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Concurso Literario Nacional "Serafin J. García" 15ª Edición
PRIMER PREMIO - CATEGORÍA CUENTOS
COSAS DE LA NATURALEZA La sorpresa fue tan grande como ingrata, cuando atinó a reaccionar ya estaba en el suelo, cayó con la cara contra el piso luego del fuerte golpe en la nuca, una patada en el costado de su cuerpo lo inmovilizó generándole un punzante y agudo dolor en su flanco derecho, probablemente alguna costilla se había fracturada por el puntapié. Escuchó gritos y forcejeos cerca de él, pero la mano que le sostenía la cabeza obligándolo a mantener la cara hundida en el pasto húmedo de rocío no le permitía ver absolutamente nada. Con la ayuda de un palo apoyado en la garganta lo levantaron del suelo como si fuese una pluma, sintió olor a pintura fresca cuando su rostro pasó a escasos centímetros de la pared que estaba pintando antes de que la oscuridad retornara acompañada de una nauseabunda podredumbre. _ Te repetí mil veces que no me llames al trabajo_ le gritó a su mujer a través del teléfono. _ Lo sé_ contestó con un susurro a penas audible. _ Entonces, qué mierda estás haciendo_ volvió a recriminarle. _ Te llamo por Gonzalo_ el llanto la interrumpió. _ ¿Gonzalo qué?_ arremetió_ ¿Qué pasó con Gonzalo? _ Dejó una carta en casa_ continuó sollozando_ .Dice que se va por un tiempo y no explicó a donde, ni el motivo. Nada_. Terminó casi en un grito. _ Y ahora que le atacó a ese pendejo_ siguió exasperado por la noticia y por el llanto de su mujer que lo enfurecía. Había entrado a la casa luego de cenar en lo de Margarita, una vecina del barrio con quien solía juntarse prácticamente a diario; cuando al cruzar la estancia encontró una nota sobre la mesa, la tomó desinteresadamente como casi todo lo que hacía, pensando que era uno de los clásicos recados de su marido avisando que iba a quedarse hasta altas horas en el trabajo. Su vida ocurría básicamente de un modo indiferente a los sucesos que ocurrían a su alrededor, excepto por los chismes que podía conocer en casa de su amiga. Su infancia y adolescencia había sido feliz según los parámetros que tomaba para calificar esa eventualidad, veraneaba todos los años con su familia en una cabaña sobre la rambla de Piriapolis, allí pasaba enero y a veces parte de febrero. Luego de egresar del preparatorio, el padre la inscribió en la Universidad Católica donde empezó a estudiar Derecho hasta que se comprometió con quien hoy es su marido. Lo conoció en una fiesta organizada por un grupo de viaje con el objetivo de recaudar fondos a la que asistió acompañando a una amiga de facultad, se le acercó luego de pasar un buen rato mirándola entre la multitud que llenaba la pista, bailaron un breve instante antes de invitarla a salir a tomar el fresco, el calor del verano y la cantidad de gente lo asfixiaban puso como excusa. A la semana siguiente se encontraron en una heladería del centro tal como habían quedado la noche del baile. Él mostrándose muy tímido la escuchó casi todo el tiempo, en una de sus pocas intervenciones expresó el deseo de volver a verla. Un mes después, cuando visitó por primera vez su casa, comentó mientras almorzaban a que se dedicaba para ganarse la vida; la madre asombrada al escucharlo valoró entusiasmada su profesión imaginando que habría debajo del inmaculado traje gris luego de realizarle un paneo muy poco discreto; el padre sin embargo se limitó a asentir con la cabeza guardando silencio. _ Todo es culpa tuya_ siguió sin disminuir el tono de voz_. Lo consentís demasiado. Por eso no para de darte disgustos. _ No seas así por favor_ contestó desesperada. _ No te preocupes_ dijo presionando fuertemente el tubo del teléfono_. Un nenito de mamá como es él, no puede ir muy lejos sin una sirvienta que le haga todo. Mamá: Tengo que irme urgente del país por algo que no puedo explicarte, te quiero. Gonza. Volvió a leer luego que su marido cortara la comunicación. Se sentó en un sillón mirando hacia la ventana con un vaso de whisky sin hielo en la mano, esperando nerviosa a su esposo. Precisamente su rutina consistía en eso luego de pasar la tarde en lo de Margarita, esperar sentada con un vaso en la mano recorriendo los rincones de Babilonia hasta que regresaba_. Hay veces que no llega hasta después de la media noche_ solía comentar_. Todo se está complicando cada vez más_ explicaba él mientras pasaba delante de ella sin molestarse en mirarla. _Pobre Mario, las cosas que tiene que vivir_ le contaba con pesar a su amiga_. La situación está cada vez más difícil, es muy entendible Cristina_ apoyaba Margarita con un dejo melancólico_. Sin ir más lejos, la otra tarde atracaron el banco donde trabaja mi marido_. Le pasó algo_ se preocupó aterrada_. Por suerte no, justo estaba en reunión de directorio_. Estamos yendo barranca abajo_ afirmó sin dejar de lamentarse_ A dónde vamos a llegar si seguimos así_ reflexionó sesudamente. Entró de cabeza en el auto, detrás subió quien oficiaría de guía dándole una original bienvenida con su codo._ Tranquilo pibe_ ironizó_. Vamos a dar una vueltita para conocernos mejor. Aturdido por el miedo olvidó el ardor que las incesantes palpitaciones le producían en la zona costal. A dónde me llevan, se preguntó resignado con el rostro pegado al asiento del auto sin dejar de respirar un insoportable olor a vómito; sabía los riesgos que corría, siempre supo de ellos y del destino desafortunado que tendría un descuido como el que habían cometido. No era a él a quién buscaban, procuró consolarse, ni a ninguno de los compañeros que lo acompañaban, pero en su cabeza repiqueteó la temible idea que antes se asegurarían de ello. Tosió ahogado_ ¿Te sentís bien?_ escuchó antes que una mano piadosa acompañada de un salmo le recordara que el periplo no era en solitario. _ En lugar de pasarte todo el día chusmeando con la otra vieja_ dijo al cruzar el umbral de la puerta_ deberías estar controlando que hace tu hijo. _ También es tuyo_ puntualizó histéricamente_. Y nunca estás con él. _ No me levantes las voz_ sentenció mirándola con furia_. Dejame ver que dice esa carta_ se la arrancó de la mano y leyó la línea que había escrito con temblorosa caligrafía. _ Las cosas se están complicando cada vez más y vos metida todo el día en la casa de tu amiguita sin saber en qué carajo anda enredado Gonzalo_ siguió mientras leía una y otra vez. _ Pero que iba a imaginar_ quiso explicar. _ Cerrá la boca antes que te la destroce de un piñazo_ la interrumpió. Lo descendieron del vehículo con refinados modales_ Caminá mugriento_ le gritó una voz que no había escuchado hasta el momento ayudándolo a avanzar hasta que una puerta lo detuvo. Escuchó el largo chirrido de los goznes herrumbrados cuando le abrieron paso, seguidamente un empellón le simplificó los últimos pasos de su recorrido. _ ¿A dónde vas?_ le preguntó suplicándole una explicación. Cruzó el estar sin mirarla reprimiendo las ganas de estamparle una trompada_. Decime algo Mario por favor. Cerró la puerta de un golpe apagando los gritos impertinentes de su mujer, el fresco de la brisa nocturna lo ayudó a tranquilizarse; muchos años en el negocio hicieron de él un hombre de sangre fría, capaz de mantener el control, transformando la paciencia en su mejor amigo. Sentado en el auto cerró los ojos procurando concentrarse, sostuvo el volante con firmeza un instante_. Tengo que actuar rápido y con calma_ balbuceó poniendo en marcha el coche mientras organizaba en su cabeza el plan a seguir. Apuró el whisky que quedaba en el vaso y se sirvió otro trago bondadoso, en que se habrá metido mi hijo, pensó acongojada. Sintió deseos urgentes de llamar a Margarita para comunicarle la desgracia. Pero hacerlo ahora era una locura, mejor esperaría a la mañana vaciló; probablemente estén durmiendo y el señor tiene que madrugar_. No puedo quedarme de brazos cruzados, anunció a la sala vacía. Bebió lo que quedaba en el vaso derramando un poco de líquido en la mullida alfombra. Las manos no paraban de temblarle, con esfuerzo dejó el vaso sobre la mesa. Buscó el número telefónico de su amiga dentro del laberinto de su memoria estorbada por los duendes del alcohol, volvió a dudar sobre su decisión inmediatamente antes que el escandaloso timbre del aparato comenzara a sonar. Se apeó del auto y tiró el cigarro al suelo, hacía un tiempo que había retomado el viejo vicio de fumar_. Todo se está complicando cada vez más_ repitió como excusa cuando su mujer le consultó por la cajilla que descubrió en un cajón de la mesa de luz_. El estrés, horas de vigilia, el cuerpo me lo pide_ explicó. Con labios fruncidos amenazó a la oscuridad del garaje y caminó apurado por los corredores del edificio sin escatimar en insultos a las paredes que lo flanqueaban. _ Mire que sorpresita encontramos_ anunció tirando violentamente el cuerpo encapuchado del detenido_. Un lindo botín pescamos_ afirmó orgulloso. _ Algunos piensan que van a cambiar el mundo pintando paredes_ se burló el segundo acomodándolo de una patada en el abdomen_. Hay muchos idiotas en la calle. _ No te ensucies las manos con esa bolsa de basura _ volvió a decir el primero_. Metele un plomo en la cabeza. _ Tenés razón Tito_ respondió martillando el revolver_. No quiero perder el tiempo con un piojoso. Apoyó el caño del arma sobre la sien izquierda del individuo que no paraba de sacudirse. Con las piernas agarrotadas por la tensión caminó dificultosamente hacía el teléfono que la estremecía con su estridente sonido. Ya voy, dijo en vano como si el timbre que sonaba fuera el de la puerta. Que sean buenas noticias, rogó. _ Antes voy a hablar con él un segundito_ intervino. La presión del caño en la cabeza disminuyó. Sin perder tiempo lo abofeteó con las manos abiertas aturdiéndolo_. Ahora me vas a escuchar muy bien hijo de puta_ dijo pausadamente. A través de la capucha percibió el aliento apestoso de su considerado interlocutor. _ Como personas sociables que somos_ prosiguió dejando caer un puño sobre el rostro. Una mancha ovalada se extendió por la tela negra _. Nos gusta interactuar, intercambiar opiniones_. Cerca de sus ojos bailaron diminutos puntitos blancos_. ¿Sabes a qué me refiero?_ preguntó. La cabeza se balanceó a ambos lados como si hubiese perdido las vértebras cervicales_. Seguís el hilo pendejo_ insistió aplicando un segundo puñetazo. _ Oigo_ musitó, deseando sentir la voz de su hijo al otro lado de la línea. Las lágrimas rodaban por sus mejillas que se habían intensificado en color. El silencio se le antojó eterno. _ Contestá puto_ volvió a arremeter con firmeza. El cuerpo inerte volvió a caer al piso húmedo de la sala_. Te gusta quedarte calladito. _ Oigo_ volvió a decir. Miró el tubo del teléfono, como si a través de la infinita red de cables pudiese ver a quien la llamaba. Perdiendo los estribos la invadió el deseo de gritar hasta que estallaran sus pulmones_. Gonzalo_ dijo titubeando después de unos segundos_ ¿Sos vos hijito? Lo levantó del piso tomándolo por los hombros_ Estoy perdiendo la paciencia_ le espetó prácticamente en la capucha ensangrentada_. Ahora vas a decirme lo que quiero escuchar_ continuó tirándolo sobre la silla que oficiaba como única decoración del lugar. Cayó pesado sobre la misma, desplazándola hacía atrás hasta chocar con la pared del fondo de la habitación. Lo alcanzó con dos zancadas, volvió a golpearlo con las palmas abiertas en las orejas. _ Por favor_ aulló desesperada. Le arrancó la capucha de un tirón. Entre una tela de sangre vio distorsionada las figuras de las tres personas que lo rodeaban. Las voces se fueron alejando, apagando paulatinamente, transformándose en sonidos guturales apenas perceptibles a sus oídos fisurados. _ Encontré a Gonzalo_ escuchó decir. URBANO Matias Federico Mateus
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Guaroj elegíaco para Ángel, un guitarrero
Angel-milonga de alas de madera, de bordoneante abeja de vidalas, por la indecisa luz de los boliches Doctor en noches fuiste Honoris Causa. Lloraba en tangos tu pobreza limpia o en un cuplé de murga y retirada y en tu gorra de vasco las monedas eran simples aplausos y eran lágrimas. Angel-milonga de alas de madera: Doctor en noches fuiste Honoris Causa. Por adoquines, remontando agosto, (criminales agostos, los del Plata) buscando el tono de cerrar la vida te nos fuiste abrazado a tu guitarra. Nuestra luz de boliche está ojerosa. Hay gusto a barro ahora en cada grappa. A flor de cementerio sabe el vino. Sonido a cripta tienen las barajas. Por adoquines, remontando agosto te nos fuiste abrazado a tu guitarra . Desiré Dosgigas de Ram
Nelson Guerra
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