A propósito de la próxima apertura de las instalaciones
del Berklee College of Music junto al Palau de Les Arts, en Valencia,
que sin duda merece ser recibida con alborozo, me gustaría introducir un
momento de pausa para comentar por qué hemos de esforzarnos en que las
familias puedan seguir mandando a sus hijos a las bandas de sus
municipios y a las escuelas de música, públicas y privadas, es decir,
por qué es importante que el niño o la niña se sientan en las aulas de
las sociedades musicales como en su casa.
El prestigioso College de Boston constituirá la punta de
lanza de una excelencia, de una labor paciente que se habrá ido gestando
en el amor que las familias valencianas transmiten a sus hijos por la
música. Todos conocemos a chavales cuyos padres llevan años tocando la
trompeta, o el clarinete, y a los que ahora ellos siguen con el
instrumento de su elección. Pero es que estos chicos crecieron viviendo
el ambiente de la música culta y popular, jugaron entre los pisos de las
sociedades musicales de sus pueblos, y pronto hallaron en su inquietud y
gusto por la música un camino sano en el que recorrer la adolescencia
entre sus compañeros, los ensayos y los conciertos.
Sé de las penurias de las escuelas de música para su
financiación, y no hace mucho las sociedades musicales de los municipios
de nuestra Comunitat se quejaban de recortes y de dificultades para
mantener su funcionamiento. Yo comprendo que en estos tiempos todos
hemos de apretarnos el cinturón, pero es tanto lo que nuestra tierra
obtiene de la música que me parece imprescindible no sólo mantenerla,
sino potenciarla.
Porque ahorramos mucho dinero con la música. Los chicos
desarrollan en los conservatorios y las sociedades musicales el gusto
estético, apuntalan la autoestima, aprenden la importante lección que
sin disciplina, sin intentar una y otra vez el esfuerzo hasta lograr la
meta, nadie obtiene un fruto valioso en la vida. Gozan de unas amistades
sanas y se alejan de las drogas y la violencia. Howard Gardner, el
eminente psicólogo escolar, incluye el desarrollo musical como uno de
los tipos de inteligencia humana que contribuyen a consolidar el buen
devenir de la personalidad del niño.
¿Cuánto nos cuestan los actos de vandalismo, el fracaso
escolar que mece a los chicos en la apatía? ¿Cuánto perdemos cada vez
que un menor no hace otra cosa que fumar porros y desperdiciar su
tiempo? No me juzguen mal, no soy un ingenuo: la música no lo arregla
todo, pero créanme, constituye un motor poderoso de la salud social,
crecer practicando la música introduce harmonía en el espíritu, y enseña
el camino a otros ideales. Es la música vivida en la familia cada día
la que educa de verdad.
Vicente Garrido. Las Provincias (19-11-2011). |