Cada vez hay más hogares en España con una red de
Internet con Wi-Fi. Eso de no necesitar cables para navegar por
Internet es toda una comodidad, y más con el apogeo del ordenador
portátil, que podemos transportar de una habitación a otra de la casa
sin perder la conexión. Pero también es cierto que a veces la velocidad
que nos proporciona es lenta o inestable, se pierde por culpa de muros
demasiado gruesos o lo que es peor: un buen día nuestro router decide estropearse sin previo aviso.
El Wi-Fi está lejos de ser una tecnología perfecta.
Como todo en esta vida puede causarnos varios problemas (dejando a un
lado el debate sobre sus posibles efectos sobre nuestro organismo). Por
ello en este artículo os ofrecemos cinco consejos que evitarán algunos
de estos inconvenientes en la medida de los posible.
1- Coloca el router en el sitio perfecto:
Las antenas Wi-Fi suelen repartir su señal en todas direcciones. Y la
señal se ve afectada por la distancia y obstáculos como muebles y
paredes. Por ello hay que buscar su “centro de gravedad”, como hacemos
cuando movemos un transistor dentro de casa para escuchar la radio sin
interferencias. Esto se traduce en colocar la antena más o menos en el
centro de la habitación. O, al menos, lejos de paredes, ventanas y a
cierta altura respecto al suelo.
2- No rodees el router de objetos: Este
punto se deriva del anterior, y hay que vigilarlo especialmente con los
objetos metálicos, ya que estos pueden llegar a modificar la señal y a
la larga deteriorar nuestro router. Suponemos que no hace falta decirlo pero, por si acaso, no se te ocurra meter el router dentro de un armario o mueble cerrado.
3- Evitar interferencias con otras tecnologías
inalámbricas: El Wi-Fi funciona por ondas de radio, por lo que no se
lleva muy bien con otros aparatos como el microoondas, los teléfonos
fijos inalámbricos y otros dispositivos que usan la frecuencia de 2,4
GHz, a través de, por ejemplo, Bluetooth (teléfonos móviles, ratones de
ordenador, ordenadores portátiles).
Si podemos desactivar estas señales mientras no las
usamos mejor. Y si no queda más remedio que mantenerlas siempre
activas, será mejor que tengamos dichos aparatos en otra habitación o
que los alejemos todo lo posible del router. Todo sea por evitar que el Wi-Fi y el resto de tecnologías inalámbricas “se peleen” por la frecuencia.
4- Mantener nuestro equipo Wi-Fi actualizado: Hay
varios tipos de Wi-Fi. El más clásico es el que sigue el estándar
802.11b. Pero la versión 802.11g es cuatro veces más rápida. El
problema es que, aunque tengamos un portátil equipado con el nuevo
estándar, no nos servirá de nada si el router de casa sigue
usando la versión antigua. Por ello conviene que compremos siempre
equipos que usen la última versión, y que visitemos regularmente las
páginas webs de los fabricantes por si hay algún tipo de actualización
que podamos descargar de Internet (firmware).
5- Redirige la señal como más te beneficie: La
mayoría de las antenas Wi-Fi son multidireccionales, pero también
existen antenas unidireccionales: expanden la señal sólo en la
dirección a la que orientamos la antena. Pueden ser un buen remedio en
viviendas pequeñas o de muy pocas habitaciones. En viviendas más
grandes, y especialmente en aquellas de varios pisos, también hay
repetidores o amplificadores de señal (como este radar USB).
Estos últimos se colocan en puntos estratégicos
para mejorar la señal y aumentar el alcance de la señal. Y si aún así
tu Wi-Fi doméstico no deja de darte guerra, existen aparatos que hacen
algo muy parecido pero aprovechando la red eléctrica, como estos
distribuidores de SPC Internet.
Esperemos que estos consejos puedan servirte para
que eso de navegar sin cables en casa sea algo más rápido y eficiente.
Siempre y cuando no te olvides de aplicar una regla que no hace falta
que citemos en el listado: protege tu red doméstica con contraseña.

