|
Os camiños do Eume coma casi todos os camiños desapareceran. Perderanse. Só a pureza do bosque atlántico, das fragas do Eume, permitiu algún vestixio do seu esplendor. Seguindo o seu rastro a través de vellas congostras e escuras corredoiras, podemos atopar os vieiros que lembran a nostalxia daquela forma de vida armónica co seu entorno, que permitiu que a paisaxe das fragas chegase ata nos.
Estes vieiros percorren o Parque Natural en cumprido homaxe á sua paisaxe, descubrindo os seus tesouros, que non son poucos, e algunhas das suas historias, nese diálogo silencioso entre o camiñante e a natureza. A admiración mutua que chamamos conservación.
** en la parte final de esta página, se puede descargar el MARCAPÁGINAS con los PIES DE FOTO del LIBRO
O río Eume percorre algúns dos ecosistemas mais valiosos e á vez mais ameazados de Galicia. As turbeiras da Serra do Xistral e as Fragas do Eume, Parque Natural, son o nacemento e desembocadura deste curso de auga de axitada natureza, principio e fin dun percorrido polos antigos camiños das Terras do Eume.
A medio camiño entre guía e libro de viaxes, a través de ríos, bosques e aldeas do Eume, esta obra apropiase dunha engaiolante paisaxe que se descobre a través rutas, travesías e aproximacións polos corredores naturais.
Guía dos Camiños do Eume, busca e enmalla moitos km de camiños, corredoiras, pistas, rozas, e cañadas onde durme a pureza do bosque atlántico. Só con esa cadencia do camiñante, se abre a natureza para que a sua esencia penetre e quede en nós.
Piedras
Resulta difícil concebir una naturaleza sin piedras. Aquí en las Terras do Eume, como en casi toda Galicia, están por todas partes, herencia de una tierra anciana. Granito, Pizarra y Cuarzo, a menudo mezcladas entre ellas. Erosionadas en los picos de los montes, redondeadas en los ríos, bolos graníticos que surgen de las entrañas, cuarzos blancos indeformables. Si hay algo que combine con la naturaleza verde es la piedra. Las aldeas parecen lo que son, puzzles de miles de piezas recogidas en la naturaleza formando un cuadro.
Como por arte de magia, pero en realidad con un trabajo egipcio, pasan a estar en las casas, piezas de todo tipo, de cantería de gran, pizarrosas ou en laxas, pequenas, grandes, oscuras e claras, lousados nas cubertas, chantados dos prados, empedrados no chan, seixos nos cumes ou entre as outras pedras - de sillería, pizarrosas, pequeñas, grandes, oscuras y claras, enlosados en las cubiertas, cierres de losas en los prados, cuarzitas en los tejados o en los muros entre las otras piedras. Con la garantía de que ninguna vino de lejos. Forman un universo pedregoso, rueiros apretados de fornos e alpendres, pontes, fontes ou empedrados - en aldeas apretadas de hornos y cobertizos, puentes, fuentes y caminos empedrados.
La emigración es una de las grandes culpables de la pérdida de la memoria colectiva e importadora de vanguardias de otros lugares, con una voluntad diferenciadora casi cómica, que no discrimina uno de los tres principales elementos de ostentación: la arquitectura. También es sinónimo de abandono. El abandono se ceba con la piedra. Las hiedras y las zarzas la recubren, encontrando en las juntas de barro pasadizos donde enraizar. La humedad se concentra con la vegetación y el agua trabajando las estructuras térreas, arrastrando a su paso su antigua solidez. Las chantas de los prados se desplazan con las raíces y el agua, dislocando su artesanal enlazado. Quedan numerosos lugares que año a año pierden un poco más de su esplendor. Lugares pequeños sin la gente que los creó como A Armada do Cando, Teixido, Casas de Cernadas, Os Curros languidecen en diferentes estados de abandono.
La casa tradicional Eumesa, si es que existe una sola, es una vivienda rectangular de 50-75, m2 de planta, de un solo cuerpo con dos alturas, tejado de pizarra a dos aguas, con construcciones auxiliares como cobertizo y horno. Otra tipología frecuente es con dos cuerpos unidos, uno robusto cuadrangular y otro más esbelto, de menor altura, rectangular, unidos en forma de L de palos cortos. Intentaremos señalar buenos ejemplos, incluso alguno que ofrezca posibilidades de restauración, de introducirnos en la emocionante aventura de la piedra.
La disquisición más extendida en el mundo de la piedra se encuentra en la parte de arriba. La dicotomía entre lousa ou tella, tellado ou lousado - pizarra y teja, enlosado o tejado. Recuerda a otras dicotomías de tintes ideológicos, como derechas o izquierdas: Eu son de tella e ti es de lousa - yo soy de teja y tú eres de pizarra dependiendo de la zona. En el litoral del Eume, predomina la teja, que en una transición violenta deja paso al predominio de la pizarra hacia el interior. Sin duda los materiales originales influencian esta división, que adquiere dimensión cultural. Recuerda también a otra transición, la gastronómica, entre la zona marinera y la zona porcina, de peixe ou de porco, particularmente radical, entre la tradición marinera de Pontedeume, y los genocidios porcinos y vacunos de As Neves, a 8 km. Curiosamente se puede afirmar que en el Eume, el territorio de la teja coincide con el de la sardiña y el de la losa con el del cerdo (con permiso de Pedro de Llano). Los callos, el cocido, chuletón y carne asada, desplazan rápidamente al choco y a la sardina, dejando una curiosa licencia a las almejas, a la merluza y al pulpo, la exquisitez marinera del interior. Al igual que con la piedra, salvar la abrupta orografía con el pescado a cuestas, condiciona cualquier modo de vida.
La arquitectura “do Xisto” - piedra pizarrosa, es la protagonista de casi toda la zona. De peor calidad que la de gran - granito, pero más irregular, con tonos que van del marrón claro, brillante o mate, al gris plateado, o casi negro. Las construcciones de estas piedras pizarrosas, menos resistentes, son como un mosaico interminable de lajas, irregulares de tamaño, distintas de color. Estas piedras, pequeñas, contrastan con las robustas fajas de cantería que forman las ventanas, el marco de la puerta o la entrada del horno. En algunos sitios como en A Capela las casas están hechas de piedras de granito con lousado de pizarra, como no podía ser de otra manera con los Bolos que pueblan sus suaves lomas. Los perfectos perpiaños están en algunos casos asentados, además de sobre barro, sobre pizarras finas. Es posible encontrar chimeneas de losas de pizarra encajadas artísticamente.
La arquitectura eclesiástica, rica por antonomasia, siempre es de granito.
La esencia de la piedra es la vida de la aldea, grabada imperceptiblemente en ella. De niño recuerdo sentir envidia de los otros niños, los que “tenían aldea”, adónde iban los fines de semana. Volvían contando fascinantes historias de puchos, galiñas e coellos – terneros, gallinas y conejos, de sus abuelos, de su vida al aire libre. Muchos de ellos me hablaban de estas aldeas del Eume, que ya entonces me parecían paraísos. Hoy todavía les sigo envidiando por sus recuerdos, pero estas aldeas, de alguna manera, ya forman parte de mí.
|
|

