Relatos publicados en revistas como:

Etcétera, Németon, El vendedor de Pararrayos y Esencias.


Album de fotos

ALBUM DE FOTOS

 Viajes de arena

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INTERROGANTES

 

Esmeralda Vizcaino

 

¿Por qué me miras y no ves a través de mi armadura?.

¿Por qué necesito tanta armadura, tanta protección?

¿Contra qué o quién he de refugiarme?

¿Quizás no te hagas las preguntas adecuadas?

¿Tienes miedo de no encontrar respuesta?

¿Te atormentan los interrogantes?.

¿No sabes lo que es vivir con una incógnita por despejar cada anochecer y evocar en el sueño a un genio para que responda de forma polisémica?

¿Necesitas esconderte en la cara oculta de la nieve, bulliciosa, disruptiva, rasgando quebrando la luz fantasmagórica?

¿No quieres ser el lugar de mis apariciones?

¿Por qué no traspasas la fronteras y no te detienes tras acariciarme con las pestañas?

¿Qué peligro entraña desatar la ternura?

¿Qué precio hay que pagar por la sinceridad y a quién?

¿Por qué me ves y no me miras?

¿Dónde dejaste tu valor y tu voluntad para luchar por aquello que te hace reír? ¿Es la serenidad tu mejor refugio o lo es tu miedo?.

¿Por qué no alcanzas a ver mi fragilidad, tú que deshaces el hielo con un leve contacto ocular?

¿Seremos capaces de despedir a la luna tú con el interrogante y yo con la respuesta tras un sueño plácido en el mismo lecho?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

REVISTAS  EN LAS QUE COLABORO Y SALIERON A LA LUZ ALGUNOS DE LOS RELATOS QUE AQUI ESTÁN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Atlas del amor, surgió para el papel, para darle vueltas a la hoja, girar con ella y leer. Salió publicado en la revista Etcétera. Al lado están los textos reproducidos, pero su forma original sería la que aparece bajo estas líneas, en unas fotos de la revista.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

EL VELO PROTECTOR

 

Ante sus ojos era una más de la comunidad. Correteaba entre las callejuelas camino del zoco, compraba las frutas frescas, preparaba la comida con  mi madre y me iba al haman con mis hermanas. Las tardes discurrían entre alegres visitas amenizadas con sensuales músicas, y mis estudios. Al caer la tarde del viernes conseguía elevarme y volaba entre las azoteas, sintiéndome parte de ese cielo resplandeciente e intenso al salir hacia la mezquita con mi pañuelo blanco de seda. La felicidad era densa, auténtica, olía a canela,  sabía a té de hierbabuena, tenía el color de la henna sobre la piel y la textura de la complicidad femenina mezclada, en su justa proporción, con el respeto masculino

     Ahora, en medio de esta gélida península las miradas me controlan, voces calan por despojarme de una hiyab, de mi escudo protector, en nombre de una falsa igualdad  que no respeta la diferencia. Han intentado arrancármelo y he comprendido lo que sienten las mujeres cuando las violan. Mi velo protector es para ellos un símbolo de la falta de libertad y yo me pregunto:

¿No será mi pañuelo el espejo en el que se reflejan sus miedos?.

 

 

HUMOS, COMBUSTIBLES Y RAYOS UVA.

 

 

            11:30h, bajo el cuarto magnolio de la calle Valentín Masip, un rayo de luz violeta recorrió la frontera entre la zona iluminada y sombra del árbol.

            Al cabo de unos segundos un simulacro de hormiga hinchada comenzó a abrir sus ojos gelatinosos, color sepia; mientras sus antenas se movían tratando de captar el lenguaje utilizado por las especies con las que debería cohabitar.

            Al cabo de unos minutos abrió la boca y dijo:

- Buenas, soy Rupita. Provengo de un planeta muy lejano que ustedes no conocen aún. Mis parientes más próximos en este planeta azul desteñido son las termitas. Me preocupa cómo sobrevivir porque el sol con tantos rayos ultravioleta puede derretir la capa de grasa que me envuelve y convertirme en una hormiga frita en pocos segundos. El tiempo arrecia. Esta sombra no será lo bastante amplia como para cubrirme. Tienen que ayudarme a salir de aquí.

UNA COLILLA HUMEANTE: - No sé a qué viene tanto alboroto. Mírame a mí. Me consumo con placidez, no hay salvación posible. Sólo nos queda acabar con dignidad. ¡Deja ya de lloriquear!.

- ¿Por qué no ruedas un poco y dejas de enviarme toxinas?.

- Este un placer por el que pagan millones de personas, desde luego qué poca consideración. Si el sol no te chamusca me encantaría hacerlo yo. En cuanto llegue el autobús el tubo de escape me dará el impulso necesario para calcinarte.

            En ese momento el semáforo se abrió. El autobús se aproximaba con lentitud cuando a la sombra del árbol se sumó otra sombra, procedente de un canino que alzó su pata derecha y con sus abundantes orines refrescó a Rupita, protegiéndola del efecto demoledor de los rayos solares así como del papel, la nicotina y el alquitrán.

 

La muralla

Entre las tupidas enredaderas engullías

con placer y sin dilación

mis fantasmas de niña asustadiza y temerosa

Eras el bosque encantado de mis pesadillas de infancia.

Entre tus lenguas de espinas los gatos maullaban a la luna

y de los vértices de tu silencio brotaban

entre el claro oscuro de los faroles que alumbraban tu estampa

monstruos desdentados de miradas frías y penetrantes

y me hacían llorar de miedo.

Tus tentáculos se expandían más allá del asfalto

Trataban hasta de invadir la palmera y el jardín cercado

donde trataba de cultivar Antón rosas, pensamientos...

pero tú, con tu fuerza oculta

te apropiabas de la esencia de la propia vida

que en vano

se esforzaba por medrar

 

GHANA ACUÁTICA, GHANA DESÉRTICA

 

            Cuarenta y ocho grados, ni una sombra, ni un leve movimiento. Los esqueletos de los camellos estaban casi al aire. A ambos lados de sus jorobas las alforjas repletas de mirra, sándalo, canela y jengibre eran los únicos testigos que permanecían sin mutilaciones soportando el peso del tiempo. La arena había cubierto casi por completo lo que quedaba de los jinetes. Cada dos metros se asomaban fragmentos de manos y pies entre las olas de arena cambiantes como las mareas que avanzaban a un ritmo implacable, de forma silenciosa.

            Transcurrieron varios meses hasta que Said, el propietario de la carga pudo enviar otra caravana para recoger sus valiosas posesiones.

            La preciada seda había desaparecido. Said al recuperar su caravana se sorprendió ante la falta de las jofainas. Sin duda ningún hombre del desierto la había robado. Nadie habría osado robar una propiedad ajena.

            Desconcertado decidió pasar aquella noche allí solo y reflexionar sobre lo ocurrido. Los demás emprendieron el viaje de retorno con la caída de los hilos dorados del sol. La luna se alzó misteriosa y sensual en su cuarto menguante. Said permaneció observándola con extrema agudeza. Casi le pareció distinguir sus cráteres, así como el movimiento oscilante de dos banderas sobre la superficie.

            Al alba intentó levantarse pero, le fallaron las fuerzas. No tenía entre sus posesiones ni una gota de agua. Miró a su alrededor y al no encontrar otra cosa que polvo y arena supo que había llegado el día de su muerte. Realizó sus abluciones matutinas con la arena y rezó sus oraciones. Con sus últimas fuerzas escribió una carta legando sus posesiones a quien le encontrase.

            Unos segundos antes de cerrar los párpados vio sobre la duna que se alzaba ante él la silueta de un cocodrilo. Se arrastró hasta él desplomándose sobre su lomo. El cocodrilo lo cargó hasta el agua. Said se recuperó y convivió en paz y armonía con aquel reptil al que veneró como a un dios, el dios del agua.

 

LA FUERZA DEL DIAMANTE

 

 

Sentada sobre el catre Ilemi abrió por última vez el pequeño cofre de madera, con incrustaciones en marfil que había heredado de su abuela.

Sobre el terciopelo rojo un diamante engarzado en oro blanco resplandecía. Sus ojos lo acariciaron con una pulcra e inocente lentitud antes de sacarlo de la caja e introducir una tira de cuero gastada por la abertura del colgante. Como si de un rito de iniciación se tratase alzó los brazos con el collar mientras unos notas graves rasgaron el silencio. Trató de agudizar la memoria pero lo único que recordaba de su madre era aquella melodía y el tacto supecho mientras la amamantaba. Sus ojos no pudieron contener las lágrimas, agarró el diamante con fuerza y en su mente resonaron las palabras de su abuela:

- De qué te sirve el llanto. Es el momento de la dignidad. Hay una justicia  que está por encima de la de los hombres y has de prepararte para el viaje. Recuerda como tu bisabuela sacó el diamante en el interior de su vagina de las minas de Sudáfrica, donde mataron a mi padre. Él tampoco había robado nada. Fue un regalo de un amigo que creía en las propiedades mágicas de la piedra. Ella nos ha infundido valor siempre.

            La puerta de abrió y el director de la prisión le preguntó si deseaba algo más. Ilemi negó con la cabeza. Se levantó y con la cabeza alta avanzó con paso firme. En la sala la ataron y el director ordenó proceder con la inyección letal. Entonces Ilemi pronunció sus últimas palabras:

- Por favor, denle mi collar y el cofre a mi Selena.

- No se preocupe.

- Quisiera poder contarle a mi hija con mi propia voz la historia de esta joya de familia... Ella comprenderá que mi único delito ha sido ser pobre y negra.

 EL TRAPIES

La tormenta había cesado. El avión despegó. Durante el trayecto unas turbulencias afectaron al sistema eléctrico y ante la imposibilidad de aterrizar, lanzaron una escala. El pasajero subió con rapidez. Una vez en la cabina al mirar hacia abajo y vislumbrar una ciudad entre la niebla sintió la necesidad de zambullirse en el vacío y tratar de caer en el epicentro de aquellas calles que nacían todas ellas en una fuente "¡Me voy!. ! Se acabó”. Gritaba mientras descendía con su paracaídas. Por fin habían escuchado su grito de socorro gracias a Internet. Si no le llegaban a sacar de aquel pueblo aislado sin ningún otro  habitante que las ratas y la pitón que le acompañaba en sus misiones relacionadas con estupefacientes, hubiesen acabado entablando conversación con la serpiente. Estaba claro que el alijo allí no estaba y no comprendía las razones que llevaron a su jefe a ignorar su llamada. Al tomar tierra en su cabeza la imagen de su superior regocijándose con la desgracia ajena le llevó a explotar de rabia y olvidó doblar las rodillas al tomar tierra.

Tres meses más tarde un ex-policía con una pierna amputada y una bufanda de piel de pitón aguardaba su turno en la cola de las duchas del albergue de transeúntes.

  

EL SIDA TIENE ROSTRO

 

PRIMER ROSTRO

 

Hoy he visto la cara al V.I.H. Esa plaga me ha arrebatado al mejor amigo de mi adolescencia. Su risa, la carcajada antaño a flor de piel se ha desvanecido. Todo fue por culpa de un condón roto. Nunca pensé que él me infectaría. Siempre fui muy promiscuo, pero responsable. Sexo seguro, era su religión.

Y ahora ya no está a mi lado para compartir los recuerdos locos del ayer y las confidencias del mañana. Me he quedado sin cómplice para compartir mis escarceos amorosos. Nadie como él supo entender desde su masculinidad la esencia de mi condición femenina.

 

 

- Lo siento, no puedo. Dijo ella mientras él no cesaba de desgastarla con tanta caricia.

- Entre susurros él dijo: - Vamos cariño, no seas tonta.

- ¡No puedo!. Respondió enfadada.

- ¿Por qué?. Preguntó con una actitud distantes.

- Tengo miedo. Respondió con firmeza mirándole a los ojos.

- ¿Te doy miedo?. Preguntó incrédulo.

- Me da pánico tu pasada experiencia sexual y tu aversión por los condones.

 

TERCER ROSTRO

 

- Cuando me deje no sé lo que haré. No puedo vivir sin él. - esas habían sido las últimas palabras del vecino. Ya sabía el diagnóstico y el pronóstico. Compartían la vida. El amor y el S.I.D.A. eran sus vínculos. Sus vidas eran las letras de unos cuantos boleros: "Espérame en el cielo corazón si es que te vas primero. Espérame que pronto yo estaré allí donde tú estés. Y entre nubes de algodón haremos nuestro nido...".

La muerte llegó puntual a su cita, pero fue sorprendida por la decisión de Tomás y no le quedó otro remedio que hacer horas extraordinarias, sin posibilidad de reclamarlas en su nómina.

 

 

CUARTO ROSTRO

 

Estoy en un hábitat cálido, tierno. Mis necesidades están cubiertas. En este paraíso al ritmo del tambor voy creciendo y madurando. ¿Para qué?. No lo sé. Me han llegado rumores sobre las ineludibles causas de todo cuanto es y acontece, pero me temo que no somos siempre conscientes de las causas y los efectos. Llegar a saber  lo que uno es, ya es bastante difícil.

- ¿Qué pasara fuera?. El tan está aumentando el ritmo de una forma vertiginosa. Se aproxima algo frío y brillante. Viene hacia mí... ¡Socorro!. Va a atraparme. ¡¡¡Ahhhhhh!!!. ¿Por qué mamá?. ¿Por qué lo has hecho?.

 

 

QUINTO ROSTRO

 

La niña entierra su infancia al son de una canción de cuna que tararea su garganta en la arena mojada, muy cerca del mar furioso. El foso es hondo, pero aún no se asoma el agua. Su madre araña la arena y extrae alguna piedra. El mar encolerizado las alcanzan y lame las plantas de sus pies desnudos y maltratados por los cristales que les lanzaron cuando, descubrieron que albergaban el V.I.H. El agua salada hará cicatrizar las heridas, pero en aquella cala de su vida, dejaron lo mejor de sí mismas: el candor de la inocencia y la creencia en un mañana.

 

 

 HISTORIAS DE HELADOS

 

NARANJA

El calor húmedo era pegajoso, insoportable. La ropa se pegaba al cuerpo y no cesábamos de sudar. Deseaba zambullirme en el agua del océano pero aún quedaba más de una hora para concluir la digestión. Mi madre no me dejaba meterme en el agua y para evitar la tentación caminaba conmigo por el paseo marítimo, mientras mi padre dormía la siesta.

Suspiraba, mis ojos se abrían como platos ante la visión del puesto de helados. Y supliqué: –por favor,... me muero de calor.-  Y accedió a comprarme un helado pequeño, - de naranja,... por favor-.

Lo tenia entre las manos, ella le dio el primer lametón y me lo ofreció con una servilleta, lo agarré por la puntita ante sus incómodas advertencias: - te va a caer y no te compro otro._ Hice oídos sordos y cuando por fin la boca se me hacia agua, pensando como se derretiría sobre mi lengua, expandiéndose entre los dientes alcanzando las encías, la bola anaranjada se precipitó al suelo. Ante mi tristeza y frustración un sonoro y rotundo: -¡ya te lo advertí!.

Abandoné este sabor de mis preferidos y a partir de entonces las naranjas las tomo en zumo o me las como gajo a gajo, para combatir los resfriados que me persiguen en mi manía de andar descalza en cualquier época del año.

 

RON CON PASAS Y SIROPE.

ESTRACHATELA CON MORAS Y FRAMBUESAS

Nuestro ansiado viaje comenzó a las 7:30, tras cuatro horas y media de viaje la indicación de la chica de información nos había dejado al otro extremo de la avenida en la que nos esperaban para comenzar nuestro periplo africano. En el metro las escaleras mecánicas no funcionaban y mientras la corriente humana ascendía nosotras bajábamos con más valijas que manos. Al percatarnos de las cuadras que distaban desde EL Templo Bo a nuestra ubicación nos dimos cuenta de que la valija estaba rajada. La fricción con las ruedas del carro había comido las costuras y la abertura alcanzaba los cinco centímetros. Una chancla asomaba y decidimos pedirle a un viejo que extendía los periódicos por el banco uno de ellos. Nos dio una revista que plegamos y colocamos con carcajadas entre las ruedas y las maletas. El papel cuche sirvió para remendar aquel tropiezo. No había ni un bar en el que tomar una bebida fría o llamar a un taxi Y seguimos caminando. Hasta que vimos un enorme cartel que anunciaba: La Vaca de Argentina. Llegamos y de la puerta colgaba un cartel en el que se podía leer: cerrado por vacaciones. Seguimos nuestro periplo hasta encontrarnos frente a una heladería. Entramos el equipaje y justo cuando íbamos a pedir entró un cámara y una periodista blandiendo la alcachofa nos dijo: -  Os importaría decir para la cámara en otoño comemos helados?.

Sudorosas y cansadas tras doce horas de viaje le respondí: - Mira reina, me llevas a la altura del Templo Bo y digo lo que tú quieras. Llévanos y te hacemos el anuncio completo la tipa se quedó mirándonos con cara de sorpresa y desde la otra esquina del bar, nos filmó comiendo nuestras dos copas de helados: - Ron con pasas y sirope.

- Estrachatela con moras y frambuesas.

Al salir la camarera nos siguió y le dijo:

-         La periodista nos invita, reclámale a ella la plata.

-         ¿Cómo decís? ¡chanta!-  Gritó el cámara siguiéndonos por la calle.

-         Dos helados son baratos por una exclusiva ¿no crees?.

-          Esta bien, _ dijo la periodista_ después de todo no hemos encontrado en todo el día una imagen más fiable y en la que se traduzca mayor placer al ingerir tantas calorías.

 

DULCE DE LECHE

Aquella textura espesa, acaramelada, se deslizaba con lentitud entre las rugosidades de las nueces envolviéndolas por completo, suavizando su línea, sus contornos. Pero a pesar de que aquel helado lograba mitigar la nostalgia, no era capaz de lograr la reconstrucción de sus recuerdos. Su sabor era el detonador de un viaje hacia el pasado, al otro lado del océano, cada vez que iniciaba ese bocado con todo el ritual que seguía, observando como se deslizaba, oliéndolo, saboreándolo desde la punta de la lengua hasta sentirlo disolverse entre su saliva, envolviendo las encías y la base de la lengua, cada vez su mente le había transportado a Bariloche, a Patagonia, a San Telmo, mientras que los rostros con los que había compartido aquel placer se habían borrado. Necesitaba volver a sus orígenes para saborear una fabada allí, y saber si su capacidad de recordar no podía retener el futuro, ni el presente. Había una parte de ella que no estaba en ningún lugar, flotaba y la hacia relativizar casi todo, caminar de puntillas y de vez en cuando aletear. Una vida estaba comenzando en una orilla del océano y no podía seguir siendo una fresa lanzando estolones tratando de no perder la raíz.

            Sacó pasaje y volvió. Sentada en uno de los botes de remos con una copa de vino tinto recordó el chacolí, el sabor denso de la fabada y asumió su naturaleza de fresa, cuyo campo fértil está en el océano y en los aviones están los estolones que le permitirán afianzarse y autoafirmarse desde un presente hacia un ayer soñado y un futuro inventado a cada paso. Sólo tenía que darse la licencia de saborear un poquito de dulce de leche con los ojos bien abiertos y perder la mirada más allá del elogio del horizonte.

 

COCO CON CHOCOLATE BLANCO

Trocitos de coco chasqueando entre los dientes, a lo largo de horas y horas. Olvidarse de todo frente a ese delicioso sabor, dejar atrás los trabajos pendientes, las llamadas por hacer, los mensajes que responder, todo y descalzarse. Sentir la arena mojada bajo los pies, el agua fría mojando los pies, haciendo que salte, salté y grité:

- ¡Qué fría está!.- Reírse sin más, de una ola osada y valiente que te mojó hasta las bragas y reír, reír hasta doblarse. Sentir el sol lamiendo los pantalones que van despegándose de la piel y los ojos sosegados zambulléndose en la espuma blanca. En el interior el cerebro segrega el caldo de la felicidad. Y tatareas una vieja canción... mientras giras, giras sobre la arena hasta caerte y tumbada de cara al cielo saludas  a la luna con un guiño.

Cuando llegue el invierno el sabor del helado de coco te hará revivir esta sensación de placer, mientras contemples el puerto deportivo, las panzas de burro que en el horizonte amenazando con descargar todo su ira, y recuperarás la serenidad al fijarte en los frutos de  la palmera.

FRESAS

            El sol centelleaba y ante las sombrillas multicolores la brisa traía hasta su nariz una mezcla de algas, patatas fritas, cremas hidratantes. La claridad invadía los recovecos de aquella arena infectada de turistas y él aguardaba su turno en la cola, ahuyentando con miradas hostiles, las esquivas de un niño que cubierto de arena y con el pelo mojado no alcanzaba al mostrador para leer los carteles con los múltiples sabores.

Llegaba su turno y pedía en tarrina mediana, sabor a fresas. Se arrimaba a la barandilla y lo saboreaba mientras contemplaba como una bañista tímida se iba adentrando en el agua. Ese era el momento más ansiado de todo el verano. El helado se acababa cuando la mujer flotaba ya, mecida por aquellas aguas de las que se alejó de los equinoccios cuando conoció a Thelja.

Thelja...

Ahora estaba solo, aquella mujer no era Thelja, ni gozaba ya del océano. Pero aun así, mantenía su fidelidad al helado de fresas.

ROSAS

SARIB DE ARáNDANOS 

1,05 Liras

SARIB DE NARANJA  

1,05 Liras

SARIB DE PISTACHOS

2 liras.

SARIB DE ROSAS  

1,05 Liras

 

Sus ojos buscaban un sarib de fresas, pero no tenían ni en aquel restaurante, ni en el hotel, ni en los puestos ambulantes que rodeaba y cruzaban cual arterias el gran Bazar. Thelja había comprado oro, sedas, alguna gabett y jabón de Alepo. Le faltaba el onix. Había viajado hasta allí, para contactar con los sirios que se lo venderían a buen precio. Aquella noche volvería hasta la casa alquilada y pasadas otras dos noches volverían a España.

Enrique no entendía el afán de Thelja por mantener su  constante presencia en aquellos viajes. Desde que llegaron se dedicó a ir de compras y a visitar a familiares, mientras él se sentía ajeno, extraño ante tanto derroche de hospitalidad. Seguía sin sentirse cómodo en aquella familia que trataba de acoger a su nuevo miembro, con la mejor de sus galas. Él había dicho aquellas palabras en árabe en la mezquita para complacerla a ella. Jamás entendió esa doble personalidad, ni la necesidad que tenía de desarrollarla.

Thelja en España no hacía salat, no renunciaba a un buen vino. Sólo rechazaba el cerdo y cumplía con el ayuno de Ramadán, más por reencontrase con sus compatriotas y saborear el babaganush, un buen cuscús, una harira, y al ritmo de Fairuz, bailar, festejar cada tarde, alrededor de las 18:00 con la puesta de sol, que por volver a reanudar su diálogo con Dios.

En cambio allí, era otra mujer y su máxima rebeldía consistía en comprar diversos sarib de sabores exótico: piña, pistachos, coco hasta llenar la nevera y ofrecérmelos cada tarde, mientras ella se iba a la azotea a tender la ropa y yo aguardaba con su cuñado jugando una partida de ajedrez. Ellas volvían tras declinar el sol y realizar su ultimo salat, con la cena. Cenas en las que el olfato y la vista relajaban a todos ellos, sonreían con los ojos, plácidos, serenos gozaban de cada bocado mientras las especias en mi estómago eran leña para el volcán ulceroso. En la alcoba la interrogaba hasta perder las fuerzas, ella escuchaba y guardaba silencio. Tras decidirle que necesitaba este reencuentro con su tierra para equilibrarse y disfrutar del helado de fresas que compartíamos en el lecho, a la hora de la  siesta, en su apartamento en Madrid.

El quería estar con ella y no tener que pasar el día en conversaciones sobre política, o tomando tés en el café de la esquina, viendo como negociaban en el zoco con una sonrisa en los labios e intercambiando pareceres sobre la vida.

_ La separación es necesaria, inchala.

_ Somos distintos y esa diferencia se manifiesta en todos los ámbitos.

_Así lo quiere Alá.

 Ante ese muro que representaba Alá y su Corán le venía a su cabeza  la frase de la Cábala   - “ Dios cuenta las lágrimas de las mujeres”- y una pregunta: _ ¿Quién cuenta las lágrimas silenciosas  derramadas por los hombres, que no nos resistimos a cuestionar esas tradiciones?._

Cada vez se sentía más extranjero en aquellas casas hospitalarias, en la que  no  respetaban su necesidad de bañarse con  su esposa e ir a hacer la compra con ella.

 _ ¡Son cosas de mujeres!._ Repetían todos ellos.

_ ¿Acaso dudas de mi hombría?. _ Llegó a preguntarle a ella. Y le respondió con un nuevo silencio de su boca, acompañado de una nueva infusión de rosas y azahar que calmaba su ira.

Supo saboreando un helado de rosas que, aquel sería el último viaje en que la acompañaría a su tierra.

Hay una parte de ella que se escapa, que se escurre, que se funde como la nieve y no es posible alcanzar, abarcar.  Y le escribió:

“Así que mi querida Thelja aguardo a que retornes el camino hacia este cielo oscuro que barrunta tormenta, para gozar de tu esplendor cuando vuelvas a mi cubierta con hena.

Besaré tu segunda piel, de la que te despojas cuando vuelvas a mi salón con tus mejores sedas, inundando esta atmósfera con tus especias:  el comino, la sal y la pimienta.

 Regresas y soy feliz, fotografío cada instante porque quiero aprehenderme de ti, para no sentirme tan sólo el día en que no regreses a este occidente, como me dijo aquella mujer al verlo en el poso del café en el que están escritos los avatares, desdichas y caminos de cada paladar, de cada alma.”

 

PIÑA, COCO Y PISTACHOS

            La lengua ávida recorre el enorme cucurucho por el que se deslizan los tres sabores. Hace demasiado calor y mi lentitud al saborear hace que se deshaga su consistencia y se haga presente tu recuerdo, Thelja.

Thelja...  Eres la nieve que dio fertilidad y frondosidad a lo mejor que había en mi. Tuvo que pasar tiempo para comprenderlo como lo comprendo ahora, pero gracias a ti  mis deseos de posesión se aplacaron. Aprendí a aguardar en silencio las respuestas. Había demasiado egoísmo en mi para poder escuchar la verdad que encerraba la ausencia de tu voz. Ese afán de posesión hablaba de mi miedo, de mis inseguridades, del deseo de permanecer estático, cuando todo fluye y nadie es capaz de retener la marea. Hay que alejarse para volver a reencontrarnos y tener algo que compartir.

Ahora que media una distancia oceánica entre nosotros, te siento más cerca que cuando despertaba a tu lado. Y cada año al empezar Ramadán tu recuerdo se hace presente. Me voy al supermercado y me compro un helado de piña, otro de coco y por último, otro de pistacho. Luego regreso a casa, araño la superficie de las tres tarrinas y con una gran bola sobre el cucurucho, subo a la azotea. Entre las antenas parabólicas, en esta ciudad que siempre te entristeció al llegar el verano, y quedar deshabitada, me como el helado saboreándolo y dándote las gracias por todas las semillas que hiciste brotar en mí.

 

ATLAS DE AMOR

 

MAPA Nº 1:  CEREBRO:

Sopa de neuronas interconectadas bajo el hilo de la sangre que fluye al compás del corazón enamorado: - ¡boom, boom!. La materia gris archiva las huellas del amor: el tacto suave del primer beso, el rojo bermellón del lápiz del labios en el margen derecho de la carta que medió en nuestra primera reconciliación, el olor del ramo de violetas que cada 15 de noviembre dejaba sin tarjeta en el buzón de casa, los versos de Neruda como ecos que te elevan desde el fondo de la bañera hasta la caída de la estrella fugaz, los sabores entremezclados del deseo, el miedo, la valentía y la risa que acompañan las caricias frescas.

 

MAPA Nº2:  BOCA

        Hablaba, hablaba sin cesar, no dejando espacio, ni tiempo a las palabras auténticas. Quizás no se atrevía , o quizás esperaba a saber si ante la ? se encontraría con una afirmación o una negación. Los labios se abrían sin cesar y dejaban entrever aquellos dientes blancos y los esbozos de sonrisas le llevaban a imaginar el roce de sus labios sobre los suyos. La paciencia se agotaba y decidió romper aquel discurso monocorde con una pegunta directa. – Yo te quiero ¿me amas?.

 

MAPA Nº3: MANOS

Manos con las que asirse a tus caderas a ritmo de bachata. Dedos entrelazados en un guante de doble entrada bajo la nieve.

Sigue sus pasos de camino al trabajo mientras explora y al desandar el camino araña la nieve de los cristales de los coches rojos y pinta en las vallas quitamiedos: - te quiero piel de melocotón.

 
MAPA Nº4 MIRADAS

Los ojos disparan dardos que paralizan las palabras unas veces, otra, en cambio, abren la puerta a lenguajes logrando iniciar un viaje apasionante con un destino inolvidable: tu esencia.

Me miras y me hablas sin necesidad de palabras huecas. Me ves hasta el fondo, atravesando mis defensas.

 -¿Vulnerable por fin bajo el hechizo del amor’.

- Vulnerable y feliz.

 

MAPA Nº5: CRISOL DE CULTURAS.

       

Llegas con tus pañuelos multicolores y las especias. Tu cuerpo ha permanecido manso bajo la henna durante horas. Y en tu piel aún se huele la transformación del rastro de esa esencia vegetal en señales de protección y deseos que te sostienen desde la planta de tus pies a las palmas de tus manos. Narras la historia de tu vida con ayuda de diccionarios y gestos, mientras yo abro a la luz de tu presencia las fronteras de mi pequeño mundo y me elevo planeando sobre mis estereotipos bombardeados a la sombra de tu historia de vida y el contraste con los titulares de la prensa: La invasión de emigrantes en las costas canarias...

 

MAPA 6 RECORRIDOS DEL AMOR

 

Llegamos al mundo solos y nada más llegar nos dan un azote en las nalgas para abrir nuestros pulmones. Aún estamos unidos por el cordón a nuestra madre y ese vínculo no llega a romperse  a pesar de las travesuras y de del dolor que entraña perder los oídos de un hijo por el estruendo de las catástrofes sociales...

El viaje sigue y la estación maternal nos enseña a explorar los sentidos con que creamos y recreamos nuestro mundo.

Estación filial nos enseña a romper objetos a jugar en compañía. Los otros aparecen cuando iniciamos trayectos cortos, en el asiento de atrás del coche nuevo de papá y en el transporte escolar.

Pero todos tomamos un tren único, distinto a todos los demás cuando en medio de la vía, mientras jugábamos con los travesaños de madera se detiene una locomotora antigua, con un vapor rojo magenta manando de la boca de sus chimeneas y el tic tac del reloj desaparece. Sólo existe ese expresso de medianoche y el destino deja de importarnos, sólo queremos vivir hasta que llegue nuestro último día de vida a bordo de ese tren. Los paisajes se suceden: reponemos víveres en la estación del trabajo, compramos repuestos en la estación del compromiso, una breve parada en la estación matrimonio, una estancia mientras se repara el horno en la estación reflexión, la estación hijos nos da la oportunidad de mirarnos en el espejo retrovisor, y un buen día nos encontramos con que nuestra atención está en el exterior del vagón porque ya no hay movimiento, todo está demasiado quieto, silencioso y al asomarnos nos vemos en: Vía Muerta: Desamor. Tras analizar la situación y la consulta de mapas y llamadas telefónicas y telegráficas logramos volver a la vía ferroviaria, tras dejar en la boca del túnel de la luz blanca a la persona con la que compartimos las partes más importantes para nuestro viaje seguimos despacio, cerca de la inmovilidad, los bebés a gatas nos adelantan porque en nuestra ruta vagabundeamos por la estación recuerdos: se levantaba a media noche y me traía un vaso de leche caliente mientras me cantaba bajito al oído mientras la palma de su mano rodaba entre mis lágrimas.

 

MAPA 7: CUERPO.

Cabeza frente a corazón, emoción reñida con el pensamiento. - ¿Le quiero, o no le quiero?. – la margarita responde mientras pierde sus pétalos:

 - Me quiere.- La reina grita: - ¡Que le corten al cabeza!. – Sí, por favor debo dejar de pensar y escucharla voz que late en el pecho y me lleva a escribir sobre las nubes, en los márgenes del cuaderno corazones con dos iniciales unidas por un x. Y a olerlo en las esquinas de las calles en el momento más inesperado, incluso en medio de un concierto de Rosana le escucho susurrarme: - te quiero.- Pero tengo miedo. Pero, pero cuando me libraré de los condicionales y me responderé a las grandes preguntas con coraje y fuerza:

 ¿Le quiero y puedo amar sin excusas, ni esclusas?.- ¿ Me atrevo?.

La respuesta está a flor de piel esperando el calor y la humedad del beso que la haga florecer.

 

MAPA 8: NATURALEZA

         Naturaleza salvaje en estado puro, arroyos saltando en busca de una semilla. Zumbidos procedentes del enjambre de abejas en campos de amapolas y margaritas silvestres. Volcanes desperezándose al compás del croar de las ranas. Amaneceres sobre la autopista  a 120Km//h dejando atrás la complicidad  de la luna y las velas. El universo ruge, se estremece con tanto terremoto y marea negra, tanta agresión desmedida conduce  a la sequía y la esterilidad en el vientre de la  gran madre Tierra. Meteoros, tormentas, lluvias de estrellas, relámpagos bajo la piel y un maremoto en el quicio de la puerta, el hombre y la mujer de la mano, desnudos, vulnerables a punto de atravesar el agujero negro. Big bang en el origen, nuevo parto para un ser humano nuevo.

 

MAPA Nº9 ESPEJOS

Las muchachas se contemplan en el reflejo de los charcos  y los cántaros. La luna mengua y mece en su regazo las promesas de los amantes que roban besos en los soportales y bajo los paraguas que enfrentan lluvia tropicales, o en los descansillos de una angosta escalera.

Los jardines secretos de Mogador revelan sus secretos y confidencias al alma candorosa y paciente que sepa leer en sus señales: las rosa son amor, blancas amistad, rojas pasión, amarillas celos....

Los hechizos y bálsamos para endulzar y atraer la miel de la complicidad están en la memoria de los pucheros y las cazuelas. Té en el fuego, hojas de henna trituradas para embellecer el pelo, convertir la piel en un lienzo que hable de goces y placeres cotidianos elevándonos hacia lo más sublime bajo los amuletos protectores de la piel de la salamandra.

 

MAPA Nº 10 PLACERES.

 

Preparaba una vez más el babaganush con berenjenas recién asadas, un chorrito de limón. comino,... Cuando llegó su primogénito acompañado con su prometida Amal, ésta al ver la fuente con babaganush sobre la mesa se sentó a su lado y poco a poco fue saboreando la crema con ayuda del pan de pita hasta rebañar la fuente. La madre de él no perdía detalle y contemplaba complacida a Amal cerrar los ojos mientras saboreaba el babaganush. Antes de llegar al té la madre le dio un beso a la pareja tras lanzar un grito bereber al que respondieron como un eco sus vecinas y se hincaron los preparativos de la boda.

Al cabo de los años su nieto le preguntó: - ¿Cómo sabías que mamá era la mujer que haría feliz  mi padre cuando ya había estado comprometido con otras y el abuelo pensaba que no se casaría?.- La abuela le dijo: - Porque tu madre disfruta del babaganush como nadie. Seguro que no hay otra más mimosa.

 

MAPA Nº 11 PEQUEÑAS COSAS

Promesas y sueños que se derrumban ante la llegada de tu  ausencia. No hay consuelo para evitar las lágrimas. Llorar y reír por amor, de amor. Son las huellas de tu presencia en mis días y en mis noches las que enamoran mi alma y mi pensamiento. Huellas que se desvanecen en tu ausencia y no encuentro ni uno sólo de mis calcetines en la cómoda, ni puedo tomarme el café con el Diario, ni encontrar una chocolatina en el bolsillo de mi jabardina. Ahora comprendo tu silencio ante mis promesas de viajes exóticos y cenas copiosas en un rascacielos. Y recuerdo cada una de tus sonrisas y caricias en noches como ésta, en que la nieve cae silenciosa, fría, reflexiva. Miro a través de la ventana y ante mi un lienzo en blanco me incita a escribir en los cristales de todas las ventanas y coches:¡ Te quiero!. Y ahora además sé que este te amo te elevaría al séptimo cielo. ¿Aun estamos a tiempo?. No me digas que es tan frágil nuestro amor que no puede superar mis celos, un error.

 

AUTOPSIA

 

Son tus gestos los que exploro hasta alcanzar la única verdad posible y tangible, nuestra verdad, el vínculo que nos hace crecer. Las palabras confunden a veces. Palabras máscaras que nos llevan al abismo de los malos entendidos, las dobles interpretaciones y el consiguiente vértigo de la conciencia.

Son tus manos dando bofetadas al aire mientras giras y giras cual derviche, hasta marearte. Son tus palmas hacia arriba las que depuran tu necesidad de rebelarte ante el desconcierto de mi mirada por encima de las gafas, una mirada atroz, afilada, desafiante. Un esbozo de sonrisa en la boca y en los ojos cautela, recelo, prudencia mientras brilla en su fondo una serenidad, un sosiego traicionado por una fiebre cerca de la comisura de los labios, en el inferior.

El viaje de vuelta a casa, y un reencuentro con la garza solitaria mientras prosigue la carretera adentrándose en los túneles de la memoria, rescatando retazos de infancias y sabores intensos.

Y hoy por fin, un destello de luz lunar en esas pupilas asombradas, abrumadas por una cadena de pequeños detalles que serán los que te harán abrir bien tus sentidos para alcanzar a comprender mis flujos y reflujos. Esos detalles lograrán que dejes atrás el dolor que desencadenaron mis silencios.

Son otros los lenguajes que logran abarcarnos. Son los gestos y los actos más importantes que las palabras huecas: el préstamo de tus libros y un puñado de relatos para corregir, huellas de carmín rojo en la mejilla a lo largo de todo un día de escuela, un chocolate donde mojar lenguas de gato y osadías ajenas, un abrazo para empezar el día con fuerza y coraje, un cartel desplegado sobre una mesa con un nombre: Mernissi, un proyecto conjunto para no seguir ahogándome y quedarme sin reservas ... y como no, un bálsamo con receta contra el hematoma provocado por una avalancha de piedras, aquí en los límites de la Tierra Media. Esto son algunos de los gestos que nos sostienen con ternura al abrigo del caos.

 

 

 VOLVER ATRAS