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1 0 4 3 5 3 1 6 por Brian R. Weinberg

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Brian R. Weinberg
31/10/2007

Vino en un momento inolvidable; sin saber cómo. Todo había pasado tan rápido, no más de diez minutos. Diez minutos que cambiarían todo su mundo.

Era un día típico en Alemania de 1933, como cualquier otro sábado. El joven estaba en el cuarto de su hermanita pidiendo la atención de su mamá. Hace poco que la niña nació y todos se acostumbraban a la vida así. En el comedor, su papá escuchaba el radio, totalmente fijado en la transmisión. Había otra manifestación del régimen de Hitler, algo que pasaba frecuentemente últimamente. La violencia de la calle se escalaba a un nivel caótico; más que cualquier otra persona jamás había visto en la historia del país. El joven no prestaba mucha atención a las noticias, ni siquiera las entendía. Con sólo trece años, ya había sido declarado un hombre de acuerdo a las tradiciones judías por la celebración de su Bar Mitzvah.Para él, todo estaba bien. Si fuera un adulto real, entendería las razones por las cuales no podía jugar afuera, ni hablar con los vecinos, y tendría idea de la magnitud de estas manifestaciones. Pero ahora sólo era un joven, contento, y vulnerable...

Simultáneamente en la calle, cerró de golpe la puerta de una camioneta llena de soldados. Nunca pasaba nadie los sábados por este barrio, pero en este día, vino un ejército con armas y ordenes. Los sacaron con la fuerza y el poder del gobierno, a pesar del esfuerzo que su papá ponía para protegerlos.Los detalles de este momento eran borrosos, solo los gritos de su mamá, las balas disparadas, y una casita completamente destruida se quedaban en la memoria. En frente, un destino inesperado decidido por las manos de aquellos a quienes llamaban "los Nazis."

Los metieron en un vagón del tren. Había otros… muchos; quizá cien. Ni si quiera podían moverse, ni sentarse. No había comida, tampoco un baño. El conductor manejaba por días, sin parar, sin ventanas, dejando estas personas en la oscuridad. El olor era insoportable y nadie sabía que seria lo que iba a pasar. El futuro era totalmente incierto. El joven sucio y débil, todavía al lado de su mamá, tenía miedo. Trataba de mantener la cercanía, era lo único que le daba comodidad. Sin embargo, este tren de horror continuaba otra noche.

Cuando por fin el tren paró, el joven ya había perdido cuenta del tiempo. No sabía ni el día, ni en qué país estaba. Cuando abrieron las puertas, la luz brilló tan fuerte que al principio lo cegó. Después, vio a los guardias armados dirigiendo a la gente a bajar y organizarse en líneas. Unas de hombres y otras de mujeres. El joven los obedeció de inmediato, habría hecho cualquiera cosa para salir de este tren. Buscando a su mamá por la otra línea, aterrorizado, se dio cuenta de un olor extraño. Viendo hacia atrás, notó todos los cuerpos abandonados del viaje. ¡Había tantos! Entre esos uno que él reconoció. Era de su hermanita. Ahora, la realidad de este terror ya había empezado...

La mano de su padre lo agarró fuerte y lo dirigió por el proceso de la documentación.Adelante, había un sonido raro el cual ellos no podían deducir de que se trataba.Cuando finalmente vieron que estaba pasando, el joven empezó a temblar. Ya iba a llegar su turno. Su papá, queriendo confortarlo, le susurró al oído algunas palabras. El joven no dejo de repetirlas en la mente:"El odio nunca puede cesar con odio, solo con el amor." Mientras tanto, los números 1 0 4 3 5 3 1 6 fueron tatuados sobre su bracito;Sus gritos fueron escuchados por todos.

Con estos gritos, de repente, el viejo sudoroso saltó de la cama, respirando muy fuerte. Otra vez esta pesadilla, pensó para sí mismo. Aunque el sueño era recurrente por años, sabía que esta noche era diferente. Caminó por el cuarto del hotel hasta el espejo y tomó un vaso de agua. Vio el reflejo de su cara arrugada, y de su cuerpo viejo y lento. Hace ochenta años que él había experimentado el horror del Holocausto.

Recogió una carta y leyó otra vez estas palabras:

"Querido Señor Benjamín,

Yo soy un estudiante de historia que trabaja en el campo de concentración en el que usted estuvo.Leí su libro dos veces, el cuál fue muy inspirante.Su cuento me cambió la vida.No sé si recibió la invitación, pero espero que la haya aceptado y pueda venir al museo para contarnos su cuento durante………….."

"Tengo que hacerlo," pensó. En el brazo, vio los números otra vez uno por uno 1 0 4 3 5 3 1 6 y empezó a llorar.

El día siguiente, se despertó muy temprano y se vistió antes de las ocho. Era un día hermoso, con el cielo celeste y despejado. Después de llegar en taxi a su destino, caminó con su bastón a la entrada del museo. Leyó las palabras en alemán sobre el portón: "Arbeit Macht Frei" las cuales significaban: "si trabajan, pueden liberarse." Su pasado había regresado y sintió lo que había sufrido en carne propia hace tanto tiempo. Con cada paso, vino otra memoria de su pasado. Siguió avanzando sobre las líneas del tren.

Vio un grupo de personas escuchando un tour del estudiante en el fondo.El estudiante al mirar a Benjamín, se quedó sorprendido.Mirándolo con ojos grandes sin decir nada. Nadie sabía si iba a venir. Se acercó el grupo y se presentó al estudiante. El hombre miró a la izquierda, a la derecha, y hacia el cielo, mientras respiraba profundo el olor distinto de este lugar, y empezó a contarles su trágico cuento. Caminó por todo el campo contándoles hechos gráficos de sus experiencias. Hechos que nadie había escuchado antes; especialmente, el estudiante.

"Aquí nos llevaron a hacer trabajos forzosos. Aquel que no pudiera seguir trabajando, le matarían.6 millones muertes en total. Comimos un pedacito de pan a veces con agua sucia…. El guardia Fran siempre estaba aquí.... Yo dormí en este edificio…. Salí del campo pesando ochenta libras cuando el ejército se fue. … En este lugar, fue la última vez que vi a mi mamá."

Paró por un momento para poner una piedra sobre este lugar; una tradición judía de luto. Nadie podía creer los hechos contados por este hombre. Durante dos años, el estudiante había esperado este momento. Conocer a un sobreviviente del campo de concentración. Y hoy, estaba él contando sus recuerdos de ocurrido desde su punto de vista.

Después del tour, el estudiante, inspirado otra vez, se acercó al sobreviviente para hablar con él. Por estos dos años, sabia porque ningún sobreviviente había vuelto. Cosas horribles habían pasado aquí sobre esta misma tierra. Sin embargo, este hombre, el Señor Benjamín, lo hizo. Lo podía superar y, además, tenía el valor de escribir su propio cuento para que todos pudieran saberlo. Con la impaciencia de un estudiante joven y entusiasmado, se inició la conversación esperada:

El Estudiante: "Gracias por venir para hablar con nosotros. Yo soy el estudiante que le escribí. Su libro me cambio la vida. Antes, cada problemita me afectaría y no podía dejar los resentimientos de mi pasado. Como vive usted, es un ejemplo para todos. Si puede superar esta realidad alrededor de nosotros ahora, nadie tiene una excusa a no hacerlo. Cualquier persona igual a mi, puede confrontar y prevalecer enfrente de sus dificultades como usted hizo."

El Señor Benjamín: "Me gustaría agradecerte también por escribirme. ¿Ves?, aunque escribí mi libro, me faltaba el último paso de luto: Volver. Tu carta y algo que mi papá me había dicho hace ochenta años me dio la fuerza de hacerlo."

El Estudiante: "¿Que le dijo su papa?"

El Señor Benjamín:"La vida es demasiado corta; y el odio nunca puede cesar con odio, solo con el amor."