"Andreina" - 2006 Acuarela sobre papel - 70 x 50 cm Museo Nacional de la Acuarela "Alfredo Guati Rojo" México. Barrunto que mediante eso que llamamos “arte” intentamos satisfacer una inminente necesidad de adecuar y vincular nuestro acontecer interno, ese, que nos es tan especial, tan importante, tan maravilloso y tan terrible a la vez, que nos subyuga y nos pierde, a una determinada forma de expresión que difícilmente encontraría salidas a través de nuestros medios regulares de comunicación por su genética insuficiencia, o bien, por su deficiencia de diseño para poder alcanzar tales fines. Así, bien como autores, bien como fruidores, desde la intención de cada cual, arrastrados por el imperturbable silencio de la conciencia experimentamos la exteriorización de nuestra vida interna de un modo tan crudo, contundente y conmovedor que nos sacude, que nos estremece, y nos hace tener presente, una y otra vez, nuestra verdad mas íntima, lo que realmente somos en nuestro estado mas puro y primitivo, cuando nos sentimos reflejados en esa piedra tallada que es más que una piedra tallada; en ese grupo de acordes que son más que ondas sonoras; en esa pintura que es más que una tela teñida con pigmentos, en esa metáfora precisa que es más que el orden sintáctico de que se vale, y en fin, cuando le conferimos a esa exteriorización material una verdad que reconocemos como propia, que rebasa su materialidad subyacente, y nos reconciliamos, nuevamente, con nosotros mismos. El arte desnuda, el arte nos desvela la salvaje y violenta inocencia de nuestro ser más profundo, el arte nos devuelve al “vivir” que a ratos perdemos, sin límites, sin miedos. |

