y piensa: 

Mapa de impactos recibidos en Dubrovnik durante la guerra de principios de los noventa.

            -¡¡Ah, sí. Esos son los de los Balcanes, allí donde todas esas guerras. Qué mal tienen que estar las cosas para esa pobre gente. Desde luego, que yo por allí no iría ni loco!!

 

            Pero en Serbia se  vive con mucha tranquilidad  y  hay bastantes atractivos turísticos, además de su gente, que es muy agradable con los forasteros y muy hospitalaria. Mi país ofrece enormes posibilidades para el turismo rural y sobre todo, mucha animación y grandes fiestas tradicionales en verano, donde se disfruta a lo grande: La del beicon, la de los hombres que tocan grandes trompetas (ahora mismo no recuerdo como se llama)…

 

            A Serbia no se le ha tratado muy bien en muchos medios de comunicación de países occidentales. No han sido justos. Nuestro país, de siete millones de habitantes, ha aparecido como el malo de muchas películas

 

            ¿Sabéis?. Ahora estoy aquí en Montenegro. Ellos se separaron de nosotros de forma pacífica, es verdad, pero nosotros dijimos:

 

            -¡Qué les den!. Ahora los serbios dejaremos de ir de vacaciones a sus costas y de gastarnos nuestro dinero allí. Nos marcharemos a las playas de Bulgaria y de Egipto, como muchos ya hacen!.

 Los cañones en la ex Yugoslavia, afortunadamente, ya solo están en los Museos.

            Pero sin embargo, seguimos volviendo, porque aquí tenemos amigos. Y eso a pesar de que a mi las playas de este país no me gustan, porque son algo sucias. Pero este nuevo estado posee ahora un evidente atractivo turístico, porque tiene unos precios muy bajos y las cosas son de calidad. No hay infraestructura, no hay maquinaria…, todo está hecho a mano, pero bien hecho.

 

            Ellos nunca quisieron el Dinar (moneda de Serbia) e incluso cuando estábamos unidos optaron por el Marco alemán y luego por el Euro. ¡Que pintarán los de Montenegro con el marco o con el euro!.

 

            Mi madre me llevaba de muy pequeña a Dubrovnik, antes de la guerra. Después no he vuelto a estar, pero sé que sus playas tienen las aguas más cristalinas del mundo. Pero los croatas son muy suyos, muy huraños, poco sociables y muy serios

 

            De los eslovenos  ¡que os puedo decir!. Son como los alemanes. Tienen poco que ver con el resto de los pueblos que formaron Yugoslavia.

 En recuerdo de uno de los oficiales españoles muertos en Mostar

            Bosnia me da mucha pena. Hay pueblos y pequeñas ciudades en el interior que todavía están destruidas casi completamente por la guerra. Nosotros a los Bosnios siempre los hemos considerado como un pueblo con pocas luces. En Serbia siempre que se hacen chistes de tontos, los protagonistas son los bosnios.

 

            ¿Qué pienso de Macedonia?, –replica mientras frunce el ceño-. Bueno, esos son para dejarlos aparte. Gitanos, vagos… ¡En Serbia se piensa que los andaluces de España también son así!!.”

 

            Quien de esta forma habla es Alexandra, una Serbia de unos veinte años que conocimos en un autobús que transitaba desde Dubrovnik a Kotor y con la que charlamos de forma muy animada sobre nuestras inquietudes mutuas.

 

            Alexandra es una chica morena de gran belleza, de esas que llama la atención por la calle y de una simpatía y sociabilidad extraordinarias, aunque no se muerde la lengua a la hora de decir lo que piensa. No habla abiertamente de política, aunque entre bastidores si que manifiesta algunas de sus ideas. Si bien para interpretarlas en su justa medida, cualquiera de nosotros tendría que conocer mucho más de lo que conocemos sobre la historia pasada y reciente de los territorios de los Balcanes. Por eso, me limito a trasladar aquí lo que ella nos dijo, sin dar opinión propia sobre ello.  La guerra ya solo queda en el recuerdo, la alegría ha invadido las calles de Belgrado.

 

            Ha vivido en Zaragoza un año y pretende desde el próximo septiembre estudiar decoración de interiores en Barcelona. Habla un castellano perfecto (sin artículos, eso sí, como es costumbre en la zona), con una riqueza lingüística admirable y con un increíble dominio del argot actual de nuestro país. Ni siquiera le da la menor importancia a este hecho, cuando así se lo hacemos saber. De ella, volveré a hablaros a su debido tiempo a lo largo del relato

 

            Lo que ahora comienza, no es un reportaje periodístico, sino un relato de 11 días de un estupendo y trepidante viaje a través de Rumanía, Serbia, Bosnia, Croacia (solo Dubrovnik), Montenegro y Albania (además de incursiones en las archivisitadas Milán y Budapest). Por ello, no creo necesario comparar las opiniones de esta chica con las de otros ciudadanos de países de la zona, que también las he conocido –sobre todo de algunos bosnios y croatas- a lo largo de viajes anteriores.

 En Sarajevo las diferentes religiones y culturas vuelven a convivir como lo hicieron siempre

             Si me parece sin embargo, una muy buena forma de empezar, la de dar a conocer lo que piensa una persona de un país para nosotros desconocido, que no ha vivido conscientemente ninguna de las guerras de la zona y que posee un buen nivel cultural, un gran dominio de nuestro idioma y un conocimiento aceptable de nuestro país.

 


ASÍ SE HIZO… (MAKING OF)


         Abro un breve apartado para hacer referencia a la preparación del viaje que hace tan solo hora y media ha concluido. Ha sido de los más difíciles de cocinar de los últimos tiempos por varias razones:

 

            -Hubo que cambiar los ingredientes cuando ya estaba elegido el plato. Nuestra idea inicial era dedicar este periodo de vacaciones a la visita de Rusia, pero debido al farragoso tema de los visados (con cartas de recomendación incluidas) y a que estábamos cansados de gestionar otros anteriores (Siria, Jordania e Israel), decidimos posponerlo sine die, para cuando los rusos (más bien su gobierno) sean mas amables con sus invitados.

 

            -Se trataba de un periplo que incluía muchos países, con cortas visitas a la mayoría de ellos (para visitar lugares muy concretos que no conocíamos o que nos apetecía volver a ver y pillaban de camino), por lo que recabar información se hizo duro, especialmente para países como Montenegro y Albania, lugares para los que la información existente es escasa y muchas veces incierta o directamente incorrecta (y ahí también tiene buena culpa Lonely Planet, que de esos dos países ha oído campanas y no sabe muy bien donde).

 

            -Hubo que adaptar los vuelos a un recorrido trepidante, al máximo aprovechamiento del tiempo disponible (perder un día era casi ceder el 10% del viaje), a un inicio y final en puntos diferentes y a unos precios razonables. La consecuencia final ha sido –como ya veremos- que hemos tenido que renunciar a un vuelo ya contratado (Bratislava-Milán) y comprar otro desde un cíber –la primera vez que lo hacemos- desde Sarajevo (Tirana-Milán).

 Los trenes en Rumanía siguen siendo algo obsoletos.

 

3 “PISTAS” SOBRE CADA UNA DE LAS ZONAS VISITADAS


            Milán:


            -Si tenéis que hacer cambio de aeropuerto desde Malpensa a Bérgamo o viceversa, no vayais justos de tiempo. Mi recomendación es dejar un margen de al menos cinco horas, sobre todo si es en día de diario.

 

            -Milán no es una gran ciudad monumental (incluso ahora, la fachada de la Catedral está tapada), pero bien merece una visita (ambiente, elegancia, tiendas...)

 

            -Los precios en Milán (e Italia en general), son muy competitivos en relación a otros destinos de Europa (incluidos algunos de España). Ya es más fácil pagar más por un café en Madrid que en Milán


A la izquierda, la Galeria Vitorio Emanuelle II de Milán. A la derecha, mujeres en Budapest venden sus tejidos hechos a mano  

        


             Budapest:


            -En el aeropuerto de Budapest (lo explicaré con pelos y señales en su momento) se produce una de la situaciones más vergonzosas que conozco del mundo de explotación descarada al turista (a la que la propia Unión Europea debería poner remedio de forma inminente). No se trata de las muy habituales -en casi cualquier parte- mafias de taxistas. Aquí la mafia la tiene perfectamente organizada el propio estado húngaro y/o el ayuntamiento o entidad local que corresponda. ¡Si podéis, evitad este aeropuerto para no hacerles el juego!.

 

            -Para quienes conocemos Budapest desde hace muchos años, en la actualidad resulta algo decepcionante, dado que la explotación del capitalismo salvaje ha podido con casi todo.

 

            -No obstante, Budapest es una ciudad preciosa y se han hecho algunas inversiones en infraestructuras (plazas peatonales, asfaltado y ensanche de aceras en lugares turísticos, limpiado de fachadas de edificios…), aunque quedan muchísimas por hacer.

 

 

            Rumania:


            -Nosotros visitamos el país hace trece años y en determinados casos, nos resultó un infierno. Hoy en día Rumanía es totalmente seguro para viajar (incluso de noche, en trenes expresos semivacíos).

 

            -Los precios son todavía bastante razonables, aunque no los de los hoteles. Hay que tener en cuenta que la oferta de alojamientos en Sibiu es muy limitada (si no se quiere ir a un dormitorio compartido de albergue, como es nuestro caso) y cara. En algunas ciudades (nos ocurrió en Brasov) existe la posibilidad de alquilar apartamentos por días a precios muy razonables: 24€ (remitiré el teléfono de Eugenio, su propietario, a quien me lo solicite por correo electrónico).

 

            -Rumanía se puede conocer en un puente largo (tiene a tractivos en verano y en invierno, con el esquí). Para hacer lo imprescindible (Sighisoara, Sibiu, Brasov, Bran, Sianaia y Bucarest) basta con cuatro días.

A pesar de todo, el fenómeno Drácula no está todavía muy explotado en Transilvania

 

            Serbia:


            .-Belgrado (que a veces es bastante fresca en verano) es una ciudad que no tiene grandes atractivos turísticos, pero en su zona comercial rebosa de vitalidad y actividad. Solo por eso, ya merece la pena una breve visita.

 

            -No os vayáis de Belgrado sin probar los helados con trocitos que venden por el centro. ¡De los mejorcitos que he degustado en los últimos tiempos y por un euro te dan dos bolas!.

 

            -En las estaciones de autobuses de Serbia (y de toda la ex Yugoslavia en general) cobran por todo (ir al servicio, guardar el equipaje en el maletero…), así que guardad unos pocos dinares para estos menesteres si vais a abandonar el país.

 

            Bosnia Herzegovina:


            -Bosnia se puede dividir en dos. Sarajevo y el resto. En Sarajevo apenas se notan los restos y efectos de la guerra y es equiparable a cualquier otra ciudad europea en modernidad y vitalidad (además es muy chula).

 

            -Mostar es preciosa y muy cuca, sí, pero está abarrotada de grupos de españoles, siendo la ciudad más visitada de Europa (en dura pugna con Dubrovnik y Praga) por grupos de los “marujos” y “marujas” patrios (sin perdón) que pululan de 

 El mítico puente Viejo de Mostar, derribado por un obús croata y reinaugurado en el 2.004

tienda en tienda y exhiben al resto del grupo sus trofeos adquiridos a precios de saldo al “tonto” comerciante local.

 

            -Los precios son los más bajos de toda la antigua Yugoslavia y el alojamiento en casas particulares resulta la mejor opción calidad/precio (como en toda la zona).

 

 

            Croacia:


            -El sistema de transporte público sigue siendo igual de lamentable que en el pasado. Es muy recomendable moverse en coche de alquiler si no se quiere perder el tiempo y la paciencia (y lo digo yo, que soy amante de los transportes colectivos).

 

            -Es una pena, pero ni el estado croata ni los operadores de la zona cuidan demasiado a los turistas individuales. ¡Saben que de una u otra forma tendrán el país lleno solo con los grupos!!. Los precios de los restaurantes pueden cuadruplicar a los de Bosnia o Montenegro.

 

            -Visitad Dubrovnik a las seis de la mañana, cuando no hay nadie y el calor no es grande. El esfuerzo os será recompensado A partir de las ocho los hordas de las agencias la toman sin contemplaciones y entran ganas de llorar.  

 

 

            Montenegro:


            -Si para Croacia el alquiler de coche es muy recomendable, para Montenegro es absolutamente imprescindible. Y aún así, no os fiéis de la relación tiempo/kilómetros que aparece en Vía Michelín (multiplicarla por dos)   

 

            -Mucho ojo con llegar tarde a los sitios donde se pretenda pernoctar si no se tiene una reserva. En algunos lugares la infraestructura hotelera puede ser escasa. ¡A nosotros en Kotor –donde llegamos a las diez de la noche y estaban de 

Para disfrutar de kotor, junto a las palomas y a los gatos, lo mejor es pegarse el madrugón

fiestas- nos tocó dormir en las hamacas de la playa, con los bultos de almohada!.

 

            -En Montenegro se come muy barato y muy bien (por 6 euros revientas). Los tomates saben a tomates, los pimientos a pimientos y sobre todo… ¡¡¡El pescado sabe a pescado!!!.

 

 

            Albania:


            -Los accesos desde Montenegro son muy complejos y lentos en transporte público. Solo hay un autobús al día desde Ulcinj y es a ¡¡las seis de la mañana!!.

 

            -La seguridad del país es bastante buena por debajo de la ciudad de Shkoder (o Skondra) y el transporte público (microbuses y autobuses) es rápido, barato y eficaz.

 

            -Tal vez, Tirana sea la ciudad más destartalada de toda Europa. Su interés turístico es nulo, aunque sirve para dar una idea muy ajustada del sufrimiento que han sufrido sus gentes durante décadas.

 

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