En Bruselas, las tiendas de la Grand Place y sus aledaños ponen el chocolate y la miel en los labios de hasta los menos golosos

 
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Bélgica y Luxemburgo. Una escapada imprescindible

 

Todos los textos  y fotos de este relato son originales. Queda permitida su reproducción parcial en otros sitios webs, siempre que no se usen con fines comerciales, se cite la fuente  de procedencia y se me informe de ello a la dirección de correo electrónico que aparece en la página principal de esta Web

 

            LLa inmigración ha transformado las grandes urbes de Europa en la última década. A finales de los años noventa ir a Londres suponía una realidad multiétnica y multicultural diferente, que apenas se apreciaba en otras ciudades del continente, incluidas Madrid y Barcelona.

Uno de los canales de Gante

             Hoy en día, la mayoría de estas capitales cuenta con varias decenas de nacionalidades entre sus habitantes. Antes, para tomarse un shawarma había que ir a Oriente Medio y para degustar una sangría era necesario recalar en España. En la actualidad, ambas cosas se pueden hacer en Roma, Dublín o Bruselas.

 

            Si algo podemos objetar, es que muchas ciudades debido a esta globalización hayan perdido su propia identidad. Aunque todo queda compensado por el enriquecimiento que este crisol proporciona y que permite tener a dos pasos de casa la gastronomía, la cultura, las costumbres y la forma de ver la vida de cualquier parte del mundo.

 

            Muchos pueden pensar que pasar una noche de sábado en Bruselas es una experiencia poco gratificante. Desde luego que yo sigo prefiriendo disfrutarla en cualquier ciudad española, pero la capital de Bélgica tampoco es tan sosa como a priori pudiera parecer. Además y pese a que pueda sonar raro, se vive más en la calle que en nuestro país, incluso en un fin de semana de finales de octubre. Eso sí, no esperéis estar de marcha hasta las siete de la mañana, dado que a las cuatro la mayoría de los noctámbulos ya están bastante “cocidos” (tengo la impresión no de que se beba más, sino de que se bebe con algo menos de sentido que aquí).

 

            Los garitos de los árabes (marroquíes fundamentalmente) animan hasta bien entrada la noche el Boulevard Maurice Lemonnier. Son casi una fiel reproducción de los que abundan en sus países, aunque los locales son más nuevos y mejor dotados. Como allí, están abarrotados de hombres que charlan, mientras toman café y fuman como corachas. También abundan los garitos de kebab y en menor medida los de cocina asiática (muchos de ellos de tipo autoservicio, en los que es posible ponerse hasta las cejas sin hacer un desembolso importante).                                Un Luxemburgo otoñal

 

            Los belgas se decantan por una opción algo más clásica como son la patatas fritas con salsa y otras variedades de fast food, acompañados de una cerveza (las que allí se producen son de las mejores del mundo y no me refiero a las de abadía, que apenas se encuentran, dado que su producción es muy limitada y suele estar comprometida antes de salir a la venta).

 

            Beber en terrazas o bares es caro, así que abundan las “nights shops”, tiendas donde comprar tabaco, alcoholes o cerveza fresquita a unos precios bastante razonables. Luego uno se puede sentar a beber en las escaleras de la Bolsa, en las calles adyacentes a la Ilot Sacré (así se denomina a los alrededores de la Grand Place) o en un banco del concurrido y animado Boulevard Anspach. No hay ningún problema ni una sola mirada de desaprobación por beber en la calle en Bélgica, si se hace con discreción.

 

           La noche se puede rematar echando unos bailes en algún garito latino. No son gran cantidad los españoles, portugueses, italianos o sudamericanos que habitan en esta ciudad, aunque no es difícil toparse con un local donde dar vida animadamente al esqueleto a ritmo de salsa.       Lo más destacable de Amberes son sus plazas

       Tal vez ninguno de estos sea el mejor plan para disfrutar de un sábado por la noche, pero si queda claro que en Bruselas al menos los sábados –al contrario de lo que muchos podrían pensar-, la gente no se recoge a las siete de la tarde. Otra cosa bien distinta es estar en Gante, Brujas o Amberes durante los días de diario.


 Un viaje imprevisto, que ha resultado fascinante

 

          No entraba en nuestros cálculos realizar un viaje a Bélgica y a Luxemburgo este año. Hace un mes ni siquiera habríamos imaginado que este tendría lugar, aunque circunstancias que no vienen al caso han modificado nuestros planes viajeros en estos últimos tiempos.

 

            En Luxemburgo no habíamos estado anteriormente y si en Bélgica, de la que conocíamos ciudades como Bruselas, Brujas y Ostende, aunque no otras como Gante y Amberes.

 

            El caso es que hace un par de semanas surgió la posibilidad de disponer de cinco días libres y estos dos países se nos antojaron como un destino ideal para ese periodo de tiempo, teniendo en cuenta además que desde nuestra ciudad, Valladolid, tenemos vuelos directos con Ryanair a Crarleroi, lo que posibilitaba aprovechar el tiempo al máximo.

 

            Una vez vivida la experiencia, tengo que decir que hemos acertado, dado que el recorrido diseñado –a pesar de que a algunos les pueda parecer algo apurado- se adapta muy bien al periodo disponible. Es perfectamente posible y sin extenuarse visitar en cinco días Bruselas, Amberes, Gante, Brujas y la capital de Luxemburgo, que es por cierto una de las sorpresas más agradables que hemos tenido en los últimos tiempos, a pesar del frío que hemos pasado allí.                    Escaparates en Bruselas (derecha) y Brujas (izquierda)

 

 

Estuvimos encantados con...

 

            -El gran dominio de idiomas que tienen los luxemburgueses y los belgas. No es difícil entenderse en inglés, español o francés hasta en el lugar más recóndito de Flandes.

 

            -La tolerancia de los habitantes de ambos países.

 

            -La frecuencia de trenes hacia casi cualquier destino.

 

            -Que muchos de los hoteles de Bruselas reduzcan bastante su tarifa durante los fines de semana.

 

             -Las oficinas de turismo de todas las ciudades que visitamos. 

           

             -Pasar una noche de sábado en la animada Bruselas. 

 

             -Estar constantemente rodeados de chocolate, en sus numerosas y exquisitas variedades.

           

               -Las excelentes cervezas belgas.

                     La Vida en Bélgica gira en torno al chocolate

          

Acabamos  hartos de...


            -Ese nauseabundo olor a grasa reconcentrada –no sé muy bien de que tipo de aceite o manteca se trata- que es tan habitual en las calles de las ciudades belgas u holandesas y que quita el apetito y las ganas de sentarse a comer en la mayoría de locales de comida rápida. ¡Espero que algún día esta gente descubra el aceite de oliva!.

 

            -La relación calidad-precio de los hoteles en Bélgica. Son demasiado caros para lo que ofrecen. Por cierto, no ha habido hotel en Bélgica –sea en esta estancia o en la anterior- en el que no nos haya tocado desayunar mortadela y queso.

 

            -Las incidencias (retrasos, averías…) que se producen con frecuencia en el transporte ferroviario de Bélgica.

 

            -Los elevados precios de cosas tan básicas como el pan y el transporte público, más todavía en Luxemburgo.

 

            -Que el sol en esta época del año no llegue en ningún momento del día al cenit, permaneciendo siempre muy bajo, por lo que molesta mucho a los ojos y genera claroscuros muy marcados, que hacen que las fotos no queden también como nos hubiera gustado.

            -El frío que pasamos en Luxemburgo y Gante.     

 Gante

 

 

                El itinerario


   Si se planifica de forma correcta, es perfectamente posible completar el itinerario que hemos hecho sin demasiados esfuerzos. Lo más costoso resulta visitar Luxemburgo desde Brúcelas en un día, puesto que hay seis horas de viaje entre ida y vuelta, lo que supone tener que madrugar mucho o no dormir la noche anterior (cual fue nuestro caso).

 

            Para ver Brúcelas es suficiente con un día y aunque resulte algo apurado, es posible completar la visita a Gante y Brujas en una sola jornada (en nuestro caso además, ya conocíamos la segunda ciudad.

 

            Amberes se ve en medio día. Incluso habríamos tenido tiempo el último para ver Pirex, interesante localidad bastante cercana a Gante, pero decidimos dar tranquilamente otra vuelta por Amberes hasta tomar el tren con destino al aeropuerto de Charleroi. El recorrido por Bélgica y Luxemburgo

 

           En definitiva, el itinerario ha sido el siguiente: 

 

            Día 1.- Valladolid-Charleroi-Bruselas

           

             Día 2.- Luxemburgo

            

             Día 3.- Bruselas

 

             Día 4.- Gante y Brujas                                                           

 

            Día 5.- Amberes-Charleroi-Valladolid.

 

            Todo el recorrido se puede hacer sin inconvenientes en tren, que aunque no es muy confortable y tampoco es barato, ofrece frecuentes conexiones.

 

            Como resumen, indicar que todos los sitios visitados nos han gustado bastante y que nos ha enamorado Luxemburgo. Teníamos, gracias a las opiniones de otros viajeros, unas elevadas expectativas sobre esta ciudad, que se han desbordado con creces. ¡Una de las ciudades con más encanto que he visto últimamente!. Así que os la recomiendo.

 

             

    El transporte  

              Vuelos:

 

            Volamos desde Valladolid a Charleroi (a 46 kilómetros de Bruselas) con Ryanair. Tanto a la ida como a la vuelta despegamos con puntualidad y llegamos con unos minutos de adelanto sobre los horarios previstos. Pagamos 0,01 € por cada uno los cuatro billetes, que se vieron incrementados por las tasas hasta los 11,50€. Así que en total pagamos 46€, comprando los vuelos con una antelación de dos semanas. 

Grand Place de Bruselas

 

            Ryanair sigue siendo una de las compañías más baratas del mercado, pero hay que poner en su contra que cambia el sistema de embarque y de facturación de equipajes cuando le viene en gana y suele ser muy a menudo. En el último año he volado unas seis veces con esta compañía y al menos he conocido tres políticas diferentes. Así que cada vez que se saca un billete hay que leerse muy bien la letra pequeña.

 

            En la actualidad la forma más rentable de viajar –y que es a la que nos hemos acogido nosotros- es la de llevar solo equipaje de mano y hacer el check in on line, entre las 48 y las 4 horas anteriores a la salida del vuelo. Así, no se carga cantidad alguna y se obtiene embarque preferente, lo que sirve por ejemplo para tratar de hacerse con los asientos de alguna de las salidas de emergencia y viajar más cómodo.

 

            Si se viaja solo con equipaje de mano pero se quiere facturar en el aeropuerto, hay que abonar tres euros por persona. Y si se lleva equipaje los precios se disparan: 9€ un bulto,  21€ dos bultos y 33€ por el tercero. A partir de los 15 kilos se cobra por cada kilogramo extra.

 

 

            Transporte desde el aeropuerto:

 

            Desde el aeropuerto de Charleroi se puede comprar un billete “Bulk”. Por los 10,5€ que cuesta se tiene derecho a usar los autobuses A ó 68, que conducen a la estación Sud de trenes y el ferrocarril hasta cualquier estación de Bélgica. En teoría, también se puede optar por esta formula a la vuelta, pero a nosotros el taquillero de la estación de Amberes no nos quiso vender este tipo de billete para hacer el recorrido hasta el aeropuerto.